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viernes, 15 de agosto de 2014

La Asunción de la Virgen María por el Papa Francisco desde Corea - 2014




La Asunción de la Virgen María por el Papa Francisco desde Corea

Transformar el mundo según el plan de Dios Amor. La Asunción de María nos muestra la esperanza y libertad cristiana real

2014-08-15


(RV).-(Se actualizó con voz del Papa) RealAudio  Amar a Dios y a los hermanos, con corazón puro y el futuro que Cristo nos ofrece también hoy. Con la ferviente participación de unos 50.000 fieles que lo ovacionaron con gran cariño a su llegada, el Papa Francisco, en unión con toda la Iglesia extendida por el mundo, que «ve en María la Madre de nuestra esperanza», celebró la Santa Misa de la Solemnidad de la Asunción de la Virgen María, en Daejeon, a 137 kilómetros de Seúl. Contemplando a Nuestra Señora, que nos muestra nuestro destino como hijos adoptivos de Dios y miembros del Cuerpo de Cristo, el Obispo de Roma destacó que, «como María, nuestra Madre, estamos llamados a participar plenamente en la victoria del Señor sobre el pecado y sobre la muerte y a reinar con Él en su Reino eterno - donde reinar es servir - y tomando conciencia del futuro que, también hoy, el Señor Resucitado nos ofrece». Alentando a invocar a María Madre como Madre de la Iglesia en Corea y de la esperanza, que nos ofrece el Evangelio - antídoto contra la desesperación que parece extenderse como un cáncer, en una sociedad exteriormente rica, que a menudo experimenta amargura y vacío interior - el Santo Padre reiteró que la verdadera libertad se encuentra en la acogida amorosa de la voluntad del Padre. Con el anhelo de que sean «fieles a la libertad real, recibida en el bautismo, para transformar el mundo según el plan de Dios», alentó a pedir a la Madre de Dios que los cristianos de Corea «sean fuerza generosa de renovación espiritual en todos los ámbitos de la sociedad. Que combatan la fascinación de un materialismo que ahoga los auténticos valores espirituales y culturales, la competición desenfrenada, que genera egoísmo y hostilidad. Que rechacen modelos económicos inhumanos, que crean nuevas formas de pobreza y marginan a los trabajadores, así como la cultura de la muerte, que devalúa la imagen de Dios, del Dios de la vida y atenta contra la dignidad de todo hombre, mujer y niño. Que los jóvenes no se dejen nunca robar la esperanza». 
(CdM – RV)




Versión completa de la homilía del Papa RealAudioMP3 

Homilía
Asunción de la Virgen María
Daejeon, Estadio de la Copa del Mundo
15 de agosto de 2014

Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

En unión con toda la Iglesia celebramos la Asunción de Nuestra Señora en cuerpo y alma a la gloria del cielo. La Asunción de María nos muestra nuestro destino como hijos adoptivos de Dios y miembros del Cuerpo de Cristo. Como María, nuestra Madre, estamos llamados a participar plenamente en la victoria del Señor sobre el pecado y sobre la muerte y a reinar con Él en su Reino eterno. Ésta es nuestra vocación.
La “gran señal” que nos presenta la primera lectura –una mujer vestida de sol coronada de estrellas (cf. Ap 12,1)– nos invita a contemplar a María, entronizada en la gloria junto a su divino Hijo. Nos invita a tomar conciencia del futuro que también hoy el Señor resucitado nos ofrece. Los coreanos tradicionalmente celebran esta fiesta a la luz de su experiencia histórica, reconociendo la amorosa intercesión de María en la historia de la nación y en la vida del pueblo.
En la segunda lectura hemos escuchado a san Pablo diciéndonos que Cristo es el nuevo Adán, cuya obediencia a la voluntad del Padre ha destruido el reino del pecado y de la esclavitud y ha inaugurado el reino de la vida y de la libertad (cf. 1 Co 15,24-25). La verdadera libertad se encuentra en la acogida amorosa de la voluntad del Padre. De María, llena de gracia, aprendemos que la libertad cristiana es algo más que la simple liberación del pecado. Es la libertad que nos permite ver las realidades terrenas con una nueva luz espiritual, la libertad para amar a Dios y a los hermanos con un corazón puro y vivir en la gozosa esperanza de la venida del Reino de Cristo.
Hoy, venerando a María, Reina del Cielo, nos dirigimos a ella como Madre de la Iglesia en Corea. Le pedimos que nos ayude a ser fieles a la libertad real que hemos recibido el día de nuestro bautismo, que guíe nuestros esfuerzos para transformar el mundo según el plan de Dios, y que haga que la Iglesia de este país sea más plenamente levadura de su Reino en medio de la sociedad coreana. Que los cristianos de esta nación sean una fuerza generosa de renovación espiritual en todos los ámbitos de la sociedad. Que combatan la fascinación de un materialismo que ahoga los auténticos valores espirituales y culturales y el espíritu de competición desenfrenada que genera egoísmo y hostilidad. Que rechacen modelos económicos inhumanos, que crean nuevas formas de pobreza y marginan a los trabajadores, así como la cultura de la muerte, que devalúa la imagen de Dios, el Dios de la vida, y atenta contra la dignidad de todo hombre, mujer y niño. 
Como católicos coreanos, herederos de una noble tradición, ustedes están llamados a valorar este legado y a transmitirlo a las generaciones futuras. Lo cual requiere de todos una renovada conversión a la Palabra de Dios y una intensa solicitud por los pobres, los necesitados y los débiles de nuestra sociedad.
Con esta celebración, nos unimos a toda la Iglesia extendida por el mundo que ve en María la Madre de nuestra esperanza. Su cántico de alabanza nos recuerda que Dios no se olvida nunca de sus promesas de misericordia (cf. Lc 1,54-55). María es la llena de gracia porque «ha creído» que lo que le ha dicho el Señor se cumpliría (Lc 1,45). En ella, todas las promesas divinas se han revelado verdaderas. Entronizada en la gloria, nos muestra que nuestra esperanza es real; y también hoy esa esperanza, «como ancla del alma, segura y firme» (Hb 6,19), nos aferra allí donde Cristo está sentado en su gloria.
Esta esperanza, queridos hermanos y hermanas, la esperanza que nos ofrece el Evangelio, es el antídoto contra el espíritu de desesperación que parece extenderse como un cáncer en una sociedad exteriormente rica, pero que a menudo experimenta amargura interior y vacío. Esta desesperación ha dejado secuelas en muchos de nuestros jóvenes. Que los jóvenes que nos acompañan estos días con su alegría y su confianza no se dejen nunca robar la esperanza.
Dirijámonos a María, Madre de Dios, e imploremos la gracia de gozar de la libertad de los hijos de Dios, de usar esta libertad con sabiduría para servir a nuestros hermanos y de vivir y actuar de modo que seamos signo de esperanza, esa esperanza que encontrará su cumplimiento en el Reino eterno, allí donde reinar es servir. Amén.

