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PAPA Robert : LEON XIV y ESCUDO Pontificio 2025

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sábado, 12 de mayo de 2012

Homilia al VI domingo de Pascua 2012

Concédenos permanecer en tu amor

¿Cual es lo esencial?

Escrito por: Padre Javier San Martin sj

Comentario al Sexto Domingo de Pascua -”B”- San Juan 15, 9 al 17.
Domingo, 13 de mayo 2012

Estimados amigos:

* Bienvenidos a nuestra cita dominical para celebrar juntos el día del Señor.
* Que la Paz del Señor sea con todos Ustedes.

Hoy la liturgia de la Iglesia celebra el SEXTO DOMINGO DE PASCUA, y presenta para nuestra reflexión y comentario el capítulo 15 del evangelista San JUAN. En este pasaje, Jesús, en forma periodística, presenta los titulares de su plan de trabajo y de la vida en el reino que El ha venido a establecer. Aparece como central un elemento que ilumina y da sentido a todos los demás: “Este es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo les he amado”.

¿Cuál es, pues, se podría uno preguntar, lo más importante, lo esencial de este estilo de vida que Jesucristo ha venido a predicar? Se podría pensar ciertamente en tantas cosas. Algunos dirían que preocuparse de la salud de la gente haciendo hospitales y dispensarios; otros, en cambio, de atender a la educación y formación, haciendo escuelas y universidades, otros muchos dirían que lo más importante es acercarse al pobre y atenderlo en sus múltiples necesidades, otros, que rezar, orar, estar unidos con Dios.

Ciertamente que todas estas cosas son muy buenas, pero ¿esta en ellas lo esencial de la vida cristiana? Puede estar, como también no. Todo depende de la actitud básica en la que esta hecha la acción, y que le da todo su sentido o la hace intrascendente. Porque podemos tener ideas brillantes, y realizar obras que llamen la atención, y hasta hagan hablar a la prensa y a los medios de comunicación, pero si no existe esa actitud básica de la que habla Jesucristo, de nada servirá. Es decir, si no es el amor el que motiva la acción, de poco servirá en el reino de Dios la acción que uno pueda realizar, por maravillosa que parezca. Por eso, con qué fuerza debe resonar en nuestras vidas la recomendación tan precisa que nos dejó el Señor: “Ámense unos a otros como yo les he amado”.

Pero, ¿qué es el amor? Ciertamente, el amor cristiano no es un ensueño, un idilio, un romance, un puro sentimiento; sino, más bien, una actitud viva y presente en una persona que se va traduciendo en actos concretos en favor de otra o de otras personas. No es tratar de encontrar a una persona para satisfacer una necesidad personal, sino un encuentro para satisfacer al otro, para buscar su propio crecimiento.

No cabe duda que esta inclinación para preocuparnos de las necesidades de los otros con el deseo de satisfacerlas y de hacer que sean felices no brota espontáneamente. A no ser por una gracia particular de Dios, la expresión de mi amor tiene sus preferencias y sus rechazos. Los diferentes temperamentos de las personas hacen que nos sintamos atraídos hacia algunos y sintamos incompatibilidad y rechazo hacia otros. Por otro lado, una gran mayoría de personas me son completamente indiferentes, mientras que hacia algunas siento una atracción expontánea y hacia otras un rechazo impulsivo.

Este es el amor psicológico o social, que juega un papel tan importante en nuestras relaciones humanas. Pero, el amor cristiano, no consiste en esto. El amor en la vida cristiana no es la relación que yo tengo como consecuencia de los atractivos físicos, psicológicos ó sociales que encuentro en algunas personas. El amor, en este caso, se limitaría a un número muy reducido de personas, y en muchos casos a ninguna. El amor cristiano es algo que esta en la esencia de la naturaleza, y que impulsa a vivir en armonía con todas las cosas. Es una exigencia profunda de la misma naturaleza que nos hace vivir en una relación de unión con los otros elementos que la componen.

Es por eso que el mandato divino dicho por Jesucristo no es otra cosa que la explicitación de la esencia de la naturaleza. Fue precisamente el pecado original el que dañó esta condición primitiva, original de la creación, metiendo en la médula de la existencia humana el odio, la separación, al antagonismo. Pero Jesús, viene ahora y nos dice: “Ámense unos a otros como yo les he amado”. Este mandato viene pues a reparar la condición original del hombre. El hombre ha sido hecho para amar, y no para odiar. Es así, que el inicio de la restauración de la humanidad, para la que Dios se hizo hombre, es precisamente la restauración de lo más esencial de ella, restaurar su capacidad de amar que fuera brutalmente dañada por el pecado. Obedecer, pues, a este mandato de Dios es ponernos en camino para volver a ser como éramos antes de la caída del pecado original.

