Refrescando el Verano del Peru
PAPA Robert : LEON XIV y ESCUDO Pontificio 2025
PAPA Robert: LEON XIV y ESCUDO Pontificio 2025
domingo, 25 de marzo de 2018
Día 39: Viernes de Cuaresma 2018
Día 38 de Cuaresma 2018
Día 37 de cuaresma 2018
miércoles, 21 de marzo de 2018
Dia 35 de Cuaresma
Día 36 de Cuaresma
Face: Juventud Catolik
domingo, 24 de febrero de 2013
Cuaresma: Tiempo de crecimiento espiritual
Calendario: Cuaresma - Semana Santa - Pentecostés
(1) (2) (3) (4) (5) (6) (7)
2013 13-feb 17-feb 24-mar 29-mar 31-mar 19-may
2014 05-mar 09-mar 13-abr 18-abr 20-abr 08-jun
2015 18-feb 22-feb 29-mar 03-abr 05-abr 24-may
2016 10-feb 14-feb 20-mar 25-mar 27-mar 15-may
(1) Año
(2) Miercoles de Ceniza
(3) I Domingo de Cuaresma
(4) Domingo de Ramos
(5) Viernes Santo
(6) Domingo de Pascua
(7) Pentecostés
domingo, 25 de marzo de 2012
Concierto "Stabat Mater" y "RequieM" S.S. en Lima 2012

Gran Concierto por Semana Santa 2012
Selecciones del "Stabat Mater" de Pergolessi
Coro Nacional de Niños y Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil
Requiem de Mozart
Coro Nacional y Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil
Solistas:
Ximena Agurto (Soprano)
Rosangela Merino (Mezzosoprano)
Alvaro López (Tenor)
Humberto Zavalaga (Bajo)
27 marzo - Nuestra Señora de La Reconciliacion de Camacho
29 marzo - Nuestra Señora de La Virgen de Fátima en Miraflores
Hora: 8:00 p.m.
From: Ministerio de Cultura de Peru
sábado, 24 de marzo de 2012
Pregon de Semana Santa Marinera 2012

La Semana Santa Marinera se inició este viernes 23, sus primeros actos con el pregón, al que asistió el Arzobispo
Fué pronunciado por el concejal de Fiestas y Cultura Popular, Francisco Lledó
VALENCIA, 24 MAR. (AVAN) .- El arzobispo de Valencia, monseñor Carlos Osoro, asistió ayer, viernes, a la lectura del pregón anunciador de la celebración de la Semana Santa Marinera de 2012, que fué pronunciado por el concejal de Fiestas y Cultura Popular del Ayuntamiento, Francisco Lledó.
La lectura del pregón tuvo lugar en la iglesia Nuestra Señora de los Ángeles del barrio del Cabanyal, a las 20 horas, según han indicado hoy a la agencia AVAN fuentes de la organización.
El acto estuvo presidido este año por la imagen del Santísimo Cristo del Salvador y del Amparo, “titular de la Hermandad que lleva su mismo nombre, adscrita a la parroquia de Cristo Redentor-San Rafael”. La imagen del Cristo es obra de Francisco Teruel, realizada en 1943, según las mismas fuentes que han añadido que “cada año es un Cristo Crucificado diferente el que preside el altar durante esta celebración”.
La imagen está rodeada por los estandartes de los 31 hermandades, cofradías y corporaciones que conforman en la actualidad la Semana Santa Marinera, así como por el estandarte de Junta Mayor.
Previamente a la lectura del pregón, y en la sacristía de la parroquia, el pregonero firmó en el libro de Oro de la Junta Mayor. Finalmente, se desarrolló un concierto a cargo de la coral “Veus grans”.
http://www.archivalencia.org/

Cuaresma: El Teatro Romano de Málaga acogió ayer viernes la celebración del via crucis

El Teatro Romano de Málaga acogió ayer viernes la celebración del via crucis
Profesionales de la comunicación de COPE Málaga y Marbella, SER, Canal Sur, Onda Cero, Onda Azul, Diario Sur, Málaga Hoy, La Opinión de Málaga, el Sol de Antequera, PTV, Velevisa y El Cabildo, así como profesionales de la delegación de medios de comunicación social de nuestra diócesis pusieron voz a las meditaciones de las 14 estaciones del via crucis que ha tenido lugar en el Teatro Romano. El ejercicio de oración, que contó con la bendición final del sr. obispo a los miles de fieles congregados, estuvo centrado en el misterio de la redención y el sufrimiento del inocente.

http://www.diocesismalaga.es/

Música para la Pasión en Málaga

Música para la Pasión - Concierto de Cuaresma 2012
La Banda de Música +Santa María de la Victoria+, de la Fundación Diocesana de Enseñanza, celebra durante la cuaresma y la Semana Santa diversas actividades musicales
La primera de ellas es el Concierto de Marchas Procesionales que se celebra el 24 de marzo a las 19:30 horas en el Auditorio de la Diputación de Málaga (calle Pacífico), junto a la Agrupación Musical "Pollinica" de Marbella. Entre las piezas que interpretarán se encuentran "Amarguras", "Virgen del Valle", "La quinta angustia" y "María Santísima de las Penas".
Esta banda acompañará en Semana Santa las estaciones de penitencia de diversas cofradías de la diócesis. En la capital pondrán la nota musical tras la Virgen de las Penas (Martes Santo). En la provincia, acompañarán a la Pollinica de Marbella (Domingo de Ramos), Servitas de Antequera (Jueves Santo) y a la Virgen de la Paz Coronada de Antequera (Viernes Santo).
http://www.diocesismalaga.es/

viernes, 16 de marzo de 2012
Retiros por Semana Santa 2012

Retiros de Semana Santa 2012
"Sus heridas nos han curado ( 1 Pe 2,25)
* Retiros:
30 de marzo al 01 abril 2012
05 de abril al 08 de abril 2012
Casa de Nazareth
www.sigueme.pe
sigueme@sigueme.pe
Informes telef. (01)477-1642
Un Retiro es un espacio de reflexión y meditación, un fin de semana ideal para renovar el alma. Inicia el día viernes a las 7:00 pm. y culmina el domingo a las 3:00 pm.
Para oír la voz de Dios se necesita un ambiente apropiado. Un clima de silencio, de recogimiento interior, que facilite el diálogo personal con Él. Hablarle y escucharle. Eso es la oración. Y en ese ambiente, podemos preguntarnos sobre el sentido de nuestra vida, y preguntárselo a Dios, que es quien nos la ha dado.
“Siempre empiezo a rezar en silencio, porque es en el silencio del corazón donde habla Dios. Dios es amigo del silencio: necesitamos escuchar a Dios, porque lo que importa no es lo que nosotros le decimos, sino lo que El nos dice y nos transmite” (Beata Madre Teresa de Calcuta. Camino de sencillez).
http://www.sigueme.pe/index.php?option=com_content&view=category&layout=blog&id=43&Itemid=56
viernes, 9 de marzo de 2012
« ¿Se puede pecar hoy? » - Cuaresma

