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jueves, 12 de enero de 2017

Ocupación de Lima - 1881










ENERO 1881 en LIMA

13.01 Batalla de San Juan y Chorrillos  04.00 am a 12:00 am
13.01 Rapiña e Incendio y repase en Chorrillos y Barranco
14.01 No lucha. Tregua. Llegan heridos a Lima.
14.01 Masacre a 13 bomberos italianos por tropas chilenas en Chorrillos.
15.01 Batalla de Miraflores 14:30 horas En la noche llegan reservistas a Lima.
16.01 Desorden en la Ciudad. Saqueos, robos, muerte a traidores. Desmoralización total.
17.01 Carta de Alcalde de Lima para que ingresen las tropas chilenas a Lima.
17.01 En la tarde ingresan primeras tropas a Lima en silencio.
18.01 Día del Aniversario de Lima,
18.01 Ingresa General Baquedano por el Jirón de La Unión rumbo al Palacio de Gobierno de Lima.
18.01 Izamiento de bandera chilena.
*
23.10 Fin de ocupación chilena en Lima- Año 1883.

sábado, 23 de enero de 2016

19.01 Acta de Rendición de Lima al ejercito chileno - 1881




Acta de rendición de Lima 1881
Alcalde Rufino Torrico ruega encarecidamente al general Baquedano ingreso rápido de sus tropas para defender la propiedad de los limeños.


 
Entrada de la primera división del enemigo chileno, encabezada por el regimiento Buin. Los dueños de los negocios de Lima colocaron pabellones y enseñas extranjeras para protegerse del asalto y saqueo de los genocidas del sur.
Calle Mercaderes
Lima, 17 de enero de 1881


Antiguo Palacio de Gobierno, con la bandera del enemigo chileno
(Foto tomada desde el patio de la Catedral de Lima)
Lima, 18 de enero de 1881


Antiguo Palacio de Gobierno con la bandera de los genocidas chilenos
(Foto tomada desde la Iglesia de Santo Domingo)
Lima, 18 de enero de 1881

 

Rufino Torrico, alcalde de Lima y autoridad pierolista de mayor rango en la capital tras las batallas de San Juan y Miraflores. Entregó al enemigo chileno el acta de rendición de la ciudad de Lima

*

Acta
16 de enero de 1881
(Aranda 1892, 326)

En el Cuartel General del ejército chileno en Chorrillos, se presentaron, el 16 de enero de 1881, a las dos p. m., el señor don Rufino Torrico, Alcalde Municipal de Lima; S. E. el señor de Vorges, Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de Francia; S. E. el señor Spencer St. John, Ministro Residente de su Majestad Británica; el señor Stirling, Almirante británico; el señor Du Petit Thouars, Almirante francés; y el señor Sabrano, Comandante de las fuerzas navales italianas.

El señor Torrico hizo presente que el vecindario de Lima, convencido de la inutilidad de la resistencia de la plaza, le había comisionado para entenderse con el señor General en Jefe del ejército chileno respecto de su entrega.

El señor General Baquedano manifestó que dicha entrega debía ser incondicional en el plazo de 24 horas, pedido por el señor Torrico para desarmar las fuerzas que aún quedaban organizadas. Agregó que la ciudad sería ocupada por fuerzas escogidas para conservar el orden.

Manuel Baquedano
Rufino Torrico
E. de Vorges
J. F. Vergara
B. Du Petit Thouars
Spencer St. John
E. Altamirano
J. Sabrano
J. H. Stirling

M. R. Lira, secretario

*

Carta de la Municipalidad y Alcaldía de Lima 
al general chileno Baquedano

17 de enero de 1881
(Ahumada 1888, 101)

Lima, enero 17 de 1881

Señor General:

A mi llegada ayer a esta capital, encontré que gran parte de las tropas se habían disuelto, y que había un gran número de dispersos que conservaban sus armas, las que no había sido posible recoger. La guardia urbana no estaba organizada todavía y no se ha organizado y armado hasta este momento; la consecuencia, pues, ha sido que en la noche los soldados, desmoralizados y armados, han atacado las propiedades y vidas de gran número de ciudadanos, causando pérdidas sensibles con motivo de los incendios y robos consumados.

Con estas condiciones, creo de mi deber hacerlo presente a V. E. para que, apreciando la situación, se digne disponer lo que juzgue conveniente.

He tenido el honor de hacer presente al Honorable Cuerpo Diplomático esto mismo, y ha sido de opinión que lo comunique a V. E., como lo verifico.

Con la expresión de la más alta consideración me suscribo de V. E. su atento y seguro servidor.

Firmado
Rufino Torrico

Almirante Du Petit Thouars (Francia)

Almirantes Du Petit Thouars (Francia) y Stirling (Gran Bretaña) amenazan destruir a la flota chilena si genocida Manuel Baquedano no respeta la propiedad de los neutrales residentes en Lima

Robert Ramsay Sturrock
Testigo presencial británico de la caída de Lima

Lima se encontraba en un estado de gran excitación y las noticias que recibíamos eran sólo fragmentarias. Retrotraeré las cosas al viernes 14 [de enero de 1881], el día siguiente del primer combate. Esa tarde el Cuerpo Diplomático salió al campo de batalla con los almirantes inglés y francés procurando producir un avenimiento. Ya habían ido dos veces y volvieron por tercera vez en la mañana del sábado [15 de enero de 1881] consiguiendo arreglar una tregua hasta el sábado a medianoche, primero con [Nicolás de Piérola] y después con el General Baquedano.

Estaban desayunándose en el Cuartel General peruano con Piérola cuando de repente comenzó el tiroteo. Éste fue causado por el General Baquedano y su Estado Mayor quienes, al acercarse y quedar al alcance de los peruanos, éstos últimos no pudieron resistir la tentación de dispararles y, por supuesto, de esta manera se inició la batalla. El Cuerpo Diplomático que había ido en tren, tuvo entonces que batirse en retirada a pie por el campo, a fin de salir de la zona de peligro, pero por tres cuartos de hora estuvo bajo fuego.

Debe haber sido un espectáculo bastante grotesco ver al viejo Almirante Stirling, [Spencer] St. John, al Capitán Stephens (H.M.S. Thetis) y a todos los demás ministros, saltando las murallas de adobe y corriendo a campo traviesa, para salvar sus vidas. No hay duda que estuvieron en peligro, y tanto así que a Ancón llegaron rumores que habían perecido el Almirante Británico y los Ministros de Italia e Inglaterra.

