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miércoles, 11 de noviembre de 2015

Autografia del Padre Castillo - VIII




AUTOBIOGRAFÍA DEL PADRE CASTILLO - VIII

NOTA PREVIA
En el año 1960, el historiador jesuita padre Rubén Vargas Ugarte, publicó UN MISTICO DEL SIGLO XVII - (AUTOBIOGRAFIA DEL VENERABLE PADRE FRANCISCO DEL CASTILLO DE LA COMPAÑIA DE JESUS).
Considero de gran valor este documento. Ciertamente lo es desde la perspectiva religiosa y los devotos de este Venerable Padre lo valorarán. También los historiadores, antropólogos y estudiosos de la vida del siglo XVII en la ciudad de Lima encontrarán materia suficiente para afirmar que han encontrado una rica fuente de investigación. Por lo menos, de amena conversación.
He mantenido la escritura tal y como está en el documento original. Las notas del padre Vargas en la mayor parte las omito y reservo para la edición impresa de este libro, de manera que no se pierda el sabor del texto y el contacto con el mismo padre Castillo, su autor.
En espera de la beatificación del fiel sacerdote que la Compañía de Jesús declaró “apto para el ministerio con los morenos” y en su época fue llamado “apóstol de Lima”, entrego este documento por capítulos a través de mi blog, para la mayor gloria de Dios.



VIII



El primer ministerio y exercicio espiritual que en esta santa capilla de Nuestra Señora de los Desamparados se comenzó a exercitar, luego que entró a mi cargo y comenzó a exercitar, fueron las comuniones generales de las morenas que cada tres o cuatro se hacían y hacen, para lo cual algunos mozos devotos, mercaderes y cajoneros, hicieron una hermandad entre sí, cuidando los dichos días de comunión general, de la capilla, de la música y cera. Muchas veces ha sido tan grande el concurso, especialmente de gente esclava y morena, que ocho o diez confesores han tenido muy bien que hacer desde las 6 de la mañana a las 10. En acabando los esclavos y morenos de comulgar, se les dice cinco veces en voz alta: Alabado sea el Santíssimo Sacramento, etc., y una devota oración que compuse y mandé imprimir para esto, que en voz alta también van repitiendo todos, con que aprenden a dar gracias en comulgando. De cuan grande gloria de Dios, y de cuanta pena y pesar sean estas comuniones generales de los .morenos y esclavos para el demonio, se podrá muy bien entender con lo que me pasó un día destos de comunión general de la gente esclava y morena; porque yendo del Colegio de San Pablo a la capilla de la Santíssima Virgen de los Desamparados a las cinco de la mañana, en oración y ofreciendo interiormente a Nuestro Señor la acción y la santa obra de las comuniones de las morenas que había de haber en la capilla aquel día, al llegar ya al emparejar con la cruz de piedra de San Francisco, oí unos gritos y voces terribles en la plazuela; eran las voces grandes, enteras, temerosas y aterrativas que con grande rabia y enojo decían: Miren el apóstol, miren el apóstol, que nos ha amanecido esta mañana por estos barrios, lo que ha madrugado hoy, y levantando más el grito y la voz decían; ¡mal haya la madre que lo parió! El hermano compañero que iba conmigo entonces y que después salió de la Compañía, oyó muy bien estos gritos y voces también porque volviéndose a mí, me dijo: Parece que están hablando con vuestra Reverencia estas voces. Pero yo procuré divertirlo entonces diciendo: Que no hiciera caso, dije. Este día no llevaba la Cruz en la mano, corno acostumbro y así desde esta ocasión la he procurado llevar siempre no sólo cuando voy a los ministerios, sino aún cuando se ofrece ir a hablar algún personaje grande acerca de algún negocio del servicio y gloria de Dios.

A este ministerio de las morenas esclavas se sigue otro que hay en esta santa capilla, de las morenas horras y pardas horras, de las quales muchas de la ciudad acuden a esta capilla los Jueves por las tardes del año, en donde habiendose corrido los velos y descubierto el Santíssimo Crucifixo de la Agonía, con el psalmo de Miserere, o con alguna devota lamentación que se canta entre tanto en harpa, se les hace después una plática en orden a la enseñanza y reformación que deben tener de costumbres, dándose fin después a la plática con un acto fervoroso de contrición.

Tiene esta devota hermandad por patrón al Patriarca gloriosíssimo San Joseph, por ser tan gran valedor con Dios este gloriosíssimo santo y esposo puríssimo y virginal de la Virgen Santíssima Nuestra Señora, y tan poderosa y tan efficaz su santíssima intercesión; y ya que se ha ofrecido ocasión de haber tocado este punto, quiero apuntar y escrebir aquí para honrra y gloria de Dios, y devoción con este santíssimo Padre mío y Señor, y para confusión mayor mía, lo que a 31 de Julio de 1661, me sucedió en el Colegio de San Pablo, en la celda que está sobre la portería, acerca de la importancia grande y necessidad de la cordial devoción que todos debemos tener con nuestro Padre y Señor San Joseph.



Había estado yo aquella noche ahi y la tarde antes pensando tener devoción solamente con la Virgen Santíssima al pie de la Cruz, con Christo Señor nuestro Crucificado, y dejar otra devoción que tenía yo con el Patriarca gloriosíssimo San Joseph, por ser algo dilatada, que era un rosario de siete décadas ordinarias, a los siete dolores y gozos de este gloriosíssimo Santo, porque para rezar con quietud y con devoción esta corona del Santo, y juntamente ir meditando en los siete dolores y gozos que en su santíssima vida hubo, solía tener yo el tiempo muy corto y muy limitado, con las ocupaciones y ministerios; estando· yo aquella noche durmiendo, a 31 de Julio de milI seiscientos sesenta y uno, en el Colegio de San Pablo, en la celda que tengo dicho, vi en vissión imaginaría e intelectual un suntuoso y rico palacio, en que estaba assistiendo el Rey, hallándome en su presencia, y viendo y oyéndome con agrado me remitía a la Reyna por el despacho de mi memorial y propuesta. Vi sentada con gran magestad a la Reyna, y arrojándome con gran reverencia a sus pies, le puse un Santo Christo Crucificado pequeño en las manos, y levantándose entonces con él, la Reyna comenzó con él a llorar, reparé en que se volvía la Reyna a un mancebo que tenía cerca a su lado, como. Grande y Señor de su Corte, puesto por el mismo Rey para guarda fIel de la Reyna y Zelador de su honrra; vi entonces y oi que llamando y diciéndole muchas veces la Reyna Joseph, confería con él y le daba cuenta de todo lo que yo había pedido con el memorial del Santíssimo Crucifíxo, no queriendo determinar ni conceder cossa alguna sin que primero mostrase y significase su voluntad y gusto también Joseph, a quien la Reyna decía con grande ternura y amor, ¿qué te paresce desto, Joseph? ¿concederáse aquesta petición y propuesta? ¿dispondráse aqueste negocio, que con este memorial santíssimo y poderoso me han suplicado y pedido, de aquesta o de esotra suerte? ¿Que te paresce y sientes desto Joseph?

Conocía entonces mi alma con gran claridad y certeza, que el conferir y tomar parecer primero Ia Reyna, y no querer hacer ni determinar cosa alguna sin que interviniese primero también el gusto de aquel gran señor de la corte, Joseph, lo hacía sólo la Reyna por dar gusto y contento al Rey, viendo que le agradaba en aquesto, de suerte que mi alma conocía y penetraba muy bien la intención y fin de la Reyna en esto. Dióme Dios, y enseñóme su Magestad en esta ocasión, la inteligencia y conocimiento de esta visión. Entendí que aquel palacio tan rico y tan suntuoso era el cielo; el Rey, la Magestad Soberana de Dios que asiste en ese palacio; la Reyna, la sacratíssima Virgen María Nuestra Señora; el santo Christo CrucÍficado, cuya memoria, pasión y muerte enternece y mueve a la Santíssima Virgen María Nuestra Señora mucho, y es muy poderoso y muy eficaz para conseguir y alcanzar mercedes, dones y favores grandes de Dios, el memorial; el gran Señor llamado Joseph, nuestro padre San Joseph, muy grande y gran privado, querido y amado de Dios y muy poderoso en el Cielo, guarda y custodio fidelíssimo de la Sereníssima Reyna del Cielo y zelador celestial de la honrra y gloria de Dios.

Entendí entonces que para tener seguro y feliz despacho en el palacio del Cielo, hemos de acudir primero al glorioso San Joseph, como a grande tan querido del Rey y Reyna del Cielo, cuyo gusto e intercessión gusta preceda primero , y que acudamos después a la Reyna que es la Sacratísima Virgen Nuestra Señora, Reyna de cielos y tierra, ofreciendo y dando a su Magestad el memorial para el feliz suceso y despacho de todos nuestros negocios, que es Christo Nuestro Señor Crucificado, y luego acudiendo al rey celestial, que es Dios, por bendición y el despacho. Finalmente conocí, entendí y observé que el consultar tantas veces la Virgen Santíssima a San Joseph lo hacía por entender que daba muy grande gusto a Dios en aquesto, y esto estaba viendo y conociendo mi alma en la Santíssima Virgen nuestra Señora con grande claridad y certeza.

Con que hice concepto entonces, y estoy también entendiendo ahora lo mucho que nuestro gran Dios y Señor se agrada, y su sacratíssima Madre gusta, que quando queremos pedir y alcanzar alguna cosa del Cielo procuremos entonces valernos del patrocinio santíssimo y poderoso e intercessión soberana del Patriarca gloriosíssimo San Joseph; y así, este santíssimo Patriarca no solamente es patrón, abogado e intercesor de las morenas criollas y pardas horras, sino de todas las otras personas también que acuden· a los ministerios y exercicios santos de est capilla, los quales están debajo su amparo y su protección. La nobleza y personas particulares de la ciudad que acuden a la escuela del Santíssimo Crucifixo de la Agonía, todos los viernes por las tardes, del año; las mujeres que acuden todos los sábados a las confesiones y comuniones, y a la misa cantada. y plática de la Santíssima Virgen nuestra Señora; los niños que acuden también a la escuela de pobres desamparados que está junto a esta Capilla, y tiene a cargo la Compañía. Exercicios y ministerios de grande servicio y gloria de Dios, como iré apuntando y diciendo ahora.




