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miércoles, 15 de octubre de 2014

Homilía de la Solemnidad del Señor de los Milagros




Homilía de la Solemnidad del Señor de los Milagros


Crucificados con Cristo


P. José Ramón Martínez Galdeano, S.J.


Lecturas: Nm 21,4-9; S 83; Flp 2,5-12; Jn 3,11-16

Las tres lecturas de hoy les habrán sonado a conocidas. Aparecen con  cierta frecuencia en la liturgia. Ello es señal de su importancia. Confirma el valor del misterio que hoy celebramos: Cristo crucificado, el Señor de los Milagros, salvador, protector y compañía permanente, fuente de gracia, especialmente  para los más pobres, a los que preferentemente elige como mensajeros del Evangelio. Dios, rico en misericordia, ha querido por medio de la conservación milagrosa de aquel muro que mantengamos siempre actuales verdades de nuestra fe, que en verdad son fundamentales.

Las lecturas de hoy nos lo muestran así. Porque el misterio de Jesús Crucificado es la verdad central de nuestra fe. Está profetizado claramente en la serpiente de bronce, que levantada en alto, es medio de sanación de la mordedura de las serpientes, castigo del pecado de los israelitas. Cristo mismo explica a Nicodemo (y a nosotros  también) que le representa a Él. “Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo Unigénito”. Un día será levantado en la cruz y para todos los que le miren arrepentidos de sus pecados será la curación y el perdón. “Es verdad –dirá el centurión que ha dirigido su ejecución–. Este hombre era hijo de Dios” (Mc 15,39)
Cristo murió crucificado. La cruz, que fue instrumento de la redención, es hoy uno de los términos esenciales para evocar nuestra salvación. Ha venido a ser un título de gloria, primero para Cristo, luego para los cristianos.
Fue difícil para los apóstoles y primeros cristianos aceptar que era necesario que el Mesías fuese crucificado para realizar nuestra salvación del pecado (v. Lc 24,25-27). Será necesaria la gracia de la experiencia de la resurrección y de la venida del Espíritu Santo para que tengan como lo principal de su mensaje a Cristo crucificado (v. Hch Ap 2,22ss).
Fue muerto Cristo en la cruz, suplicio que estaba reservado para los esclavos, para que nosotros fuéramos liberados de la esclavitud del Diablo y perdonados de las culpas de nuestros pecados.
Cargando con nuestras desobediencias, Jesús, el más grande de los hombres, el cabeza y representante de toda la humanidad, obedeció la misteriosa pero real voluntad del Padre y compensó con su muerte en la cruz la desobediencia de todos los hombres. Y cada uno debe asumir la responsabilidad que le corresponde en la muerte de Jesús. 
Resucitado y elevado al cielo, el Padre le ha dado todo su poder en el cielo y en la tierra. Así ha recuperado para nosotros la posibilidad de volver a ser de verdad hijos de Dios, partícipes de su vida divina, y de heredar con Él la gloria que nunca acabará.
Todos nosotros estamos invitados a unirnos a Él, a acoger su mensaje, a formar parte de sus amigos y discípulos, a heredar su reino. Para esto el medio es seguirle caminando por sus huellas, llevando nuestra cruz. Gracias a Cristo la cruz se ha convertido para nosotros en instrumento de salvación.
Ni siquiera estamos solos para realizar este camino. Él es el camino, la verdad y la vida. La vida, la vida divina, la participación en su vida, nos la da y fortalece en los sacramentos, la oración y el ejercicio de la caridad sacrificada por el prójimo.
Clavemos, pues, nuestros ojos en el Señor de los Milagros, asumamos como cirineos nuestra cruz y subamos con Él al Calvario. 
Mirémosle. Mirar a Jesús crucificado nos dará fuerzas para arrepentirnos de nuestros pecados y corregirlos. Mirar a Jesús en silencio nos ayudará a sufrir sin quejas nuestros sufrimientos. Mirar a Jesús perdonando nos dará la seguridad de haber quedado perdonados con el sacramento del perdón y nos aportará fuerzas para perdonar incluso a los enemigos. Verle sufriendo sin quejas nos hará capaces de sufrir por nuestros pecados y por la salvación de todos los hombres. Escucharle cuando se dirige al Padre sintiendo su abandono, alumbrará la fe y la esperanza de su compañía en nuestra soledad y en la soledad de los hombres. Encontrar a su Madre al pie de la cruz, ofreciendo a su Hijo por la salvación de los hombres y aceptando a los pecadores como hijos suyos, nos fortalece el arrepentimiento, suscita nuestra confianza, enciende nuestro amor a ella y a su Hijo, nos da la paz que sólo Dios puede dar.
Desde que Jesús ha sufrido y muerto en la cruz, la vida del hombre ha adquirido un nuevo valor. El cielo y la felicidad eterna se han abierto para él. Basta con que tenga fe. Con la fe se abre a Dios y se hace acreedor a los méritos que Cristo ha adquirido con su obediencia al Padre hasta la muerte y muerte de cruz. 
Esa fe sincera le abre el corazón al perdón y a la vida gratuita de Dios. Esa fe sincera y coherente no vacila aceptando su propia cruz. Así coopera salvando su vida y la de sus hermanos.
Por eso debemos mirar constantemente “al que traspasaron”. Entremos por esa herida en su corazón. “Muertos al pecado, vivamos para la justicia” (1Pe 2,21-24). Muertos al hombre viejo, resucitemos al hombre nuevo, pongamos nuestro ideal y nuestra gloria en Cristo, por quien el mundo esté crucificado para nosotros y nosotros para el mundo, como dice San Pablo de sí mismo (Gal 6,14). La eucaristía de cada domingo nos lo vuelve a hacer presente. Con la gracia de Dios todo es posible.


28 de Octubre del 2012



viernes, 31 de enero de 2014

Homilia del IV Domingo del T.O. - A

 
Será bandera discutida que a nadie dejará indiferente

Homilia del IV Domingo del T.O. - A
Padre Jorge Humberto Pelaez Piedrahita S.J.  

Evangelio Domingo 02 Febrero 2014


Lectura del santo evangelio según san Lucas (2,22-40):
Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones.» Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.

Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.»

Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño.

Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre: «Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.»

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén. Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.
Palabra del Señor




PRESENTACION DE JESUS EN EL TEMPLO

En éste 2 de febrero, la liturgia celebra la fiesta de la Presentación de Jesús en el Templo. Esta acción que llevan a cabo José y María era lo que la ley judía prescribía cuando se tenía el primogénito varón. Esta solemne visita al Templo que hacía el grupo familiar estaba cuidadosamente reglamentada por la Ley Mosaica y tenía una doble significación: la purificación de la madre y la presentación del primogénito.


