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PAPA Robert : LEON XIV y ESCUDO Pontificio 2025

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sábado, 8 de mayo de 2010

VI Domingo de Pascua 2010

Dale tu paz a mi ajetreo: pronto llegara el gran don del Espíritu Santo

¿QUIÉNES ENTIENDEN LOS MISTERIOS DE DIOS?

DOMINGO SEXTO DE PASCUA - C
Juan 14, 23-29
9 de mayo 2010

ESTIMADOS AMIGOS:
Bienvenidos una vez más a nuestro encuentro dominical para celebrar juntos el Día del Señor. Hoy, es el SEXTO DOMINGO DE PASCUA del año litúrgico, y la Iglesia ofrece para nuestra reflexión y comentario un pasaje del evangelista San Juan,
“Les he dicho estas cosas durante mi permanencia con ustedes. Pero el intercesor, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, Él les enseñará todo, y les recordará todo lo que Yo les he dicho”

En efecto, el Señor Jesús, durante su permanencia con los discípulos, les había ido confiado muchas cosas: ideas, sentimientos, recomendaciones, recuerdos. Cosas todas que Él consideraba indispensables para que la humanidad lograse el objetivo para el que Él había venido: el encuentro del hombre con su Padre Dios, es decir.Pero eran tantas cosas que el Señor Jesús había compartido con sus amigos, las que Él había hecho para confirmar sus palabras, que no era fácil recordarlas todas y menos ver el profundo significado de cada una. Cada palabra y acción dicha y hecha por Jesús era una joya de valor inconmensurable ya que daban al hombre la vida eterna, por lo que era indispensable conservarlas todas y pasarlas en su integridad a las otras generaciones.
Sin embargo, podemos preguntarnos, los discípulos que oyeron, vieron y siguieron a Jesús, ¿llegaron a comprender el mensaje del Maestro? ¿Descubrieron el sentido real de sus palabras y acciones? Probablemente no. Recordemos cómo ellos, aun estando con Jesús, aspiraban a otros objetivos que no eran los del Señor, como el de ocupar puestos importantes en el Reino que Jesús predicaba ó el de hacer llover fuego sobre los que no los acogían. Solo Pedro, el amigo cercano del Señor, en una oportunidad manifestó que sí había comprendido y tocado la verdad sobre la identidad de su amigo Jesús, y esto lo pudo hacer por revelación del Padre y no de la carne y sangre.
Vemos pues, estimados amigos, que solo las palabras del maestro y su presencia encarnada no fueron suficientes para que el grupo de amigos que lo vio y escuchó captaran el sentido profundo de sus palabras. Se necesitaba algo o alguien que les ayudase a descubrir el verdadero sentido y profundidad de toda la obra de Jesús. Y ese es el Espíritu Santo. Gracias a Él, el hombre podrá llegar a comprender el sentido último de las palabras y acciones de Jesús, podrá tener acceso a los misterios de Dios anunciados por Él y podrá amarlos y acomodar su vida a ellos. ¡Qué gracia tan inmensa!. El velo del misterio se descorrerá gracias al Espíritu Santo y podremos vislumbrar la maravilla de Dios, lo más grande a lo que el hombre en esta vida puede aspirar.
Lo más curioso, sin embargo, es que este don del Espíritu Santo que ayudará a comprender los misterios de Dios revelados por el Señor Jesús, estará más presente en unos que en otros. ¿Quiénes son estos? De hecho en la vida diaria veremos que los que lograrán captar y gozar de las cosas de Dios serán los humildes, los sencillos, mientras que los grandes de este mundo, los arrogantes y poderosos, verán sin comprender y oirán sin escuchar.
Los frutos del Espíritu del Espíritu Santo se podrán, pues, ver en algunos y no en otros. Todo dependerá de la disposición interior de la persona para que sea iluminada con la presencia del Espíritu Santo. Los limpios de corazón podrán ver a Dios, los pequeños y humildes tendrán acceso a la revelación de los secretos de Dios. Y esto tiene una gran importancia para la marcha de la Iglesia, por el peligro de que ciertas personas ocupen puestos importantes. Los llenos de sí mismos, ¿qué cosas de Dios podrán predicar, qué orientaciones podrán brindar? Y por otro lado, qué privilegio para una comunidad cristiana cuando puede contar con personas dispuestas en las cuales actúa el Espíritu Santo, abiertas al misterio y a la revelación. Ellas sí podrán guiar a la Iglesia, orientar a la comunidad, alentarla y amarla.
Oración. Por eso, en este día supliquemos al Señor para que nos ayude a disponernos a recibir el gran don del Espíritu Santo que Jesús nos regala.
Gracias OH Señor, por este gran don que nos permitirá descubrir y entender lo que tú nos dejaste, amar tu mensaje y tu persona y aun dar nuestra vida por ti. Haz Señor, que cada día nos dispongamos mejor a recibir este don.
Y AHORA VIENE LO MÁS IMPORTANTE
Y BIEN AMIGOS, así terminamos nuestro breve comentario a la liturgia de este domingo, Pero ahora viene el momento más importante: tu encuentro personal con el Señor Jesús.Te invito, pues, a tomar el texto del evangelio en tus manos: San Juan, Capítulo 14, versículos del 23 al 29 y trates de escuchar lo que el Señor Jesús te quiere comunicar, a través de él.Te agradezco muy sinceramente haber estado con nosotros.