2014 - Año dela Vida Consagrada - 2015

sábado, 24 de octubre de 2015

Autobiografia del Padre Castillo - VII


AUTOBIOGRAFÍA DEL PADRE CASTILLO 

VII



Después del glorioso ministerio y exercicio santo del Baratillo quiero comenzar a apuntar también y hacer relación aquí de la santa capilla de la Virgen Santíssima, Nuestra Señora de los Desamparados, como de manantial, origen y causa, o por mejor decir, plaza de armas de todos los exercicios, empleos y ministerios de tan gran servicio y gloria de Dios de que haré relación después: Está fundada aquesta capilla en la plazoleta que está a las espaldas de las casas reales de palacio de esta ciudad de Lima, antes de entrar a la puente, junto al río del molino, en donde me acuerdo que había antiguamente un muladar, y estaba puesto el rollo de la ciudad, y en donde ahorcaban a los facinerosos y malhechores; y en un tiempo estuvo una pequeña capilla en que enterraban a los ahorcados y gente ajusticiada y desamparada. Aqueste lugar y sitio tan abatido y humilde quiso la providencia divina y la magestad de Dios escoger para casa y habitación de su Santísima Madre como la cueva dichosa y feliz establo en Belén. Aquí, en aqueste lugar se solían también disponer y probar las piezas de artillería para el Callao, y los días de fiesta por la mañana, solían también tener la feria del Baratillo, feliz anuncio y pronóstico de la artillería y fortaleza que había después de haber contra todo el infierno junto, en esta santa capilla, como apuntaré después. 



1630
Tiene esta santa capilla de la Virgen Santíssima de los Desamparados, veinticinco varas de largo y diez de ancho. Labróla el Señor Bartolomé Calafe desde sus cimientos primeros y fundamentos, hasta dejarla en estado de poder techar y adornarla, con facultad y licencia que negoció y alcanzó del Cabildo, sede vacante, y del Excelentísimo señor Conde de Chinchón, Virrey de estos reinos entonces, y de su Real Audiencia y Cabildo, a cinco de abril de mil y seiscientos y treinta años, en que la Magestad soberana de Dios se llevó al dicho señor Bartolomé de Calafe, a darle el premio y corona de los trabajos que padeció para hacer aquesta capilla; la cual perficionó y acabó de sus propios bienes y hacienda la señora doña Bernarda Morales Negrete, viuda del dicho señor Bartolomé de Calafe; la cual estando para morir nombró por patrones de dicha capilla a sus dos hijas, las señoras doña Beatriz de Calafe y doña Ursula de Calafe, la cual habiendo muerto la señora doña Beatriz de Calafe quedó por única heredera y patrona de dicha capilla.


Viendo, pues, la señora doña Ursula de Calafe que Ia dicha capilla necesitaba de algún reparo, y que por si sola no podía acudir a esto, ni a conservar este santuario con el adorno y culto que convenía trató de entregar a otra persona dicha capilla. Luego que esto llegó a noticia de algunos Religiosos de nuestro Padre Santo Domingo, le propusieron y le ofrecieron a la dicha señora doña Ursula de Calafe algunos partidos y ofertas de conveniencia porque diese la capilla y el patronazgo a la dicha Religión de nuestro Padre Santo Domingo, pero no estaba de Dios, porque su Magestad Soberana tenía dispuesta otra cosa ya de muy gran servicio y gloria de Dios en esta capilla, y así no tuvieron·efecto los dichos partidos y ofertas, porque antes de tomar la última resolución en aquesto, la señora doña Ursula de Calafe mando que le dijesen tres misas, a la Santíssima Trinidad en órden al buen suceso y acierto de este negocio. El día en que mandó decir las tres misas, y en que·se había de hacer la escritura de la donación de dicha capilla y su patronazgo, bajando de su casa hacía San Francisco y enparejando con la capilla de la Virgen Santíssima del Milagro, quiso Dios hacer otro en esta materia por medio de su Santíssima Madre también, la cual quería para sí la capilla para amparar a todos en ella; porque le pareció a la dicha señora doña Ursula, que sentía que con impulso especial la impedían a que torciese el camino y bajase a la Compañía, y que hablase al Padre Juan de Ludeña, que había sido su confesor, cuando estuvo en el Colegio de la Caridad, y que le pidiese y rogase mucho que procurase y diligenciase que admitiese la Compañía la capilla de Nuestra Señora de los Desamparados y su patronazgo. Con la fuerza de este impulso acometió la dicha señora a torcer y bajar a la Compañia; pero volvióse otra vez de la mitad del camino, mas apenas hubo llegado a la esquina de la Virgen Santíssima del Milagro cuando sintió el mesmo impulso otra vez, con más fuerza, de que fuese a la Compañía y por medio del Padre Juan de Ludeña pidiese que dicha Compañía admitiese la dicha Capilla y el patronazgo. 


Esto le sucedió a la dicha doña Ursula de Calafe segunda y tercera vez, hasta que a la tercera no pudo más, y así hubo de obedecer al impulso interior de Dios, fué luego a la Compañía, y habiendo entrado en la iglesia, estuvo muy largo tiempo sin hallar persona que le llamase al Padre Ludeña; estando cansada ya de aguardar y casi para irse, se llegó a la dicha señora un niño y sabiendo aguardaba al dicho Padre, le dijo: Señora no tenga pena que yo se lo traeré; luego al punto, apenas entró el niño adentro, cuando luego salió el dicho Padre Juan de Ludeña a la iglesia, sin parecer más el niño; propuso la dicha señora al Padre el motivo y fin de haber ido a hablarle y pidióle con grande encarecimiento que interviniese, y solicitase que condescendiese la Compañía con la propuesta, admitiendo la capilla de Nuestra Señora de los Desamparados y el patronazgo, y que estuviese a cargo y cuidado dicha capilla del Padre que cuidaba del ministerio de los morenos y Baratillo. Agradeció  el Padre Juan de Ludeña a la señora la oferta, y consolóla diciendo que comunicaría y trataría conmigo aqueste negocio, y lo propondría después a los Superiores.

Fué el Padre Ludeña a buscarme, y apenas me propuso y tocó este punto, cuando luego al instante le dije, cómo aquella era disposición manifiesta y providencia. grande de Dios, con que quería su Divina Magestad se cumpliesen los grandes y ansiosos deseos que yo hacía mucho tiempo traía de tener alguna capilla junto a la puente, en donde pudiesen comulgar las morenas que baxan a comprar carne al rastro y las que van por recaudo a la plaza para cocinar en sus casas. Propuso esto el dicho Padre Juan de Ludeña a los superiores, y habiéndolo consultado salió de la consulta, aunque hubo alguna contradicción, que admitiese la Compañía la capilla de Nuestra Señora de los Desamparados y que estuviese dicha capilla a mi cargo y cuidado. Fui luego a dar cuenta desto al Iltmo. y Rvmo. Don Pedro de Villagomez, Arzobispo desta ciudad, para que primero echase su paternal bendición, como lo he procurado y procuro primero hacer en todas mis acciones y ministerios para que tengan feliz suceso. Luego que me dio el Señor Arzobispo su, bendición, tomó posesión de dicha capilla la Compañía santíssima de Jesús, con el estilo y forma que se acostumbra, a 3 de octubre de 1658 años; luego que tomó posesión de dicha capilla la Compañía y comenzó a correr por mi quenta, traté de derribar la pared del altar mayor que se estaba toda cayendo y hacerla toda de nuevo y juntamente la sacristía, y quitar el muladar que a la mesma capilla estaba arrimado, para lo cual me ayudaron algunas personas devotas y amigos.

Estaba en este tiempo muy achacoso y muy apretado de un accidente penoso y continuo de asma, sin darme descanso un instante, obligándome muchas .veces a salir ahogándome fuera de Lima a buscar en otro temple algún desahogo y alivio; viendo, pues, que proseguía aqueste accidente y que no me daba lugar de acudir, como debía a los ministerios, traté de pedir licencia al Padre Provincial Leonardo de Peñafiel, que estaba entonces en Chuquisaca, en la visita de la Provincia, para irme de -propósito ·fuera de Lima, a Juli o a Chuquiabo, en donde yo tuviese que trabajar sin la pensión penosa del asma. Respondióme el Padre Provincial Leonardo de Peñafiel a la carta, como superior y como confesor, y padre espiritual que siempre lo fué de mi alma con grande consuelo mío, no por escrito ni de palabra sino por si mismo, espiritualmente, en visión intelectuaI, sintiendo en mi corazón los efectos de su presencia dos veces dentro de la celda, y otra vez en el corredor junto a ella, que cae al patio de la portería reglar de San Pablo, no habló ni dijo nada en esta ocasión, como diciendo con el silencio: Ya soy muerto, ya acabé de ser Provincial, y así, hijo mío, no puedo hablar ni determinar cosa alguna acerca de la propuesta: Pero como es estilo de Dios valerse para sus obras de lo más inútil y vil del mundo, como dice el glorioso Apóstol en la primera epístola a. los Corintios, en el primero capítulo: Sed quae stulta sunt rnundi elegit Deus, ut confundat sapientes etc., determinó su Divina Majestad Soberana y se quiso servir de mi en esta santa capilla de su Santíssima Madre, porque sabiendo la Señora Ursula de Calafe que yo no estaba para hacer nada por el achaque tan penoso del asma que padecía, y que trataba de irme de Lima, le pidió la dicha señora con grandes veras y afecto a Nuestra Señora, que para que yo pudiese acudir y servir a su santa Madre y cuidar del reparo de su capilla, que me quitase a mí el asma, que su merced la tendría y padecería. Oyóla Nuestra Señor luego al punto, otorgando y concediéndole su propuesta, me quitó Dios el asma y se la dió a su merced, no habiendo nunca tenídola, de suerte que desde el año de 1658 hasta el presente de 1667 en que estoy apuntando esto, no me ha vuelto ni dado el asma un día, ni un instante tan solamente siquiera, padeciéndola la señora doña Ursula de Calafe, continuamente y con tanto rigor y fuerza que ha estado algunas veces para morirse; y es esto de tal manera que si acaso mejora un poco, procura luego enviar a saber si me ha vuelto el asma otra vez. Tan grande como aquesta es la caridad de aquesta señora, y tanto el amor y la devoción a la Santíssima Virgen Nuestra Señora, pues porque yo pudiera acudir a mi oficio y cuidase de su capilla, quíso tomar para sí y llevar tan pesada y penosa cruz, como es el asma continua.