La batalla continuó hasta la tarde y, entonces, como anteriormente, los peruanos se arrancaron y los chilenos quedaron dueños del campo sin que –habiendo podido hacerlo– entraran a Lima esa noche pues, de otra manera, la capital peruana estaría hoy indudablemente hecha una ruina perfecta. La razón por la que no entraron es ahora conocida y arranca su origen del fracaso de las negociaciones de avenimiento. Entonces los almirantes británico y francés empeñaron su palabra de honor con el Cuerpo Diplomático –el que informó al General Baquedano– que si no garantizaba la propiedad de los neutrales, y los soldados la destruían, la flota neutral inmediatamente destruiría a la flota chilena en el Callao; de allí la orden dada al [H.M.S.] Shannon de prepararse para actuar y de estar listo para hacerse a la mar. Que esta amenaza salvó a Lima de ser destruida es indudable, pues si en la noche del sábado [15 de enero de 1881] los chilenos hubieran perseguido a los peruanos que se retiraban de la ciudad, habrían habido luchas callejeras y Lima habría sufrido la misma suerte de Chorrillos, Barranco y Miraflores, las que yo mismo he visto y que se encuentran reducidas a ruinas.


Obras citadas

Ahumada Moreno, Pascual. 1888. Guerra del Pacífico. Tomo Quinto. Valparaíso: Imprenta y Librería Americana.

Aranda, Ricardo. 1892. República del Perú. Colección de los tratados, convenciones, capitulaciones, armisticios y otros actos diplomáticos y políticos. Tomo Cuarto. Lima: Imprenta del Estado.

© César Vásquez Bazán, 2010
Julio 24, 2010



viernes, 15 de enero de 2016

17.01 Ocupación de Lima 1 - 1881

La vida en Lima durante la ocupación chilena - Primera parte


Derrotados en las batallas de San Juan y en Miraflores, dispersas las tropas y vencida la heroica resistencia de los reservistas civiles que con su vida defendieron la ciudad, los chilenos se preparan para entrar al centro de Lima y ocupar los principales edificios. 

Épocas duras se inician...




El 17 de enero de 1881, luego de un desfile desde el Parque de la Exposición hasta la Plaza de Armas, pasando por el Jirón de la Unión, en el que muchos espectadores coinciden que fue en silencio y sin mucha pompa, desde la Plaza Mayor los diferentes cuerpos del ejercito invasor proceden a distribuirse en los cuarteles de Lima, abandonados tras la derrota. Sin embargo, esto les produce inquietud pues temen alguna emboscada: "En la misma tarde (del 17) la artillería ocupó el cuartel de Santa Catalina, donde tuvo lugar una ceremonia conmovedora. Se izó la bandera chilena hasta el asta y se toco despacito (sic) el himno nacional [...] En el cuartel se harán prolijas investigaciones para descubrir minas que se dice existen ahí", esto publicado en El Heraldo del 4 de febrero de 1881.


Nótese que se menciona que se tocò "despacito" el himno nacional chileno, lo cual es un tácito reconocimiento de la hostilidad latente en la ciudad hacia ellos. En total las fuerzas de ocupación sumaron 17,000 hombres, cantidad muy grande para una ciudad que no estaba preparada para atenderlos. 
El día 20 de enero se enarboló por primera vez la bandera chilena en Palacio de Gobierno. Sin duda, este fue uno de los actos más dolorosos para el Perú, sin embargo no fue la única que flamea, pues al lado de esta aparecen emblemas de muchos países, en diversos inmuebles, como símbolo de protección. 

 


Respecto a la entrada del general Baquedano al centro de Lima, se menciona que fue sin mucha pompa, como mencionamos antes, y hubo un incidente: al momento de su llegada, un cierto número de balas silbaron entre el cortejo, hecho que como es natural causo un poco de emoción... Prisioneros de derecho común rompieron las puertas de la prisión (que se hallaba cerca a la Plaza de Armas), y habiéndose apoderado de algunas armas desataron el tiroteo mencionado anteriormente. Los soldados del regimiento Buin y los de la Guardia Urbana los redujeron después. Pasado este incidente, Baquedano se instalo en Palacio de Gobierno desde donde dirigió una carta al presidente chileno, firmando "...desde el Palacio de los Virreyes", lo que denota una satisfacción por encontrarse en el poder en la Perla del Pacifico.

La población, por el desagrado y temor que siente ante la presencia chilena, adopta una actitud de reserva, de encierro, lejos del contacto con ellos y se menciona que "las celosías permanecieron cerradas y no se abrió una sola ventana de las que daban a la calle: Este fue el sentimiento general de la población. Muchos eran también los heridos que se cerraban en sus casas" temerosos de represalias. "Lima esta todavía como en viernes santo. No corre sino uno que otro carruaje; los carros del ferrocarril sin caballos, pues Pierola los tomo bajo recibo; las tiendas cerradas y muchas casas como si acabara de morir el dueño. En cambio recorren las calles todos los comerciantes en calducho", publicado en El Heraldo del 4 de febrero de 1881.

El ingreso chileno, en la que la historiografía de este país, la menciona como de "guardianes y salvadores", resulta desvirtuado por las palabras de un viajero alemán de la época; Hugo Zoller, quien menciona la incomodidad de la población y que nadie salía de noche y generalmente si lo hacían, llevaban un revólver (Viajeros Alemanes del Perú, Estuardo Núñez, pag. 134). Incluso se menciona una referencia al sabio Raimondi: "cuando el enemigo entró a Lima, el sabio tomó las colecciones cedidas al Estado y se las llevó a su casa, colocándolas bajo la protección de la bandera italiana [...] y así las salvo de la furia del vencedor que se extendía por igual sobre cosas y personas" La actitud de Raimondi indica que el miedo ante la ocupación fue compartido por los extranjeros.

Desde Santiago se empiezan a dar directivas sobre la ocupación. Era importante para los chilenos, que se instale un gobierno que negocie con ellos y ceda la rendición incondicional con la entrega de territorios de manera formal que era su anhelo desde el principio. Aun así, decidieron mantener al alcalde de Lima Rufino Torrico como una manera de infundir confianza en la población ante alguien que ya era conocido. Sin embargo, en todas las demás oficinas públicas, y la Aduana se instalaron ellos para controlar el ingreso de los impuestos y otros ingresos. Sin embargo, al pasar el tiempo y al notar la actitud distante de la población, los chilenos ven que el fin de la guerra no se ve próximo. Con Bolivia la situación fue diferente, derrotada esta nación, se enfrían las relaciones por obvias razones entre Perú y Bolivia y este país llega a acuerdos bipartitos con Chile, sin consultar la opinión de Perú.