P. Javier San Martín SJ .....http://faculty.shc.edu/javier.san.martin/
PASTORAL DIGITAL



SALVE REGINA MATER … O CLEMENTS O PIA O DULCIS VIRGO MARIA

lunes, 3 de mayo de 2010

V Domingo de Pascua 2010


Queridos hermanos en Cristo, Nuestro Señor y en María, Nuestra Madre. Hemos empezado este mes de Mayo, importante para todos nosotros, por ese cariño y devoción a nuestra Madre la Virgen María. Todo este mes esta dedicado a ella, de una manera muy especial.
La liturgia de este V Domingo del Tiempo Pascual, nos habla ya de la proximidad, de una Fiesta importante dentro de la Iglesia. Aquella realidad única que da sentido a toda la Iglesia y que cambió, podríamos decir, como los filósofos, antológicamente a los Apóstoles. Les dio la valentía y la sabiduría para anunciar la Buena Nueva a todos los pueblos. ¡Ya está cerca Pentecostés!, ya está cerca y le decimos a Dios Espíritu Santo: “Ven Espíritu Santo, renueva los corazones de tus fieles, infunde en ellos el fuego de tu amor…”.
En la vida nada bueno se hace sin amor, y cuando alguna cosa se hace sin amor, entonces se vive sin vida. La vida tiene un sustento en el amor y el amor es la fuerza para poder hacer muchas cosas de las cosas que hacemos. Miremos el amor de los esposos, de los padres hacia los hijos, de los hijos hacia sus padres, el amor y el cariño de la amistad, en fin, sin amor nuestra relación con ellos sería muy pobre.
Hoy cuando miramos a los Apóstoles, y nos fijamos, otra vez, en Pablo y Bernabé; ellos debieron llevar muy dentro de su corazón el mensaje de Jesús, que hemos escuchado, hoy, en el Evangelio: “Ámense los unos a los otros como yo los he amado”. Requisito “sine qua non” (son la cual no) se hubiera hecho nada de lo que se ha hecho. El anuncio de la Buena Nueva parte del amor de los Apóstoles hacia su Maestro, que no quiere que nadie se pierda porque los ama y los ama hasta el extremo.
El Espíritu Santo cambio los corazones de los Apóstoles y los hizo más decididos y confiados en Nuestro Señor. Hoy leemos que Pablo y Bernabé “volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquia, animando a los discípulos y exhortándolos a perseverar en la fe”. ¿Por qué tuvieron que volver? ¿No era suficiente el haberles anunciado la fe y que se convirtieran? Parece que Pablo conocía muy bien la naturaleza humana. Cuantas veces nos hemos emocionado y emocionados hemos querido cambiar el mundo. Es una cosa cierta: “cuando estamos contentos, todo parece fácil”; pero los seres humanos no siempre estamos contentos, no siempre nos va bien en la vida… Hay personas que cuando salen de algún retiro, sienten que pueden hacer muchas cosas; pero cuando esto pasa, sienten que ya no pueden y que eso fue sólo del momento.
Eso somos los seres humanos. Pablo y Bernabé regresan a estos pueblos porque es necesario reanimarlos, porque en el mundo en que vivían muchas cosas podían desanimarlos. Al igual que hoy, cuando gente dice: “no, no yo ya no voy a la Iglesia por todo lo que pasa”, y se sienten desanimados, pues a ellos hay que decirles, Cristo es amor, Cristo es verdad, Cristo es vida. La fe del cristiano, no está en otro más que en Cristo: “Todo lo estimo basura con tal de ganar a Cristo”, lo decía san Pablo, en los momentos más duros de su vida.
Pablo y Bernabé regresan a estos pueblos “diciéndoles que hay que pasar por muchas tribulaciones para entrar en el Reino de Dios”. Ser cristiano no es fácil, nunca lo ha sido. Por ser cristianos ni tú ni yo estamos vacunados contra la “influenza” del los problemas, ni contra la “influenza” del pecado y del desánimo.
Pablo y Bernabé, se parecen mucho a Jesús. Su vida es como la del Maestro, no saben vender su producto. Decía Monseñor Van Thuan, que si Cristo hubiese sido comerciante no hubiese durado mucho, porque hubiera hablado de la verdad de lo que vende y eso no hacen los comerciantes, que lo único que les interesa es la salida de su producto. Los Apóstoles hablan de “tribulaciones”, vuelven a aquellos lugares a reforzarlos en la fe en los momentos de las dificultades. Ellos hablan de la Verdad, y hablan en Verdad.