Santíssima Virgen Nuestra Señora




miércoles, 14 de octubre de 2015

Autobiografia del Padre Del Castillo - VI



AUTOBIOGRAFÍA DEL PADRE CASTILLO 

VI

 

Un hombre me envió a llamar un día y me dijo con las lágrimas en los ojos, estando en la cama enfermo; Padre mio, V. R. ha de ser el que ha de librar y rescatar aquesta alma de las garras y esclavitud del demonio, yo ha veinte años que he estado en pecado mortal sin saber qué es gracia de Dios, sin confesarme a derechas, y sin las circunstancias que pide la confesión, porque he estado mal amistado con una muger hasta ahora, con la cual he determinado casarme y estar en gracia de Dios. Porque una tarde que oí platicar a V: R. en el Baratillo con ese santo Cristo de bronce que trae consigo, me ablandó Dios este pecho endurecido y corazón, de tal suerte que ya no puedo resistirme a las repetidas y fuertes aldabadas y toques de Dios que siento, y quizá Dios me ha enviado esta enfermedad por no haber puesto luego en execusión sus divinos avisos e inspiraciones; ya se están haciendo las diligencias para casarme con esta muger, pero quisiera ponerme en gracia de Dios antes de tomar estado con ella. Procuré confesarlo generalmente, y después de confesada también la muger, de haber comulgado entrambos, se casaron Y vivieron con grande paz y consuelo y alegría espiritual de almas. Otro enfermo me envió a llamar y me dijo, cómo desde que me había oído platicar en el Baratillo, le había dado Dios grandes toques e impulsos en el corazón para que se confesase de unos pecados que muchos años había guardado y ocultado en las confesiones, pero que resistiendo a aquestos avisos y dilatando la confesión, le pareció, estando durmiendo una noche, que la Santíssima Virgen le amonestaba y aconsejaba confesase aquellos pecados que tanto tiempo y en tantas confesiones había ocultado; pero no aprovechándose de este aviso, le aprovechó otro que Dios le dió, de una enfermedad que le ha puesto de manera que le obligó a enviarme luego a llamar y hacer una confesión general con gran sentimiento y lágrimas, y propósito de la enmienda. Un hombre que estaba en muy mal estado, una noche durmiendo, le mostró Dios y manifestó con una espantosa visión la fealdad y gravedad del pecado y peligroso estado en que estaba, pero perseverando en sus culpas, le pareció otra noche, estando durmiendo, que le decían, dándole empellones, que fuese luego y se confesase con el Padre que platicaba en el Baratillo; procuró luego buscarme el hombre y se confesó con grande arrepentimiento y dolor. Oyendo una mujer ponderar un domingo por la tarde en el Baratillo el grande riesgo y peligro en que los mal amigados están, y cómo es señal de reprobación perseverar en la mala amistad mucho tiempo, salió la muger de la plática con tan grande resolución de apartarse de la ocasión, que resistió de· tal-manera al amigo y con tan grande valor, que quiso antes sufrir las·puñaladas·que el apasiosionado y ciego le dió por esta resolución, que consentir con él un pecado.

Un hombre que vivía dos leguas distante de esta ciudad de Lima, un domingo, por la mañana de la cuaresma, se fué a casa de un camarada o pariente suyo con intento de ir a la tarde a oír la plática al Baratillo, llegó la tarde y queriendo ir a las tres a la plática, comenzó a picar al caballo, echó de ver que no se quería menear, volvióle a picar otra vez y aunque el caballo quería andar no podía, porque repentinamente se había mancado un pie; no dejó el hombre por esto la buena obra, porque el deseo que tenía de ir a la plática le hizo buscar una mula; oyó aquella tarde la plática, que fué de la integridad de la confesión, fué luego por la mañana a buscarme y me dijo: Padre mio, yo ha catorce años que he ocultado un pecado en las confesiones que he hecho; desde que le oí platicar, ayer en el Baratillo no he tenido instante de gusto y sosiego, sino un continuo temor y remordimiento, y así vengo a que me confiese; confesóse con gran ,dolor y quedó con muy gran consuelo, y el demonio quedó burlado y malograda la traza de haberle mancado el caballo al hombre para que no pudiese oír la plática y perseverase en su mal estado. Había muchos años que un hombre dejaba de confesarse por el grande miedo y temor que tenía de manifestar algunos pecados, pero viendo a un Niño Jesús en una ocasión sintió que le decía en el corazón, que fuese a Lima y buscase al Padre que predicaba en el Baratillo, que él le consolaría; vino el hombre a esta ciudad de Lima y dilatando de un día para otro la execución del consejo y aviso que Dios le dió por medio de la imagen del Santo Niño, le dió una gravíssima enfermedad que le obligó a hacer una confesión muy buena conmigo. Platicando una tarde en el Baratillo y diciendo, entre otras cosas: quien está con 'mala conciencia trae un infierno portátil consigo, fué bastante sólo haber oído esta palabra un hombre para entrarse por hermano coadjutor de la Compañía, como después me lo contó. Yendo un hombre a cometer una grave ofensa de Dios una tarde, al pasar por junto de la peana en que en el Baratillo se hacen las pláticas, sintió tan grande miedo y temor en su corazón, que le hizo volver atrás, como el mesmo contó después. No quiero poner y apuntar aquí los muchos que por medio de aqueste ministerio tan santo han dado de mano al mundo y entrádose religiosos, los muchos que se han confesado, los agravios y ofensas que se han perdonado, las amistades y ocasiones envejecidas que se han dejado, ni los pecados y encándalos que se han remediado, etc., por poner y apuntar también algunos casos y exemplos de los que no se han aprovechado de este ministerio y empleo tan importante y de su santa enseñanza y doctrina; y de dos-o tres que aquí apuntaré, sea el primero el que sucedió el año de 1651; estando yo platicando una tarde en el Baratillo, pasó un hombre por allí, el cual comenzó a murmurar de la doctrina christiana y plática, diciendo con poco respeto: A qué nos viene aquí a pIaticar el Padre, ¿faltará en el infierno quien nos platique? Pero presto le vino el castigo por lo que dijo con tan poco temor de Dios, porque estando este hombre una noche en su casa durmiendo, oyó unos temerosos aullidos de un perro, los cuales oyó también la siguiente noche, levantóse por la mañana y hablando con otro amigo le dijo: cierto que me ha inquietado esta noche un perro, con unos tristes y temerosos aullidos que ha estado dando en mi puerta; hareis muy bien, le dijo el otro, en matarlo; cierto que me pesa y duele mucho este brazo, dijo el que oyó los aullidos, indicios y avisos todos de lo que después había de suceder, porque con cierta ocasión que aquella mesma tarde le dió a otro hombre, le dieron con un cuchillo en el brazo que dijo le pesaba y dolía mucho y le quitaron la vida.

1659

Predicando en el Baratillo un domingo de cuaresma del año de 1659, se llegó con poco temor de Dios y respeto un hombre, y haciendo a su amiga señas, la sacó del auditorio y llevó consigo a su casa pasando la tarde con ella; Ilegó la noche y estando la dicha mujer acostada, vió que llegaba a su cama un demonio muy espantoso, en figura de un puerco o jabalí desollado y que arremetiendo a ella decía: Cómo esta tarde dejaste de oír la plática por irte a estar con tu amigo, ahora la pagarás; comenzó la mujer a dar gritos, acudió la gente de casa preguntándola qué tenía; no es nada dijo disimulando, pero no pudo disimular la congoja y el sobresalto, fué luego y se confesó con grande arrepentimiento y dolor de haber ofendido a Dios. Estando un hombre en su casa, llegó una mujer con quien había tenido antigua amistad a verla, y despidiéndose de él para volverse a su casa la dijo que él mismo la volvería; estando ensillado el caballo subió la mujer a las ancas, y habiendo pasado la puente la comenzó el hombre a solicitar, pero así como llegaron y emparejaron con la cruz santa y bendita del Baratillo, sintió el hombre que Dios le decía en su corazón: ¿Cómo me menosprecias fulano? Anda, que cuando tú quieras no querré yo. Apenas oyó y sintió estas palabras el hombre, cuando comenzó a derramar muchas lágrimas con grandes sollozos y gritos, arrepentido de sus pecados.

No puedo dejar de decir lo mucho que siente el demonio y le pesa de este ministerio y exercicio santo del Baratillo como se verá en este caso: Estando yo platicando una tarde en el Baratillo, se comenzó derrepente a espantar y alborotar un caballo, de suerte que tirando muchas coces y dando saltos y brincos derribó al hombre que estaba encima, huyendo por entre la gente que estaba muy apjñada, con tanta furia y espanto, que entendí había dejado muertas o maltratadas algunas del auditorio: ofrecióseme luego entonces lo mucho que siente el demonio y le pesa de este ministerio y exercicio santo del Baratillo, y cuanto procura estorbarlo, por algunas presas que pierde en él, como en esta ocasión se vió, porque el día siguiente se fueron dos o tres personas a confesarse conmigo de las que allí se hallaron entonces, y fueron las confesiones de mucho servicio y gloria de Dios. No solamente por si ha procurado el demonio estorbar este santo ministerio del Baratillo, sino que procuró valerse también en una ocasión de persona muy poderosa para que no quedase plazuela en el Baratillo, con que era fuerza quitar la ramada por que no estorbase y quitase el paso, con que si esto se executaba, era fuerza quitar la peana con la santa cruz que está encima, pero diciéndoles yo una tarde junto a la dicha peana que mirasen que aquel ministerio lo había Dios comenzado, y que corría muy por su cuenta el llevarlo adelante y el continuarlo, y que así no se pusiesen con Dios, porque no cargase quizá la mano con algún rigoroso y grave castigo, me enviaron aquella noche a decir que todo se compondría y ajustaría a satisfacción, y así lo compuso Dios mejor que yo merecía dejando una gran plazuela con que quedó mejor la ramada y más desahogado el sitio.

1663

También en otra ocasión se valió el demonio de personas apasionadas y de dañada intención para ul­trajar, menospreciar y desacreditar este ministerio, pero Dios y su altíssima providencia lo acreditó y honró más: porque a dos de junio de 1663, sábado, a media noche, echaron en la peana en donde se hacen las pláticas y en que está enarbolada la santa cruz, cosas asquerosas e inmundas, el día siguiente, domingo por la mañana, con ocasión del escándalo y voz que por toda aquesta ciudad corría, llegó a noticia del señor Arzobispo de ella, el Ilustrísimo y Reverendísimo Señor Don Pedro de Villagomez, el cual mandó y ordenó que se desagraviase la santa cruz luego al punto con una solemníssima procesión que el dicho domingo por la tarde se hizo, con que se llevó en hombros de sacerdotes la cruz desde el Baratillo, en donde estaba enarbolada, a la Catedral de aquesta ciudad, en donde se celebró un devotísimo novenario con misa cantada todos los días y con sermón el último día por la mañana, que predicó con muy grande espíritu y al intento el P. Diego de Avendaño, de la Compañía santísima de Jesús, Provincial entonces de esta Provincia, a quien el Señor Arzobispo encargó esta acción. Este día por la tarde volvieron al Baratillo la santa cruz en hombros de sacerdotes, con una devotísima procesión en que iba lo más ilustre y noble de la ciudad, el señor Arzobispo con su Cabildo y el Excelentísimo Señor Conde de Santistevan con la Audiencia y el Regimiento de caballeros de esta ciudad.