«¿Se puede pecar hoy?»
Por Padre Francisco Aranda
Quien nos ayudará a acercarnos a la realidad del pecado en este tiempo en que estamos llamados a la conversión y explica cómo vivir sanamente la experiencia del pecado
Un amigo me contaba hace pocos años una conversación escuchada en una emisora de mientras realizaba un trayecto en automóvil. Ante la proximidad de la Cuaresma, el locutor del programa preguntó a unos jóvenes si sabían lo que era el pecado, y éstos contestaron, con franqueza, que no estaban muy seguros, pero que creían que era «algo que antes daba mucho miedo a la gente». A continuación, el periodista les preguntó si a ellos también les daba miedo el pecado, y los jóvenes respondieron con toda espontaneidad: «¡No, qué va...! ¡A nosotros nos da la risa!». La escena, en mi opinión, refleja con crudeza la existencia de un clima cultural nuevo, en el que ciertos términos tradicionales de la religiosidad cristiana carecen de significado para las nuevas generaciones. No resulta fácil hoy hablar de pecado. Con sólo pronunciar la palabra, observamos que emite un contenido emocional «políticamente incorrecto». Nuestra sociedad del bienestar y el entretenimiento ha trivializado enormemente la densidad del mal y la responsabilidad que, en su génesis y perpetuación, tenemos los seres humanos, hasta el punto de que hablar de «pecado», de «culpa» o de «perdón» en una conversación normal resulta de poco gusto, incómodo o trasnochado.
Por otra parte, los objetivos socialmente compartidos del «sentirse bien», «estar en equilibrio», «dar buena imagen», «triunfar», «no parecer vulnerables», etc., impulsan una estrategia de aislamiento emocional, de permanente autojustificación ética, de negación de los aspectos oscuros de nuestra realidad personal o de ensimismamiento psicológico, que dificultan alcanzar la autenticidad necesaria para reconocernos culpables de algo o necesitados de cambio y de perdón. Efectivamente, para que la palabra «pecado» pueda recobrar su significado es imprescindible que las personas pasen a tomarse completamente en serio tres cuestiones básicas: la relación con Dios, la poderosa realidad del mal y la necesidad humana de perdón.
1. ¿Qué es el pecado?
La verdad antropológica del pecado ha sido expresada por Leonardo Boff: «Existe una experiencia profunda que realiza todo hombre: la experiencia de la ruptura culpable con los otros y con Dios. Se siente dividido y perdido. Anhela la redención y la reconciliación con todas las cosas. El sacramento del retorno (penitencia) articula la experiencia del perdón y el encuentro entre el hijo pródigo y el Padre bondadoso». No sé si, como dice Boff, «esa experiencia profunda la realiza todo hombre», pero sí estoy seguro de que, si alguien no se reconoce en esta experiencia, no descubrirá el sentido de la palabra «pecado» ni, en consecuencia, la necesidad del sacramento del perdón. Naturalmente, sólo tiene sentido hablar de pecado desde la fe, es decir, desde el reconocimiento vital de que Dios es nuestra referencia constituyente. Quien no ha descubierto esa presencia podrá sentirse malvado o culpable, pero no pecador.
Con todo, para hablar del pecado no debemos empezar por los fallos del ser humano, sino por el enorme amor que Dios nos tiene y por el proyecto de fraternidad que sueña para nosotros. Desgraciadamente, la Iglesia ha alimentado muchas veces una visión inaceptable de Dios como juez implacable que amenazaba con la condenación eterna a los seres humanos por cosas que hoy nos parecen ridículas. Durante siglos, el Dios del miedo ha generado mucho sufrimiento, y apartarse de él ha sido para muchos una verdadera liberación. Hemos llegado a pensar a Dios como alguien peor que el más mediocre e insensible de los padres. ¿Seremos los humanos mejores que Dios?, se preguntaba Andrés Torres Queiruga hace pocos años reflexionado sobre esta cuestión. Como sabemos, es ésta una de las aberraciones más graves en las que ha caído la teología cristiana. Pareció quedar en el olvido aquella sentencia evangélica: «Si vosotros, siendo malos, dais cosas buenas a vuestros hijos, cuanto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a quienes se lo pidan» (Mt 7,11).
En este contexto, el descubrimiento del Dios Abba, precisamente el rostro de Dios revelado por Jesús, fue una verdadera buena noticia. Él quiere que todos los seres humanos sin excepción sean felices, y por eso «hace salir su sol sobre buenos y malos y hace llover sobre justos e injustos» (Mt 5,45). Jesús recalca que «habrá mas alegría en el cielo por un solo pecador que se arrepienta que por noventa y nueve justos que no tienen necesidad de convertirse» (Lc 15,7). Según la reflexión cristiana, Dios es un padre que, preocupado hasta lo indecible por nosotros, envía a su propio hijo para que colme de vida a todos sus hermanos: «Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga la vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por él» (Jn, 3,16-17). Y, según el evangelio de Juan, ésa parece que era la autoconciencia del Maestro de Nazaret: «Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia» (Jn 10,10).
Pero, en este marco positivo, ¿somos responsables ante Dios? Para no enrollarnos demasiado, vamos a contestar al asunto apuntando algunas convicciones básicas. Ya decía Santo Tomás de Aquino que a Dios no podemos ofenderle aislada y directamente: «no ofendemos a Dios sino en cuanto actuamos contra nuestro propio bien». Según la tradición cristina, Dios «sufre» porque se ha hecho solidario con nuestra historia y se ve afectado de algún modo por el avance o el retroceso del Reino de Dios, por el dolor o la alegría de cada ser humano, por su realización o por su fracaso. Si «la gloria de Dios es que el hombre viva», como señaló San Ireneo, la muerte del hombre y el triunfo del mal no pueden dejar de dañar esa gloria. Si Dios ama de verdad al ser humano, se habrá hecho vulnerable de algún modo a su rechazo o a su odio, por muy analógica que tenga que ser esa vulnerabilidad.
Es muy difícil saber cuándo puede una persona rechazar consciente y completamente a Dios como horizonte de su salvación, tanto porque
1) nadie puede acceder al centro de la conciencia de un ser humano cuanto por el hecho, no menos evidente, de que
2) Dios no se presenta de forma clara o impositiva a la experiencia humana e, incluso,
3)porque puede haber formas de reconocimiento de Dios mucho más serias que aquellas que acontecen en la confesión de palabra. Recordemos la clave evangélica irrenunciable: «No basta con que me digáis “Señor, Señor” para entrar en el Reino de los Cielos, sino que habéis de hacer la voluntad de mi Padre que está en el cielo» (Mt 7,21). Hay, sin duda, formas de situarse ante el mundo y ante la vida tan auténticas, nobles, íntegras y generosas que implican lo que los creyentes denominamos expresamente «acoger a Dios en la vida». Por eso el cristianismo es capaz de identificar el rechazo o la aceptación de Dios con el rechazo o la aceptación de las demás personas, y especialmente de los pobres (Mt 25,31-46).