Estampilla de Correos del Perú "resellada" durante la ocupación



Desde el día anterior a la ocupación chilena, o sea desde el 16 de enero, ya encontramos a los chilenos dando directivas de carácter administrativo para Chorrillos, donde establecieron depósitos de víveres y municiones en los baños. Al desembarcar en el Callao, el 18, distribuyeron las bodegas del ferrocarril, primero para depósitos y luego como cuartel para un regimiento. Las oficinas publicas funcionaron en la Comisaria de Marina y en la Diputación del Comercio y las autoridades peruanas fueron sustituidas por funcionarios chilenos, quienes de inmediato izaron sus banderas. 

 Respecto a los oficiales dispersos después de la batalla, se dieron bandos en el que se les instaba a registrarse, entregar sus armas y dar su dirección y firmar una declaración en la que se establecía "No tomar las armas contra Chile en la presente guerra" Este compromiso sin embargo, tiene un valor relativo, ya que los que lo firmaron lo hicieron obligados por las circunstancias. No firmarlo podía equivaler a la muerte, al destierro, a la cárcel o a algún otro castigo, de allí que muchos íntimamente mantenían la convicción de acudir al llamado de la Patria. Ya era vox populi que Cáceres organizaba la resistencia desde la Sierra.


La administración chilena también consignó la pena de muerte "...para los que ejecuten actos de depredación o violencia contra los habitantes de esta capital..." ó "...los que anden armados por las calles", excepto, naturalmente, para los miembros del ejército invasor o la guardia urbana. Sin embargo, estas disposiciones muchas veces sirvieron para deshacerse de posibles sospechosos. ¡Cuantas historias relacionadas a esto pueden escribirse!

Para Chile, al principio, la toma de Lima significaba el fin de la guerra y la rendición incondicional del Perú, pero equivocaron los cálculos. No contó con la respuesta del pueblo y de las autoridades dictatoriales primero y del gobierno provisorio de García Calderón después, a estas intenciones. El Perú vencido rechaza de plano la finalización de la guerra a cualquier precio y así la supuesta "ocupación pasajera" se transforma en permanente y el cuerpo administrativo peruano no sigue en funciones porque eso sería apoyar al enemigo, de allí la negativa a continuar desempeñando los cargos respectivos y no por un abandono de deberes como plantea la historiografía chilena. Francisco Encina, en su "Historia de Chile" menciona que "el trabajo y el comercio no se normalizaron a pesar de los esfuerzos gastados por los chilenos". Esta afirmación, toca ya a la población civil, que ante la imposibilidad de una resistencia de otro tipo, acude a la pasiva, al no hacer, como rechazo al ocupante. A esto se agregan los cupos impuestos que en la mayoría de casos llevaron a muchos comerciantes a la quiebra final.

Como corolario a esta primera parte, leamos las apreciaciones del Encargado de Negocios de España en Lima, sobre lo que sucede en la capital:

"En lo eclesiástico no se ha ejercido presión alguna, pero ni el Arzobispado ni los dignatarios de la Catedral toman parte alguna en las funciones religiosas [...] se han suprimido completamente el toque de campanas de todas las Iglesias y conventos hasta las horas de oración.
Las tiendas y almacenes, cerrados en los primeros días de ocupación, se han abierto de nuevo. las casas permanecen cerradas, procurando las personas más visibles y especialmente las Señoras no asomarse a los balcones ni salir a la calle. Las tertulias, reuniones y teatro han cesado completamente.
Los chilenos consideran estas demostraciones como actos de hostilidad"

"...los soldados, quienes cuando quieren los Jefes aparecen sometidos a una disciplina rigurosa, comenten todos los días atentados de todas clases contra los habitantes pacíficos de la población. [...] no hay seguridad alguna de día ni de noche fuera de las calles más céntricas de la población, precisamente cuando aún pocos días antes de su entrada era Lima una población modelo por la seguridad de que gozaba dentro de las casas y hasta los sitios más apartado"

Como vemos, tiempos duros venían sobre la ciudad, sin embargo, pasando los años (1881 a 1884) la ciudad tuvo que adaptarse forzosamente a esta situación. En la segunda parte veremos la degradación de Lima durante la ocupación chilena y como muchos de estos vicios permanecen hasta hoy.

Fuentes:
Grimanesa Margarita Guerra, La Ocupación de Lima (1881-1883)
Fotos: Google Imágenes



17.01 - La ocupación chilena de Lima - 1881





LIMA y LA OCUPACIÓN CHILENA


La entrada de los chilenos a Lima fue retrasada hasta el 17 de enero. Había costado alrededor de 17,500 vidas, entre muertos y heridos. La población de Lima se encontraba consternada por el resultado de las batallas en san Juan - Chorrillos y Miraflores. Se esperaba lo peor...



Y fue solo, hace 135 años

15.01 Batalla de Miraflores - 1881

Y fue solo, hace 135 años



Batalla de Miraflores en Lima

Un día como hoy, se recuerda la Batalla de Miraflores. El saqueo de Chorrillos no fue un secreto para los peruanos. Cáceres, inclusive, trató de aprovechar la euforia chilena para atacar por sorpresa, pero Piérola consideró inútil tal iniciativa.

El 14 de enero se pactó una tregua entre ambos bandos que duraría hasta la medianoche del 15 de enero. Sin embargo, el adversario chileno empezó a movilizar sus tropas desde el 14 para atacar Miraflores. La línea de defensa de Miraflores se organizó en tres sectores. El de la derecha quedó a cargo de Cáceres, el centro a las órdenes del coronel Belisario Suárez y la izquierda bajo el mando del coronel Justo Pastor Dávila.

Se construyeron diez reductos –zanjas cavadas en dirección al enemigo, de 7 metros de ancho y 2.5 metros de profundidad– a lo largo de doce kilómetros: el primero al sur de Miraflores y el décimo en los bordes del río Surco, a intervalos de 800 a 1000 metros. Allí se montaron algunas piezas de artillería.