Para honra y gloria de Dios y para confusión mía, me ha parecido apuntar aquí un particular favor y merced que sin merecerlo me hizo nuestro Señor, la mesma noche y al mesmo tiempo en que sucedió tan grande desacato y atrevimiento y poco respeto. a la santa cruz: Estando yo aquella noche durmiendo, sábado, a dos de Junio de 1663 en el Colegio de San Pablo, en una celda que está sobre la portería, y dispertando a la media noche ví y sentí en visión intelectual, así como disperté, a Christo Redentor nuestro crucificado junto a los pies de la cama, sintiendo simul en el corazón y en la voluntad los efectos de su presencia, un ardor y alborozo grande en el corazón, un consuelo y júbilo celestial, una intrínseca inclinación y propensión fervorosa y ansiosa de unirse el alma con Christo Nuestro Señor, conociendo y sintiendo el alma también en su Magestad una poderosa y superior atractiva con una violencia amorosa de llevar y atraer al alma y unirla también consigo como la piedra imán al acero. Estos amorosos y tiernos afectos se iban aumentando y creciendo en la voluntad, en el corazón y en el alma, al paso que veía y conocía el entendimiento que la imagen y especie invisible, sutil e intelectual de Christo crucificado se iba también acercando. Hallóse de repente mi alma en sus brazos, y mi alma y cuerpo penetrado todo de Christo crucificado, como si el sol penetrara todo mi cuerpo y mi alma, siendo el cuerpo muy diáfano y cristalino y en el mesmo sol estuviera una imagen, o una sombra o una especie muy sutil y muy delicada de Christo Señor Nuestro crucificado. Aun todavía me parece material aquesta comparación, y así diré que sería como unos reflejos y luces, como una especie muy delicada, muy invisible y sensible del mesmo sol y en el sol de Christo crucificado. Paréceme aun todavía tiene algo de material también este símil, sentido entonces, y he sentido aquesta merced y favor de Dios muchas veces sin merecerlo, pero no acierto a explicarlo ·ni a dar a entender como es, y así mejor lo diré con aquellas profundas y compendiosas palabras con que el glorioso Apóstol San Pablo lo dijo en el capítulo 13 de la epístola a los Romanos: Sed induimini Dominum Jesum Christum. Los efectos que sentí entonces por la divina misericordia, non licet homini loqui. Aquí sentía mi alma unirse toda con Christo, aquí sentía a Christo unirse todo también a mi alma, aquí estaba amando mi alma a·Christo, aquí sentía a Christo amando también a mi·alma, viendo, oyendo, hablando y haciendo las acciones todas por los ojos, oídos, manos y cuerpo de Jesucristo. Aquí sentía mi alma a Christo que veía, oía, hablaba y hacía las acciones también por mis ojos, oídos, boca, manos y cuerpo. Aquí sentía mi alma que toda vivía Christo sentía también mi alma que Christo tan solamente estaba viviendo en ella; y·que había quedado·el·alma rendida ya y como muerta diciendo con el Apóstol ad Gálatas secundo: Christo confixus sum cruci vivo autem jam non ego, vivit vero in me Christus. Prevenido y confortado con estas armas, cuando tuve noticia por la mañana del desacato y atrevimiento que con poco temor de Dios y respeto habían tenido la noche antes en la plazuela del Baratillo a la santa cruz, cuando pude haber recibido muy gran pesar y dolor, me hallé con muy grande paz y serenidad por la misericordia de Dios, de suerte que podía yo muy bien decir a imitación del Apóstol y glorioso doctor de las gentes San Pablo 1a Corinthios, 2.c: Benedictus Deus et Pater·domini nostri Jesuchristi, pater misericordiarum, et Deus totius consolationis, qui consolatur nos in omni tribulatione nostra, etc.· quoniam sicut abundant passíones Christi in nobis: ita et per Christum abundant consolatio nostra. Quiero acabar estos puntos del ministerio santo del Baratillo con una merced especial y favor que me ha hecho nuestro Señor por su infinita misericordia, sin merecerlo, y es que cuando por otras ocupaciones y ministerios en provecho y bien de las almas o legítima ocupación, no he estudiado ni prevenido las exhortaciones y pláticas que siempre prevengo por puntos, entonces me suelen salir mejor, porque corren más por la cuenta y providencia de Dios, sintiendo derrepente una especial luz que despierta la memoria, que alumbra el entendImIento, inflama la voluntad, y esta luz siente el alma que cae de arriba y que la penetra y alumbra simul; de aquí suele nacer el acierto en proponer y ponderar las materias y las amenazas y avisos de Dios, como en dos o tres ocasiones me sucedió; la una, cuando estando yo platicando en el Baratillo; dije:¿quién sabe alguno de los presentes si irá esta noche a dar cuenta a Dios? y Un hombre que estaba oyendo entonces la plática, llevando a las ancas del caballo aquella noche a la amiga,·perdió a puñaladas la vida. El otro caso es de un mozo que habiendo oído una tarde en el Baratillo la plática, le dijo a un amigo suyo a·la noche: cierto, que no parece sino que el Padre ha estado hablando conmigo en la plática de esta tarde; acabando de decir esto le dieron de puñaladas y le quitaron allí la vida sobre una mala ocasión que tenía. Subiendo a platicar en otra ocasión, dije lo que había de platicar y comencé a tratar y ponderar la verdad y la integridad que se ha de guardar en la confesión; apenas había acabado la plática, cuando llegó a mí un hombre y me dijo: Padre mio, hágame caridad de oirme de confesión cuando pueda, porque·catorce años ha que oculto un pecado en las confesiones; oíle de confesión y prosiguió con mucha virtud después.


sábado, 10 de octubre de 2015

Padre Francisco del Castillo y su visión del pecado - IV



AUTOBIOGRAFÍA DEL PADRE CASTILLO - 
IV


Con ocasión de los grandes y contínuos dolores de cabeza que padecía, originados y ocasionados de lo que solía velar de noche, me mandó la santa obediencia que no velase de noche, más reparé en que si alguna noche velaba aunque muy poco tiempo, sin haber pedido primero licencia, sentía al demonio sobre mí luego en comenzando a dormir, atormentándome el alma la cual, con el dolor de la culpa y propósito de la enmienda, y muchas veces con actos de resignación y conformidad de la voluntad de Dios, se librada de este tormento.

Mostrome Dios una noche, en visión imaginaria e intelectual, el miserable estado de un pecador cuando está en pecado mortal; ví con los ojos interiores del alma una sierpe, muy espantosa, y que un demonio o monstruo infernal se le entraba en el cuerpo por el costado y se incorporaba con ella, y vía se movía y vivía en ella y por ella, de suerte que no hacia nada la sierpe ni se movía a ningún lugar, sino adonde o como el monstruo o demonio quería, el cual, la iba encaminando y llevando al infierno. Dióme Dios a entender con esto que aquella sierpe espantosa era el pecador cuando está en pecado mortal, que acaba de cometer, el cual incorporado y unido con su alma, la pone una serpiente espantosa, y viendo y viviendo en ella y por ella, se la va llevando al infierno; también reparé y advertí cuando tuve esta visión, que aquel espantoso demonio o monstruo, había estado en la serpiente otra vez, y que por haberle mostrado ella deseo y gusto que entrase, se le entró otra vez al instante el monstruo, dándome Dios con .esto a entender que aunque un pecador eche de su alma el pecado, se queda muchas veces su alma como una espantosa sierpe en desgracia y aborrecida de Dios, porque no lo echa ni se confiesa como conviene, y que por solo un mal pensamiento, o deseo que el pecador consienta de nuevo, se vuelve a incorporar en su alma otro pecado mortal y otro monstruo, dejándola como una serpiente espantosa.

También en esta ocasión me mostró Dios, y significó con esta visión imaginaria e intelectual de esta sierpe y de este demonio y monstruo infernal, el miserable estado a que suelen-muchos venir cuando vuelven miserablemente a Dios las espaldas, dejando la religión por obedecer y hacer la voluntad del demonio, porque al día siguiente por la mañana, después de la noche antes en que yo había tenido aquesta visión, se salió un hermano de la Compañía, a quien yo le había pedido y rogado mucho, sabiendo su tentación, de que no dejase la religión.


En otra ocasión me mostró y enseñó Dios también, en visión imaginaria e intelectual, el remordimiento grande de la conciencia y presuras de corazón, el dolor y el tormento grande que siente el pecador en la muerte. Ví con los ojos del alma a mi hombre muy noble, muy poderoso y muy lujurioso que estaba tendido en su cama muriendo y agonizando, a su mano derecha tenía un espantoso demonio y monstruo, en figura de un alacrán en pie, de vara y media de alto, asistía a la mano izquierda, una mujer del mismo tamaño muy aderezada y ataviada. Junto al pié derecho de la cama tenía las insignias y armas de los oficios y mandos que había tenido en la vida; junto al pie izquierdo tenía grandes talegos de plata muchas barras y texos de oro. Hacía la mano izquierda tenía abierta una sepoltura; vi con los ojos interiores del alma entonces y conocí que aquel hombre tan noble, tan poderoso y tan lujurioso que allí se estaba muriendo con las aflicciones, congojas y ansias que entonces le atormentaban, volvía el rostro buscando objetos de algún consuelo y alivio hácia la mano derecha, y viendo a aquel alacrán o espantoso monstruo y demonio, se le representaban y venían a la memoria todos los pecados y males que había cometido en toda su vida, y no pudiendo sufrir tal vista, volvía el rostro hacia el lado izquierdo para divertir el gran dolor y congoja y remordimientos de la conciencia, y viendo aquella mujer ataviada y aderezada, se le presentaban también, todos los deleites y sensualidades pasados, apartando entonces los ojos con el tormento, remordimiento y pena que recibía, y poniendo los ojos hacia los pies de la cama y viendo hacia el pie derecho, vía y se le ofrecían las insignias y armas de los oficios y mandos que había tenido en la vida, y lo mal que había satisfecho y correspondido a sus cargos y obligaciones, apartando los ojos de allí por no poder sufrir tanta pena, y poniéndolos hácia el pie izquierdo, se Ie representaba, viendo la plata, las barras y barretones, lo mal que lo había ganado y lo mal que lo había gastado, pudiendo hacer·buenas obras y ganado con ello el cielo. Finalmente, no pudiendo su corazón sufrir tantas congojas y penas y remordimientos de la conciencia, volvía los ojos a la mano izquierda, y viendo abierta la sepoltura, se le representaba el paradero y el fin que había de tener presto, sin que deleites, riquezas y honores, ni cuantas cosas hay en el mundo, no le pudiesen valer, sino de más tormento e infierno y remordimiento de la conciencia. Esto mesmo me dió a entender Dios que pasaba a los pecadores que no se convertían de veras cuando están agonizando y muriendo.