Con todo, la reflexión teológica cristiana tampoco excluye la posibilidad de pecar contra Dios. Si compartimos la opinión de San Agustín: «Nos creaste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta descansar en ti»6; entonces cabe suponer que las personas podemos fracasar en nuestro camino existencial si excluimos consciente y voluntariamente a Dios de nuestra vida, ya que sólo él puede, en último término y con nuestra colaboración, llevarnos a la plenitud. «La causa de la condenación es ésta: habiendo venido la luz al mundo, los hombres prefirieron las tinieblas a la luz» (Jn 3,19). No olvidemos que el evangelio señala la seriedad de esta posibilidad cuando indica que sólo un pecado no puede perdonarse: el que se realiza contra el Espíritu Santo (Mt 12,31-32). Es decir, cuando la autosuficiencia humana cierra –conscientemente– todas las puertas al amor de Dios, éste no puede imponerse contra nuestra libertad y fracasa en su misión. En definitiva, el pecado ante Dios sólo puede concebirse como rechazo de un amor ofrecido, y por eso quien más sufre sus consecuencias es el pecador, es decir, el que rompe o desprecia esa oferta de amor y de vida.
Desde esta perspectiva, se redescubre la moral cristiana, no en clave legalista, sino en una perspectiva gratuita. El creyente no ha de cumplir los mandamientos para granjearse el favor de Dios (para «comprarle», diríamos en términos castizos), pues éste ya está de su parte, ya le ama. Le ha dado la vida y la oportunidad de realizarla antes de cualquier iniciativa tomada por el ser humano. Al contrario, la moral cristiana es correspondencia al amor recibido y difusión eficaz de ese amor en el tejido de la humanidad y de la historia. Las normas morales forman parte de la propia revelación de Dios: ponen de relieve caminos que aportan felicidad a las personas y mayor libertad y justicia a la sociedad (G. Von Rad). La cuestión no consiste en saber si Dios está de nuestra parte, sino en saber si lo estamos nosotros.
El cristiano (y, potencialmente, cualquier persona) está constitutivamente abierto a cinco relaciones: con los demás seres humanos, con el conjunto de la naturaleza, con los hermanos en la fe, consigo mismo y con el misterio último, origen y meta de todo lo que existe, que llamamos «Dios».
Por eso, desde un punto de vista creyente, podemos pecar contra Dios, contra los demás miembros de la familia humana, contra la comunidad, contra la creación y contra nosotros mismos. En todos esos planos los seres humanos sentimos en determinadas ocasiones la necesidad de ser perdonados, de poder cambiar de rumbo, de tener la oportunidad de empezar de nuevo. Y esas relaciones son, muchas veces, interdependientes. Por ejemplo, degradar la naturaleza es, al mismo tiempo, atacar el espacio donde cada uno vive, destruir el hábitat de la familia humana (actual y futura) y atentar contra la creación, regalo de Dios mismo.
2. ¿Qué factores determinan la vivencia actual del pecado?
En un periodo realmente breve de tiempo, los valores morales y religiosos han cambiado radicalmente.
Hasta no hace mucho, el pecado estaba omnipresente. Como ha señalado José Mª Castillo, «es un hecho que la teología cristiana se ha elaborado de manera que a cualquier teólogo le resulta más fácil hablar del sufrimiento que de la alegría; más fácil también hablar del dolor que de la felicidad; más fácil hablar del llanto que de la risa; y más fácil, por supuesto, hablar de la muerte que de la vida, sobre todo si se trata de una vida de gozo, de dicha y de disfrute de las cosas buenas, de tantas cosas buenas y agradables que Dios ha puesto en esta vida. No es superficial ni frívolo el dicho popular según el cual todo lo que está bueno o es pecado o engorda».Hoy, sin embargo, como dirían nuestras abuelas, parece que todo vale. ¿A qué se debe este cambio? Al aumento de la secularización, pero, también en parte, a un cambio en la cultura.
Durante los últimos dos siglos hemos descubierto numerosos factores que actúan como profundísimos condicionantes de nuestro comportamiento. Existen, sin ninguna clase de dudas, múltiples condicionamientos biológicos, económicos, psicológicos, sociológicos, políticos y culturales que inciden poderosamente sobre el modo en que adoptamos nuestras decisiones. El desvelamiento de algunas de estas restricciones o influencias sobre la libertad ha sido una de las grandes aportaciones intelectuales de genios como Adam Smith, Karl Marx, Sigmund Freud, B. Frederic Skinner, Mijail Bakunin, Max Weber, Emile Durkheim, etc. Más aún, algunos de estos influjos son para nosotros tan ocultos, desconocidos o incluso inconscientes que no podemos hacer casi nada por evitarlos. En consecuencia, la teoría tradicional del libre albedrío ha quedado muy cuestionada, y la tendencia a condescender con cualquier tipo de conducta ha ido en aumento.
Sin embargo, la convicción que compartimos los cristianos consiste en que las limitaciones e influencias que operan sobre nuestra libertad no llegan a determinar por completo nuestra actuación. Si lo hicieran, ni seríamos libres (una de las notas distintivas de la dignidad humana) ni podríamos ser responsables o culpables de nada. Ciertamente, nuestra libertad no es absoluta: está situada e influida por múltiples factores; pero, en definitiva, siempre es posible elegir entre distintas alternativas, como muestra la experiencia universal, y por eso podemos cargar con el peso moral de nuestros actos y de sus consecuencias.
Efectivamente, «otro mundo es posible» cada vez que los seres humanos nos comportamos de forma solidaria en lugar de prestar sólo atención a nuestros propios intereses; cada vez que practicamos el perdón en lugar de ejercer la violencia; cada vez que somos sensibles a la situación de los débiles en lugar de legitimar cualquier forma de opresión...
Por eso, aunque parte del proceso histórico reciente debe ser valorado positivamente desde el punto de vista del desarrollo ético de la humanidad, ya que ha podido conducir a una ampliación de la libertad humana (que se ha desembarazado de los «corsés» derivados de la ignorancia, los prejuicios y las imposiciones morales), no me cabe duda tampoco de que se han extendido entre nosotros una permisividad y un relativismo éticos excesivos, que los creyentes estamos llamados a combatir en nombre de sus víctimas8. En el siempre revelador mundo de la música actual tenemos una perfecta muestra del fenómeno que estamos intentando describir. Así, el grupo «Jarabe de Palo» obtuvo un gran éxito con su canción «Depende», cuyo estribillo dice: «Depende... ¿De qué depende?... De según como se mire todo depende». No se puede decir (en este caso cantar) mas claro.