Empecemos por el significado de la purificación de la madre. Los judíos eran muy estrictos respecto a la llamada impureza ritual; esta expresión no tiene ninguna connotación moral ni se asocia con el pecado. En el Judaísmo, se consideraba causa de impureza ritual, y por tanto no se podía participar en los ritos religiosos, ponerse en contacto con alguna fuente de impureza, por ejemplo la sangre o los cadáveres. Se superaba esta situación mediante ofrendas destinadas al sacrificio y, en algunas ocasiones, una purificación con agua o ablución. La mujer que había dado a luz, debía acudir al Templo para purificarse; si había nacido un hijo varón, esta acción se realizaba 40 días después del parto; y si había nacido una niña, debía esperar 80 días... ¿Por qué esta discriminación? Estamos en el contexto de una sociedad patriarcal. María, pues, se dirige al Templo, junto con su esposo, para este rito de la purificación, que era obligatorio para todas las madres judías.

El otro gesto que realizan José y María es la presentación del primogénito varón. Esta presentación tenía un hondo significado pues era dar gracias a Dios por el regalo maravilloso de haber tenido un hijo, reconocer que ese hijo pertenecía a Dios y orar para que Él lo bendijera y protegiera a lo largo de su vida. Recordemos que estamos en el contexto de una sociedad patriarcal, donde los hijos varones tenían un status superior a las mujeres...

Este doble rito de la purificación de la madre y la presentación del primogénito iba acompañado de una ofrenda, que dependía de la capacidad económica de la familia: los de nivel económico más alto ofrecían un cordero y una paloma, y los pobres llevaban un par de tórtolas o dos pichones. A finales del siglo IV, el calendario litúrgico de la Iglesia estableció el 25 de diciembre como la fecha para celebrar el Nacimiento del Señor; por eso celebramos el 2 de febrero, es decir, 40 días después del Nacimiento, esta festividad de la Presentación.

Dejemos a un lado el tema de la purificación ritual de la mujer, propio de la Ley Mosaica, que carece de interés para nosotros, y concentrémonos en el sentido profundo de la Presentación en el Templo para las familias cristianas de hoy.

Tiene un significado muy hondo que la pareja que ha tenido un hijo dé gracias a Dios por ser padre y madre, lo cual los hace partícipes de la obra creadora de Dios. De ahí la importancia de educar a los jóvenes para que ejerzan ese don con gran sentido de la responsabilidad, de tal manera que el hijo sea fruto del amor estable y comprometido de una pareja, y que sean conscientes de las graves responsabilidades que asumen con esa vida que comienza.

Por eso es tan doloroso y de desastrosas consecuencias, usar irresponsablemente esa capacidad de dar la vida. ¡Cuántos niños engendrados bajo el efecto del alcohol o de las drogas, o resultado de una aventura sin compromiso!

Igualmente, esta fiesta de la Presentación en el Templo nos invita a hacer una relectura de las relaciones entre padres e hijos. Los hijos no pertenecen a los padres; son de Dios; los padres los han recibido en préstamo. En el proceso educativo, hay que ir pasando de la dependencia, que es absoluta en los primeros años, a una autonomía gradual, de tal manera que los hijos vayan adquiriendo los valores y actitudes que les permitirán asumir su vida de adultos con sentido de la responsabilidad, en el marco de la ética y la espiritualidad, y con un sentido de ciudadanía.

En el relato del evangelista Lucas, el viejo Simeón es un personaje muy interesante. El evangelista lo describe como un hombre piadoso, de profunda vida interior, que tenía los ojos puestos en el Mesías anunciado. Al ver entrar en el Templo a José y María con el niño en sus brazos, Simeón reconoce que han llegado los tiempos mesiánicos. Su oración de acción de gracias es conmovedora. Ya puede morir en paz. Ojalá pudiéramos decir las mismas palabras de Simeón en el momento de nuestra muerte pues hemos cumplido la misión asignada: “Señor, ya puedes dejar morir a tu siervo en paz porque mis ojos han visto a tu Salvador”.

El viejo Simeón describe, en pocas palabras, lo que será la vida de ese niño cuando llegue a la adultez; con sus palabras y acciones iluminará la vida de los hombres; también será causa de agudas controversias, porque desenmascarará el pecado en todas sus expresiones. Y Maria jugará un papel determinante en la obra redentora de su Hijo; por eso Simeón le anuncia que una espada de dolor le atravesará el corazón...

Celebremos esta liturgia de la Presentación de Jesús en el Templo como una fiesta de la familia. Los padres y madres den gracias por participar en la obra creadora de Dios; bendigan al Señor por el don de los hijos, que les han sido prestados; y edúquenlos para la autonomía.

http://www.jesuitas.org.co/homilia.html



Jesuitasde Colombia


jueves, 16 de enero de 2014

Homilia del II Domingo del Tiempo Ordinario - A


Cordero de Dios que limpia el pecado del mundo


Evangelio del Domingo 19 de Enero del 2014

Lectura del santo evangelio según san Juan (1,29-34):
En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: «Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Ése es aquel de quien yo dije: "Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo." Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel.»

Y Juan dio testimonio diciendo: «He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: "Aquél sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo." Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.»

Palabra del Señor




EL CORDERO QUE QUITA LOS PECADOS

Mateo 4,12-23

Estimados amigos, bienvenidos a nuestra cita dominical. Hoy nos reunimos para celebrar el 2°. Domingo del Tiempo Ordinario del ciclo A. Aunque parezca mentira, ya estamos nuevamente en un nuevo año y nuevamente repitiendo el ciclo litúrgico de tres años. Y ahora nos trasladamos al pasaje evangélico.

Las riberas del Jordán se habían visto durante meses atestadas de gente que iban y venían a bautizarse en esa agua que Juan Bautista daba a todos los que querían renovar, cambiar su vida. Jesús, como hemos visto, también se hizo bautizar. Pero al ver que viene otra vez Jesús, Juan se le queda mirando y dice a los circunstantes:

«! Miren este es el cordero de Dios! Él es quien quita el pecado del mundo!»

Los discípulos miraron a Jesús y se quedaron extrañados de un hablar tan semejante. ¿Quién es este Jesús de quien habla Juan?»

Pero Juan no se calla, y sigue diciendo maravillas de aquel treintañero venido de Nazaret:

Después de mi viene uno que es mucho más que yo, y tiene que pasar adelante. Yo estoy aquí solamente para darlo a conocer en Israel. iA Él, a Él es a quien tienen que mirar y seguir!

Yo he visto al Espíritu Santo bajar del cielo como una paloma y posarse sobre Él

- Si., el mismo Dios que me mandó venir a bautizar con agua, me tenía dicho: Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu, ese es el que tiene que venir y bautizar en el Espíritu Santo. Y yo les aseguro que este es el Hijo de Dios. Ya les dije que yo no era el Cristo. Ese Jesús debe crecer, y yo debo disminuir.

El evangelista San Juan que nos narra estas escenas, esta haciendo una teología muy profunda. Sabe interpretar las palabras de Juan el Bautista, y nos viene a decir;

- ¿Jesús?..! Es ese misterioso personaje de quien nos habla el profeta Isaías, que irá obediente hasta la cruz y nos redimirá con su sangre! Jesús es quien va a eliminar el pecado del mundo!

- … Es el cordero que mataron nuestros antepasados en Egipto, y por Él se vieron libres de la esclavitud del faraón y de todos los que les oprimían. Es el verdadero Cordero pascual.