Por eso, Señor, las palabras que hoy nos dices, “ámense los unos a los otros”, suenan hermosas y las escuchamos con particular alegría, porque son un mandato para volver a ser lo que hemos sido, un universo unido por el amor. Esto, bien sabes Señor, cuando vemos nuestro mundo, cuando escuchamos las noticias, nos podría parecer imposible que se haga realidad. Pero sabemos que lo será por la fuerza y la gracia del mismo mandato que hoy tú nos das y por nuestra humilde y fiel cooperación.

Y ahora viene lo más importante

Y bien amigos, así terminamos nuestra breve reflexión dominical. Pero ahora, dejo en tus manos este bello texto para que lo medites y escuches, y a través de él, que el Señor te diga qué debes hacer: San Juan, Capítulo 15, versículos del 9 al 17.

Agradecemos muy sinceramente tu presencia y nos despedimos hasta el próximo domingo.

. http://faculty.shc.edu/jsanmartin/

sábado, 28 de abril de 2012

Homila al IV Domingo de Pascua 2012 -B

¿Sabes que te conoce por tu propio nombre?

Escrito por: Padre Javier San Martin sj
Comentario al Cuarto Domingo de Pascua - “B”

San Juan 10, 11 al 18 29 de abril 2012
Estimados amigos:
Bienvenidos a nuestra cita dominical. Que la Paz del Señor sea con todos Ustedes. Hoy nos unimos a toda la Iglesia para celebrar juntos el Cuarto Domingo de Pascua. Leemos en los libros que relatan las costumbres del Oriente, en donde Jesús pasó su vida,



Cómo al amanecer, se reúnen los pastores a las puertas del aprisco en donde están todas las ovejas revueltas. Pero, apenas un pastor lanza un silbido o hace resonar su voz, en torno a la puerta se agrupan todas las ovejas de ese pastor, mientras que las demás no se mueven. Siguen adentro hasta que viene el propio pastor y repite la misma operación. Estos animales son únicos para reconocer la voz de su propio pastor y ni por casualidad una oveja se escapa con un pastor extraño. Y puesto ahora el pastor al frente de su rebaño, lo saca a la pradera. A cada una de sus ovejas le ha puesto su nombre. Resulta un placer escucharle cuando las llama a cada una: -¡Eh, tú, preciosa!… ¡Reina, ven aquí!… ¡Perla, vete con cuidado!… ¡Tesoro, mira lo que haces!… Así, como si fueran personas. Las conoce a cada una en particular. Las quiere. Y que se cuide de venir una fiera y meterse entre el rebaño. Porque el manso pastor se vuelve una fiera también, y está dispuesto a dar la vida en defensa de sus ovejas y de sus corderos… .