Pero una cosa es reconocer que distinguir lo que es bueno o malo resulta con frecuencia muy difícil, y otra muy distinta olvidar que existen actitudes que hacen crecer la vida humana y actitudes también que la degradan o que amenazan su misma existencia. El mal en el mundo (entendido como generador de muerte, alienación, opresión y exclusión) es tan apabullante que el trivializarlo no deja de ser uno de los posicionamientos morales más criticables.
La extensión de una forma de vivir que diluye la responsabilidad moral con el recurso al peso de las circunstancias, a la existencia de mecanismos estructurales perversos, al influjo imponderable del azar, a la generalización del «todo el mundo lo hace», al pluralismo cultural o a la actuación de los poderosos (ricos, gobierno, etc.) tiene consecuencias nefastas para la vida social (E. Fromm).
El mal se hace anónimo e impersonal. Nadie es, en serio, responsable de nada (nadie conoce a nadie) : el pecado queda así reducido a error, a fallo, a ignorancia, a necesidad, a limitación. Para quienes asumen esta perspectiva dejará de tener sentido pedir y obtener perdón. Todo lo más, cabrá solicitar y conseguir alguna forma de «sucedáneo» de perdón (el olvido, la condescendencia, la comprensión, la tolerancia, la disculpa, etc.). De forma natural, este planteamiento lleva a muchos de nuestros conciudadanos a buscar una terapia psicológica que permita superar el sentimiento de culpa (hay culpa sin culpable) y recuperar la autoestima, más que a dirigirse a quien hemos herido o al sacramento del perdón, que presupone el carácter personal del mal, una relación interpersonal dañada y la necesidad de asumir esa responsabilidad para intentar restablecer la justicia conculcada.
No se trata de negar que hoy existan valores morales, pero sí de constatar la debilidad con que se asumen y la falta de vigor con que se defienden. Dando la palabra a Lipovetski, «“sociedad posmoralista” no significa sociedad sin moral, sino sociedad que exalta los deseos, el ego, la felicidad y el bienestar individuales en mayor medida que el ideal de la abnegación. Desde los años cincuenta y sesenta, nuestra cultura cotidiana ya no está dominada por los grandes imperativos del deber difícil y sacrificial, sino por la dicha, el éxito, los derechos del individuo, y ya no sus deberes [...]. Esta época no crea una conciencia regular, difícil, interiorizada del deber; crea más bien, por decirlo en palabras de Jean-Marie Guyau, una “moral sin obligación ni sanción”, es decir, una moral emocional intermitente que se manifiesta sobre todo con ocasión de las grandes aflicciones humanas [...]. Ya no tenemos fe en el imperativo de vivir para el otro, en el ideal moral tradicional de la preferibilidad del prójimo».
Un último factor –en este caso, interno a la misma Iglesia– parece también haber contribuido a este debilitamiento de la conciencia de pecado. En un entorno de pluralismo e incertidumbre con respecto a los valores éticos y a los significados vitales, la autoridad de los padres se ha reducido enormemente, como reflejan algunas expresiones coloquiales juveniles: «mi viejo», «papi», «papi chulo»... ¿Qué significará hoy que «Dios es padre/madre» para un adolescente o un joven que tiene unos «padres virtuales» (porque no los ve nunca) y con los que mantiene una relación utilitaria (porque los padres, que se sienten culpables por no atenderle, prefieren ser permisivos por una mezcla de comodidad y falta de convicción interior)? Creo que no resulta exagerado afirmar que la imagen de Dios que poseen las nuevas generaciones ha sufrido con mucha frecuencia una seria degradación. Dios ya no es sólo misericordioso y comprensivo, sino alguien que todo lo acepta como bueno, que todo lo tolera como poco importante, que no establece exigencias personales nítidas ni fundamenta criterios morales. La gratuidad de su perdón y de su amor ha acabado convirtiéndose en «gracia barata». No puedo por menos de recordar –ante este deterioro y banalización de la experiencia religiosa– las palabras del genial humorista y teólogo José Luis Cortés: «Dios, incluso tratado con humor, es un tema serio».
3. ¿Cómo vivir sanamente la experiencia del pecado?
¿De qué tengo que pedir perdón? Es la pregunta que se hacen desde hace años tantos cristianos honrados, pero desconcertados por este vertiginoso cambio de valores. ¿Da todo igual en el terreno de las decisiones éticas? Reconociendo que la mentalidad actual puede haber tenido un efecto desdramatizador muy saludable frente a cierto rigorismo moral del pasado, parece también razonable trabajar por una recuperación de la dimensión ética que reconozca la seriedad del actuar humano. Una tolerancia indiscriminada y paternalista no toma en consideración ni la responsabilidad de las personas al obrar ni el dolor de los que sufren por nuestras acciones y omisiones.
¿Qué significa creer en Dios Padre y qué consecuencias morales puede tener esta afirmación? ¿Somos niños, adolescentes o adultos ante Dios? Parece que la respuesta no puede consistir ni en el sometimiento ni en la autosuficiencia; ni en el infantilismo ni en el paternalismo; ni en el temor ni en la frivolidad. En la evolución psicológica del ser humano se atraviesan diversas etapas de maduración: el niño comienza siendo completamente dependiente de los padres, el adolescente pasa a ser contradependiente, el joven busca ser independiente...; pero el adulto, a pesar de la asimetría que existe entre un padre y un hijo, puede llegar a establecer una relación de confianza, amor, agradecimiento y reciprocidad que introduce en el ámbito de la interdependencia. Quizá, salvando –como siempre– las distancias y reconociendo que el misterio de Dios siempre nos desborda, tengamos que caminar en la fe del mismo modo: no somos súbditos de Dios, sino hijos muy amados (e incluso amigos, diría Jesús en el evangelio de Juan) que podemos abandonarlo (ésa es la grandeza y la tragedia humana), pero que siempre lo tendremos con las manos abiertas, esperándonos.