- ¿Jesús?.. El cargará sobre Sí todos nuestros pecados, y con su muerte nos librará de toda esclavitud, igual que el cordero libró de la esclavitud de Egipto a nuestros padres.

- ¡ es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo y así nos trae la auténtica liberación!

Como vemos, Jesús es el libertador enviado por Dios. La lástima es que nosotros nos hemos empeñado en hacerlo un Libertador a nuestro gusto, y no lo miramos como el Libertador de Dios. El hombre moderno, con el dominio que tiene de la naturaleza, quiere ser el libertador de todos los males que aquejan al mundo. Cuando Dios hablaba de su Libertador, se refería a aquel que quitaría el pecado del mundo, al que nos libraría de la esclavitud de Satanás y de la condenación que esperaba al hombre culpable. Hoy el hombre piensa y dice;

Hay que librarse de la guerra, de los campos de concentraci6n, de la opresión de los dictadores, del hambre, del analfabetismo, de la enfermedad, de la contaminación del ambiente.

¡ Muy bien dicho! porque Dios no quiere ninguna de esas esclavitudes. Pero lo malo es que el hombre se apoya solo en sus propias fuerzas y deja de lado el auxilio del Señor. Puro humanismo. Por eso el hombre pone su ilusión en la técnica y reza poco. Otros, dentro de la misma Iglesia, llevan la Liberación al terreno económico y político. ¡Muy bien también! porque Dios no tolera la injusticia y la opresión. Pero, ¿por qué no se mira antes, y sobre todo, a la Liberación del pecado, cuyas consecuencias son mucho peores que todos los demás males juntos?

La liberación que nos trae Jesucristo es la Liberación total. Liberación de los males que padece la comunidad de los hombres en el terreno social, es cierto. Sin embargo, todo el plan salvífico de Dios empieza y termina con la Liberación del pecado, que nos llevaría a la perdida de la vida eterna. Todo lo demás queda subordinado a esta liberación primera, capital, trascendente, porque pasan las fronteras de este mundo.

¡Señor Jesucristo! Líbranos de todos los males. ¡De todos! … del hambre, de la enfermedad, de la injusticia, de la opresión, Pero, más que nada, líbranos de la culpa, que atenaza a tantos hombres. Tu nos quieres libres, ¿por qué vamos a ser esclavos?… Tú, que eliminas el pecado, mantén limpias nuestras almas,.. ¡Señor Jesucristo! Líbranos de todos los males. ¡De todos! … del hambre y de la enfermedad…., líbranos Señor…

Pero lo más importante es

Y bien amigos, así terminamos nuestra breve motivación a la reflexión dominical. Ahora viene tu parte. Toma ahora en tus manos el texto del evangelio. Recuerda, Juan 1,29-34; Y trata de sentir el mensaje que Dios te quiere dar hoy día. Te dejo pues con el Señor, Y conmigo será hasta el próximo domingo.

icon for podpress  EL CORDERO QUE QUITA LOS PECADOS - A08
Comentario a la Liturgia de los Domingos por el Padre Javier San Martín SJ

http://faculty.shc.edu/jsanmartin/




 

viernes, 22 de noviembre de 2013

Homilia del Domingo XXXIV del T.O. - C - Jesucristo Rey del Universo



Nuestro rey sirve a los pequeños


Lectura del Domingo 34º del Tiempo Ordinario.
24 Noviembre 2013

Jesucristo Rey del Universo - Ciclo C

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Lucas (23,35-43):



En aquel tiempo, las autoridades hacían muecas a Jesús, diciendo: «A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido.»

Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo: «Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo.»

Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: «Éste es el rey de los judíos.»


Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros.»


Pero el otro lo increpaba: «¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibimos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada.»

Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino.»

Jesús le respondió: «Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso.»


Palabra del Señor

Homilía del Padre Javier San Martin SJ


Estimados Amigos:

Bienvenidos a nuestro encuentro dominical para celebrar juntos el día del Señor. Hoy la Iglesia celebra la fiesta de Jesucristo Rey del Universo, en este último domingo del año litúrgico, y propone para nuestra reflexión y comentario un pasaje del evangelista San Lucas:

“… Este es el rey de los judíos …. Éste no ha faltado a nada. -“Jesús acuérdate de mí cuando llegues a tu reino”.

1. ¿JESUCRISTO ES REY?, ¿POR QUÉ?

Jesucristo, Rey del Universo, Jesucristo, Rey de los Judíos. Este es un apelativo nada fácil de comprender en su significado más profundo. A un hombre que fue ejecutado entre delincuentes por los judíos, proclamarlo ahora rey, no solo del pueblo judío, sino del universo entero, es algo difícil de asimilar. ¿No es demasiada arrogancia proclamar a Jesucristo rey? ¿No sería mejor, quitarle este título provocativo y presentarlo más bien con una figura más humilde como la del buen pastor ó la del Cristo sufriente?

De hecho, como todos nosotros somos testigos, uno de los problemas más delicados en todas la naciones es, precisamente, quién ocupa el poder político. Los grandes conflictos y guerras que golpean las imágenes de los medios de comunicación en tantas partes del mundo, ¿no son ocasionados, precisamente, por el deseo de tomar el poder por parte de un líder político ó de otro?. El poder político es lo que siempre ha ocasionado los conflictos más grandes en la historia de la humanidad, y la Iglesia, lamentablemente, no ha estado exenta de estas luchas y ambiciones por el poder.

Por eso, ¿qué sentido tiene el proclamar en esta fiesta que aquel que “vino a servir y no a ser servido”, que dijo que “su reino no era de este mundo”, es Rey del universo entero? Esta aparente provocación desaparecerá cuando lleguemos a comprender el justo significado de este título.

2 ¿En qué sentido, pues, Jesucristo es rey?

Él es rey en cuanto que es el origen, sentido y fin de todas las cosas. Es rey, en cuanto que es quien sostiene la creación y la lleva a su realización total. Es rey en cuanto que conduce a cada cosa y a cada persona a adquirir su propia identidad.

Jesucristo es, pues, quien va inspirando a cada ser para que se encamine a su realización plena, y que, al mismo tiempo, evite el camino que le conduce a su frustración eterna. Jesucristo ama lo creado y por amor quiere que todo llegue a su culminación feliz en el encuentro definitivo con Dios. Y para que esto sea una realidad, no ha dudado en compartir su vida con nosotros y ha ofrecido hasta la última gota de su sangre por nuestra salvación. Y en este sentido, Jesucristo es nuestro rey y de toda la creación.

Vemos en los evangelios que Jesucristo en ningún momento ha querido tomar el poder político de su pueblo ni de otros pueblos ó naciones. Recordemos sus palabras.

“Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. “Yo no he venido a abolir la ley sino a darle pleno cumplimiento”.

Él enseña, pues, que la administración política debe estar en manos de los hombres y, por tanto, en ningún momento se puede pensar que al proclamar en esta fiesta a Jesucristo Rey del Universo es como una reivindicación para que Él ocupe el poder de los pueblos, aunque muchos sí lo quisieran…

Debemos pues diferenciar la dimensión política y la trascendente de cada hombre y de cada pueblo. Jesucristo es rey de nuestra dimensión trascendente, que tiene, indudablemente, implicancias en nuestra vida cotidiana.