f: Radio vaticana


viernes, 16 de agosto de 2013

Homilia al XX Domingo del T.O. - C

Asunción de la Virgen María a los cielos – Ciclo C


Escrito por padre Javier San Martin sj - Comentario a la Liturgia de los domingos

SUBIÓ A LOS CIELOS Y SE QUEDÓ EN LA TIERRA

Domingo, 18 de agosto 2013


Lectura del santo evangelio según san Lucas (12,49-53):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división. En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.»

Palabra del Señor



ESTIMADOS AMIGOS:

Bienvenidos a nuestro encuentro dominical para celebrar juntos el Día del Señor. Hoy la Iglesia celebra La fiesta de La Asunción de la Santísima Virgen Maria. Esta antigua fiesta nos ayuda a entrar dentro del misterio de la madre de Dios, Maria, al haber sido escogida desde los más arcanos tiempos para concebir en su seno al hijo de Dios, no podía ser sino el ser más puro y al mismo tiempo el más cercano a los hombres.

La antigua tradición de la Iglesia celebra el día de hoy, con gran gozo, aquel tierno e histórico momento cuando la Virgen María fue llevada por los Ángeles en cuerpo y alma a los cielos.

Sin embargo, María no se desprendió en ningún momento de los problemas que vivían y que vivirán las comunidades cristianas. Este compromiso que ella ha hecho con los hombres y mujeres de todas las generaciones no lo puede romper en ningún momento, y esto lo ha ido demostrando en las numerosas apariciones que ella ha ido teniendo en diversos tiempos y lugares.

Es por eso, reconfortante y conmovedor, ver que la Virgen Maria que hoy se pierde en los cielos, en donde fue coronada como Madre y Señora del Universo, la vemos descender en Fátima, Lourdes, Guadalupe y en tantos otros lugares. Por eso, hoy la Iglesia al proclamar que la Virgen María esta en cuerpo y alma en los cielos y que ha sido coronada como reina del Universo proclama, al mismo tiempo, que María es la compañera infaltable en el camino de los hombres.

Ahora, María, ya en el Cielo, comprende en su totalidad la misión que Dios le había confiado. Ahora sabe bien lo que es ser la Madre de aquellos hijos que Jesús le confiara desde la cruz. Madre de la Iglesia, que a de vigilar con ojo atento a los pastores igual que a los fieles, a fin de que la Iglesia realice la obra del Reino de Dios hasta llevarla a término final.

Pero, mirada la Asunción desde un punto de vista más concreto, el Concilio nos la ha centrado en una dimensión eclesial verdaderamente grande y consoladora. ¿Por qué Dios ha resucitado a María, que no ha querido esperar al fin del mundo, en la resurrección universal? Dios ha querido glorificar a su Madre de una manera plena, sin retardar para Ella lo que hará con los demás redimidos. Ha mirado a su Madre sin más.

Pero el Concilio nos ha señalado el otro fin de Dios al hacer Inmaculada a María, y al resucitarla y subirla al Cielo en su Asunción: ha sido para presentar a la Iglesia la imagen de lo que será la misma Iglesia en su consumación final. Mirando a María, sabemos lo que vamos a ser cada uno de nosotros.