La defensa de Miraflores estuvo a cargo de jóvenes, hombres maduros y hasta adultos mayores, muchos de ellos jubilados, quienes constituían la Reserva junto con los que recién habían cumplido los 16 años de edad. A las 14.30 horas del 15 de enero de 1881 se abrieron los fuegos. El ejército peruano y el chileno se encontraban a tan sólo 400 metros de distancia. Los buques invasores, situados frente a Miraflores, dispararon con sus cañones sobre la población. El Reducto 1, ubicado actualmente entre el malecón de la Reserva y la avenida Paseo de la República, fue tomado por las tropas chilenas.

La defensa estuvo a cargo del mismo Cáceres hasta que se quedó sin municiones y sin refuerzos y tuvo que replegarse sobre el Reducto 2, que también fue atacado por la retaguardia. Cáceres observó que era imposible continuar la resistencia sin municiones, así que ordenó la retirada. En ese momento, dos balazos atravesaron su kepis, pero sin herirlo.

Al detenerse para encabezar una última resistencia recibió un balazo en la pierna. Eran las 18.00 horas. Con el caudillo caído, las tropas peruanas se dispersaron. Los chilenos ingresaron a Miraflores y quemaron la ciudad, tal como hicieron antes con Chorrillos y Barranco.

El 17 de enero de 1881 el ejército chileno, al mando del general Manuel Baquedano, ocupó Lima.

Fuente:
http://www.deperu.com/calendario/51/batalla-de-miraflores-en-lima

                    Los Mártires Peruanos  
                 que defendieron Miraflores


Segunda línea de defensa de Lima, ubicada en Miraflores. 
Escenas de la lucha en el Reducto No. 2 (Acuarela de Rudolph de Lisle)


Lima el 15 de enero de 1881.- 

Los Mártires de San Juan y Miraflores
Escribe Jorge Basadre

El número de los muertos entre los jefes peruanos llegó a ser extraordinario. En San Juan perecieron siete coroneles, entre ellos dos comandantes generales, tres jefes de batallón y un edecán del Dictador; siete teniente-coroneles; un número elevado a más del doble de sargentos mayores y, cuando menos, una cuarta parte de los oficiales subalternos.

En Miraflores la proporción de bajas fue mayor: diez coroneles entre ellos cuatro primeros jefes de batallón y un número igual de tenientes coroneles. Los tres generales que ejercían mando resultaron heridos. No expresa satisfacción el general Pedro Silva, jefe del Estado Mayor peruano, en su parte oficial, acerca de la conducta de la tropa en San Juan, salvo las que mandaron Iglesias y Recavarren. Ricardo Palma en una carta a Piérola afirma que en San Juan, batallones enteros arrojaron sus armas sin quemar una cápsula y fugaron y lo atribuye a que eran indios (8 de febrero de 1881).

En cambio, en Miraflores, la Reserva, formada por los vecinos de la capital, se batió heroicamente, singularizándose el batallón Nº 6, cuyos jefes primero y segundo Narciso de la Colina y el lambayecano Natalio Sánchez murieron; el Guarnición de Marina casi exterminado como se ha visto, con su jefe Juan Fanning; el Guardia Chalaca con su jefe el capitán de Fragata Carlos Arrieta también victimado.

Entre los muertos caídos en las dos batallas libradas a las puertas de Lima contáronse, además, Reynaldo de Vivanco y Juan Castilla, los dos hijos de los grandes caudillos. También los comandantes generales de sendas divisiones el puneño Buenaventura Aguirre y el ayacuchano Domingo Ayarza, este último de tan meritoria actuación pocos años antes en Chanchamayo; y José González, subjefe de la primera división de reserva, conocido por su porfiada defensa del Palacio de Pezet en 1865. Asimismo, cabe mencionar en la lista de las víctimas de estas infaustas jornadas a otros jefes militares como Pablo Arguedas, el autor del motín contra la Convención Nacional de 1857, Joaquín Bernal, Juan M. Montero Rosas, edecán de Piérola, José E. Chariarse, Julián Arias y Aragüez, hermano del héroe de Arica, José Díaz, Máximo Isaac Abril, antiguo prefecto que servía como edecán del Senado y combatió aunque estaba enfermo con pulmonía.

Entre los civiles uniformados estuvieron Narciso de la Colina, abogado, ex diplomático y constructor de ferrocarriles en Tarapacá; Manuel Pino, vocal jubilado de las Cortes Superiores de Puno y Lima y ex Rector de la Universidad de Puno, prefecto y diputado; los jueces de letras de Tumbes e Iquique, José Manuel Irribaren y José Félix Olcay; el secretario de la Junta Central de Ingenieros, Francisco Ugarriza; el contador del Tribunal Mayor de Cuentas, Natalio Sánchez, ya mencionado; el oficial mayor de la Cámara de Diputados José María Hernando, de Huanta, sobrino del general Iguaín, llamado por José María Químper el “puritano liberal”; Francisco Javier Fernández, también empleado de aquella Cámara que dejó diez hijos huérfanos; los dos hermanos Adolfo y Luis de La Jara, uno empleado de la Aduana y el otro empleado de banco, los dos hermanos de los Heros, Ramón y Ambrosio, el primero oficial mayor del Ministerio de Gobierno; Francisco Seguín, de sesenta años jefe de sección en la misma oficina; José María Seguín de 18 años; Manuel María Seguín, su hermano paterno; Samuel Márquez, ex cónsul en Chile y hermano de José Arnaldo; Francisco Javier Retes, dueño de una cuantiosa fortuna, voluntario del Huáscar, prisionero en Angamos y combatiente en San Juan; Pablo Bermúdez; Ramón Dañino; comerciantes como Mariano Pastor Sevilla; Manuel Roncavero, Enrique Barrón, Bartolomé Trujillo, Emilio Cavenecia, José G. Rodríguez, Ismael Escobar; profesor del Colegio de Guadalupe; la Universidad y la Escuela de Ingenieros; Saturnino del Castillo que enseñaba en varios planteles de Lima, era autor de difundidas obras didácticas y rindió su existencia vivando al Perú; periodista como Mariano Arredondo Lugo, cronista de La Opinión Nacional y Carlos Amézaga, cronista de La Patria; J. Enrique del Campo; presidente de la Sociedad de Artesanos; el tipógrafo Manuel Díaz, el obrero Juan Olmos; el empleado del ferrocarril trasandino Fernando Terán; el mecánico César Lund.

