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domingo, 19 de mayo de 2013

El arzobispo del Valle Seoane



El arzobispo del Valle Seoane

En un armario de San Pedro he hallado un misal romano de 1759 que en la primera página lleva la firma de Fray Manuel del Valle. Este fraile de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos fue ordenado sacerdote el día de Nuestra Señora de la Merced, 24 de septiembre de 1836. Nacido de padres españoles en Hatun Jauja el 9 de noviembre de 1813, fue protegido de Diego Antonio Navarro Martín de Villodres Carvajal y Lorenzo (1759-1832), quien fuera obispo de Concepción en Chile (1806 a 1817) y La Plata o Charcas en Bolivia (1817 a 1827), el último de los obispos españoles monárquicos, a quien Simón Bolívar facilitó el retorno definitivo a su patria en 1824, quedando vacante la sede de la actual arquidiócesis de Sucre bajo Administración apostólica hasta 1835.

Manuel del Valle recibió una esmerada educación, primero en La Paz, luego en la Universidad de Oviedo como estudiante de Derecho, por último en el convento de la orden capuchina en San Antonio del Prado de Madrid. La nostalgia de la tierra y tal vez la ausencia de su patrocinador lo trajeron de regreso al Perú después de abandonar la vida religiosa. En 1839 lo encontramos de cura párroco en Pararín, Ancash y en 1846 de párroco de Sicaya, ambas parroquias pertenecientes entonces al arzobispado de Lima. En 1850 era párroco de Santa Ana en el Cercado de Lima. Es entonces que su figura se convierte en pública, cuando el arzobispo Francisco Javier de Luna Pizarro lo nombra secretario. Posteriormente es admitido como miembro honorario en el Colegio de Abogados de Lima. Resulta llamativo que recién en el año 1852 aparece como presbítero incardinado a la Arquidiócesis de Lima, ignorándose su incardinación en los años anteriores.

El ayer fraile capuchino es ahora el Ilustrísimo doctor don Manuel Teodoro del Valle Seoane, preconizado obispo de Huánuco al erigirse esta nueva diócesis el 17 de marzo de 1865. La ordenación episcopal fue conferida por el arzobispo de Lima José Sebastián Goyeneche y Barreda el 6 de agosto del mismo año. Cuatro años después, monseñor del Valle iba a Roma a participar en el Concilio Ecuménico Vaticano I convocado por el papa Mastai-Ferretti, Pío IX.

Posiblemente permaneció fuera de su diócesis desde el inicio del Concilio (8-12-1869) hasta el inicio de la guerra entre Francia y Prusia el 19 de julio de 1870, cuando la mayoría de padres conciliares salió de Roma. Tres meses después, al ingresar a la ciudad eterna las tropas de Víctor Manuel II, el Concilio fue suspendido por Pío IX y terminaba la existencia de los Estados Pontificios.


En febrero de 1872 falleció el arzobispo de Lima Goyeneche, en medio de la campaña presidencial que marcó el fin del período presidencial de José Balta (1868-1872). Según el artículo 59, inciso 17 de la Constitución de 1860, correspondía al Congreso de la República ejercer el derecho de patronato. El ejercicio de este recaía en el Presidente de la República, quien estaba facultado para presentar al Santo Padre dos ternas para la provisión de obispos, con la aprobación del Congreso. El Congreso estaba en receso y el presidente Balta se apresuró a presentar ante la Santa Sede la solicitud de provisión de la sede arzobispal de Lima, que recayó en el entonces obispo de Huánuco. El 4 de junio de 1872 fue electo arzobispo de Lima el Dr. Don Manuel Teodoro del Valle Seoane. Como dice el refrán, “nuestro gozo en un pozo”: con el cambio de gobierno y la elección de Manuel Pardo y Lavalle, quien fuera secretario de Hacienda en el famoso “Gabinete de los talentos” (1) y fundó el Partido Civil (1871), el gobierno exigió a la Santa Sede la anulación del nombramiento del arzobispo de Lima por defecto de forma. Difícil situación que zanjó el arzobispo del Valle renunciando generosa e inteligentemente a la Sede Metropolitana de Lima. El 15 de noviembre de 1872, la Santa Sede aceptó la renuncia de Manuel Teodoro del Valle, lo nombró arzobispo titular de Berytos (Beirut) y administrador apostólico de la diócesis de Huánuco, continuando en esta sede hasta su fallecimiento en Lima el 16 de octubre de 1888.