Hay que tener presente estas costumbres para entender el Evangelio de este domingo llamado del Buen Pastor. Jesús nos explica, no con altos discursos, sino con una delicada comparación, la relación que Él mantiene con cada uno de nosotros. Jesús Resucitado, ¿dónde está?, ¿qué hace? ¿Se ha desentendido de nosotros allá en el Cielo? ¿Se acuerda de nuestros nombres y de nuestras necesidades? ¿Nos quiere todavía? ¿Nos llama? ¿Nos cuida… a mí…a ti, a todos…? Para saberlo, basta oír sus palabras en este Evangelio: Yo soy el buen pastor, Conozco a mis ovejas, y mis ovejas me conocen a mí. Igual que el Padre me conoce a mí y yo conozco a mi Padre, así nos conocemos mis ovejas y yo. Y yo ofrezco mi vida por mis ovejas. Tengo otras ovejas que no son de mi rebaño, y yo las tengo que atraer. Llegarán a escuchar mi voz, y se formará un solo rebaño bajo la guía de un solo pastor. Con qué emoción escucho siempre estas palabras. Aquí Jesucristo se ha dejado llevar por su corazón. Palabras como éstas no se ha atrevido a dirigirlas ningún líder a sus seguidores, ningún fundador de religión a sus correligionarios, ningún maestro a sus discípulos. Estas palabras sólo han podido salir de un Hombre Dios… Para decir cómo El nos conoce tan profundamente ha puesto la comparación última a la que podía llegar: ¡me conoce como conocen a su Padre! ¿Es posible? Es decir que yo estoy en su mente como lo está el Padre… que yo no falto en su pensamiento ni un solo instante, quiere decir que su cielo no será cielo si le falto yo. Quizá la mejor explicación de estas sus palabras las tengamos en otras palabras suyas, cuando Jesús le pide al Padre en la Ultima Cena antes de morir: - ¡Que todos sean UNO en nosotros como tú y yo somos uno! Somos UNO porque hemos entrado a formar parte de Dios. Porque Jesús y nosotros formamos un solo Cristo, Jesús Cabeza y nosotros miembros. Y siendo Él y nosotros un solo Cristo, al pensar Jesús en Sí piensa en todos nosotros. ¡Qué verdad tan profunda! Al amar Jesús a su Padre, amamos también nosotros Dios con el mismo corazón de Jesús. Al ser amado Jesús por el Padre, nos ama forzosamente a nosotros al mismo tiempo que ama a su Hijo predilecto Jesús. Al estar Jesús en el Cielo, por fuerza tenemos que estar nosotros con El. Esto nos recuerda cuando el Señor Jesús nos decía: - “Mi Padre les ama a Ustedes porque ustedes me aman a mí”. Si seguimos discurriendo de esta manera, no sé a dónde vamos a llegar. Pero ciertamente que no sobrepasaremos los límites a los que ha llegado Jesús cuando nos ha dicho lo que ahora volvemos a repetir: - Conozco a mis ovejas y mis ovejas me conocen, como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre. Y el conocimiento en el lenguaje de la Biblia, no es un conocimiento frío, intelectual, sino un conocimiento lleno de amor, de ternura, de pasión…Por eso, brota hoy de mi corazón decirte: ¡Señor Jesucristo, Buen Pastor! los acentos de tu voz son inconfundibles, el silbo amoroso con que hoy nos llamas sólo puede salir de una boca que esta buscando nuestro bien y que se preocupa de que no caigamos en las manos del mal. ¡Buen Pastor, que nos conoces a cada uno! ¡Buen Pastor que nos apacientas con tu Palabra, con tu Cuerpo y con tu Sangre! ¡Buen Pastor, que nos defiendes, y nadie puede arrebatarnos de tu mano!… ¡Guárdanos hasta tenernos seguros en el aprisco de tu Gloria!
Y así amigos, terminamos la breve reflexión sobre el Evangelio del Domingo.

Pero ahora viene lo más importante:

 Tu encuentro personal con el Señor Jesús. Toma el evangelio en tus manos, San Juan Capitulo 10 versículos 11 al 18 y escucha lo que el mismo Señor te quiere comunicar. Quédate pues ahora a solas con El, y cuenta con nuestras oraciones. Cecilia Mutual y Javier San Martín, agradecemos muy sinceramente el haber estado con nosotros, ¡Y nos despedimos hasta el próximo domingo.

Escrito por: Padre Javier San Martin sj
http://faculty.shc.edu/jsanmartin/about/

viernes, 20 de abril de 2012

Homilia al III Domingo de Pascua - B - 2012


"¿ Es verdad que Jesucristo resucitó?"

 Escrito por: Padre Javier San Martin SJ en
COMENTARIOS A LA LITURGIA DE LOS DOMINGOS

Comentario al Tercer Domingo de Pascua, B -
San LUCAS 24, 35 al 48.
22 de abril 2012

Estimados amigos: Bienvenidos a nuestra cita semanal para celebrar juntos, unidos a todos los amigos oyentes de Radio Vaticano, el día del Señor.

Hoy la Iglesia celebra el TERCER DOMINGO DE PASCUA y presenta para nuestra consideración y reflexión comunitaria al evangelista San LUCAS, en el capítulo 24, versículo 35 al 48. ¿Es verdad que Jesucristo resucitó?… Quien lo dude, que venga a una de nuestras asambleas dominicales. La Misa del Domingo, más que ninguna otra circunstancia, está pregonando a todo el mundo que Jesucristo está vivo. De lo contrario, ¿cómo se puede explicar que después de dos mil años se vaya repitiendo, al pie de la letra, lo que hoy leemos en el Evangelio?