De la generación más nueva sucumbieron, entre otros muchos, Enrique y Augusto Bolognesi, hijos del héroe de Arica; José Andrés Torres Paz, el joven chiclayano legendario en el Perú que había paseado el estandarte carolino entre el humo y el estruendo de San Francisco y de Tarapacá, de Tacna y de San Juan; Enrique Lembcke que dejó a su tierna novia destinada a seguirlo loca a la tumba; el adolescente Carlos Fernán González Larrañaga; Felipe Valle Riestra y Latorre, articulista inteligente de La Opinión Nacional que a los veintidós años llevó la espada enarbolada por su tío político Guisse y probó ser digno de ella; Hernando de Lavalle y Pardo, veintidós años, hijo del diplomático cuya gestión intentó detener la guerra y más tarde celebró la paz; Toribio Seminario, de diecisiete años, muerto con su hermano Alberto de dieciocho, abrazados a la bandera; Juan Alfaro y Arias, alumno de Letras y de Ciencias Políticas y contador del Huáscar el 8 de octubre de 1879; Genaro Numa Llana y Marchena, combatiente en las dos batallas; niños como Alejandro Tirado, Grimaldo Amézaga, que sólo contaba quince años y era hermano de Carlos Germán, presente en Miraflores; Biviano Paredes; huaracino de dieciséis años, Emilio Sandoval, de catorce años y Manuel Bonilla de trece. Otro de los muertos en San Juan fue, a los veintidós años, con el grado de sargento mayor Enrique Delhorme que, siendo niño, se distinguió en el combate del 2 de mayo de 1866 en el Callao, por lo cual el Congreso, mediante la resolución de 18 de noviembre de 1868, le concedió una beca en uno de los colegios del Estado y una pensión mensual.

Símbolo del heroísmo de los cabitos, alumnos de la Escuela de Clases, fue Braulio Badani Suárez, muerto en Miraflores, herido en San Juan después de haber hecho las campañas del sur.

Al año y once meses de haber sido herido en la batalla de Miraflores falleció el general Ramón Vargas Machuca que había combatido como soldado en esa acción.


Domitila Olavegoya de Vivanco

Uno de los dramas de las viudas después de San Juan fue el de Domitila Olavegoya de Vivanco, casada con Reynaldo de Vivanco, famosa por su belleza, por su fortuna y por su alcurnia. Domitila Olavegoya encargó que buscaran el cadáver de su esposo, hijo único del general Manuel Ignacio de Vivanco. Fue hallado en la misma fecha del fallecimiento de su madre, Manuela Iriarte de Olavegoya, muchos días después de la batalla.

Obra citada

Basadre, Jorge. 1968-70. Historia de la República del Perú. 6ta. Ed., Tomo VIII, Lima: Editorial Universitaria, pp. 311-314.


Publicado
Enero 15, 2012


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Monumento al héroe Manuel Bonilla de trece años. Miraflores

miércoles, 13 de enero de 2016

14.01 Bomberos italianos mueren en Chorrillos - 1881

Sucedió hace 135 años


14 Enero 1881 

Bomberos italianos de la Bomba Garibaldi de Chorrillos

Hermanos y compañeros nuestros fueron Chiappe, Pale, Descalzi, Leonardi, Astrana, Bargna, Cippolini, Marzano, Nerini, Ognio, Orengo, Risso y Valentini, víctimas de su heroísmo y de la salvaje ferocidad de las turbas vencedoras. Yo siento ahora mismo su aliento en medio de nosotros. Aquí nos acompañan varios sobrevivientes de esa bárbara hecatombe, que la memoria no olvidará jamás y que el corazón siente aún con la intensidad del primer momento.

Esas sombras queridas estarán siempre a nuestro lado; su ejemplo nos servirá de estimulo, su recuerdo nos alentará, su fe hará que la nuestra no desfallezca nunca y su sangre será proficua y fecunda, porque la tierra regada con sangre de mártires, produce mártires y héroes.

Del discurso leído por don Ulderico Tenderini, Comandante reelecto de la Heroica, Benemérita y Centenaria Compañía de Bomberos Italiana Garibaldi Nº 6 de Chorrillos
Sesión de Reinstalación, 13 de febrero de 1893

La mañana del 14 de enero de 1881, un día después de la derrota peruana en la Batalla de San Juan, trece bomberos de nacionalidad italiana, pertenecientes a la Bomba Garibaldi de Chorrillos, fueron cobardemente asesinados por los criminales de guerra chilenos.

Los mártires italianos se encontraban combatiendo el fuego producido en Chorrillos por los bombardeos de los genocidas del sur. Las llamas consumían la tienda de su compatriota Queirolo, incendio que se había propagado a toda la manzana.


El primero en caer asesinado fue el bombero Giovanni Ognio a quien las cobardes bestias chilenas le partieron el cráneo con un golpe de sable. Cayó después el adolescente Luca Chiappe, acribillado a balazos por dos sargentos del Buín, quienes le dispararon todas las balas que tenían en sus fusiles. Los asesinatos chilenos continuaron con el degollamiento de los bomberos italianos Angelo Cipollini, Gio Batta Leonardi y Enrico Nerini. Obligados por la fuerza a arrojar la manguera que usaban para apagar el incendio, sufrieron los efectos del humo originado por la ruptura de la manga sobre el fuego. Asfixiados, se llevaron las manos a los ojos y no vieron los cuchillos corvos que los genocidas chilenos hundieron en sus gargantas.


Telegrama chileno informando acerca del “exterminio” de la Bomba Garibaldi de Chorrillos (Ahumada 1888, V: 103).

Los soldados rodearon a los bomberos italianos sobrevivientes, se les arrojaron encima, destrozaron rabiosamente su equipo y, apuntándoles con los fusiles con las bayonetas caladas, los tomaron prisioneros. Los genocidas recogieron lo que quedaba del equipo de los bomberos y lo entregaron al coronel invasor Fuenzalida. Acusaron a sus víctimas de alta traición y de formar parte de un equipo de francotiradores “garibaldinos”.


Los bomberos que quedaron cautivos de las bestias chilenas fueron Angelo Descalzi, Guiseppe Orengo, Egidio Valentini, Lorenzo Astrana, Paolo Marzano, Paolo Risso, Giovanni Pale y Filippo Bargna. A pesar de haber reiterado que cumplían función como bomberos y que no portaban armas, fueron fusilados la mañana del 14 de enero del 1881, tras las puertas del antiguo Panteón de Chorrillos. Previamente, los ocho mártires italianos fueron torturados. Oficiales de caballería llegados de Monterrico, sin saber ni preguntar nada, los golpearon y luego los ataron a las colas de sus caballos, arrastrándolos frente al criminal de guerra Patricio Lynch.