Al mismo tiempo, hemos de sostener que la vocación humana radica en estar llamados a crecer, a dar de nosotros lo más posible, a desarrollar todos nuestros talentos, a realizarnos el máximo posible en la entrega de lo que somos y en el establecimiento de relaciones personales profundas, libres y amorosas. Dios, como padre, nos ha regalado la vida y nos presta su amor incondicional, respeta radicalmente nuestra libertad, pero también espera de nosotros una existencia lograda, fecunda, solidaria. Si fracasamos como seres humanos, si olvidamos la llamada a la fraternidad y la justicia, si atentamos contra las demás personas, si rechazamos la invitación a mejorar el mundo en que vivimos seremos responsables ante nosotros y ante los demás, pero también ante Dios. El fracaso es una posibilidad real; el pecado existe realmente; la mediocridad es una oportunidad al alcance de todos los bolsillos.
Me parece que hoy andamos bastante lejos de la delicada sensibilidad religiosa del genial pintor, escultor e inventor renacentista Leonardo da Vinci, quien al final de sus días, y tras haber producido una ingente obra artística y científica de un valor extraordinario, declaraba: «He ofendido a Dios y a la humanidad, porque mi trabajo no tuvo la calidad que debía haber tenido». Puede que tras estas palabras se escondiera una personalidad enfermizamente perfeccionista, pero también podría ocurrir que, en el momento último de su existencia terrenal, Leonardo da Vinci estuviera expresando la profunda convicción de cualquier creyente: en definitiva, toda vida humana es respuesta –más o menos lograda– a la invitación amorosa de Dios a ser fecundos y solidarios.
Es posible también que sea demasiado exagerada la afirmación de San Agustín «O felix culpa», cuando afirma que nuestro pecado tuvo el efecto positivo de tener tan gran redentor como Jesucristo, aunque no deja de ser cierto que los errores son expresión del enorme valor de la libertad y que –cuando se reconocen honradamente y alcanzan el regalo del perdón– pueden ayudar a madurar a las personas y proporcionarles una visión más humilde, afectuosa y comprensiva de sí mismas y de los demás. No obstante, en lo que creo que el santo de Hipona acertó plenamente fue en resumir la esencia de la moral cristiana en el aforismo «ama y haz lo que quieras»16. Sabemos que el amor es más fuerte que la muerte y que el pecado. Y los cristianos creemos que, pase lo que pase y hagamos lo que hagamos, «nadie podrá separarnos del amor de Dios» (Rm 8,35) si no lo rechazamos. Para ayudarnos a recordar y experimentar esta convicción central de nuestra fe existe el sacramento del perdón.
Sólo tomando el amor con la debida seriedad podremos captar la necesidad del perdón y su hondura. No es de extrañar, por tanto, que las personas que tienen mayor conciencia de estar necesitadas de perdón no sean las que –como podríamos pensar en un primer momento– actúan de un modo más dañino –que, mas bien, suelen ser incapaces de reconocer su culpa–, sino las que tienen una sensibilidad religiosa más acusada y que, aunque nos parezcan excelentes en su comportamiento e intenciones –y de hecho lo sean–, son más conscientes que nadie de la infinitud del amor de Dios y de la mediocridad de su respuesta. Esa experiencia es también la que suele proporcionar una visión más comprensiva de las debilidades ajenas y la convicción de que todos estamos hechos del mismo barro. La vida de los grandes santos muestra estas constantes casi con la regularidad de una ley física. Y no se trata muchas veces de individuos particularmente escrupulosos o espiritualistas, sino de personas lúcidas plenamente realistas con los demás y consigo mismas.
4. Conclusión
Un par de relatos pueden expresar las convicciones básicas que han guiado esta reflexión.
a) El primero, una antigua leyenda árabe, cuenta lo siguiente:
«Un rey tenía tres hijos y muchas posesiones. Ante todo, un diamante de incalculable valor. A la hora de repartir sus bienes ¿a qué hijo daría su diamante?... Decidió someterlos a una prueba: iría a parar a manos del que realizase en un día la acción más heroica. Al llegar la noche de aquel día, se presentaron los tres hermanos, y cada uno relató su hazaña. El mayor había logrado dar muerte a un ladrón que desde hacía mucho tiempo sembraba el pánico entre las gentes del reino. El segundo hijo logró reducir por sí solo, y valiéndose de una pequeña daga, a diez hombres magníficamente armados. El más pequeño habló en tercer lugar y dijo:
– Salí esta mañana y encontré a mi mayor enemigo dormido al borde de un acantilado. Le dejé que durmiera. Después volví de nuevo, le desperté y le perdoné. El rey se levantó de su trono, abrazó a su hijo menor y le entregó el diamante».
La certeza del viejo rey es la mía: dada la realidad del pecado, el perdón es un tesoro para la convivencia humana que reclama verdadera valentía en quienes desean pedirlo y otorgarlo. No obstante, me parece que los tiempos que corren se parecen más a la situación descrita en la parábola titulada
b) «El invento del siglo»:
«Un médico, intentando mejorar la máquina de los Rayos “X”, descubrió por casualidad un nuevo tipo de rayos, los Rayos “Y”. Lo sorprendente de estos rayos era que, en lugar de ver en la radiografía los huesos, los pulmones, los riñones o el hígado, lo que se veía era la bondad o maldad que había en la cabeza, el amor o el egoísmo que tenía el corazón, la sinceridad de la lengua, la paz que se respiraba en los pulmones, la generosidad que contagiaban las manos, la solidaridad de la sangre, el rencor del estómago, etc. Acababa de descubrirse el invento del siglo. Algo revolucionario. Si con los Rayos “X” se podían detectar y curar las enfermedades físicas, ahora, con los Rayos “Y”, se podría detectar y curar la maldad que había en el interior de las personas. Cuando dio a conocer al mundo entero su invento, todos quedaron asombrados ante tal descubrimiento, y fueron muchos los premios que se le otorgaron.
Pero cuando instaló la máquina de Rayos “Y” en el primer hospital, nadie quiso acudir allí para hacerse una revisión. Pasó el tiempo, y sólo unos pocos fueron a curarse. Casi nadie se reconocía enfermo de maldad, de egoísmo, de mentira, de odio, etc. Todos pensaban que eran los demás los que se encontraban enfermos. El médico se sorprendió de que fueran tan pocos los que se sintieran enfermos y necesitados de ser curados. Quizá fuera porque este tipo de enfermedades no causaban apenas dolor y molestias en uno mismo: eran los demás los que sufrían principalmente las consecuencias.
El invento tuvo poco éxito: no era fácil encontrar pacientes que quisieran ser curados. Al final, el médico no tuvo más remedio que inventar una nueva máquina: la máquina delos Rayos “Z”. Con ella se podría curar el profundo dolor que causaban continuamente en las personas aquellos que no se reconocían enfermos de egoísmo y maldad. Curiosamente, esta máquina tuvo un gran éxito. Nunca se le acabaron los pacientes. Siempre había largas colas de personas esperando ser curadas».
¡Delicioso retrato del mundo en el que vivimos!