Tercer Domingo de Pascua: Hide Player | Play in Popup | Download


Es el día primero de la semana. Los apóstoles no saben ni qué pensar ni qué hacer. Se van repitiendo el cuento que les han traído esas mujeres alocadas, de que han tenido visiones de ángeles y que han visto al mismo Señor en persona. Pero, ¿quién les va a creer, con la imaginación que tienen?… Así están discutiendo bien encerrados en el salón, cuando Jesús en persona se les hace presente, y les saluda con la fórmula más clásica de la Biblia: -¡Paz! ¡La paz con vosotros!… Se arma un revuelo, mientras gritan aterrados: -¡Un fantasma! … Jesús trata de tranquilizarlos: -¿Por qué se asustan y por qué dudan? Miren mis manos y mis pies. ¡Soy yo, yo mismo! Toquen y comprueben. Un fantasma no tiene carne y huesos como ven que tengo yo. Se van serenando, y ahora no acaban de creer por tanta alegría. Jesús le sonríe a cada uno, y cada uno va cruzando su mirada con la del querido Maestro. Jesús les abre la inteligencia para que comprendan las Sagradas Escrituras. -¿Se dan cuenta ahora de cómo el Cristo tenía que padecer y resucitar después? Y ustedes van a ser los testigos de todo esto. Lucas es quien nos cuenta así la primera aparición a los apóstoles. Es una descripción enormemente rica. Alude la práctica de la Iglesia, que desde el principio desarrollaba así la asamblea dominical, en la que se proclamaba abiertamente:


¡Jesús ha resucitado de verdad!…
¡Jesús está aquí, presente en medio de nosotros!
¡Jesús nos trae la paz!…
¡Jesús nos merece el perdón de los pecados!…
¡Jesús debe ser predicado!…
¡Seamos todos nosotros testigos de esta nuestra fe!…

Cada una de estas proclamas hace arder al mundo con el fuego del Espíritu. Pasan los años, y no hay manera de que se amortigüen los ecos de esta predicación ni se apague este incendio abrasador. ¿Ha resucitado verdaderamente Cristo? Nuestra Misa dominical lo proclama cada vez con verdadero vigor. Si se leen las Escrituras, ¿quién es el que nos habla, sino el mismo Jesús?… Si el que preside la asamblea nos ilustra con su predicación, ¿no es el mismo Jesús quien nos sigue abriendo la inteligencia para entender la Palabra de Dios? Si se parte el Pan, ¿no es el mismo Jesús el que va repitiendo todavía: Esto es mi Cuerpo, esta es mi Sangre, éste soy yo?… Cada Eucaristía se convierte en un estrechar el lazo que nos une con Dios y con los hermanos. El abrazo y el beso santo, como lo llama San Pablo, que nos damos mutuamente ante el Señor, es signo y es fuerza de la paz que difundimos los cristianos a nuestro alrededor, la misma paz que Jesús nos daba en esta su primera aparición de resucitado. ¿Cómo no vamos a estar contentos con Jesús en medio? ¿Cómo no vamos a sentirnos felices si entre nosotros reina el amor? ¿Quién nos puede quitar la alegría que comunica la paz de Dios, suma de todos los bienes mesiánicos proclamados por los profetas que anunciaban la venida de Cristo?… En nuestra asamblea dominical sentimos como nunca lo que es el perdón de Dios. Comenzamos reconociéndonos pecadores, y acabamos sabiendo que Jesucristo, el que está en el Cielo intercediendo por nosotros, ha satisfecho una vez más por nuestras culpas y ha reafirmado, enviándonos su Espíritu, la paz establecida entre el Dios bondadoso y el hombre pecador. Al marcharnos de la iglesia, sabemos que salimos al mundo para llevarle los tesoros de gracia, de amor y de paz que han inundado nuestras almas. La Misa de cada domingo nos convierte en apóstoles y en testigos del Señor Resucitado. Con los ojos de la fe, y bajo los signos que Él mismo nos dejó, lo hemos visto, lo hemos tocado, hemos compartido con Él la mesa, con mucha mayor seguridad que si lo hubiéramos tocado físicamente con nuestras manos. Los sentidos podrían engañarse, pero con la fe, que es fiarse de la Palabra del Señor, no hay dudas posibles… ¡Señor Jesucristo! Con tu resurrección has hecho amanecer la aurora del mundo nuevo, de la nueva creación. Ahora nos damos cuenta de que nuestras aspiraciones de paz, de justicia, de amor, no son una fantasía vana. Eres Tú, ¡Tú mismo!, quien nos viene a decir: -¡Soy yo, no teman! Vengo para hacer nuevas todas las cosas… Y eres Tú quien nos repite y nos lanza cuando nos reunimos contigo en torno a tu altar: - Sean, amigos, los testigos de mi resurrección. Vayan llevando mi presencia. ¡Con ustedes estoy!