      Enseñóme Nuestro Señor, también en esta ocasión, el tormento, agonía y congoja que siente un alma cuando ha dado licencia al demonio, Dios, para que se· la pueda llevar al infierno. Hallóse derepente mi alma en una gran soledad y en singular desamparo tan grande, que no hallaba cosa ninguna que la pudiese amparar, ni tampoco se le ofrecía, ni aun se acordaba de Dios, ni sus santos, de suerte que llena el alma de confusión y congoja, no hallaba ni vía nada, sino una carencia de amparo en todo y negación de poder. Estando en esta soledad y congoja vió el alma venir hácia ella un espantoso demonio alto y disforme como un gigante, en quien mi alma reconoció tan grande poder y dominio, que todo el poder del mundo le parecía se había cifrado en él, con una atractiva tan grande y superior facultad, que así como mi alma lo vió le parecía y sentía en sí, sin hablar el demonio palabra, se le sujetaba y rendía el alma para que hiciese de ella lo que quisiese; acusada, concluída y vencida de su conciencia y con la virtud atractiva nacida del gran poder y dominio tan ·singular, que en aquel demonio tan espantoso reconocía y consideraba, a quien después de haber acercado le preguntó y dijo mi alma: ¿A quién buscas, búscasme a mí? A lo cual respondió el demonio después de haberla visto despacio: No te busco a tí, otro busco; con lo cual desapareció esta visión, enseñando Dios a mi aIma lo que siente el alma de un pecador cuando está para ser entregada al demonio; y también me mostró Su Magestad en otra ocasión, cómo se apartaba el alma del cuerpo de-un pecador a manera de serpezuela, acusando, fulminando y executando ella, por si, la sentencia de eterna condenación.



Oremos por su pronta Beatificación
todos los 11 de cada mes en la
Iglesia de San Pedro en Lima

viernes, 9 de octubre de 2015

Conociendo al Padre Francisco del Castillo - III



AUTOBIOGRAFÍA DEL PADRE CASTILLO – III

Después de haber leído Gramática en el Callao, me mandaron viniese a leerla otra vez a Lima, en el aula primera de mínimos, en donde después de haber leído algunos meses Gramática, me dió licencia el Padre Provincial Bartolomé de Recalde, para ir a Santa Cruz de la Sierra, a la misión de Ios Chiriguanas. Estándome ya aviando, y enseñándome juntamente la lengua de aquellos indios el apostólico y venerable Padre Antonio Ruiz de Montoya, de quien procuraré hacer después muy dilatada mención, y con quien dentro de pocos días debía de salir de aquesta ciudad e ir hasta Potosí , me llamó el dicho Padre Provincial y me dijo, que el Excelentísimo Señor Marqués de Mancera, Virrey que era de estos Reinos, gustaba que fuese yo acompañando y sirviese de capellán al Excelentísimo Señor Marqués de Mancera, don Antonio de Toledo, su hijo, que iba a la fundación de Valdivia, y a echar de allí al holandés enemigo. No pudo el Padre Provincial, según su reverencia me dijo, excusarme de aquesta acción, con cuantas razones y excusas le propuso a su Excelencia para ello, porque el Señor Virrey instó en esto, y así el Padre Provincial me dió su palabra, que cuando Dios me volviese con bien de Valdivia me enviaría a la misión de los chiriguanos.

1644

Fuí y ofrecíme por órden de la obediencia al señor Virrey y al Excelentíssimo Señor Marqués de Mancera, don Antonio de Toledo, por capellán, y. la víspera de año nuevo de mil y-seiscientos y cuarenta y cuatro,sábado por la tarde, salí del puerto del Callao en la nao capitana Santiago, en que iba Su Excelencia el Señor Marqués Don Antonio por General de la armada, que se componía de once bajeles y de la Almiranta Jesús María, que pocos días después salió y fué siguiendo a la armada. La segunda noche después de haber salido la armada del puerto, pudo suceder una gran desgracia, si la celestial .estrella del mar, María Santíssima, no interviene con su divina luz y favor, porque la nao de San Francisco de Asís coxió el barlovento a la Capitana, la cual, como era gran velera, en menos de medio cuarto de hora estaba ya sobre el navío de San Francisco y le metió el bauprés por entre los árboles, sin haberse podido prevenir ni evitar el riesgo, por muchos remedios y diligencias que hicieron los pilotos y marineros. Parecía Un día de juicio la noche con los gritos, clamores y voces de la una y de la otra nao, viéndose entrambas enrredadas y embrazadas, procurando muchos del navío de San Francisco pasar a la Capitana, recelosos y temerosos de que les podía coxer debajo. Echose de ver el favor y santíssima intercesión de la Virgen Santísima, Nuestra Señora, y las oraciones de los santos religiosos descalzos de San Francisco, que iban en el navío, porque casi calmó el viento entonces, con que dio lugar y tiempo la Capitana a los del navío de San Francisco para que pudiesen cortar los árboles y zafarse de aquel peligro. Prosiguió la armada su viaje yendo entonces por Almiranta y por resguardo de toda la armada, a falta del galeón Jesús María el de San Diego del Milagro, en que iba el Padre Pedro de la Concha por superior de los tres de la Compañía que iban en dicha armada, a petición y devoción del Señor Virrey, para la fundación y población de Valdivia.

A los doce días, cuando estaba la gente quieta y acomodada, publiqué en la Capitana el jubileo de las misiones, para el cual se fué disponiendo la gente; lo primero se echó un pregón en la nao de que ninguno jurase, amenazando al que alguna vez delinquiese con una pena muy grave, con que no se oía juramento entre los soldados, con ser tantos los que había. Por la tarde se hacía la doctrina cristiana a la chusma y después, antes de la oración, se cantaba a la Santíssima Virgen la salve y luego la letanía de Cristo Nuestro Señor al Santo Cristo que estaba sobre popa, contábase después el exemplo a la noche, a que luego se seguían las confesiones, por ser el tiempo más quieto y más a propósito. Ganóse el jubileo en la Capitana, día de San Sebastián, veinte de enero, día en que el Excelentíssimo Señor Marqués de Mancera y General de la armada, cumplía años.·Este día empavesaron todas las naos de 'la armada, y a la tarde hicieron todas la salva disparando la artillería y pasando, por junto a la Capitana, dando a su Excelencia el buen viaje. Fué día de gran regocijo y consuelo, no solo para los cuerpos, sino también para el alma, por las confesiones y comuniones y jubileo que hubo. Muy gran concepto hice entonces de la importancia de las misiones que se hacen ,en las armadas, por las confesiones de muchos tiempo que se hacen, por las muchas que se reiteran y revalidan, por las enemistades y pleitos que se componen, por los agravios e injurias que se perdonan y por los enfermos y desamparados a que se acude.

1645

Sábado por la tarde, a cuatro del mes de febrero de mill y seiscientos y cuarenta y cinco, se halló derepente toda la armada en frente del puerto de Valdivia, tan deseado, sin haber visto otra tierra desde que salió la armada del puerto del Callao hastaentonces. Viró la Capitana y toda la armada la mar adentro, porque iba entrando la noche, y el día siguiente por la mañana, supimos se había ido ya el enemigo del puerto, con que comenzó a entrar, a las tres de la tarde, la armada adentro la bahía, haciendo con toda la artillería la salva. Habiéndose dispuesto los fuertes y la primera población en la isla de Constantino, salió de Valdivia toda la armada, sábado, primero de abril, y bajó por la plata del Rey a Arica. Cogiónos la semana santa en la mar, con que hubo mucho que hacer en la Capitana en disponer a la gente para cumplir con la Iglesia, y esta fué la principal razón y motivo que tuvo el Señor Marqués para que yo volviese con su Excelencia y no me quedase en Valdivia, en donde quedaron el Padre Pedro de la Concha, por Superior, y el Padre Domingo Lázaro y el Padre Antonio Muniz, por curas y capellanes de los soldados, hasta que fuesen a asistir otros Padres después allí de la Provincia de Chile.

Sábado quince de abril, víspera de pascua de resurrección, dió la armada fondo en Arica; de donde salió con la plata a fines del mes de abril y llegó con ella al Callao, sábado seis de mayo, de suerte que sábado salió del Callao la armada, en sábado llegó y descubrió a Valdivia, en sábado llegó a Arica y en sábado llegó al Callao y dió fondo, con que parece quizo dar a entender la Santíssima Virgen María, Nuestra Señora, cuan por su cuenta corría el buen suceso y acierto y viaje feliz de esta armada. Luego que llegué de la. misión de Valdivia a esta ciudad de Lima, pedí al Padre Bartolomé de Recalde, que era Provincial todavía de esta Provincia, que su reverencia cumpliese la prome­sa que me había hecho de enviarme luego en volviendo a la misión de los Chiriguanas, a que me respondió su re­verencia diciendo, que la misión de los Chiriguanas se deshacía, por cuanto en nueve años que habían estado con aquellos indios infieles los Padres, no había habido remedio de reducirse, y que así me fuese a tener la tercera probación al Callao, hasta que la santa obediencia dispusiera y me mandara otra cosa.