La fe cristiana católica es verdad; no se te dice que las cosas van a ser fáciles, no se te dicen que por venir a misa los domingos no vas a tener problemas, o en tu familia las cosas siempre van a ir bien; se te dicen, más bien, que tienes que ser fuerte en las dificultades; por eso, es importante saber agradecerle a Dios cuando en la vida nos va bien, que en casa no hay problema y que los problemas con los hijos ya existen. Sin embargo, cuando aparezcan las dificultades hay que pedirle fortaleza.
Jesús nunca engañó a nadie y cuando los discípulos comenzaron a huir porque les parecían duras sus palabras, Él mismo dijo a sus Apóstoles: “¿Quieren irse ustedes también?” y allí está Pedro que nos enseña a responder confiadamente a Nuestro Señor “Señor a quien vamos a ir, sólo Tú tienes palabras de vida eterna”.
El amor fue el motivo que los llevo a los Apóstoles a sufrir muchas contradicciones por Cristo; el amor es el distintivo del cristiano. En un mundo tan egoísta, el Señor, nos pone una meta demasiado alta: “Ámense los unos a los otros como Yo los he amado”, el como “Yo los he amado”, es demasiado alta Señor. Muchas veces en cosas hogareñas reclamamos la mejor presa del pollo, que nos sirvan primero a nosotros y que a nosotros nos dejen ver nuestro canal preferido…. “Amar como el nos amó”, quien vive este examen en casa, esto le ayuda a vivirlo mejor fuera de ella. Quien de nosotros tiene ese detalle de decir: “no, no sirvele a mi hermano primero mamá”, o en el templo: “señora siéntese, aquí tiene mi espacio”. Fíjate que hablo de realidades caseras. Hay que ser fiel en lo poco, porque tendremos que aprender a rezar por los enemigos, por los que han hecho algún mal o algunos de nuestros conocidos. La meta es demasiado alta, pero Jesús nunca nos pediría algo que no se pudiera dar. Él es el centro de nuestro amor, él es el Amor de los Amores.
Miremos a Nuestra Madre la Virgen María: nuestro Dios no evitó que ella pasara por luchas y grandes dificultades en su vida. Siempre me pregunto ¿Por qué no hizo que el censo que César Augusto mandó, se realizará el año siguiente? ¿Por qué no lo hizo? Nuestra Madre tuvo que irse a empadronar con su esposo San José a la ciudad de Belén, y ella tenía que ir así, embarazada y en una mula; que gran incomodidad debió de tener nuestra Madre. Si ya sé que debía de nacer en Belén, pero ¿Por qué hacerlo de esta manera?
Cuando el niño nació, ya había un loco que lo buscaba para matarlo, y nuestra Madre la Virgen María, a escapar con san José a Egipto, pero ¿Por qué tenía que ser así? ¿Por qué no envió una legión de ángeles que le cuidaran al Niño? Y muchas cosas más en la vida de Jesús.
Nuestra Madre la Virgen María, es signo de contradicción el mundo. Ella la Madre del Señor y nos ha enseñado a superar las dificultades con los medios que Dios nos da en esta tierra y no a esperar que las soluciones venga de lo alto.
Cuando gente anda enojada con Dios y porque han sido gente muy “devota”, y se han puesto en la “pataleta” de decirle a Dios: “ya no te rezo por que no me concedes lo que te pido” y cosas parecidas…. Muchos cristianos creen que le hacen un bien rezándole a Dios. Como si a Dios lo hiciéramos más Dios. Que equivocados están.
Hay que aprender de la Virgen, hay que aprender mucho de ella y a pedirle a Dios las fuerzas para vencer las dificultades. Que Nuestra Señora de los Desamparados, los bendiga a cada uno de ustedes y los haga ser fuertes en las tribulaciones de la vida y sencillos delante de la presencia de Nuestro Señor Jesucristo.
Homilia del Padre Richard Vélez Campos.
http://parroquiadesamparados.blogspot.com/search?updated-min=2010-01-01T00%3A00%3A00-08%3A00&updated-max=2011-01-01T00%3A00%3A00-08%3A00&max-results=23