Francisco Aranda Otero - sacerdote - Director del Departamento Cultural y Artistico. Catedral de Málaga
http://www.diocesismalaga.es/


miércoles, 29 de febrero de 2012
Cuaresma - Marzo 2012

Propuesta Marzo 2012
Subido por CentroArrupeValencia en 24/02/2012
Propuesta del Centro Arrupe (Valencia) marzo de 2012. Información completa en http://bit.ly/humHNM
Cuaresma 2012
Subido por CentroArrupeValencia en 18/02/2012
Presentación de la propuesta del Centro Arrupe (Valencia) para la Cuaresma de 2012. En este enlace podrá acceder a los materiales que hemos preparado http://bit.ly/yslGo2
sábado, 25 de febrero de 2012
AYUNO y ABSTINENCIA en CUARESMA

CUARESMA - 40 - CUARENTA
1. Cuaresma significa "cuarenta" y se aplica a los 40 días de intensa preparación a la fiesta de PASCUA.
2. Jesús se retiró durante 40 días. Moisés aguardó 40 días antes de subir al Sinaí. Elías caminó durante 40 días hacia el Horeb. Y la marcha de los judíos por el desierto duró 40 años.
3. "40" es pues, un número simbólico que expresa víspera, "preparación" intensa de algo importantísimo que, para nosotros, es la PASCUA
4. No se entiende la Cuaresma si no es en función de la PASCUA.
5. El tiempo de Cuaresma empieza el Miércoles de Ceniza y acaba el Jueves Santo. En ese período no se canta el "Aleluya" ni se recita el "Gloria".
6. En los primeros tiempos, la Cuaresma era un período de preparación intensiva al Bautismo, que se celebra en la noche de Pascua.
7. El ser bautizado exige una coherencia y un cambio de mentalidad.

AYUNO Y ABSTINENCIA
Es una doctrina tradicional de la espiritualidad Cristiana que es un componente del arrepentimiento, de alejarse del pecado y volverse a Dios, incluye alguna forma de penitencia, sin la cual al Cristiano le es difícil permanecer en el camino angosto y ser salvado ( Jer 18:11, 25:5; Ez 18:30, 33:11-15; Jl 2:12; Mt 3:2; Mt 4:17; He 2:38 ). Cristo mismo dijo que sus discípulos ayunarían una vez que El partiera ( Lc 5:35 ). La ley general de la penitencia, por ello, es parte de la ley de Dios para el hombre.
La Iglesia por su parte ha especificado ciertas formas de penitencia, para asegurarse de que los Católicos hagan algo, como lo requiere la ley divina, y a la vez hacerle más fácil al Católico cumplir la obligación. El Código de Derecho Canónico de 1983 especifíca las obligaciones de los Católicos de Rito Latino ( Los Católicos de Rito Oriental tienen sus propias prácticas penitenciales como se especifica en el Código Canónico de las Iglesias Orientales ).
Canon 1250 En la Iglesia universal, son días y tiempos penitenciales todos los viernes del año y el tiempo de Cuaresma.
Canon 1251 Todos los viernes, a no ser que coincidan con una solemnidad, debe guardarse la abstinencia de carne o de otro alimento que haya determinado la Conferencia Episcopal; ayuno y abstinencia se guardarán el Miercoles de Ceniza y el Viernes Santo.
Canon 1252 La ley de la abstinencia obliga a los que han cumplido catorce años; la del ayuno, a todos los mayores de edad, hasta que hayan cumplido cincuenta y nueve años. Cuiden sin embargo los pastores de almas y los padres de que también se formen en un auténtico espíritu de penitencia quienes, por no haber alcanzado la edad, no están obligados al ayuno o a la abstinencia.
Canon 1253 La Conferencia Episcopal puede determinar con más detalle el modo de observar el ayuno y la abstinencia, así como sustituirlos en todo o en parte por otras formas de penitencia, sobre todo por obras de caridad y prácticas de piedad.
La Iglesia tiene por lo tanto, dos formas oficiales de prácticas penitenciales - tres si se incluye el ayuno Eucarístico de una hora antes de la Comunión.
Abstinencia La ley de abstinencia exige a un Católico de 14 años de edad y hasta su muerte, a abstenerse de comer carne los Viernes en honor a la Pasión de Jesús el Viernes Santo. La carne es considerada carne y órganos de mamíferos y aves de corral. También se encuentran prohibidas las sopas y cremas de ellos. Peces de mar y de agua dulce, anfibios, reptiles y mariscos son permitidos, así como productos derivados de animales como margarina y gelatina sin sabor a carne.
Los Viernes fuera de Cuaresma, la Conferencia de Obispos de USA obtuvo permiso de la Santa Sede para que los Católicos en los Estados Unidos pudieran sustituir esta penitencia por un acto de caridad o algún otro de su propia escogencia. Ellos deben llevar a cabo alguna práctica de caridad o penitencia en estos Viernes. Para la mayoría de las personas la práctica más sencilla para cumplir con constancia, sería la tradicional de abstenerse de comer carne todos los Viernes del año. En Cuaresma la abstinencia de comer carne los Viernes es obligatoria en Estados Unidos así como en otro lugar.
Ayuno La ley de ayuno requiere que el Católico desde los 18 hasta los 59 años reduzca la cantidad de comida usual. La Iglesia define esto como una comida más dos comidas pequeñas que sumadas no sobrepasen la comida principal en cantidad. Este ayuno es obligatorio el Miercoles de Ceniza y el Viernes Santo. El ayuno se rompe si se come entre comidas o se toma algún líquido que es considerado comida ( batidos, pero no leche ). Bebidas alcoholicas no rompen el ayuno; pero parecieran contrarias al espíritu de hacer penitencia.
Aquellos excluídos del ayuno y la abstinencia Aparte de los ya excluídos por su edad, aquellos que tienen problemas mentales, los enfermos, los frágiles, mujeres en estado o que alimentan a los bebés de acuerdo a la alimentación que necesitan para criar, obreros de acuerdo a su necesidad, invitados a comidas que no pueden excusarse sin ofender gravemente causando enemistad u otras situaciones morales o imposibilidad física de mantener el ayuno.
Aparte de estos requisitos mínimos penitenciales, los Católicos son motivados a imponerse algunas penitencias personales a si mismos en ciertas oportunidades. Pueden ser modeladas basadas en la penitencia y el ayuno. Una persona puede por ejemplo, aumentar el número de días de la abstención. Algunas personas dejan completamente de comer carne por motivos religiosos ( en oposición de aquellos que lo hacen por razones de salud u otros ). Algunas ordenes religiosas nunca comen carne. Igualmente, uno pudiera hacer más ayuno que el requerido. La Iglesia primitiva practicaba el ayuno los Miercoles y Sábados. Este ayuno podía ser igual a la ley de la Iglesia ( una comida más otras dos pequeñas ) o aún más estricto, como pan y agua. Este ayuno libremente escogido puede consistir en abstenerse de algo que a uno le gusta- dulces, refrescos, cigarillo, ese cocktail antes de la cena etc. Esto se le deja a cada individuo.
Una consideración final. Antes que nada estamos obligados a cumplir con nuestras obligaciones en la vida. Cualquier abstención que nos impida seriamente llevar adelante nuestro trabajo como estudiantes, empleados o parientes serían contrarias a la voluntad de Dios.
-------------------------------------
Respuesta por : Colin B. Donovan, STL
-------------------------------------