Estando en tercera probación me mandó la santa obediencia venir a leer otro vez Gramática, a la primera clase de minimos, de este Colegio de Lima. En este tiempo se renovaron y comencé otra vez, de nuevo, a sentir las tentaciones y los trabajos que en el espíritu padecí antiguamente. Estando un día muy afligido y con grandes congojas y desconsuelos en el espíritu, yendo a medio día después de quiete a la iglesia con la comunidad a la letanía, y entrando por la puerta de la sacristía a la iglesia y capilla donde dan gracias, oí, en tres o cuatro ocasiones y días al mesmo tiempo, una voz interior muy clara y distinta que me decía : Yo te ilustraré, yo te ilustraré; esta voz era muy delicada y suave, y no solo se percibía con el oído, sino que también pasba y se oía en el centro del corazón y del alma, con cierta esperanza y seguridad del cumplimiento de la promesa. Como solía tener devoción, de confesar a los morenos enfermos de casa, aunque estuviese asistiendo a la clase, si la ocasión lo pedía, me llamaron una noche para que fuese a confesar a un moreno que estaba a priesa muriendo en la enfermería; hallé que estaba sin habla, afligíame mucho el ver que moría aquel pobre moreno sin confesión y sin sacramentos, púseme a rezar una devoción de una corona a los siete dolores y gozos del Patriarca gloriosíssimo San José a fin de que el moreno se confesase; tocaron a segunda a cenar y después de haberme sentado a la mesa, vi que venía un hermano estudiante a prisa hacia mí, ofrecióseme que debía de haber vuelto el moreno en sí, y fué así, con que fui a confesar al moreno luego, y habiendo recibido el viático se le volvió a quitar el habla, y murió recibiendo tan señalado favor y merced por medio e intercesión del Patriarca gloriosíssimo San José.


Oremos por su pronta Beatificación
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viernes, 2 de octubre de 2015

¿ Como era el Padre Francisco del Castillo sj ?

Bóveda de la Capilla de Nuestra Señora de Loreto
 (hoy Salón de Grados Universidad Mayor de San Marcos)



AUTOBIOGRAFÍA DEL PADRE CASTILLO - II

II


1632


Entré en la Compañía santísima de Jesús a treinta y uno de diciembre de mil y seiscientos y treinta y dos, recibióme el Padre Provincial Diego de Tórres Vásquez, en, el Colegio real de San Martín, este mesmo día por la mañana, vispera de año nuevo, en la capilla de Nuestra Señora de Loreto, feliz anuncio y pronóstico de las muchas misericordias y beneficios que Dios me había de hacer en la Compañía, por medio e intercesión de aquesta Soberana Señora, madre amorosa y abogada de pecadores, como lo comencé a experimentar desde luego que comencé el noviciado, en donde experimenté un favor singular y una gran misericordia y merced de Dios, y fué que en todo el tiempo del noviciado no tuve ningún ofrecimiento ni movimiento contra la vocación a la religión, siendo así que fueron las mortificaciones muy grandes y los trabajos interiores de espíritu que sufrí [1]. Hice los votos a dos de enero de mil y seis cientos y treinta y cinco; salí del noviciado y fuí al Colegio de·San Pablo, en donde comencé el seminario. En este tiempo comencé a sentir un grande trabajo de noche, y fué que apenas comenzaba a dormir, cuando con los ojos interiores del alma, veía y sentía entrar dentro del· aposento no pocas noches, tropas y multitud de demonios, que llegándose a mí me afligían en lo más interior del alma y me atormentaban, de suerte que parecia me ahogaban. Este trabajo duró muchas noches hasta que dí cuenta de él a mi padre espiritual, con que desde entonces cesó.

Fuí por órden de la obediencia a acabar el seminario al Callao, en donde tuve por maestro al Padre Juan de Alloza. Aquí, en el Colegio del Callao me aconteció un día que acabando de salir de unos comunes altos que había, cayeron repentinamente todos en tierra, en donde hubiera peligrado sin duda la vida, si no hubiera salido tan presto. Apenas estuve un mes en el seminario, cuando me mandó la santa, obediencia que volviese otra vez a Lima, a leer el aula de mínimos, de donde, después de·ochomeses, salí a comenzar o oír las Artes al Padre Alonso de·Presa. En este tiempo de Artes padecía muchas aflixiones y desconsuelos ,en lo interior de mi alma, motivados y originados de que por mi poco ingenio y corta capacidad y dolores contínuos de cabeza que padecía, no había de poder acabar los estudios, ni había de ser de provecho en la Compañía. En estos ahogos y desconsuelos, hallaba el consuelo y alivio en la Siempre Virgen María, madre y amparo nuestro, por medio de una dévotíssima imagen suya que tenía dentro del cancel, en el aposento. A esta Soberana Señora le daba cuenta de mis trabajos, tristezas y desconsuelos, aunque muy bien le constaban, con esta consoladora de los afligidos me  consolaba, con esta amorosa madre me·regalaba, y por su medio e intercesión me daba Dios fortaleza y gracia y una grande resignación y conformidad en todo con su santíssima voluntad, con una grande lluvia de lágrimas, en especial cuando le rezaba el Rosario, unas veces sentía un júbilo, alegría y consuelo grande en el corazón, otras me parecía y como que sentía tener la boca en el sacrosanto costado y llaga de Cristo nuestro Señor, de quien me parecía sentir la presencia, no con figura o imagen corpórea ni forma, sino con un modo intelectual muy delicado y sútil, y con los efectos de su presencia, sintiendo un grande sabor y gusto y deleite en la boca, unos incendios grandes, y aprietos del corazón en el pecho, un apretarse mucho y cerrarse muchas veces con fuerza los ojos, un delirio y descaecimiento, y falta de fuerza en el cuerpo, sintiéndose el alma y cuerpo como vencido, rendido y poseído de obra, virtud y amor superior. Esto sentí muchas veces junto con una inclinación natural y propensión especial al espíritu y devoción, y esto sentía que iba creciendo, al paso que se aumentaban los trabajos y desconsuelos, y las tristezas del corazón.

Talla jesuita de la Virgen Maria

De más de haber procurado valerme de la intercesión poderosa de la siempre Virgen María, nuestra Señora, como de tesorera y canal celestial, en quien y por quien se reparan y comunican los tesoros y las riquezas de todas las ciencias y letras, me procuraba también valer, para dar buena cuenta de los estudios, de la intercesión de otros santos; pero viendo y considerando que mis peticiones y ruegos no tenían el despacho y suceso que deseaba, me consolaba entre mi diciendo, que si no salía con los estudios de Artes y Teología para poder predicar o leer, tenía otros muchos ministerios la Compañía, humildes, para poder servirla en alguno, y que por lo menos la serviría en el santo de coadjutor. Un día acabando de comulgar y estando dando gracias a nuestro Señor, le rogué a su Magestad que me' diese a entender, y significase, en qué ministerio le serviría y le agradaría más en la Compañía, parecíome oía una voz interior que decía que en el ministerio de los morenos. Fui y dí cuenta al superior de esto, ofreciéndome desde luego para tan santo ministerio y empleo respondióme entonces el Superior, que conservase y guardase tan santos deseos y propósitos para su tiempo. En este tiempo en que acabé de oír Artes, y comencé a oír Teología, no se cómo poder escribir y explicar la tormenta tan especial y penosa que padecía en el espíritu con varias y fortísimas tentaciones, recelos, desconfianzas, temores de que me habían de echar de la Compañía, porque no había de ser de provecho en ella; esto era lo que más me afligía y atormentaba, lo que más apreturas y congojas causaba en mi corazón, esto era lo que me hacía saltar, y correr las lágrimas de los ojos, y los sentimientos penosos del corazón por la boca, solo sabe nuestro Señor lo que entonces sentí en mí corazón, y lo que sentí también una tarde en que la santa obediencia me envió a San Juan, a acompañar a un hermano procurador porque entendí y temí entonces que me llevaban a despedir de la Compañía, con que no pude en toda aquella noche dormir, sobresaltado y llorando, no hallo a qué poder comparar aquesta pena y tormento, porque era para mí entonces un purgatorio penoso: arrepentíame de las faltas que había tenido en la Compañía, ya proponía fervorosamente la enmienda, ya hacía firmes propósitos de ponerme debajo los pies de todos los que había en la Compañía; otras veces me consolaba hablando conmigo y diciendo, que si acaso me echasen de la Compañía por mis pecados, pediría y rogaría a los superiores que me dejasen servir y asistir en alguna de las chacras de la Provincia, y con esto me consolaba, porque me daba Dios a sentir lo mucho que su Magestad Soberana estimaba y debemos estimar todos a esta santísima Compañía, amada y querida suya fuera de la cual y sin defensa me parecía imposible salvarme.

Volví a Lima y volvió a arreciar la tormenta, especialmente en el Colegio de San Martín, a donde dentro de breve tiempo me envió la santa obediencia a asistir y tener cuidado de la sala de San Pablo. No hallé armas más eficaces para defenderme, y no ser rendido ni vencido en estos penosos combates, que la resignación y conformidad en todo con la divina voluntad, y con la acogida y recurso a la Sacratísima Virgen María, Reina y Señora nuestra, la cual acreditó y aprobó el remedio y eficacia de aquestas armas con el siguiente aviso y consejo. Estando un día del mes de abril de 1642 en la celda de la sala de San Pablo del Colegio de San Martín, con grandes y rigurosos combates, y con penosas sequedades y desamparos de espíritu, haciendo actos de resignación y conformidad con la voluntad de Dios, me volví a la madre y consoladora de pecadores, con las lágrimas en los ojos, y suspiros del corazón en la boca, le dije, entre otras razones; Señora mía; amparadme y miradme con ojos de misericordia! quedé rendido y sin fuerzas y juntamente dormido, y en visión imaginaria e intelectual, ví a la Santísima Virgen Nuestra Señora con el Niño Jesús en los brazos, el cual vuelto a mí y mirándome me decía: bien has peleado, y diciendo yo a la Soberana Reina del Cielo: Señora, miradme con ojos de piedad y misericordia, esta amorosa y piadosa madre me miraba con un· amoroso y benigno semblante, diciendo: En lo que más agradarás a mi hijo es en conformarte en todo y por todo, con la voluntad de Dios. Quedé con este aviso y visita muy confortado, y muy consoIado, y más prevenido y armado con estas armas para todos los trabajos y tentaciones que después se han ido ofreciendo.