Dios nos devolverá, después de eliminar todo pecado, aquella inocencia primera que tuvieron el hombre y la mujer en el paraíso. La misma inocencia también con que salimos de las aguas bautismales. Seremos santos e inmaculados, de modo que el amor a Dios será ardiente, totalmente puro, y nuestras almas brillarán con una hermosura sin igual. En María Inmaculada contemplamos ya nuestro propio retrato tal como seremos en el Cielo.

Y en María, Asunta al Cielo en cuerpo y alma, vemos también el término final que nos espera. La última que vencerá no será la muerte, sino la vida. ¿Vemos lo que es María en el Cielo? Pues esto mismo, y no otra cosa, es lo que seremos nosotros.

¿Podemos pensar que María, Madre de todos los hombres, esta contenta de las condiciones de vida en que se desenvuelven muchos hijos suyos?…

¿Puede estar conforme con la pobreza extrema de muchos?, ciertamente NO

¿Puede mirar indiferente las condiciones de muchas cárceles?

¿Puede gustarle cómo se mata a tantos niños antes de que puedan nacer?

¿Puede contemplar sin conmoverse la situación penosa de jóvenes que cayeron en la droga?

¿Puede tolerar la explotación de hijas suyas, compradas como esclavas destinadas al vicio?

Ciertamente que NO. Cuando nosotros hacemos algo para remediar esos males no nos damos cuenta quizá de que somos instrumentos del amor materno de la Virgen, que se preocupa desde el Cielo y cuenta con nosotros para que realicemos una obra de amor salida de su Corazón…



Y AHORA VIENE LO MÁS IMPORTANTE

Y BIEN AMIGOS, así terminamos nuestro breve comentario a la liturgia de este domingo,

Pero ahora viene el momento más importante: tu encuentro personal con el Señor Jesús.

Te invito, pues, a tomar el texto del evangelio en tus manos: San Lucas, Capítulo 1, versículos del 39 al 56, y trata de escuchar lo que el Señor Jesús, a través de él, te quiere comunicar:

Te agradezco muy sinceramente el haber estado con nosotros,

Y nos encontramos el próximo domingo.

http://faculty.shc.edu/jsanmartin/

domingo, 15 de agosto de 2010

15.08 El Papa y la Virgen de la Asuncion 2010


El Papa celebra la misa de la Asunción de la Virgen en Castel Gandolfo
Por Agencia EFE – hace 4 horas
Ciudad del Vaticano, 15 ago (EFE).- El Papa Benedicto XVI concelebró hoy la misa de la Asunción de la Virgen María en la pequeña iglesia parroquial de San Tommaso da Villanova, en la localidad de Castel Gandolfo, situada a 30 kilómetros de Roma, donde pasa sus vacaciones estivales.
Al oficio religioso asistió en primera fila el hermano del Pontífice, monseñor Georg Ratzinger.
Para el Papa la festividad de la Asunción de María "es una de las mas importante del año litúrgico" y ha recordado que el primero de noviembre de este año se cumplirá el 60 aniversario de la declaración dogmática que hizo el papa Pio XII de la Asunción al cielo de la Virgen María.
Y con este dogma, el Papa ha explicado en la homilía, "nosotros creemos que María, como Cristo su hijo, ya ha vencido a la muerte y triunfa ya en la gloria celeste en la totalidad de su ser, de su alma y cuerpo".
Ratzinger se ha referido también a la concepción del cielo.
"Nosotros somos hoy conscientes de que con el término cielo no nos referimos a cualquier lugar del universo, a una estrella o a cualquier otra cosa".
"Con el término cielo -ha proseguido el Papa- nos referimos a una cosa más grande y difícil de definir con nuestros limitados conceptos humanos. Con el término cielo queremos afirmar que Dios no nos abandona ni siquiera en la muerte sino que hay un puesto para nosotros que nos da en la eternidad".
"Para comprender un poco mejor esta realidad miremos a nuestra propia vida: todos experimentamos que una persona, cuando ha muerto, continúa subsistiendo de alguna manera en la memoria y en el corazón de aquellos que la han conocido y amado", ha explicado.
Pero esa persona existe como "una sombra" porque esta supervivencia está destinada a terminar. Dios sin embargo no pasa jamás y todos existimos en la fuerza de su amor, ha matizado.
Según Benedicto XVI, "nuestra serenidad, nuestra esperanza, nuestra paz se funda sobre esto; en Dios, en su pensamiento, y en su amor, no sobrevive sólo la sombra de nosotros mismos, sino en Él, en su amor creador, nosotros somos custodiados e introducidos con toda nuestra vida, con todo nuestro ser en la eternidad".
"Es su amor el que vence la muerte y que nos dona la eternidad" y "a este amor es lo que llamamos cielo", ha concluido el Papa.
http://www.google.com/hostednews/epa/article/ALeqM5h1ag4zOrEUgTaQcjIq3NlQoGx_rg