miércoles, 22 de febrero de 2012
Miercoles de Ceniza 2012 en el Vaticano

Benedicto XVI recibe las cenizas en la Basílica de Santa Sabina
Vaticano 22 feb 2012
Roma • El papa Benedicto XVI presidió un servicio solemne al comenzar la Cuaresma, y marcó a muchos fieles con la señal de la cruz con cenizas en la frente en el Miércoles de Ceniza.
Benedicto XVI ofició una misa en la Basílica de Santa Sabina, una antigua iglesia en la colina romana Aventina.
Aunque el pontífice de 84 años ha utilizado una plataforma con ruedas para moverse por la Basílica de San Pedro y conservar energía, caminó sin ayuda alguna a la llegada y salida de Santa Sabina. En su homilía, destacó que el Miércoles de Ceniza es un "día de penitencia y ayuno". La Cuaresma ayuda a preparar el espíritu entre los católicos para la Pascua de Resurrección, que este año cae el 8 de abril.
El Miércoles de Ceniza es para los católicos día de ayuno y abstinencia, se realiza la imposicion de la ceniza a los fieles que asisten a Misa. Da inicio a la “Cuaresma” (40 días de preparación para la Pascua), que comienza el Miércoles de Ceniza y termina el Domingo de Ramos. ...
Las cenizas simbolizan entre los cristianos la mortalidad.
Polvo eres y en polvo te convertiras.
domingo, 19 de febrero de 2012
Miercoles de Ceniza 2012 en Almeria ANDALUCIA España
Miercoles de Ceniza con las Hermandades y Cofradías de Linares en Almeira 2012Este año 2012 recuperando el Miércoles de Ceniza como día del Vía Crucis, va a tener lugar al mencionado Viacrucis que anualmente realiza la Agrupación Arciprestal de Hermandades y Cofradías, en Linares.
Día 22 de Febrero a las 20:30 horas desde la Parroquia de San Francisco de Asís (sede canónica de la Agrupación) comenzará dicho Vía Crucis que será predicado por el Consiliario D. Francisco Javier Águila López y que tendrá el siguiente recorrido procesional:
Salida de Parroquia de San Francisco, Plaza de San Francisco, Yanguas Messia, Zábala, Los Castillos, Corredera Baja, Isaac Peral, Plaza de San Francisco y entrada a la Parroquia de San Francisco.
Este año 2012, a petición de la propia Hermandad y por aprobación en Junta de Vocales de esta Agrupación, la Imagen que presidirá dicho Viacrucis será la de Nuestro Padre Jesús de la Oración en el Huerto.
http://agrupacionhhcclinares.blogspot.com/2012/02/viacrucis-agrupacion-de-cofradias-2012.html

La provincia de Almería es una provincia española de la comunidad autónoma de Andalucía, situada en el sureste de la Península Ibérica. Limita con las provincias de Granada al oeste y Murcia al norte, así como con el Mar Mediterráneo al sur (parte conocida como mar de Alborán) y oeste. La capital de la provincia es la ciudad de Almería, situada al sur de la provincia y en el centro de la bahía homónima.