Capilla de Nuestra Señora de la Antigua - Catedral de Lima

A primero de marzo de 1642, estando yo en el dicho Colegio de San Martín; me mandó la santa obediencia que me ordenase de sacerdote, con que en este segundo año de Teología interrrumpí, y dejé los estudios. Ordenándome de todas órdenes de las menores y las mayores, el Ilustrísimo y Reverendísimo señor Don Pedro de Villagómez,·Arzobispo de esta ciudad de Lima; ordenóme de Epístola, a quince del mismo mes en la Catedral, en la capilla de Nuestra Señora de la Antigua, y cinco de abril, de Evangelio, en la misma dicha capilla, y el sábado Santo, a diez y nueve el dicho mes, me ordenó de Misa en el monasterio de la Inmaculada y Puríssima Concepción de la Santíssima Virgen, Nuestra Señora. A veintisiete de abril, domingo de Cuasimodo, dije la primera misa en la capilla de la Santíssima Virgen de Loreto, que está en el colegio de San Martín, en donde fuí recibido también en la Compañía. Después de haberme ordenado de sacerdote prosiguieron también los trabajos, que en el alma y en el espíritu padecía por medio de los demonios, especialmente cuando dormía, sintiendo y pareciéndome algunas veces que me querían ahogar, pero siempre me defendía con la resignación y conformidad, con la voluntad divina y con la invocación cordial y eficaz de la Santíssima Virgen María, Nuestra Señora.

Pasados algunos meses me-envió la santa obediencia al Callao, a que estudiase Moral y leyes e Gramática. Aquí, en este puerto de mar, fueron las tormentas mayores y las borrascas que padecí en el espíritu, con sequedades, angustias, tentaciones, temores, aflixiones y presuras de corazón; no sé a que poder comparar este penoso martirio. Dióme Dios en esta ocasión a entender que otro martirio mayor me aguardaba, no sé si material en el cuerpo, o espiritual en el alma, porque en la uña del dedo polex, no estoy bien seguro si fué en la mano derecha o izquierda, reparé que en la parte superior de la uña estaba dibujada e incorporada el mismo blanco que había en la uña, con grande primor y arte, una cabeza cortada, poco mayor que cabeza de un alfiler, con unas gotitas que parecía caían de la cabeza, también del mismo color, en el carrillo un astillazo o lanzada y encima de la cabeza una pinta blanca como resplandor, o diadema; parecía el aspecto de sacerdote como de hasta cincuenta o sesenta años de edad. Hice grande diligencia y prueba para certificarme verdad de esta pintura y dibujo, y aunque estaba, muy cierto de ella, por ,haber sido desde pequeño aficionado al arte de la pintura y practicándolo en ocasiones, hice una diligencia y experiencia con todo eso, y fué poner un pedacito de listón morado o negro entre la uña y carne del dedo para que sobresaliese más y se distinguiese. Así fué que aunque antes se divisaba todo y se distinguía, con esto sobresalía y se veía todo mejor, los ojos, la. naríz, la barba, las goticas de sangre que caían de la cabeza, el astillazo o lanzada en el carrillo, los cabellos de la cabeza, el resplandor o diadema encima, y finalmente el aspecto como de cinquenta o sesenta años de edad. No quise manifestar esto a nadie, aunque estuve para decirlo a uno o dos, ocultélo hasta ahora que esto escribo por obediencia, en mi corazón, en donde entonces; cuando lo vi, sentí grande alegría y consuelo especial, alborozo y gozo y un géne­ro de esperanza y certidumbre particular de-que había Dios de hacerme mártir, o con el martirio material en el cuerpo, o con el espiritual y de no en el alma, porque muchas veces se lo he pedido y rogado a su Magestad. Crecían y avivábanse más en mi estos afectos, acordándome de lo que el santo Padre Juan de Villalobos me dijo a veintinueve de agosto de mill y seiscientos y cuarenta y cuatro, cuando le estaban sangrando por la mañana en su celda. A mí, dijo, me sacan por el brazo la sangre, pero a Vuesa reverencia, hablando conmigo, dijo, se la sacarán por la garganta. No se si aqueste gran siervo de Dios habló del martirio material en el cuerpo, o del espiritual y de deseo en el alma, por haberle yo dado cuenta y comunicado los deseos grandes que yo tenía de ir a tierra de infieles y derramar la sangre por Cristo·Redentor y Salvador nuestro. Con las. aflixiones y tentaciones molestas de los demonios, que estando durmiendo sentí en el alma, comencé a sentir y experimentar también en aqueste tiempo, estando de noche durmiendo, un estar el alma velando y amando, un dar unos vuelos en Dios y a Dios muy sutiles y delicados. Reparaba y observaba después, cuando despertaba, que cuando el alma subía dando estos vuelos, subía conociendo simul y amando a Dios, y que aunque aquestas potencias y actos eran distintos, era una esencia tan solamente, muy sutil y muy delicada, como el fuego y luz penetrados. Observé también, lo segundo, que cuando más se olvidaba el alma de todo lo criado y de sí, y se anonadaba y aniquilaba, daba más fervorosos, ligeros y superiores los vuelos. Lo tercero también noté, que sí el alma hacía algún acto reflejo de lo que obraba-y hacía, se amortiguaban y descaecÍan y amainaban aquestas vuelos. Tan grande y perfecta renunciación y olvido de todas las cosas, y tan gran limpieza y pureza quiere Dios que tengan las almas para su comunicación y trato, como he echado de ver después en otras experiencias de esta materia, de que procuraré hacer después algunos apuntamientos.





Oremos por su pronta Beatificación
todos los 11 de cada mes en la
Iglesia de San Pedro en Lima

jueves, 1 de octubre de 2015

¿ Quien fue el Padre Francisco del Castillo sj ?




AUTOBIOGRAFÍA DEL PADRE CASTILLO – I

NOTA PREVIA
En el año 1960, el historiador jesuita padre Rubén Vargas Ugarte, publicó UN MISTICO DEL SIGLO XVII - (AUTOBIOGRAFIA DEL VENERABLE PADRE FRANCISCO DEL CASTILLO DE LA COMPAÑIA DE JESUS).

Considero de gran valor este documento. Ciertamente lo es desde la perspectiva religiosa y los devotos de este Venerable Padre lo valorarán. También los historiadores, antropólogos y estudiosos de la vida del siglo XVII en la ciudad de Lima encontrarán materia suficiente para afirmar que han encontrado una rica fuente de investigación. Por lo menos, de amena conversación.
He mantenido la escritura tal y como está en el documento original. Las notas del padre Vargas en la mayor parte las omito y reservo para la edición impresa de este libro, de manera que no se pierda el sabor del texto y el contacto con el mismo padre Castillo, su autor.
En espera de la beatificación del fiel sacerdote que la Compañía de Jesús declaró “apto para el ministerio con los morenos” y en su época fue llamado “apóstol de Lima”, entrego este documento por capítulos a través de mi blog, para la mayor gloria de Dios.


Treslado de la vida que por mandato de sus prelados Scriuio el Ve.·Padre Francisco del Castillo, ques sacada de su original, hallándose presente el Doctor Don Joseph de Lara Galan, Promotor fiscal general de todo este Arzobispado, en la Cibdad·de los Reyes en veintisiete días del mes de Octubre de mil y seiscientos y setenta y siete años.

I

Omne datum optimum, et omne donum perfectum, de sursum est; descendens a Patre luminum (B Jacobi Apost., Cap. I) Ad majorem gloriam Dei. Muladar asqueroso e inmundo. Apuntamiento de las misericordias y  beneficios que nuestro gran Dios y Señor me ha. hecho sin merecerlos. Escritos y declarados por orden del P. Provincial Antonio Vásquez, y del P. Provincial Diego de Avendaño. - Aunque un muladar asqueroso e inmundo esté iluminado y hermoseado con los rayos, luces y resplandores del sol, no por eso deja de ser muladar, muladar se queda como antes, sin que haya cosa digna de ser alabada en él, sino la liberalidad, y grandeza sola del sol, que hasta a los muladares más asquerosos e inmundos se comunica, sin que se amortiguen ni enpañen sus resplandores y luces, sino con la misma hermosura y realces de claridad y viveza con que este hermoso planeta se comunica a los más encumbrados montes, a los minerales más ricos, a los más vistosos y hermosos y floridos prados que hay. Lo mesmo puedo decir de aquestos apuntamentos, que con grande confusión mía; me ha mandado la santa obediencia escribir; muladar asqueroso e inmundo soy por mis grandes pecados y vicios, más que cuantos muladares hay en el mundo. Quisiera se me hubiera dado licencia para que constara a todos esta verdad, pero sólo me han ordenado que corra el velo al silencio que hasta ahora ha estado echado y corrido, para que se manifiesten y resplandezcan las luces y resplandores de las grandes y repetidas misericordias y beneficios, de las dulzuras con que el soberano y divino sol de nuestro gran Dios y señor ha ilustrado, prevenido y favorecido, no sólo a los más encumbrados montes, ricas minas y hermosos prados de sus más queridos amigos, sino de este muladar asqueroso sin merecerlo, sin que haya cosa ninguna en mi digna de estimación y alabanza, sino de vituperio y desprecio, y así sólo y de todo cede la honra, la alabanza y la gloria a Dios, que es el único término y fin de aquestos apuntamientos.