El 2 de marzo de 1881 el New York Times informó sobre la masacre chilena de los trece bomberos italianos de la Bomba Garibaldi de Chorrillos

La nota del New York Times traducida al español


Algún día un sentimiento similar recorrerá todo el mundo cuando los embajadores extranjeros publiquen informes autenticados del número de sus conciudadanos que fueron bárbaramente asesinados en Chorrillos, Barranco y Miraflores. Los chilenos están intentando paliar el asesinato de italianos afirmando que encontraron a muchos de ellos con gorras que decían “Garibaldi”, lo que los llevó a creer que pertenecían al Ejército [peruano]. Esto, sin embargo, no es excusa, desde el momento que su General había sido informado que todos los extranjeros llevaban placas distintivas de una clase u de otra, y que sus propiedades habían sido marcadas de acuerdo con los planes, los que también fueron enviados al general Baquedano. Sólo una visita a Chorrillos los primeros días [después de la batalla] puede proporcionar una idea de las escenas que debieron tener lugar cuando estuvo en manos de la soldadesca embriagada, de la misma manera que sólo una visita a los campos de batalla puede infundir la convicción que los heridos fueron asesinados dondequiera que fueron encontrados”.

El asesinato de los heroicos bomberos italianos que luchaban contra el incendio de Chorrillos –al día siguiente de la Batalla de San Juan– causó indignación en el país y en el cuerpo diplomático extranjero acreditado en el Perú.

Además, los embajadores de las naciones europeas denunciaron la matanza de extranjeros y el saqueo de sus propiedades. El New York Times recogió la protesta por el “bárbaro asesinato de numerosos extranjeros” cometido por los criminales de guerra chilenos en Chorrillos, Barranco y Miraflores.

El New York Times también reportó la devastación y saqueo de Chorrillos y el repase de heridos por las alcoholizadas bestias chilenas. El texto del periódico estadounidense es el siguiente: “Sólo una visita a Chorrillos durante los días [posteriores] puede proporcionar una idea de las escenas que deben haberse producido cuando [Chorrillos] cayó en manos de la soldadesca ebria, de la misma manera que sólo una visita a los campos de batalla puede transmitir el convencimiento que los heridos fueron asesinados donde quiera que fueron encontrados.”


© César Vásquez Bazán, 2011
Diciembre 31, 2011       

Fuentes chilenas

Ahumada, Pascual, editor. 1888. Guerra del Pacífico. Tomo V. Santiago de Chile: Editorial Andrés Bello.

New York Times, New York, 2 de marzo de 1881


Vargas, Moisés editor, Ministerio de Guerra de la República de Chile. 1979. Boletín de la Guerra del Pacífico 1879-1881. Santiago: Editorial Andrés Bello.


Mausoleo en el Cementerio de Surco de los 
Trece Mártires Italianos de la Bomba Garibaldi de Chorrillos.

 Fuente:


Los Bomberos Italos-Peruanos 

Tal fue la iniciación de las labores de la Bomba, que continuaron en forma infatigable, salvando cuánto obstáculo pudiera presentarse, hasta que vino la fatídica Guerra del Pacífico a ensombrecerlo todo.

Por eso, cuando el 13 y 14 de Enero de 1881, Chorrillos quedó convertido en un hacinamiento de escombros y cenizas. Los Bomberos de la Garibaldi, acudieron presurosos a combatir el fuego, pero las autoridades de ocupación que no entendían nada de principios humanitarios aniquilaron el poder de respuesta bomberil de la Compañía.

Es así como compañía italiana de bomberos Garibaldi perdió todo su material y fueron fusilados trece de sus miembros en el puesto de deber el 13 de enero de 1881 y fueron Adolfo Sánchez, Polo Menéndez y José Donaire los que desterraron de los escombros y muladares los despojos de nuestros compatriotas, habrá de recodar siempre los nombres de los mártires que fueron:


ENRICO NERINI
PAOLO MARZANO
EGIDIO VALENTINI
GIOVANNI OGNIO
GIUSEPPE ORENGO
ANGELO CIPOLLINI
GIO BATTA LEONARDI
LORENZO ASTRANA
FILIPPO BARGNA
ANGELO DESCALZI
GIOVANNI PALI
LUCA CHIAPPE
PAOLO RISSO


Extracto del libro de la Historia de la Compañía Italiana de Bomberos Garibaldi Nº6 de Chorrillos Lima - Perú
Investigada y Escrita por el Capitán CBP Luis Dawson Torres y en Colaboración del arquitecto José Miguel Victoria por el material facilitado y aclarar ciertos datos, Teniente CBP Mariella Flores, Capitán CBP Juan Pacheco , colaboraron también el Teniente CBP Javier Berroa, el sub teniente CBP Giancarlo Tassara y el Sub teniente Italo Carvo

Janet Aranda Ordinola
subteniente de la Compañía de Bomberos Italiana Garibaldi Nº6 de Chorrillos

Fuente:






Comentario:

25.03.2015

ANÓNIMO

Es un relato triste y penoso. Solo el leerlo produce un profundo sentimiento por nuestros hermanos vejados en tan críticas condiciones. Incluso asoma un sentimiento de venganza. Es comprensible, en ese sentido, que quienes no han conocido los detalles de la historia, al leer estas líneas, se sientan compelidos a vengar tales acciones. Pero la historia nos enseña a no cometer los mismos errores, nos enseña del sufrimiento y dolor que causó a tantas personas, que antes de ser peruanos, fueron seres humanos. Ni peruanos ni chilenos merecen tan terribles crímenes. Antes pensemos en el futuro juntos, como hermanos que siempre, por geografía e historia, hemos sido.

13.01 Batalla de San Juan y Chorrillos - 1881

Sucedió hace 135 años

Testimonio de un sobreviviente en la Batalla del 13 de enero de 1881


ESTUDIO SOBRE LA CONTINUACIÓN Y FIN DE LA BATALLA DE SAN JUAN (CHORRILLOS – MORRO SOLAR)
(13 de Enero de 1881)

Por el Teniente Coronel de Artillería don Nicanor Beunza.