El recuerdo de monseñor del Valle es pertinente en este blog. Cuando estuvo en Roma asistiendo a las sesiones conciliares, tomó contacto con la curia generalicia de la Compañía de Jesús, gestionando ante el superior general, Pedro Beckx S.J. el retorno de los jesuitas al Perú, para hacerse cargo del Seminario San Teodoro de Huánuco por él fundado en 1869 (2) con su patrimonio personal. Sus gestiones no fueron vanas. En setiembre de 1871 llegó el primer grupo de jesuitas y poco después completaron la misión.

Un hermano quedó en Lima de retén y los demás fueron a Huánuco, haciéndose cargo del seminario, de dar ejercicios espirituales y de misiones rurales. De esa proximidad con monseñor del Valle viene la entrega que este hiciera a los jesuitas de un cáliz que guardaba como reliquia de Santo Toribio de Mogrovejo y que se guarda celosamente en nuestra iglesia de San Pedro.

La presencia de los jesuitas fue cuestionada por liberales provincianos de la sociedad huanuqueña. Tampoco faltaron curas celosos que temían perder prebendas. Así las cosas, era mejor desaparecer de un escenario tan pequeño; los jesuitas no duraron mucho en la diócesis de Huánuco. Es probable que el arzobispo emérito de Lima no estuviera dispuesto a malquistarse nuevamente con los políticos de turno, por lo que dio pase a la salida de los jesuitas, que habían hecho un proyecto alternativo de educación en la capital, donde en cierta manera podían pasar más desapercibidos. Al fin y al cabo, la experiencia había generado en Manuel del Valle una visión política que había crecido de la escaramuza a la perspectiva nacional, lo que fue demostrado poco tiempo después en su participación clara y decidida en la Guerra del Pacífico.

Termino haciendo hincapié en que Manuel Teodoro del Valle Seoane murió siendo arzobispo emérito de Lima y está enterrado en la Catedral. En su lápida hay dos significativas mitras cruzadas, la de Huánuco y la de Lima.


Algo más: es el arzobispo de esta sede que ha durado menos; Agustín Rodríguez Delgado (1746) duró seis meses y cuatro días, mientras que del Valle fue arzobispo de Lima cinco meses y once días. Sic transit gloria mundi.

Escrito el lunes 29 de Abril 2013 por el Padre Enrique Rodríguez S.J. 
Fuente: http://padreenrique.blogspot.com/


1- El dictador Mariano Ignacio Prado en 1865 convocó a Pardo con José Simeón Tejada, José Gálvez Egúsquiza, José Simeón Tejada y mi tatarabuelo Toribio Pacheco y Rivero.
2- Fue su primer rector el presbítero Pedro Pablo Guzmán, cura párroco de Huaripampa.
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Otro si:
 
Últimos años de Manuel Teodoro del Valle - Arzobispo de Lima
A monseñor Del Valle se le recuerda también por su intervención a favor del reingreso de la orden jesuita en el Perú, luego de un siglo de la expulsión del año 1767, retorno que provocó no pocas controversias en el país. Como ya mencionamos anteriormente, puso a cargo de los jesuitas el seminario que fundara en Huánuco (1871). En 1878 se abrió en Lima el Colegio de la Inmaculada a cargo de sacerdotes jesuitas, que sería clausurado por decisión del gobierno en 1886, aunque reabrió en 1888 y aún existe.
Durante la Guerra del Pacifico actuó como consejero del general Andrés Avelino Cáceres durante la Campaña de la Breña. Un delegado suyo entregó un mensaje a los combatientes peruanos apurando el inicio del Combate de Concepción, en el valle de Jauja (9 y 10 de julio de 1882).
El coronel chileno Pedro Lagos le impuso un cupo de 20.000 pesos, lo cual pagó mediante un giro contra un banco en Lima, pero inmediatamente envió a la capital a un emisario para anularlo. Por tal desaire, los chilenos lo apresaron en el Convento de Santa Rosa de Ocopa y lo trasladaron a Lima. Pese al fin de la guerra y la retirada de los chilenos, no pudo ya retornar a Huánuco pues enfermó y falleció.
En su testamento donó dinero con la que se construyó la primera casa de los padres Salesianos en el Perú en el Callao. Fue propietario de un cáliz de Santo Toribio de Mogrovejo, segundo arzobispo de Lima.
Su fortuna la obtuvo de la herencia proveniente de su pariente política Ventura Ugarte, a su vez heredera de la fortuna de Teresa de Apoalaya, la muy poderosa "Catalina Huanca".
Fuente: Wikipedia
 
 
 
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