CANTEMUS DOMINO GLORIOSE ENIM MAGNIFICATUS EST

sábado, 1 de mayo de 2010

V Domingo de Pascua 2010

Tu amor alegra mi corazon

Escrito por: Padre Javier San Martin sj
DOMINGO QUINTO DE PASCUA - “C”
San Juan 13, 31 al 33a y 34 al 35
02 de mayo 2010

ESTIMADOS AMIGOS:
Bienvenidos una vez más a nuestro encuentro dominical para celebrar juntos el Día del Señor. Hoy celebramos el QUINTO DOMINGO DE PASCUA y la Iglesia presenta para nuestra reflexión y comentario un pasaje del evangelista San Juan
“Hijos míos, me queda poco de estar con Uds. Les doy un mandamiento nuevo: Que se amen los unos a los otros como yo les he amado. La señal por la que conocerán que son discípulos míos, será que se amen los unos a los otros”.

Ámense”, ¿es la señal que te distingue como cristiano?
En este bello pasaje, Jesús ha dejado claramente consignada la característica principal de sus seguidores, por la cual serán reconocidos en el mundo entero. Dicha señal no será un distintivo que sus seguidores deberán llevar sobre el pecho para que todos los reconozcan, ni menos un uniforme o vestido particular que lo distinga claramente cuando caminen por las calles, ni tampoco esta señal serán ciertas prácticas que los seguidores deberán cumplir, como por ejemplo, asistencia a algunas reuniones, pagar algunas cuotas, como podemos advertir en los clubes sociales de nuestra sociedad. Nada de eso. La señal que distinguirá a los seguidores de Jesucristo, más que algo externo, será una actitud interna que se deberá traducir en actos visibles observables por la gente. “Ámense los unos a los otros como yo les he amado.” Esta señal es la que revelará al mundo la pertenencia al grupo de seguidores de Jesús, una amistad auténtica entre los integrantes del grupo.
No cabe duda que este tipo de señal, muy especial, comporta una exigencia mayor. Mucho más fácil es cumplir un requisito externo, ó dar un discurso sobre las exigencias cristianas ó dar un examen sobre estos temas, que adquirir una actitud personal y practicarla. Mucho más fácil es hablar del amor, que amar, y más aún cuando encontramos en las comunidades gente que siembra tensión, división y aun odio, gente con un carácter que hace muy cuesta arriba lograr una relación normal y amigable.
Por eso, la Iglesia hoy nos recuerda que el mandamiento central de toda comunidad cristiana es un amor visible, tangible, audible, ya que la gente comprenderá que Dios es amor si solo ve que sus discípulos se aman de verdad unos a otros, si ve en los que han hecho una opción por Cristo buenas relaciones de amistad, colaboración, solidaridad. La gente cree más en lo que ve que en lo que se le predica. Pero, lamentablemente, no siempre las comunidades cristianas son un ejemplo visible de amor cristiano. ¿Qué hacer cuando esto se da? En tales casos se hace necesario plantearse con sinceridad los motivos que han llevado a los integrantes a formar parte de una comunidad de seguidores