1615

Nací en esta ciudad de Lima, de padres cristianos viejos, humildes y virtuosos, el año de mil y seiscientos y quince, y fuí baptizado en la iglesia mayor, lunes a veintitrés de Febrero de dicho año  .  Aun no había cumplido un año cuando mi padre murió, y aunque mi madre vivió después muchos años con mucha. virtud y ejemplo, cuidó de·mi educación y enseñanza lo más del tiempo de mi niñez, una aguela mía muy sierva de Dios y santa,·en·cuya casa viví lo más del tiempo qué estuve y viví en el siglo. Siendo de ocho o de nueve-años, y estando una noche durmiendo en aquesta casa, vi con los ojos del alma y del cuerpo un feroz y espantoso demonio, con un·cuerpo muy encendido, amulatado, y a esto que estaba en la puerta del aposento, mordiéndose, despedazándose y ensangrentando con los colmillos el hombro y lado derechos con una furia infernal y rabia, porque le impedían y le estorbaban la entrada adentro. Espantado y atemorizado con tan espantosa visión me volví-al lado derecho y ví que estaba junto a ·la cama mi santo Angel de la guarda vestido todo de blanco con un cuerpo aéreo en confuso, como una blanca, transparente y hermosa nube, pero por unas especies muy delicadas, e inteligencia, conocí ser el angel santo de mi guarda que le estaba·impidiendo al demonio la entrada en el aposento; merced y favor que atribuyo a una pequeña y devota imagen de la Santísima Virgen N. S. y de Señora Santa Ana que tenía yo colgada en la cabecera.·Varias veces ví en este tiempo de mi niñez con los ojos interiores del alma, gavillas y ejércitos de demonios en la calle donde vivía, y en la puerta de mi aposento, con un ruido confuso e infernal de armas, de caxas, de silbidos, y de cencerros, etc., pero nunca los dejaban entrar adentro del aposento, en donde yo estaba entonces durmiendo, y cierto, no puedo dejar de decir para honra y gloria de Dios, y para mayor estima y aprecio de la dulcísima, devoción de su santísima Madre, que aunque los pecados y vicios de mi niñez ocasionaban, y atraían tan infernales visitas y huéspedes, pero la celestial y divina presencia de la santísima Virgen N.S. en la dicha pequeña y devota imagen que tenía pendiente en la cabecera, les estorbaba la entrada,·y echaba lejos del aposento y la casa a aquellas infernales escuadras y ejércitos de demonios. Tanta es la virtud, poder y eficacia de la presencia celestial de María Santísima, Reina y Señora nuestra, aun en una pequeña imagen, contra estos malignos espíritus, y contra el infierno junto.
Para que enderezase y asegurase los pasos -de mi niñez, que con algunas malas compañías y muchachos inquietos se comenzaba a pervertir y apartar del camino de la virtud, me mostró Dios en una ocasión, y vi con los ojos interiores del alma, el camino espantoso de los infiernos, a manera de un callejón muy estrecho y oscuro que causa muy gran espanto, muy gran confusión y miedo y presuras del corazón, fáltame palabras y términos para ponderar y explicarlo. No solo me libró Dios en aqueste tiempo de estos y otros peligros del alma, sino de otros muchos peligros y riesgos del cuerpo, de que apuntaré dos o tres. Siendo de ocho o nueve años de edad y estando un tio mío, sacerdote muy siervo de Dios, enfermo, entré al gallinero de la casa en que estaba, una tarde, y no hice mas que entrar y salir y habiéndome apartado cinco o seis varas y comenzado a subir por una escalera, oi muy grande ruido, volví el rostro atrás y vi que todas las cuatro paredes del gallinero cayeron, cada una de dos filas de alto, sin haber precedido temblor ninguno. Corriendo, siendo pequeño, un caballo, arrancó derrepente con tanta fuerza, que caí en el suelo de espaldas, y con pasar por encima de mí corriendo otros dos caballos que atrás venían, me levanté bueno y sano. Un día de año nuevo en la tarde, acabándose la procesión que en la plazuela del colegio de San Pablo suelen hacer los indios de la cofradía del Niño Jesús, al quitar los arcos los indios, cayó un mangle o caña de Guayaquil y me dió en medio de la cabeza, derribándome luego en el suelo, y dejándome sin sentido; cargóme y metióme luego en su casa un devoto y piadoso hombre y recostóme en su cama, y cuando entendieron que quedaría·alli muerto me levanté bueno y sano sin herida ninguna, ni daño, porque me guardaba N. S.; en otra fiesta del año nuevo entréme en la Compañía santísima de Jesús, como apuntaré después a su tiempo.


Desde este tiempo de los diez años que me fué previniendo Dios con las bendiciones de sus dulzuras,·dándome una natural inclinación y propensión especial a las cosas de devoción y virtud, aunque muchas veces la malograba con mis pecados y vicios. Mi mayor entretenímiento y recreo era entonces hacer altares, formar capillas y nichos, labrar y hacer santos y pasos de la pasión de que Dios me dió ingenio y habilidad. Otras veces me entretenía en componer y hacer procesiones, en remedar e imitar el modo de oficiar y cantar las Misas, componiendo y adornando un púlpito y poniéndome varias veces a predicar, prenuncios evidentes y ciertas señales de lo que después había de executar. Cuando celebraban en el convento del Seráfico Padre San Francisco (adonde yo acudía frecuentemente) las fiestas de algunos santos, sentía particular alborozo, júbilo y gozo en mi corazón con unos ansiosos deseos y con una especial confianza de que me había· Dios también de hacer santo. Una de las cosas que-más me animaban y alentaban de esto era leer la vida del Seráfico Padre San Francisco, o el verla pintada en el claustro, y asi la iba a dibujar a mi casa y la ponía en las paredes del aposento, causándome verla ó leerla tiernos afectos y lágrimas y fervorosos deseos de poder imitar al Santo. Murió por aqueste· tiempo un religioso de San Francisco llamado fray Juan Gomez, enfermero mayor del convento tenido y venerado en esta ciudad de Lima por muy siervo de Dios y santo, tenía especial devoción con el Niño Jesús, y así era común voz en todos los del convento y de la ciudad que hablaba el siervo de Dios muy familiar y amigablemente con un Niño Jesús que estaba en la capilla de la enfermería; yo le ví varias veces salir a la iglesia en las mayores fiestas y concursos que había y puesto en el altar mayor, de rodillas, delante de un Niño Jesús le comenzaba a cantar sus coplitas comenzando y tomando por estribillo: Miguitas le traigo a mi chocorritico, bien sé que las comerá, etc.  , y después de haber estado un rato de rodillas cantando, le ofrecía y colgaba al Niño Jesús unas rosquitas regaladas del brazo. Esto cantaba y hacía aqueste siervo de Dios con tan grande devoción y ternura, que solo de verlo y oirle se me encendía y abrazaba el corazón en· el pecho con un júbilo especial y dulzura. Murió este siervo de Dios, y la tarde en que le enterraron, en que fué extraordinario el concurso de la gente, me hizo N. S. sin merecerlo un favor, y fué que al pasar por el claustro el cuerpo, cuando lo llevaban a enterrar a la iglesia, sentí una fragancia y olor, que no hay fragancia ni olor a que asemejarlo y compararlo en la tierra; era un olor muy sutil y muy delicado, una quinta esencia de olor, que encendía y abrazaba y regalaba el corazón grandemente, que lo confortaba y causaba en él deseos de ser muy santo. Todo el día del entierro de aqueste siervo de Dios anduve con especial júbilo y alegría en mi corazón, de tal suerte, que hasta los toques y clamores de las campanas me parecía que lo avivaban, y este olor y fragancia experimenté muchos dias· con una cruz pequeña del siervo de Dios, que me dieron. Siendo de doce o trece años me sucedió muchas veces sentir repentinamente unos interiores fervores y ardores de amor de Dios, con unos ansiosos deseos de que todos los pecadores conociesen y amasen a Dios, de suerte que algunas veces, aun yendo por la calle, era esto con tanta fuerza que no me faltaba sino dar gritos. Cuando crecían y excedían más aquestos fervores, era cuando después de la una del día, antes de ir al estudio, iba a la iglesia mayor a visitar los altares, especialmente el de la Virgen Santísima de la Antigua   y el de la Purísima Concepción, que está junto a la capilla de San Crispín; aquí es donde muchas veces me parecía que quería salir y volar el corazón de mi cuerpo a la Santísima Virgen, según era el ardor, la apretura, el fervor y consuelo grande que solía sentir en el pecho. Estos mismos efectos también sentía cuando daba limosna a algún pobre, a que Dios me dió grande amor por su infinita misericordia, y así iba a buscar a los pobres y les daba los medio-reales que me daban para almorzar, de que me daba Dios el retorno luego con singulares consuelos y gozos. Esto he dicho porque se sepa y entienda que el haberme guardado y librado Su Magestad Soberana de muchos peligros y riesgos, así del alma corno del cuerpo, y el no haberme muchas veces arrojado a los infiernos por su infinita misericordia, ha sido por la que usaba y procuraba tener con los pobres.
Mucha falta me hizo en aqueste tiempo para no malograr los favores y las misericordias de Dios, y para·aprovechar en virtud, el no haber tenido desde el principio algún padre espiritual a quien dar cuenta a menudo de mi conciencia. En este tiempo de mis estudios-me -aprovechó-grandemente eI haber sido, estando en menores, discípulo, por dicha, y el haber comunicado con el padre Pedro Ignacio, capellán verdadero y devoto de la siempre Virgen María, cuya devoción cordial procuraba estampar y arraigar en todos los estudiantes. Este gran siervo de Dios y padre querido mio, profetizó a un hermano mío, siendo discípulo suyo, de que-había de ser capuchino. Fué el caso que estando el siervo de Dios y maestro mio del corazón y del alma, en el corredor y patio antiguo de los estudios, que estaba junto a la portería donde es la Penitenciaría, hablando a algunos estudiantes de espíritu, y contándoles algunos exemplos, como solía en los asuetos y fiestas a los de las academias, vió a mi hermano venir de lejos, y así como se acercó, dijo el padre Pedro Ignacio a los demás estudiantes: aquí viene el Abad Pambo, háganle lugar que después ha de ser capuchino. Parecióle a mi hermano entonces que el rostro del siervo de Dios estaba resplandeciente. Cumplióse y verificóse todo como lo dijo, porque dentro de uno o dos años, fué mi hermano a acabar sus estudios a España, con ocasión de un tio mio, que estaba en Madrid entonces, Provincial de los capuchinos y predicador de su Magestad, llamado fray Sebastián de Santafé, se entró mi hermano también capuchino poniéndose el mismo nombre y muriendo con nombre después de santo, siendo Vicario en Cádiz ayudando a los apestados. Este caso me escribió mi hermano desde Madrid. habiendo tomado el hábito.
Todo el tiempo que fui discípulo de aqueste siervo de Dios en menores, y el tiempo que estuve en medianos y el que estuve después en mayores, me hizo sacristán de la Santísima Virgen en la congregación de la Anuncíata, que estuvo siempre a su cargo. Aquí fué donde creció y se aumentó más mi afecto y cordial devoción y amor a la siempre Virgen María nuestra Señora. De aquí fué donde nacieron las luces y desengaños, con tiernos afectos y lágrimas de todas las cosas del mundo, de aquí el parecerme que no tenía seguridad mientras estaba en el siglo, de aquí finalmente, nació una de las mayores mercedes y misericordias de Dios que he recibido en aquesta·vida, que fué el tratar· de entrar en la Compañía santísima de Jesús. Ayudóme y alentóme mucho para esto el Padre Francisco González, que fué mi maestro en medianos, y el Padre Lázaro del Aguila, que era mi maestro en mayores entonces. En mucha obligación me dejaron aquestos siervos de Dios por haberme ayudado tanto en cosa de tanta estima, y que tan poco la merecía, por mi corta habilidad y caudal y falta de virtud para ello, y así con mucha razón hubo para mi entrada en la Compañía alguna contradicción, por no ser digno ni merecer ser el donado más mínimo que hay en ella, pero ¡quién puede contradecir, ni oponerse a la voluntad divina, y a la intercesión eficaz de María Santísima, Reina y Señora nuestra!



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