Y ahora viene lo más importante

Y, bien amigos, así terminamos nuestra breve reflexión dominical.

 Antes de despedirnos déjanos decirte nuevamente: ¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!.

Cristo vive y esa es nuestro sentido y nuestro amor en la vida.

Te acompaño con mi oración y recibe mi bendición. No dejes de escribirnos, y hasta el próximo domingo.

Escrito por: Padre Javier San Martin SJ

http://faculty.shc.edu/jsanmartin/2009/04/25/b24-tercer-domingo-de-pascua-%c2%bfes-verdad-que-jesucristo-resucito/

domingo, 15 de abril de 2012

Homilia al II Domingo de Pascua 2012


Señor Mio y Dios Mio, Tu abres las puertas de mi alma

Segundo Domingo de Pascua, “Aprender a vivir en la paz de Cristo"
Escrito por: Padre Javier San Martin SJ en
Comentarios a la Liturgia del Domingo 15 de Abril del 2012

Juan 20, 19-31

Estimados amigos:
Bienvenidos a nuestra cita semanal para celebrar juntos, el día del Señor.

Hoy, la Iglesia presenta para nuestra consideración y reflexión comunitaria al evangelista San Juan, en el capítulo 20. En este pasaje evangélico, asistimos a un momento de constatación del hecho más central y al mismo tiempo increíble de la historia de la humanidad. Aquel maestro venido de Nazaret que fuera ajusticiado en una cruz, ha resucitado y vive y lo han visto muchos de los que lo conocían

“Paz a Ustedes. Así como el Padre me ha enviado, así también los envío yo”
Trae en sus manos un mensaje de paz. Un hombre que había recibido insultos golpes y todo tipo de maltratos, se presenta ahora sin llevar un corazón resentido ni vengativo, sino, al contrario, llevando una palabra de PAZ. Era el momento de mirar al futuro, de dejar todo establecido hasta el final de los tiempos. Es el momento más trascendental de la historia de la humanidad cuando el plan de salvación iba a comenzar a ejecutarse gracias a la colaboración de algunos hombres sencillos y humildes de Galilea. Y el lanzamiento de la operación, el envío, era hecho con la fuerza de la paz. No era un envío en medio de la angustia, la desesperación, el sabor a fracaso. No. Salían los discípulos al mundo llevando y recordando las últimas palabras del maestro. La Paz sea con Uds. Ocurra lo que ocurra en el camino, debían sentir la voz del maestro que les decía: “La paz, la paz este contigo”. No cabe duda, que era este un envío sobrenatural. Así como el Padre lo había enviado a Jesús, así, de la misma manera El enviaba ahora a sus amigos. El medio en el que desenvolverían su tarea sería este de la paz.

Qué importante es, por tanto, aprender a vivir en la paz dejada por Jesucristo para poder llevar adelante la tarea confiada por el maestro. Es por eso, que cuando el enviado de Dios llega a un lugar para realizar su misión evangelizadora, lo primero que tiene que dar a ese lugar, y a esas personas, es la paz. Es el primer paso para poder transmitir el evangelio. Sin comunicar esta paz de Dios, no se puede evangelizar.


Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos, si no meto la mano en su costado, no creeré.
Si no veo, no creo. Las cosas que me dicen no las creo. Yo mismo tengo que experimentar para poder convencerme. Hay ahora tanta necesidad de creer en lo que me dicen, que sería imposible el poder hacer una comprobación personal de todo lo que nos dicen los medios de comunicación. Y por eso, nos fiamos de lo que ellos nos dicen. Pero, cuántas son las cosas que nos dicen los medios y no son verdaderas ó al menos, no son tal cual como nos las dicen. Muchas veces sentimos el deseo de decir como Tomás, mientras no lo vea no lo creo. Esta es pues una actitud muy natural.
Pero, en las cosas reveladas por Dios la situación es diferente. No significa que nuestra fe sea sin ningún fundamento, pero en las verdades reveladas por Dios no pueden ser medidas y evaluadas con los mismos instrumentos científicos y racionales con los que medimos y evaluamos los acontecimientos naturales. Porque las cosas de Dios llegan no a los sentidos sino a la experiencia profunda del hombre. No podemos esperar, a no ser por una permisión extraordinaria de Dios, que nuestros sentidos físicos sean los que capten las realidades divinas, sino que es el sentimiento interior el que hace posible captar la voz y presencia de Dios.
Muchos otros signos que no están escritos en este libro hizo Jesús a la vista de los discípulos,
y muchos otros sigue haciendo delante de los discípulos de ahora. El Señor sigue actuando a la vista de nuestros sentidos espirituales. El mismo amor que motivó al Señor a hacer aquellos signos, es el que ahora le motiva seguir actuando. Si cada uno de nosotros fuese consciente de todos los signos que Dios ha actuado en nosotros desde ya antes de nuestro nacimiento, sin lugar a dudas que nos faltarían los libros para narrarlos y describirlos. Por eso, aunque no los recordemos ni seamos conscientes de ellos, podremos siempre decir como el evangelista, “muchas otras cosas ha hecho Dios en mi vida de las que yo ahora doy gracias y se que si El ha estado actuando en mi vida hasta ahora, lo seguirá haciendo en el futuro.


Y ahora viene lo más importante


Y, bien amigos, así terminamos la breve reflexión sobre el Evangelio de este Domingo
Pero ahora viene tu encuentro personal con el Señor Jesús. Toma el Evangeliko en tus manos y escucha lo que el mismo Señor resucitado te quiere comunicar.
Quédate, pues, ahora a solas con Él.
Agradecemos muy sinceramente el haber estado con nosotros,
Y nos despedimos hasta el próximo domingo.
Escrito por: Padre Javier San Martin SJ

http://faculty.shc.edu/jsanmartin/2012/04/15/segundo-domingo-de-pascua-aprender-a-vivir-en-la-paz-de-cristo/


Tomás significa "gemelo"
La tradición antigua dice que Santo Tomás Apóstol fue martirizado en la India el 3 de julio del año 72. Parece que en los últimos años de su vida estuvo evangelizando en Persia y en la India, y que allí sufrió el martirio.


Santo Tomás en el frontis de la Catedral de Lima

Reflexiones al II Domingo de Pascua


Heridas Para El Encuentro
Escrito por el jesuita Guillermo Ortiz

Reflexiones en frontera
II Domingo de Pascua - 15 Abril 2012 - B

(RV).- (Audio) Los huecos del Cuerpo masacrado permanecen. ¿Es este el misterio? El Cuerpo es distinto porque lo ven y no lo ven; entra a la habitación a pesar de que trancaron la puerta, y a la vez come delante de ellos el pescado que le dan, para que vean que no es un fantasma.

Es distinto pero es el mismo crucificado Jesús de Nazaret, con el cuerpo transformado. Y para asegurarse, certificar que el resucitado es el mismo crucificado tocan estas heridas. Tomas con los dedos de su mano sigue el curso de los clavos y la lanza en estas perforaciones y siente carne viva, palpitante y así Tomas se cura de su duda, cree, vive: “Señor mío y Dios mío”. Pero lo mas extraordinario es que además de identificar a Jesús por estas llagas, podemos reconocernos a nosotros mismos en El y curar nuestras propias heridas en las suyas.

Tú y yo estamos mal heridos y por las heridas se nos va la vida. Las llagas de Jesús son el punto de contacto, de ensamblaje, de Encuentro, de fusión entre Dios y el hombre, en el cuerpo del Dios hecho hombre; en la Persona del Hombre Dios.

Pongamos nuestras heridas en sus llagas. Antes y después; en la cruz y en la resurrección, en el Cuerpo crucificado y resucitado de Cristo las llagas son el conducto, el pasaje, los vasos comunicantes del Amor vivo entre Dios y el hombre; de la misericordiosa ternura de Dios, que viene ayer, hoy y siempre a ti y a mi con los pies heridos, con las manos y el corazón traspasados para abrazarnos en carne viva. Lo mismo que el injerto, donde el gajo roto se mete en el hueco del tronco herido para recibir la sabia de la vida, del amor, de la misericordia.

Escrito por Guillermo Ortiz sj.
http://www.radiovaticana.org/spa/Articolo.asp?c=580431