de Cristo. Es importante reflexionar que los motivos para esto no pueden ser únicamente la eficacia del trabajo, la apariencia personal, el adquirir una posición segura, reconocida por la sociedad. Es indispensable reconocer que el elemento esencial de una comunidad cristiana que, al mismo tiempo, es un don de Dios, es un amor personal a Jesucristo que se debe traducir en un amor visible a los demás miembros del grupo. Y si esto falta, resulta imposible que esa comunidad pueda ser reconocida por la gente como cristiana.
Es, pues, necesario que cada miembro de una comunidad cristiana viva un crecimiento espiritual continuo, con la fuerza de la gracia, que le lleve, en primer lugar, a entablar una amistad cada vez más íntima y personal con Jesucristo, aceptar sus continuas llamadas, pasar ratos con Él, saborear el hermoso reclamo a la amistad que Él nos hace sentir. Y esto será la base que nos ayudará a crecer cada día en una amistad visible con los demás miembros de la comunidad. Pero ¿qué hacer cuando se presenta incompatibilidad de caracteres entre los miembros de una comunidad? En estos casos, estimados amigos, se hace urgente insistir en la unificación de criterios y en definir la finalidad de la comunidad. Dar mucho espacio al diálogo abierto, al encuentro, a descubrirnos los unos a los otros. Que lleguemos a experimentar el gusto de aceptar y ser aceptados. De esta manera la incompatibilidad de caracteres irá borrando sus rígidas fronteras. Una oración sincera deberá acompañar todo el proceso, la que nos ayudará a encontrar la luz en medio de situaciones difíciles y, así, podremos lograr la meta que hoy pone Jesucristo a todos sus seguidores: “La señal por la que conocerán que son discípulos míos, será que se amen los unos a los otros”.
Y AHORA VIENE LO MÁS IMPORTANTE
Y BIEN AMIGOS, así terminamos nuestro breve comentario a la liturgia de este domingo,… Pero ahora viene el momento más importante: tu encuentro personal con el Señor Jesús.Te invito, pues, a tomar el texto del evangelio en tus manos: San Juan, Capítulo 13, versículos del 31 al 33a y del 34 al 35, y trata de escuchar lo que el Señor Jesús te quiere comunicar, a través de él.
Te agradezco muy sinceramente haber estado con nosotros, y nos encontramos el próximo domingo .

Blog del Padre Javier San Martin SJ

CANTEMUS DOMINO GLORIOSE ENIM MAGNIFICATUS EST

martes, 27 de abril de 2010

IV Domingo de Pascua

Somos uno cuidando el rebaño

¿RECONOCES LA VOZ DEL BUEN PASTOR?

Comentario al Cuarto Domingo de Pascua - “C”
San Juan 10, 27 al 30,
Domingo 25 de abril 2010


ESTIMADOS AMIGOS:
Bienvenidos una vez más a nuestro encuentro dominical para celebrar juntos el Día del Señor. Hoy CUARTO DOMINGO DE PASCUA la Iglesia nos ofrece para nuestra reflexión y comentario un pasaje del evangelista San Juan.

“Mis ovejas conocen mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre y nadie las arrebatará de mi mano.”