Via crucis Miercoles de Ceniza Linares 2012 - Cristo de la Oración en el Huerto
Subido por pakillillo144 en 22/02/2012
Via crucis realizado por la agrupacion de hermandades y cofradias de Linares el miercoles de ceniza con el cristo de la oracion en el huerto portado por horquilleros
Linares 2012 Via Crucis . Miercoles de Ceniza
Subido por Tresas100 en 23/02/2012
Agrupacion de Hermandades y Cofradias de Linares. VIA CRUCIS 2012 con la Oracion en el Huerto
MIERCOLES DE CENIZA 2012 - Parroquia Ntra Sra de los Desamparados BREÑA Lima
El Miércoles 22 de febrero comienza el Tiempo de Cuaresma
La ceniza se impondrá en las misas de ese día
http://parroquiadesamparados.blogspot.com/
MIERCOLES DE CENIZA
Con la imposición de las cenizas, se inicia una estación espiritual particularmente relevante para todo cristiano que quiera prepararse dignamente para la vivir el Misterio Pascual, es decir, la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor Jesús.
Este tiempo vigoroso del Año Litúrgico se caracteriza por el mensaje bíblico que puede ser resumido en una sola palabra: "metanoeiete", es decir "Convertíos". Este imperativo es propuesto a la mente de los fieles mediante el rito austero de la imposición de ceniza, el cual, con las palabras "Convertíos y creed en el Evangelio" y con la expresión "Acuérdate que eres polvo y al polvo volverás", invita a todos a reflexionar acerca del deber de la conversión, recordando la inexorable caducidad y efímera fragilidad de la vida humana, sujeta a la muerte.
La sugestiva ceremonia de la ceniza eleva nuestras mentes a la realidad eterna que no pasa jamás, a Dios; principio y fin, alfa y omega de nuestra existencia. La conversión no es, en efecto, sino un volver a Dios, valorando las realidades terrenales bajo la luz indefectible de su verdad. Una valoración que implica una conciencia cada vez más diáfana del hecho de que estamos de paso en este fatigoso itinerario sobre la tierra, y que nos impulsa y estimula a trabajar hasta el final, a fin de que el Reino de Dios se instaure dentro de nosotros y triunfe su justicia.
Sinónimo de "conversión" es así mismo la palabra "penitencia"... Penitencia como cambio de mentalidad. Penitencia como expresión de libre y positivo esfuerzo en el seguimiento de Cristo.
Tradición
En la Iglesia primitiva, variaba la duración de la Cuaresma, pero eventualmente comenzaba seis semanas (42 días) antes de la Pascua. Esto sólo daba por resultado 36 días de ayuno (ya que se excluyen los domingos). En el siglo VII se agregaron cuatro días antes del primer domingo de Cuaresma estableciendo los cuarenta días de ayuno, para imitar el ayuno de Cristo en el desierto.
Era práctica común en Roma que los penitentes comenzaran su penitencia pública el primer día de Cuaresma. Ellos eran salpicados de cenizas, vestidos en sayal y obligados a mantenerse lejos hasta que se reconciliaran con la Iglesia el Jueves Santo o el Jueves antes de la Pascua. Cuando estas prácticas cayeron en desuso (del siglo VIII al X), el inicio de la temporada penitencial de la Cuaresma fué simbolizada colocando ceniza en las cabezas de toda la congregación.
Hoy en día en la Iglesia, el Miércoles de Ceniza, el cristiano recibe una cruz en la frente con las cenizas obtenidas al quemar las palmas usadas en el Domingo de Ramos previo. Esta tradición de la Iglesia ha quedado como un simple servicio en algunas Iglesias protestantes como la anglicana y la luterana. La Iglesia Ortodoxa comienza la cuaresma desde el lunes anterior y no celebra el Miércoles de Ceniza.
Significado simbólico de la Ceniza
La ceniza, del latín "cinis", es producto de la combustión de algo por el fuego. Muy fácilmente adquirió un sentido simbólico de muerte, caducidad, y en sentido trasladado, de humildad y penitencia. En Jonás 3,6 sirve, por ejemplo, para describir la conversión de los habitantes de Nínive. Muchas veces se une al "polvo" de la tierra: "en verdad soy polvo y ceniza", dice Abraham en Gén. 18,27. El Miércoles de Ceniza, el anterior al primer domingo de Cuaresma (muchos lo entenderán mejor diciendo que es el que sigue al carnaval), realizamos el gesto simbólico de la imposición de ceniza en la frente (fruto de la cremación de las palmas del año pasado). Se hace como respuesta a la Palabra de Dios que nos invita a la conversión, como inicio y puerta del ayuno cuaresmal y de la marcha de preparación a la Pascua. La Cuaresma empieza con ceniza y termina con el fuego, el agua y la luz de la Vigilia Pascual. Algo debe quemarse y destruirse en nosotros -el hombre viejo- para dar lugar a la novedad de la vida pascual de Cristo.
Mientras el ministro impone la ceniza dice estas dos expresiones, alternativamente: "Arrepiéntete y cree en el Evangelio" (Cf Mc1,15) y "Acuérdate de que eres polvo y al polvo has de volver" (Cf Gén 3,19): un signo y unas palabras que expresan muy bien nuestra caducidad, nuestra conversión y aceptación del Evangelio, o sea, la novedad de vida que Cristo cada año quiere comunicarnos en la Pascua.
Tomado de:
www.aciprensa.com/
http://formacionpastoralparalaicos.blogspot.com
jueves, 31 de marzo de 2011
Los viernes de Cuaresma y el VIA CRUCIS
VÍA CRUCIS: ESTACIONES DE LA CRUZ Vía Crucis: Estaciones de la Cruz “Vía Crucis”, latín de “Camino de la Cruz”. También conocido como “Estaciones de la Cruz" y “Vía Dolorosa”. Se trata de un camino de oración que busca adentrarnos en la meditación de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo en su camino al Calvario. El camino se representa con una serie de imágenes de la Pasión o “Estaciones” correspondientes a incidentes particulares que Jesús sufrió por nuestra salvación. Las imágenes pueden ser pinturas o esculturas. Algunas representaciones son grandes obras de arte inspiradas por Dios para suscitar mayor comprensión del amor de Jesucristo y movernos a la conversión. Entre éstas se destacan las de la catedral de Antwerp en Bélgica y las del Santuario de Lourdes, Francia. Las estaciones generalmente se colocan en intervalos en las paredes de la iglesia o en lugares reservados para la oración. Los santuarios, casas de retiros y otros lugares de oración suelen tener estaciones de la cruz en un terreno cercano. En los monasterios generalmente se encuentran en el claustro. La finalidad de las Estaciones es ayudarnos a unirnos a Nuestro Señor haciendo una peregrinación espiritual a la Tierra Santa, a los momentos mas señalados de su Pasión y muerte redentora. Pasamos de Estación en Estación meditando ciertas oraciones. Varios santos, entre ellos San Alfonso Ligorio, Doctor de la Iglesia, han escrito meditaciones para cada estación. También podemos añadir las nuestras. Es tradición, cuando las Estaciones se hacen en público, cantar una estrofa del “Stabat Mater” mientras se pasa de una estación a la otra. ACTIVIDADES PARA LA CUARESMA LIMA 2011
Miércoles 09 de Marzo: Miércoles de Ceniza.
07:00 pm. Basílica Catedral de Lima.
sábado, 5 de marzo de 2011
Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la Cuaresma 2011

Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la Cuaresma 2011
Con Cristo sois sepultados en el Bautismo,
con él también habéis resucitado» (cf. Col 2, 12)
Queridos hermanos y hermanas:
…/
El itinerario cuaresmal, en el cual se nos invita a contemplar el Misterio de la cruz, es «hacerme semejante a él en su muerte» (Flp 3, 10), para llevar a cabo una conversión profunda de nuestra vida: dejarnos transformar por la acción del Espíritu Santo, como san Pablo en el camino de Damasco; orientar con decisión nuestra existencia según la voluntad de Dios; liberarnos de nuestro egoísmo, superando el instinto de dominio sobre los demás y abriéndonos a la caridad de Cristo. El período cuaresmal es el momento favorable para reconocer nuestra debilidad, acoger, con una sincera revisión de vida, la Gracia renovadora del Sacramento de la Penitencia y caminar con decisión hacia Cristo.
Queridos hermanos y hermanas, mediante el encuentro personal con nuestro Redentor y mediante el ayuno, la limosna y la oración, el camino de conversión hacia la Pascua nos lleva a redescubrir nuestro Bautismo. Renovemos en esta Cuaresma la acogida de la Gracia que Dios nos dio en ese momento, para que ilumine y guíe todas nuestras acciones. Lo que el Sacramento significa y realiza estamos llamados a vivirlo cada día siguiendo a Cristo de modo cada vez más generoso y auténtico. Encomendamos nuestro itinerario a la Virgen María, que engendró al Verbo de Dios en la fe y en la carne, para sumergirnos como ella en la muerte y resurrección de su Hijo Jesús y obtener la vida eterna.
BENEDICTUS PP. XVI
Desde Ciudad del Vaticano, para el Tiempo Cuaresmal del 2011
Versión completa en:
http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/messages/lent/documents/hf_ben-xvi_mes_20101104_lent-2011_sp.html