Fue justamente al final de su vida, cuando Jesucristo estaba ya en la cruz, cuando apareció clara esta diferencia. Sobre la cruz que lo colgaron se veía un controvertido letrero: “Jesús Nazareno Rey de los Judíos”. Mientras que el mal ladrón le exigía que tomase medidas como rey terrenal, aquel buen ladrón que crucificaron junto al maestro de Nazaret, comprendiendo a plenitud el sentido profundo de Jesucristo como rey, le respondía:

“este no ha faltado en nada” y dirigiéndose a Jesús le suplicó: “acuérdate de mí cuando llegues a tu reino”.

Fue pues en este trágico momento del final de la vida del maestro que aquel simple delincuente lo proclamó rey en su dimensión justa y verdadera: la trascendente y eterna de nuestra existencia. Y en este sentido Jesucristo es, pues, rey del Universo, es un rey “sin fronteras”.

Y bien amigos, así terminamos nuestra reflexión dominical. Pero ahora viene el momento más importante: tu encuentro personal con el Señor Jesús. Te invito, pues, a tomar el evangelio en tus manos: San Lucas, Capítulo 23, versículos del 35 al 43, y trata de escuchar lo que el mismo Señor Jesús te quiere comunicar. Te agradezco muy sinceramente el haber estado con nosotros, y nos despedimos hasta el próximo domingo para prepararnos al Primer Domingo de Adviento, el advenimiento del Señor.

http://faculty.shc.edu/jsanmartin/

 

¡¡¡ VIVA CRISTO REY !!!   (ciclo C)


 

Publicado el 10/11/2013 Rex Regum -
Escuche la Homilia del P. Juan Pablo Esquivel





Homilía completa del Santo Padre Francisco: (de la crónica radial del evento)

Tiempo que nos ha hecho descubrir la belleza de ser hijos de Dios y hermanos en la Iglesia, Francisco clausura el Año de la fe

Vaticano Domingo 24 Noviembre 2013

La solemnidad de Cristo Rey del Universo, coronación del año litúrgico, señala también la conclusión del Año de la Fe, convocado por el Papa Benedicto XVI, a quien recordamos ahora con afecto y reconocimiento por este don que nos ha dado. Con esa iniciativa providencial, nos ha dado la oportunidad de descubrir la belleza de ese camino de fe que comenzó el día de nuestro bautismo, que nos ha hecho hijos de Dios y hermanos en la Iglesia. Un camino que tiene como meta final el encuentro pleno con Dios, y en el que el Espíritu Santo nos purifica, eleva, santifica, para introducirnos en la felicidad que anhela nuestro corazón.

Dirijo también un saludo cordial y fraternal a los Patriarcas y Arzobispos Mayores de las Iglesias orientales católicas, aquí presentes. El saludo de paz que nos intercambiaremos quiere expresar sobre todo el reconocimiento del Obispo de Roma a estas Comunidades, que han confesado el nombre de Cristo con una fidelidad ejemplar, pagando con frecuencia un alto precio.

Del mismo modo, y por su medio, deseo dirigirme a todos los cristianos que viven en Tierra Santa, en Siria y en todo el Oriente, para que todos obtengan el don de la paz y la concordia.

Las lecturas bíblicas que se han proclamado tienen como hilo conductor la centralidad de Cristo. Cristo está al centro. Cristo es el centro. Cristo centro de la creación, del pueblo y de la historia.

1. El apóstol Pablo, en la segunda lectura, tomada de la carta a los Colosenses, nos ofrece una visión muy profunda de la centralidad de Jesús. Nos lo presenta como el Primogénito de toda la creación: en Él, por medio de Él y en vista de Él fueron creadas todas las cosas. Él es el centro de todo, es el principio. Jesucristo, el Señor. Dios le ha dado la plenitud, la totalidad, para que en Él todas las cosas sean reconciliadas (cf. 1,12-20). Señor de la Creación, Señor de la reconciliación.

Esta imagen nos ayuda a entender que Jesús es el centro de la creación; y así la actitud que se pide al creyente, que quiere ser tal, es la de reconocer y acoger en la vida esta centralidad de Jesucristo, en los pensamientos, las palabras y las obras. Es así, nuestros pensamientos serán pensamientos cristianos, pensamientos de Cristo. Nuestras obras serán obras cristianas, obras de Cristo. Nuestras palabras serán palabras cristianas, palabras de Cristo. En cambio, la pérdida de este centro, al sustituirlo por otra cosa cualquiera, solo provoca daños, tanto para el ambiente que nos rodea como para el hombre mismo.

2. Además de ser centro de la creación y centro de la reconciliación, Cristo es centro del pueblo de Dios. Y precisamente hoy está aquí, al centro de nosotros. Ahora está aquí, en la Palabra, y estará aquí, en el altar, vivo, presente, en medio de nosotros, su pueblo. Nos lo muestra la primera lectura, en la que se habla del día en que las tribus de Israel se acercaron a David y ante el Señor lo ungieron rey sobre todo Israel (cf. 2S 5,1-3). En la búsqueda de la figura ideal del rey, estos hombres buscaban a Dios mismo: un Dios que fuera cercano, que aceptara acompañar al hombre en su camino, que se hiciese hermano suyo.

Cristo, descendiente del rey David, es precisamente el «hermano» alrededor del cual se constituye el pueblo, que cuida de su pueblo, de todos nosotros, a precio de su vida. En Él nosotros somos uno: un solo pueblo; unidos a él, participamos de un solo camino, un solo destino. Solamente en Él, en Él como centro, tenemos la identidad como pueblo.

3. Y, por último, Cristo es el centro de la historia de la humanidad y también el centro de la historia de todo hombre. A Él podemos referir las alegrías y las esperanzas, las tristezas y las angustias que entretejen nuestra vida. Cuando Jesús es el centro, incluso los momentos más oscuros de nuestra existencia se iluminan, y nos da esperanza, como le sucedió al buen ladrón en el Evangelio de hoy.

Mientras todos los otros se dirigen a Jesús con desprecio -«Si tú eres el Cristo, el Mesías Rey, sálvate a tí mismo bajando de la cruz»- aquel hombre, que se ha equivocado en la vida hasta el final pero se arrepiente, se agarra a Jesús crucificado implorando: «Acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino» (Lc 23,42). Y Jesús le promete: «Hoy estarás conmigo en el paraíso» (v. 43): su Reino. Jesús sólo pronuncia la palabra del perdón, no la de la condena; y cuando el hombre encuentra el valor de pedir este perdón, el Señor no deja jamás de atender una petición como esa. Hoy todos nosotros podemos pensar a nuestra historia, a nuestro camino. Cada uno de nosotros tiene su historia; cada uno de nosotros también tiene sus errores, sus pecados, sus momentos felices y sus momentos oscuros. Nos hará bien, en esta jornada, pensar a nuestra historia y mirar a Jesús y desde el corazón repetirle tanta veces, pero con el corazón, en silencio, cada uno de nosotros: "¡acuérdate de mí, Señor, ahora que estás en tu Reino!". Jesús, acuérdate de mí, porque yo tengo ganas de ser bueno, tengo ganas de ser buena, pero no tengo fuerza, no puedo: ¡soy pecador, soy pecador! Pero acuérdate de mí, Jesús: ¡Tú puedes acordarte de mí, porque Tú estás al centro, Tú estás precisamente en tu Reino! ¡Qué bello! Hagámoslo hoy todos, cada uno en su corazón, tantas veces. "¡Acuérdate de mí Señor, Tú que estás al centro, Tú que estás en tu Reino!"