¿RECONOCES LA VOZ DEL BUEN PASTOR? -
Esta es una sugerente descripción del auténtico discípulo de Cristo. Mis ovejas, mis discípulos, dice el Señor Jesucristo, son aquellos que conocen mi voz, y al sentirla se alegran. Son aquellos que sienten el pálpito de la presencia de Dios en sus vidas, ya sea que esta se manifieste de una forma agradable o desagradable, las que les produce profunda tranquilidad y confianza.
Resulta, entonces, de capital importancia para el discípulo de Cristo, desarrollar de tal modo su sensibilidad espiritual que le permita reconocer la voz del Señor, su presencia en su vida, su manera de actuar. Es solo cuando esto ocurre que uno puede sentirse que pertenece al redil del Señor, que es amigo de Él. Si no, ó esta en proceso de serlo ó es indiferente, es decir, no comprometido con Él.
Es por eso, que la Iglesia el día de hoy nos invita a analizar con sinceridad nuestra realidad espiritual y ver si de hecho nos podemos considerar ovejas del Buen Pastor, y por tanto, seguidores de Jesús. Como se desprende de la lectura del evangelio de hoy, el considerarse discípulo de Cristo no depende directamente de los conocimientos doctrinales que se tenga sobre la persona de Jesús; no depende de la aprobación de un examen de conocimientos que demuestre que “sabemos” muchas cosas de Dios. Ni tampoco esto depende del aspecto “moral” de la persona, es decir saberse “bueno”, entre comillas, que se comporta de acuerdo a los mandamientos y leyes de la Iglesia y de la cultura. Ni tampoco depende de la situación “social”, es decir que la persona sea reconocida como digna de aplauso y mérito importante. Nada de esto.
El único requisito que el evangelio exige para ser considerado discípulo y amigo de Jesús es saber “reconocerlo” cuando El habla, comprender su lenguaje propio. Se trata de una relación intuitiva, que va más allá de lo formal, de lo intelectual, de lo mecánico, de lo legal. Se exige pues un tipo de relación como la que existe entre dos personas que se aman y que se encuentran y reconocen en una dimensión mucho más profunda, íntima, personal, que sienten la alegría de descubrirse en las circunstancias más simples y ordinarias de la vida.
El discípulo de Cristo, no es pues el que esta tratando de hacer grandes cosas con el deseo de obtener el aprecio y reconocimiento del maestro sino simplemente aquel que es capaz de escuchar su voz y de hacer todo aquello que el maestro le inspira, movido por una amistad desinteresada.
El desafío, pues, que hoy nos presenta la liturgia es el que aprendamos a descifrar ese lenguaje con que Dios nos habla y que lo sepamos interpretar para nuestra propia vida. Un lenguaje que brota de Dios por amor y toca lo más íntimo y personal nuestro, nuestros auténticos y verdaderos sentimientos. Y para poder captar y dominar ese lenguaje divino, es necesario, estimados amigos, dar tiempo al tiempo, dar mucho tiempo a la conversación diaria con el Señor, escucharlo, tratar de descifrar su lenguaje y, al mismo tiempo, que Él nos escuche una y otra vez, que reconozca nuestra voz. Amigos, todo proceso de amistad verdadera necesita tiempo, días y días, mañanas y mañanas, meses y meses, en que nos sentemos a escuchar y a ser escuchados. Porque lograr una amistad con el Señor, llegar a ser sus discípulos, ser reconocido como una de sus ovejas, es un proceso humano y divino y es, sin duda, el mayor éxito que puede tener una vida humana.
No tengamos miedo, pues, de descender a lo más íntimo de nuestra vida, allí a donde no dejamos entrar a casi nadie y que, al mismo tiempo, en donde sentimos que están nuestras aspiraciones, ilusiones, esperanzas más auténticas. Desde este espacio personal, del que a veces nos avergonzamos y sentimos confusión de nosotros mismos, brotará el lenguaje propio para hablar con Dios y en donde Dios mismo nos hablará, ya que la amistad no es una fórmula, sino una vida
Y AHORA VIENE LO MÁS IMPORTANTE
Y BIEN AMIGOS, así terminamos nuestro breve comentario a la liturgia de este domingo,
Pero ahora viene el momento más importante: tu encuentro personal con el Señor Jesús.
Te invito, pues, a tomar el texto del evangelio en tus manos: San Juan, Capítulo 10, versículos del 27 al 30, y trata de escuchar lo que el Señor Jesús te quiere comunicar, a través de él:
Te agradezco muy sinceramente haber estado con nosotros.
Padre Javier San Martin SJ