CONFERENCIA MILITAR

Señor general, Jefe de Estado Mayor,
Señores Jefes y Oficiales
Señores:

Si la Historia Militar se escribe para los contemporáneos y para las generaciones que nos sucedan, los actores, sobrevivientes, – testigos presénciales de excepción, conformes en cuanto á las personas, á los hechos, al tiempo y lugares, – que los conocen perfectamente, están obligados por patriotismo á relatarlos con toda precisión y exactitud. Por esto, en nuestro deseo de narrar lo ocurrido á la juventud militar que se levanta, – “ávida de verdad y de provechosas enseñanzas”, – para que tengan, siempre, presente la conducta de los que supieron pelear ó morir por la patria, – y á fin de que su noble y generoso ejemplo sea una lección y un estímulo para el porvenir; bebiendo en claras fuentes, con seguras informaciones y por lo que presenciamos voy á ofreceros, señores, esta conferencia; existiendo jefes, como los señores generales Borgoña y Recabarren; coroneles: Billinghurst, Pereira, Rabines, Novoa, Vargas Quintanilla, Marino, Piérola (Carlos); sargentos mayores: Luque (Nicanor), Alcocer, Arellano, Carlín (Eulogio) y algunos más, que pueden dar fe de su autenticidad; pero sin adornarla con las galas de la fantasía, como los “Episodios” del literato nacional don Ernesto Rivas, y “Nuestros héroes” del poeta don Víctor G. Mantilla, en cuyo estilo arrobador hay mucho imaginativo.

En nuestro concepto, la historia que debe declararse oficial será aquella en que no se exalten ni desfiguren los “hechos reales”, – sino en la que, cumpliéndose justicia, aprendan nuestros hijos á conocer la “Verdad absoluta y austera por el testimonio fiel é incontrovertible”.

Dejando á un lado el análisis de la crítica apasionada, hemos leído y releído varias veces la descripción de la batalla de “San Juan - Villa” y de todas las operaciones del 13 de Enero de 1881, que hacen los escritores: italiano, el uno, don Tomás Caivano, en su “Historia de la guerra de América, entre el Perú, Chile y Bolivia”, y chilenos los otros, Vicuña Mackenna en sus “Cartas políticas” y Barros Arana, en su “Historia de la guerra del Pacífico”; y las de algunos escritores, parciales ó muy lejos de la zona de acción, – y hemos encontrado muchas falsedades y contradicciones.

¡Qué historias tan originales son aquéllas!

Así, Caivano afirma: “que en Chorrillos no hubo resistencia y mucho menos batalla, asesinándose á muchos compatriotas suyos”. Sin embargo, á las 11 h. a.m. dice, después, “todo había concluído en la llanura entre Monterrico Chico y Chorrillos, la lucha se había localizado sobre la alta cumbre del “Morro Solar”, donde únicamente seguía aún”. I luego: “á las dos de la tarde, toda había concluído en ese último baluarte. El coronel Iglesias había caído allí prisionero en unión de los escasos restos de su ejército”

El chileno M.T. Vicuña, en una de sus “Cartas políticas”, dice: “la batalla comenzada en las posiciones de San Juan – Villa, se terminó en la cima del Morro Solar”.

 Lea más en:



 



Batalla de San Juan y Chorrillos

Las batallas de San Juan y Chorrillos ocurrieron el día 13 de enero de 1881, en el marco de la Guerra del Pacífico. En ellas se enfrentaron el Ejército de Chile y el Ejército del Perú. Los historiadores chilenos suelen separar la batalla de Chorrillos de la batalla de San Juan, mientras que los historiadores peruanos denominan a todo el enfrentamiento batalla de San Juan.

Estas batallas se desarrollaron consecutivamente en Villa, las pampas de San Juan y Santa Teresa, el cerro Marcavilca, el morro Solar y el pueblo de Chorrillos. 

La batalla de San Juan

En medio de la invasión, Piérola dividió el Ejército de Línea en cuatro cuerpos. Cáceres tomó el comando del cuarto, integrado por 4.500 hombres, y se concentró en San Juan, donde situó a sus tropas en los lugares más adecuados.
La noche del 12 de enero de 1881, un soldado chileno capturado informó que el ejército invasor se había movilizado en orden de batalla. A las 4:00 del día 13 de enero se escucharon tiros. Media hora después, el ejército chileno cargó sobre el ala derecha, defendida por el coronel peruano Lorenzo Iglesias. En ese momento, Piérola huyó hacia Chorrillos y Cáceres asumió totalmente la dirección de la batalla, solicitando apoyo al coronel Belisario Suárez, jefe de la reserva, pero sin resultados.
Sin auxilio, el cuarto cuerpo del ejército combatió por tres horas con las tropas chilenas, pero la superioridad numérica de éste era aplastante. Tras luchar con coraje, Cáceres ordenó la retirada camino a Barranco.
En el camino, el mariscal logró juntar un grupo de hombres y se dirigió a socorrer al coronel Miguel Iglesias, quien peleaba en el Morro Solar de Chorrillos. Los peruanos lograron poner en fuga a una columna chilena, pero recibieron la orden de dirigirse hacia Miraflores. Eran las 14:00 del 13 de enero.

Al caer la tarde, la batalla de San Juan había originado 10 mil bajas entre ambos ejércitos. 

Después de ocho horas de combates en diversos frentes, el ejército chileno resultó victorioso. Eufóricos con la victoria, saquearon e incendiaron el lujoso balneario de Chorrillos y Barranco, asesinando civiles a su paso y haciendo caso omiso a las banderas neutrales.

Al día siguiente, se acordó una tregua y se efectuaron negociaciones, mientras ambos ejércitos hacían preparativos para un posible enfrentamiento, que se produjo en la batalla de Miraflores, después de la cual las tropas chilenas entraron a Lima.




Batalla-de-chorrillos-y-miraflores2.png

Esquema de las Batallas de Chorrillos y Miraflores


Patricio Lynch, comandante de la 1.ª División chilena, libertador de culíes, que lo apodaron "Príncipe Rojo".


Andrés Cáceres, Comandante del IV Cuerpo de ejército peruano, posteriormente llamado el "Brujo de los Andes".



El estado mayor chileno inspecciona los restos de la primera línea defensiva peruana; el Abra de San Juan.


Carga de los caballería chilena durante las acciones en Santa Teresa.


Grabado de la plaza principal de Chorrillos antes de la Batalla. Al fondo el Morro Solar.
La ilustración Española y Americana. 
Año XXV. NUM XVII


Chorrillos después de la batalla.