La promesa de Jesús al buen ladrón nos da una gran esperanza: nos dice que la gracia de Dios es siempre más abundante que la oración que la ha solicitado. El Señor siempre da más de lo que se le pide, es tan generoso, da siempre más de lo que se le pide: ¡le pides que se acuerde de tí y te lleva a su Reino! Jesús está precisamente al centro de nuestros deseos de alegría y de salvación. Vayamos todos juntos por este camino. Amén.

Radio Vaticana

TU REINARAS

TU REINARAS


TÍTULO: 'Tú Reinarás'
(ORIGINAL: 'Nous Voulons Dieu')

AÑO: 1908.
AUTOR (LETRA) : Padre François-Xavier Moreau (FRANCÉS)
AUTOR (MÚSICA): Padre François-Xavier Moreau (FRANCÉS)

LÍRICA:


¡Tú reinarás! Este es el grito
que ardiente exhala nuestra fe:
¡Tú reinarás! ¡Oh Rey bendito!
Pues Tú dijiste: "Reinaré."


Reine Jesús por siempre, reine su corazón;
en nuestra patria, en nuestro suelo,
que es de María la nación.
en nuestra patria, en nuestro suelo,
que es de María la nación.


¡Tú reinarás! Dulce esperanza
que al alma llena de placer.
Habrá por fin paz y bonanza,
felicidad habrá por doquier.

¡Tú reinarás! Dichosa era,
dichoso pueblo con tal Rey;
será tu cruz nuestra bandera,
Tu amor será la nuestra ley.


¡Tú reinarás! Toda la vida
trabajaremos con gran fe
en realizar y ver cumplida
la gran promesa: ¡Reinaré!


¡Tú reinarás! Reina ya ahora
en esta casa y población;

Ten compasión del que te implora
y acude a Ti en la aflicción.




2012- Finaliza el Año de la Fe -2013


Hoy los limeños, tenemos Elecciones Municipales

viernes, 15 de noviembre de 2013

Homilia del Domingo XXX III - T.O. - C 2013




Pon tus palabras en nuestra boca


Evangelio

Domingo XXX III Tiempo Ordinario - C
17 de Noviembre del 2013

Lectura del santo evangelio según san Lucas (21,5-19):



En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos.

Jesús les dijo: «Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido.»

Ellos le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?»

Él contestó: «Cuidado con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usurpando mi nombre, diciendo: "Yo soy", o bien: "El momento está cerca"; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá en seguida.»

Luego les dijo: «Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemias y hambre. Habrá también espantos y grandes signos en el cielo. Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa mía. Así tendréis ocasión de dar testimonio. Haced propósito de no preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa mía. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.»

Palabra del Señor

EL FIN DEL MUNDO - Domingo XXXIII del TO, ciclo C .
Subido por P Juan Pablo Esquivel  el 11.nov.2013

Queridos jóvenes, sean siempre misioneros del Evangelio, cada día y en todo lugar". Es la invitación, en un tweet en nueve lenguas, del Papa Francisco a los jóvenes de todo el mundo este viernes. (RC-RV) 15.11.2013

lunes, 11 de noviembre de 2013

Homilia del Domingo XXXII del T.O. - C 2013




Nuestro padre es Dios de VIDA



Lectura del santo evangelio según san Lucas (20,27-38):

Palabras del Papa Francisco.
Domingo XXXII - 14 Nov 2013 - del T.O. - C 


En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaron: «Maestro, Moisés nos dejó escrito: Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero sin hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano. Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. Y el segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete murieron sin dejar hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella.»

Jesús les contestó: «En esta vida, hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios, porque participan en la resurrección. Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor "Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob." No es Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos están vivos.»

Palabra del Señor





Domingo 10 Nov 2013


(RV)¡No es esta vida la que hace referencia a la eternidad, sino que es la eternidad la que ilumina y da esperanza a la vida terrenal de cada uno de nosotros! Lo dijo el Papa Francisco este domingo ante miles de fieles en la Plaza de San Pedro antes del rezo del Ángelus. “Si miramos sólo con el ojo humano, estamos llevados a decir que el camino del hombre va de la vida hacia la muerte. Jesús vuelca esta perspectiva y afirma que nuestra peregrinación va de la muerte a la vida: ¡la vida plena! Por lo tanto la muerte está detrás, a la espalda, no delante de nosotros”.



Palabras del Papa:
¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días!

El Evangelio de este domingo nos presenta a Jesús con los saduceos que negaban la resurrección. Y es justamente sobre este tema que ellos dirigen una pregunta a Jesús, para ponerlo en dificultad y ridiculizar la fe en la resurrección de los muertos. Parten de un caso imaginario: "Una mujer ha tenido siete maridos, muertos uno después del otro", y preguntan a Jesús: "¿De quién será esposa aquella mujer después de su muerte?". Jesús, siempre dócil y paciente, responde que la vida después de la muerte no tiene los mismos parámetros de aquella terrenal. La vida eterna es otra vida, en otra dimensión donde, entre otras cosas, no existirá más el matrimonio, que está ligado a nuestra existencia en este mundo. Los resucitados – dice Jesús – serán como los ángeles, y vivirán en un estado diferente, que ahora no podemos experimentar y ni siquiera imaginar. Así lo explica Jesús.

Pero luego Jesús, por así decirlo, pasa al contra ataque. Y lo hace citando la Sagrada Escritura, con una sencillez y una originalidad que nos dejan llenos de admiración ante nuestro Maestro, ¡el único Maestro! Jesús encuentra la prueba de la resurrección en el episodio de Moisés y de la zarza ardiente (cfr Ex 3,1-6), allí donde Dios se revela como el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. El nombre de Dios está ligado a los nombres de los hombres y de las mujeres con los que Él se liga, y este lazo es más fuerte que la muerte. Y nosotros podemos también decir de la relación de Dios con nosotros, con cada uno de nosotros:¡Él es nuestro Dios! ¡Él es el Dios de cada uno de cada uno de nosotros! Como si Él llevase nuestro nombre. A Él le gusta decirlo y ésta es la alianza. He aquí el por qué Jesús afirma: "Porque él no es Dios de muertos, sino de vivientes; todos, en efecto, viven para él" (Lc 20,38). Y éste es el lazo decisivo, la alianza fundamental con Jesús: Él mismo es la Alianza, Él mismo es la Vida y la Resurrección, porque con su amor crucificado ha vencido a la muerte. En Jesús Dios nos dona la vida eterna, la dona a todos, y todos gracias a Él tienen la esperanza de una vida más verdadera que esta. La vida que Dios nos prepara no es un simple embellecimiento de la actual: ella supera nuestra imaginación, porque Dios nos sorprende continuamente con su amor y con su misericordia.