CANTEMUS DOMINO GLORIOSE ENIM
MAGNIFICATUS EST

sábado, 24 de abril de 2010

III Domingo de Pascua 2010


Pesca milagrosa: Tu luz nos atrapa


Reflexion del Evangelio del Tercer Domingo de Pascua ( P. Adolfo Franco SJ )
Juan 21, 1-19

Esta hermosa página del Evangelio de San Juan, encierra muchas enseñanzas, pero además es bastante peculiar. Y es que se añadió, después que se había puesto ya un final al Evangelio. Se ve que el autor de este capítulo 21 del Evangelio de San Juan, consideraba que la enseñanza que se encerraba en esta aparición del Señor era especialmente importante.Lo que se narra es una escena en que un grupo de apóstoles salen a pescar y por indicaciones de Jesús terminan haciendo una pesca milagrosa; una pesca milagrosa, una vez más. Pero hay algunos aspectos muy especiales en esta pesca y en esta escena. Se trata de una página muy particular en que se quiere poner de relieve el papel especial de San Pedro.La figura de San Pedro destaca mucho en todo el pasaje: él es el que tiene la iniciativa de salir a pescar; él es que se tira al mar cuando sabe que es el Señor el que está en la orilla esperándoles; él también va a buscar la red y la arrastra hasta la orilla. Y sobre todo él tiene un largo coloquio privado con Jesús, que lo confirma en su puesto de Pastor de la Iglesia, y en que le anuncia la muerte de que va a morir.Parecería que este pasaje viene a hacer de nexo entre la presencia de Jesús en este mundo (aunque ahora ya resucitado) y el nacimiento de la Iglesia. Diríamos que es una escena en que aparece Jesús trasmitiéndoles toda su misión a Pedro, y con él a los apóstoles.Es una escena llena de rasgos hermosos: nos presentan a Jesús asando un pescado sin duda para sus apóstoles, y pidiéndoles que le traigan de los peces que ellos acaban de pescar. Un detalle especialmente humano de Jesús resucitado, con los suyos. Primero les ha preguntado cómo ha ido la pesca y cuando se entera (ya lo sabía) que no han pescado nada, les dice dónde están los peces. Y de nuevo se hace una pesca especialmente abundante.Pero mientras los demás apóstoles están comiendo el pescado asado, Jesús se retira un poco con Pedro. Y le hace la triple pregunta de si lo ama; seguramente para borrar con esto definitivamente el sabor amargo que debía tener Pedro después de la triple negación. Pero no es una simple confesión de amistad. Pues a cada respuesta afirmativa de Pedro, sigue un encargo pastoral: ya que me amas, apacienta mis ovejas. O sea demuéstrame ese amor, cuidando mi Iglesia. Es un asunto de amor, pero de un amor que se muestre en las obras.Las obras, “apacentar sus ovejas” son la verdadera respuesta que Jesús espera de Pedro. Jesús había hablado muchas veces de la oración estéril, y sin sustento: No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre. El que me ama, guardará mis mandamientos. Y en la carta de Santiago se habla también de la fe sin obras, que es una fe muerta. Y sobre todo San Juan en su primera carta, en que afirma: El que dice que ama a Dios a quien no ve, y no ama a su prójimo a quien sí ve, es un mentiroso.Después de esta triple afirmación con que Pedro reitera su amor a Jesús. Este le anuncia la prueba más grande que Pedro le dará de su amor: Jesús le anuncia que más adelante entregaría su vida por El, con valentía; ya no volverá el miedo que tuvo la noche de la triple negación. Cuando seas mayor otro te ceñirá y te llevará donde no quieres. Y con esto le decía de qué forma glorificaría a Dios. Así se está planteando la estructura de la Iglesia que nacerá poco tiempo después. Todo debe basarse en el amor a Jesús, sin eso no hay Iglesia. El que más se destaca en la Iglesia debe ser el que más sirva a sus hermanos. La dedicación a los hermanos es asunto fundamental en la pertenencia a la Iglesia. Y finalmente la capacidad de dar la vida por el Señor, como máxima obra de servicio a Jesús y a su Iglesia.