13.01 - Fue en Chorrillos hace 135 años - 1881

Lima, 13 enero de 1881


El Holocausto de Chorrillos

Escribe: César Vásquez Bazán


El Morro Solar fue el último bastión de la resistencia peruana. Los heroicos defensores de Lima combatieron desde la madrugada hasta las dos de la tarde del 13 de enero de 1881. Media hora después, a las 2:30 p.m., los invasores chilenos ingresaron a Chorrillos y dieron inicio a la masacre, violaciones, saqueo e incendio de la villa.







Recopilación: César Vásquez Bazán


CHORRILLOS ANTES DE LAS ATROCIDADES CHILENAS
Chorrillos en 1868, años antes de la masacre, saqueo y destrucción perpetrados por los genocidas chilenos
Fotografías de Courret Hermanos



Vista general de Chorrillos




Plaza e Iglesia de Chorrillos antes del bombardeo por los genocidas chilenos, enero de 1881



Malecón de Chorrillos y Bajada a los Baños de Agua Dulce, 1868 (Foto: Courret Hermanos)



                                                    Plaza y Hotel de Chorrillos



Jardín interior del rancho en Chorrillos del presidente José Antonio Pezet, 1868 (Foto: Courret Hermanos)



Malecón de Chorrillos, 1868 (Foto: Courret Hermanos)



Malecón de Chorrillos



Malecón y Glorieta de Chorrillos


Malecón de Chorrillos (Foto: Courret Hermanos)



Malecón de Chorrillos y Bajada a los Baños de Agua Dulce, 1868 (Foto: Courret Hermanos)

CHORRILLOS DESPUÉS DE LAS ATROCIDADES CHILENAS
Chorrillos en enero de 1881, tras la masacre, saqueo y destrucción perpetrados por los genocidas chilenos




Los criminales de guerra chilenos masacraron a la población de Chorrillos. Asaltaron, saquearon, incendiaron y destruyeron este famoso balneario de América del Sur, el cual quedó en las condiciones que se aprecian en la fotografía.



Plaza e Iglesia de Chorrillos destruidos por los genocidas chilenos, enero de 1881



Calle Lima reducida a escombros por los genocidas chilenos, enero de 1881



Destrucción en la Calle El Pellizco (hoy Bolognesi)



Calle Lima reducida a escombros por los genocidas chilenos, enero de 1881



Malecón de Chorrillos destruído por los genocidas chilenos, enero de 1881



Malecón de Chorrillos destruído por los genocidas chilenos, enero de 1881


Malecón de Chorrillos destruído por los genocidas chilenos, enero de 1881


Monumento a Cristóbal Colón decapitado por la barbarie chilena, enero de 1881. Estaba ubicado en las Cuatro Esquinas de Chorrillos. 


Rancho de propiedad del presidente José Antonio Pezet arrasado por los genocidas chilenos, enero de 1881


Rancho Derteano arrasado por los genocidas chilenos, enero de 1881



Rancho Derteano arrasado por los genocidas chilenos, enero de 1881


Escombros de una calle de Chorrillos ocasionados por los genocidas chilenos, enero de 1881


Calle de Chorrillos reducida a escombros por las bestias chilenas, enero de 1881

Otro ángulo de la destrucción cometida por los invasores chilenos en la calle Lima, enero de 1881


Escombros de una calle de Chorrillos ocasionados por los genocidas chilenos, enero de 1881


Escombros de una calle de Chorrillos ocasionados por los genocidas chilenos, enero de 1881


Escombros de una calle de Chorrillos ocasionados por los genocidas chilenos, enero de 1881


Chorrillos en  escombros, destrucción originada por las bestias chilenas, enero de 1881


Bajada a los Baños de Chorrillos, enero de 1881


Ferrocarril inclinado de Chorrillos (Funicular)

  Invasores chilenos tras la Batalla de San Juan


 Invasores chilenos tras la Batalla de San Juan



Invasores chilenos tras la Batalla de San Juan


Publicado hace 13th January 2015 por César Vásquez Bazán

Esto es parte de nuestra historia, que no debemos olvidar.

7 Comentarios:

ANÓNIMO:
Se nota que combatieron duramente, me hace acordar a las fotos de Sirte del año pasado.

ANÓNIMO
En la ciudad de Chorrillos no hubo combate propiamente dicho, solo se llegó hasta el Morro donde murieron los últimos defensores. Lo demás fue barbarie de los del Sur.

SHIRLEY
Es muy triste como se perdió tanta riqueza arquitectónica, tantas muertes en la guerra.

ALEJANDRO URQUIOLA MARIN
Soy chileno y con esto tomo conciencia que esa guerra fue de pura avaricia y egoísmo todo por un poco de nada.
Toda la historia que he recopilado es peruana y chilena. porque se oculta,
siempre a sido asi. Doy gracias a Dios que puedo contar a mis hijos como fue la verdadera historia de la guerra.  Y doy gracias que la estatua de la mujer de la libertad que trajeron las tropas chilenas como trofeo de guerra, haya desaparecido en el terremoto de Talca Chile.

ANÓNIMO
Somos conscientes que quedan las heridas de una guerra de ambicia que sucedió hace 130 años, Y lo que queda es la sed de cobrarse la revancha algun dia por el hecho de que Perù no fue nunca un país agresor y que se vio involucrado en una guerra que la creo y promovió y declaro Chile. Bajo pretexto de amenazas de alianzas que no cumplieron su cometido, excesos de cobro de impuestos a sus empresas pro inglesas, lo cierto es que nunca se invadió territorio chileno porque en esos momentos nada de lo que estaba allí era chileno.

OTRO
Creo que debemos anotar algo mas, la historia revela que dos hermanos fueron victimas de la ambición de un tercer país que nunca fue revelado, Inglaterra, ellos dieron a Chile las armas y la ambición de conquistar un país que no quería darle el guano, a consecuencia de ello, Inglaterra le da todo el armamento a Chile, y Chile busca la oportunidad no sabiendo que en el futuro seria su socio comercial. Mi familia murió en Tarapacá defendiendo el honor del país, sin embargo, pensar en cuatro generaciones que pasaron no es una herida abierta;  sino tener en cuenta para agradecer que gracias a ellos todavía sigo vivo.

ANÓNIMA
Muy orgullosa de ser chorrillana...

Comentarios desde el 14 enero 2012 al 19 junio 2015