Por lo tanto, aquello que acontecerá es precisamente lo contrario de cuanto se esperaban los saduceos. ¡No es esta vida la que hace referencia a la eternidad, a la otra vida, aquella que nos espera, sino es la eternidad que ilumina y da esperanza a la vida terrenal de cada uno de nosotros! Si miramos sólo con el ojo humano, estamos llevados a decir que el camino del hombre va de la vida hacia la muerte. ¡Eso se ve! Pero eso es solamente si lo observamos con el ojo humano. Jesús vuelca esta perspectiva y afirma que nuestra peregrinación va de la muerte a la vida: ¡la vida plena! Nosotros estamos en camino, en peregrinación hacia la vida plena y aquella vida plena ¡es la que nos ilumina en nuestro camino! Por lo tanto la muerte está detrás, a la espalda, no delante de nosotros. Delante de nosotros está el Dios de los vivos, el Dios de la alianza, el Dios que lleva mi nombre, nuestro nombre. Como Él dijo: "Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob", también el Dios con mi nombre. Con tu nombre, con tu nombre, con tu nombre, con nuestro nombre ¡Dios de lo vivos! Está la derrota definitiva del pecado y de la muerte, el inicio de un tiempo nuevo de alegría y de luz sin fin. Pero ya sobre esta tierra, en la oración, en los Sacramentos, en la fraternidad, encontramos a Jesús y a su amor, y así podemos saborear algo de la vida resucitada. La experiencia que hacemos de su amor y de su fidelidad enciende como un fuego en nuestro corazón y aumenta nuestra fe en la resurrección. De hecho, si Dios es fiel y ama, no puede serlo por tiempo limitado: ¡la fidelidad es eterna, no puede cambiar, el amor de Dios es eterno, no puede cambiar! No es por tiempo limitado: ¡es para siempre! ¡Es para ir adelante! Él es fiel para siempre, y espera a cada uno de nosotros, nos acompaña a cada uno de nosotros con esta fidelidad eterna.

(Traducción del italiano: Raúl Cabrera, Radio Vaticano)





Saludos del Papa después del rezo del Ángelus:

Tras la oración mariana del Ángelus, el Papa ha recordado que esta tarde, en Paderborn, Alemania, será proclamada beata María Teresa Bonzel, fundadora de las Hermanas Franciscanas Pobres de la Adoración Perpetua, que vivió en el siglo XIX. “La Eucaristía era la fuente de donde sacó la energía espiritual, para dedicarse con incansable caridad a los más débiles. ¡Alabemos al Señor por su testimonio!”

El Papa ha asegurado su cercanía al pueblo de Filipinas y a toda la región de aquel país, que ha sido golpeada por un terrible tifón.

“Desgraciadamente, las víctimas son muchas y los daños enormes. Oremos por nuestros hermanos y hermanas, y tratemos de transmitirles también nuestra ayuda concreta”.

También recordó el Santo Padre que hoy es el septuagésimo quinto aniversario de la llamada "Noche de los cristales": la violencia de la noche entre el 9 y el 10 de noviembre de 1938 contra los judíos, sinagogas, casas y tiendas que marcó un triste paso hacia la tragedia del Holocausto.

“Renovemos nuestro apoyo y solidaridad con el pueblo judío y oremos a Dios para que la memoria del pasado nos ayude a estar siempre vigilantes contra todas las formas de odio y la intolerancia”.

El Papa ha unido su voz a la de los obispos en este domingo, que en Italia, se celebra el Día de Acción de Gracias y ha expresado su cercanía con el mundo de la agricultura, sobre todo a los jóvenes que han optado por trabajar la tierra: “Animo a los que están comprometidos para que a nadie le falte comida sana y adecuada”.

Finalmente el Papa ha saludado a todos los peregrinos llegados de distintos países, a los grupos parroquiales y a las asociaciones italianas y extranjeras.
(ER- RV)
 



"Está para concluir el Año de la fe. Señor, ayúdanos en este tiempo de gracia a tomar en serio el Evangelio". Tweet del Papa Francisco el viernes 08112013. Oremos por los damnificados de Filipinas

domingo, 3 de noviembre de 2013

Homilia del Domingo XXXI del T.O. - C

Jesús: «todos son míos»


Homilia del Domingo XXXI del T.O. - C

Lectura del santo evangelio según san Lucas (19,1-10):
Jesús entró en Jericó e iba atravesando la ciudad. Vivía en ella un hombre rico llamado Zaqueo, jefe de los que cobraban impuestos para Roma. Quería conocer a Jesús, pero no conseguía verle, porque había mucha gente y Zaqueo era de baja estatura. Así que, echando a correr, se adelantó, y para alcanzar a verle se subió a un árbol junto al cual tenía que pasar Jesús.

Al llegar allí, Jesús miró hacia arriba y le dijo: «Zaqueo, baja en seguida porque hoy he de quedarme en tu casa.»

Zaqueo bajó aprisa, y con alegría recibió a Jesús. Al ver esto comenzaron todos a criticar a Jesús, diciendo que había ido a quedarse en casa de un pecador.

Pero Zaqueo, levantándose entonces, dijo al Señor: «Mira, Señor, voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes; y si he robado algo a alguien, le devolveré cuatro veces más.» Jesús le dijo: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque este hombre también es descendiente de Abraham. Pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que se había perdido.»

Palabra del Señor



Zaqueo era rico, pero quiso conocer a Jesús

REFLEXIÓN DOMINICAL

jesuita Guillermo Ortiz

Zaqueo quería ver a Jesús que pasaba pero no podía porque era de baja estatura, entonces se subió a un árbol. Cuando pasó junto a él, Jesús levantó la mirada y lo llamó: “Zaqueo baja pronto porque hoy voy a tu casa”.

“Se hospeda en casa de un pecador” murmuran algunos.

Zaqueo muy contento prometió a Jesús dar la mitad de sus bienes a los pobres y restituir lo mal habido. Jesús afirma entonces: “el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo perdido”.

¿Que hacemos vos y yo para conocer a Jesús?

Zaqueo tenía dificultades pero no las usó como excusa, ni se hizo la víctima de sus complejos. Tampoco se enojó con los que eran más altos porque no le dejaban ver a Jesús. Zaqueo se venció a sí mismo, hizo lo mejor que pudo para seguir su deseo de conocer a Jesús y sin miedo al ridículo se subió a un árbol como otros muchachos más jóvenes que él.

Aunque Zaqueo tenía mucho porque era rico, no se queda cuidando sus riquezas, no se cierra a nuevas oportunidades por descubrir, o nuevas aventuras que vivir, por eso su vida cambió. Cambió de camino.

¿Esperas primero arreglar y preparar tu casa para recibir a Jesús?