Agradecemos al P. Adolfo Franco S.J. por su colaboración.
http://www.formacionpastoralparalaicos.blogspot/



CANTEMOS DOMINO GLORIOSE ENIM
MAGNIFICATUS EST

domingo, 11 de abril de 2010

II Domingo de Pascua 2010

Dichosos los que creen sin ver


Salto de Fe: por P. Adolfo Franco, S.J.
Reflexión del Evangelio del Segundo Domingo de Pascua Juan 20, 19-31
Jesús resucitado se manifestó en diversas ocasiones a los suyos, y especialmente a los apóstoles. Juan en este párrafo nos narra dos de sus apariciones a los apóstoles, ocurridas a una semana de distancia, la una de la otra: la primera el mismo día de la resurrección, y la segunda el domingo siguiente, tal día como hoy.En ambas se manifiesta la dificultad de los apóstoles en creer. Y es que la resurrección no es un hecho como los demás hechos que ocurren a nuestro alrededor. Para los hechos normales basta tener los ojos abiertos y los oídos atentos; basta aplicar nuestras manos al objeto que se nos presenta para percibir que es real; pero la “realidad” de la Resurrección es de otro orden, y no basta el conocimiento normal para llegar a esa “realidad”. Hace falta la fe.Los apóstoles ven, tocan, y sin embargo no acaban de aceptar. Incluso piensan que es un fantasma el que está delante de ellos. La actitud de Tomás es más dura aún: él pone condiciones para creer: “si yo no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo”. Es la respuesta que nosotros presentamos ante la resurrección de Jesucristo, y ante las verdades sobrenaturales: queremos medirlas con nuestros métodos de conocimiento. Y para pasar de nuestro conocimiento de las realidades habituales al de las “realidades” superiores, a las verdades sobre Dios, hace falta saltar. El salto de la fe, que es un don de Dios. Y hace falta saltar porque el hilo de nuestra lógica nos tiene atados a un espacio pequeño, el espacio que alcanzan nuestros sentidos y nuestra racionalidad; para llegar más allá hace falta saltar.La resurrección de Jesucristo es el acontecimiento fundamental, es el suceso central, la obra de Dios por excelencia, que da sustento a todo lo que Jesús ha enseñado. San Pablo dirá que si Cristo no ha resucitado, nuestra fe es vana. Si la resurrección no fuera un hecho real, al creer en Cristo creeríamos lo que no existe, fundaríamos nuestra existencia sobre la nada. Pero, Pablo afirma en seguida, que sí, Cristo de verdad ha resucitado.Hay que considerar también otras riquezas contenidas en estas apariciones: principalmente los dones que Jesús viene a entregar a la Iglesia, y los entrega a la Iglesia depositándolos en los apóstoles: son tres dones principalmente explícitos en esta aparición: La Paz, que deriva de la salvación: es la Paz con Dios, en primer lugar, la paz que había sido rota en el Paraíso por el pecado de Adán: la paz que debemos establecer interiormente y que debemos comunicar.El segundo don que Cristo les entrega a los apóstoles es su propia misión; El ya ha cumplido la tarea, ha fundado todo, y le ha puesto cimientos: la Iglesia ahora debe ser la continuadora de la obra de Cristo.Y finalmente les regala el don del Espíritu Santo. Que es la nueva fuerza de que estarán invadidos todos los creyentes, individualmente y sobre todo reunidos en comunidad. Claro que es más que un don, porque es el Espíritu de Dios. Y este Espíritu se manifiesta por el perdón de los pecados: los pecados pueden ser perdonados (quitados de raíz) porque es el Espíritu de Dios el que actúa cuando los apóstoles y sus sucesores dicen: “tus pecados quedan perdonados”. El don del Espíritu vendrá sobre los apóstoles en plenitud el día de Pentecostés, pero ya Jesús resucitado les da un anticipo. Este Espíritu, que es la Tercera Persona de la Santísima Trinidad es el gran don que Cristo ha ido prometiendo a los apóstoles en su despedida: El les revelará todo; y es tan importante para los apóstoles, que hasta hace conveniente que Cristo marche de este mundo al Padre. Este Espíritu es la fuerza purificadora que nos limpiará de nuestros pecados.
...
Agradecemos al P. Adolfo Franco S.J. por su colaboración.