Zaqueo dejó que Jesús mismo ordenara y pusiera linda la casa del corazón. Fue conocer a Jesús y abrir inmediatamente el corazón generosamente a los demás para compartir la vida. La alegría y la generosidad son signos del conocimiento y la presencia de Jesús en nuestra vida.

Oración: Oh Dios, que en tu Hijo has venido a buscar y a salvar a quien estaba perdido, hacénos dignos de tu llamada: lleva a cumplimiento cada uno de nuestros deseos de bien, para que sepamos recibirte con alegría en nuestra casa para compartir los bienes de la tierra y del cielo.

radio vaticana.com

viernes, 18 de octubre de 2013

Homilia del Domingo XXIX del T. O. - C




Encuentra en mí, Señor, la fe de cada día


20 10 2013

COMENTARIO AL LITURGIA DEL DOMINGO 29º DEL T.O. – C

Escrito por el P. Javier San Martin sj


Lectura del santo evangelio según san Lucas (18,1-8):

En aquel tiempo, Jesús, para explicar a sus discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola: «Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres. En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle: "Hazme justicia frente a mi adversario." Por algún tiempo se negó, pero después se dijo: "Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara."»

Y el Señor añadió: «Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?»

Palabra del Señor


¿CUÁNDO LLEGARÁ LA JUSTICIA?

Estimados amigos:

Hoy celebramos el domingo vigésimo nono del tiempo ordinario. San Lucas en un pasaje de su evangelio dice: “Aunque ni amo a Dios, ni me importan los hombres, dijo el juez injusto, haré justicia a esa viuda para que deje de molestarme. No vaya a terminar pegándome en la cara. - Y el Señor comentó, Fíjense, si este Juez injusto actúa así, Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche? “.

Cuántas veces hemos querido que se nos haga justicia. Pero comprobamos que no solo no nos escuchan, sino que hacen lo contrario a lo que nosotros vemos ser justo. Y esto nos hace tragar momentos desesperantes, en los que gritamos ¡esto es una injusticia! ¡Cómo es posible que me hagan esto a mí! Son los momentos en los que descubrimos que en la vida hay espinas dolorosas, molestas, pero que sin embargo, ellas no pueden ocultar que junto también hay rosas que manifestarán su belleza.




Dios nos hará justicia. Es una promesa hecha por Él mismo. Por lo tanto, no podemos dudar de ello. Pero, ¿Qué quiere decir esto? ¿Tal vez pensamos que nuestro pedido de justicia tiene que ser atendido inmediatamente como un súper mercado atiende un pedido de compra? Ciertamente que no. Lo que Dios nos pide es que aprendamos a poner nuestra dificultad en sus manos. Y que esta sea la base de nuestra confianza. Saber que nuestro problema, está en las manos de Dios. Más aún, antes que lo formulemos, Él sabe muy bien las injusticias y dolores que sufrimos, y se identifica con ellas, porque Él las vivió también. Pero, los tiempos, momentos y métodos que Dios tiene para hacernos justicia, son suyos, propios e inesperados. Lo importante es estar convencido que no habrá ninguna injusticia que no quedará saldada por el Señor. Por eso, en los momentos de turbación, recordemos que llegará el día del Señor, cuando comprenderemos que Él es fiel a su promesa, que junto con nosotros estaban sus ángeles que nos ayudaban. En ese día la angustia de la injusticia se transformará en un: ¡gracias a Dios, porque Él actuó!

Pero, ¿por qué Dios permite que se cometan injusticias? Más que curar heridas, ¿no sería mejor no tenerlas? Amigos, no podemos olvidar que el Señor Jesús experimentó las más horribles injusticias, pero fueron estas las que le abrieron el camino hacia la liberación final, hacia el triunfo en donde se hizo la justicia. Y, por eso, El quiere que nosotros también compartamos su experiencia, con incomprensiones, salivazos, desprecios, injusticias de todo género, para que podamos, así, compartir su triunfo, y recibir como El, la justicia de Dios. Si a El le hicieron justicia, a nosotros también se nos hará. Es como beber de la fuente de Dios el agua de la vida, cuando el alma bebe del Señor el fuego del amor que es la justicia.

Nuestro Dios es, pues, un Dios de justicia. Él viene a calmar el ansia de libertad, de paz, de justicia que sienten nuestras vidas, y nuestros pueblos, Que aunque parece que tarda, Él hará la justicia a su manera y en el momento oportuno. No olvidemos que somos sus elegidos y estamos siempre en sus manos, más aún en su corazón.

Y ahora viene lo más importante

Y bien amigos, así terminamos nuestra reflexión dominical. Pero ahora viene el momento más importante: tu encuentro personal con el Señor Jesús. Te invito, pues, a tomar el texto del evangelio en tus manos: San Lucas, Capítulo 18, versículos 1 al 8, y trata de escuchar lo que el mismo Señor Jesús, a través de él, te quiere comunicarte, agradezco muy sinceramente el haber estado con nosotros, y nos encontramos el próximo domingo.

http://faculty.shc.edu/jsanmartin/




Oremos por Siria - Filipinas
Y
Oremos por el DOMUND









domingo, 13 de octubre de 2013

Homilia del Papa Francisco - Domingo XXVIII del T.O. - C

Homilía del Domingo XXVIII del T. O. – C


Realizada por el Papa Francisco en la Plaza de San Pedro

Durante la Jornada Mariana en el Año de la Fe

Domingo 13 de Octubre del 2013


Lectura del santo evangelio según san Lucas (17,11-19):



Yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: «Jesús, maestro, ten compasión de nosotros.»

Al verlos, les dijo: «ld a presentaros a los sacerdotes.»

Y, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias. Éste era un samaritano.

Jesús tomó la palabra y dijo: «¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?»

Y le dijo: «Levántate, vete; tu fe te ha salvado.»

Palabra del Señor




PERMISODISCULPA - GRACIAS


 RealAudioMP3
En el Salmo hemos recitado: “Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas” (Sal 97,1).

Hoy nos encontramos ante una de esas maravillas del Señor: ¡María! Una criatura humilde y débil como nosotros, elegida para ser Madre de Dios, Madre de su Creador.

Precisamente mirando a María a la luz de las lecturas que hemos escuchado, me gustaría reflexionar con ustedes sobre tres puntos: primero, Dios nos sorprende, segundo, Dios nos pide fidelidad, tercero, Dios es nuestra fuerza.

1. El primero: Dios nos sorprende. La historia de Naamán, jefe del ejército del rey de Aram, es llamativa: para curarse de la lepra se presenta ante el profeta de Dios, Eliseo, que no realiza ritos mágicos, ni le pide cosas extraordinarias, sino únicamente fiarse de Dios y lavarse en el agua del río; y no en uno de los grandes ríos de Damasco, sino en el pequeño Jordán. Es un requerimiento que deja a Naamán perplejo, también sorprendido: ¿qué Dios es este que pide una cosa tan simple? Decide marcharse, pero después da el paso, se baña en el Jordán e inmediatamente queda curado. Dios nos sorprende; precisamente en la pobreza, en la debilidad, en la humildad es donde se manifiesta y nos da su amor que nos salva, nos cura y nos fortalece. Sólo pide que sigamos su palabra y nos fiemos de Él.

Ésta es también la experiencia de la Virgen María: ante el anuncio del Ángel, no oculta su asombro. Es el asombro de ver que Dios, para hacerse hombre, la ha elegido precisamente a Ella, una sencilla muchacha de Nazaret, que no vive en los palacios del poder y de la riqueza, que no ha hecho cosas extraordinarias, pero que está abierta a Dios, se fía de Él, aunque no lo comprenda del todo: “He aquí la esclava el Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38). Es su respuesta. Dios nos sorprende siempre, rompe nuestros esquemas, pone en crisis nuestros proyectos, y nos dice: Fíate de mí, no tengas miedo, déjate sorprender, sal de ti mismo y sígueme.

Preguntémonos hoy todos nosotros si tenemos miedo de lo que el Señor pudiera pedirnos o de lo que nos está pidiendo. ¿Me dejo sorprender por Dios, como hizo María, o me cierro en mis seguridades, seguridades materiales, seguridades intelectuales, seguridades ideológicas, seguridades de mis proyectos? ¿Dejo entrar a Dios verdaderamente en mi vida? ¿Cómo le respondo?


2. En la lectura de San Pablo que hemos escuchado, el Apóstol se dirige a su discípulo Timoteo diciéndole: Acuérdate de Jesucristo, si perseveramos con Él, reinaremos con Él. Éste es el segundo punto: acordarse siempre de Cristo, la memoria de Jesucristo, y esto es perseverar en la fe: Dios nos sorprende con su amor, pero nos pide que le sigamos fielmente. Pensemos cuántas veces nos hemos entusiasmado con una cosa, con un proyecto, con una tarea, pero después, ante las primeras dificultades, hemos tirado la toalla. Y esto, desgraciadamente, sucede también con nuestras opciones fundamentales, como el matrimonio. La dificultad de ser constantes, de ser fieles a las decisiones tomadas, a los compromisos asumidos. A menudo es fácil decir “sí”, pero después no se consigue repetir este “sí” cada día. No se consigue a ser fieles.

María ha dicho su “sí” a Dios, un “sí” que ha cambiado su humilde existencia de Nazaret, pero no ha sido el único, más bien ha sido el primero de otros muchos “sí” pronunciados en su corazón tanto en los momentos gozosos como en los dolorosos; todos estos “sí” culminaron en el pronunciado bajo la Cruz. Hoy, aquí hay muchas madres; piensen hasta qué punto ha llegado la fidelidad de María a Dios: hasta ver a su Hijo único en la Cruz. La mujer fiel, de pie, destruida dentro, pero fiel y fuerte.

Y yo me pregunto: ¿Soy un cristiano a ratos o soy siempre cristiano? La cultura de lo provisional, de lo relativo entra también en la vida de fe. Dios nos pide que le seamos fieles cada día, en las cosas ordinarias, y añade que, a pesar de que a veces no somos fieles, Él siempre es fiel y con su misericordia no se cansa de tendernos la mano para levantarnos, para animarnos a retomar el camino, a volver a Él y confesarle nuestra debilidad para que Él nos dé su fuerza. Es éste el camino definitivo, siempre con el Señor, también en nuestras debilidades, también en nuestros pecados. Jamás caminar sobre el camino de lo provisional. Esto sí mata. La fe es fidelidad definitiva, como aquella de María.


3. El último punto: Dios es nuestra fuerza. Pienso en los diez leprosos del Evangelio curados por Jesús: salen a su encuentro, se detienen a lo lejos y le dicen a gritos: “Jesús, maestro, ten compasión de nosotros” (Lc 17,13). Están enfermos, necesitados de amor y de fuerza, y buscan a alguien que los cure. Y Jesús responde liberándolos a todos de su enfermedad. Llama la atención, sin embargo, que solamente uno regrese alabando a Dios a grandes gritos y dando gracias. Jesús mismo lo indica: diez han dado gritos para alcanzar la curación y uno solo ha vuelto a dar gracias a Dios a gritos y reconocer que en Él está nuestra fuerza. Saber agradecer, dar gloria a Dios por lo que hace por nosotros.

Miremos a María: después de la Anunciación, lo primero que hace es un gesto de caridad hacia su anciana pariente Isabel; y las primeras palabras que pronuncia son: “Proclama mi alma la grandeza del Señor”, o sea, un cántico de alabanza y de acción de gracias a Dios no sólo por lo que ha hecho en Ella, sino por lo que ha hecho en toda la historia de salvación. Todo es don suyo. Si nosotros podemos entender que todo es don de Dios, ¡cuánta felicidad hay en nuestro corazón! Todo es don suyo ¡Él es nuestra fuerza! ¡Decir gracias es tan fácil, y sin embargo tan difícil! ¿Cuántas veces nos decimos gracias en la familia? Es una de las palabras claves de la convivencia. "Permiso", "disculpa", "gracias": si en una familia se dicen estas tres palabras, la familia va adelante. "Permiso", "perdóname", "gracias". ¿Cuántas veces decimos "gracias" en familia? ¿Cuántas veces damos las gracias a quien nos ayuda, se acerca a nosotros, nos acompaña en la vida? ¡Muchas veces damos todo por descontado! Y así hacemos también con Dios. Es fácil dirigirse al Señor para pedirle algo, pero ir a agradecerle: "Uy, no me dan ganas".

Continuemos la Eucaristía invocando la intercesión de María para que nos ayude a dejarnos sorprender por Dios sin oponer resistencia, a ser hijos fieles cada día, a alabarlo y darle gracias porque Él es nuestra fuerza. Amén.



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Consagración a  Nuestra Señora (Con audio de la crónica radial): RealAudioMP3


Al final de la Misa Francisco leyó el acto de Consagración a Nuestra Señora de Fátima: "Nuestra Señora de Fátima, con renovada gratitud por tu presencia materna, unimos nuestra voz a la de todas las generaciones que te dicen beata". “Custodia nuestra vida en sus brazos".

"Enséñanos tu mismo amor de predilección por los pequeños y los pobres, por los marginados y los que sufren, por los pecadores y los que perdieron el corazón". “Reúnenos a todos bajo tu protección y entréganos a tu amado Hijo, nuestro Señor Jesucristo".
(RC-RV)

Santa Misa presidida por el Papa Francisco en la Jornada Mariana
Emitido en directo el 13/10/2013
Jornada Mariana del Año de la Fe con el lema: "Dichosa tú porque has creído". La imagen original de la Virgen de Fátima traida desde Fatima-Portugal. Tambien la Consagracion del mundo a la Virgen Maria
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Messe à l'occasion de la journée mariale et Angélus .

Publicado el 13/10/2013 por KTOTV
Dans le cadre de l'Année de la foi, Rome accueille, les 12 et 13 octobre 2013, la statue originale de Notre-Dame de Fatima, en provenance du Portugal. Devant elle, le Pape François prononce un "acte de confiance" à la Vierge Marie, lors de la messe du 13 octobre, anniversaire de la sixième apparition et du "miracle du soleil". La messe est suivie de l'Angélus. Direct de Rome du 13/10/2013.