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sábado, 6 de febrero de 2016

Homilía del V Domingo del T.O. - 2016

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HOMILÍA  DOMINGO V DEL T. O.

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«Pesca milagrosa, llamada a los primeros apóstoles» 
(Lc 5, 1-11) 

P. Carlos Cardó, SJ – 7 Feb 2016

Lucas pone el llamamiento de los discípulos al comienzo de la actividad pública de Jesús para señalar que lo primero de todo en la vida cristiana es sentirse llamados. La fe cristiana, en efecto, no consiste únicamente en asimilar intelectualmente una doctrina o adoptar una actitud moral. Jesús llama a seguirlo, es decir, a identificarse con Él; y también a confiar, arriesgarse a comprometerse con Él hasta el final.
Esta adhesión vital a la persona de Jesús es lo que hace que el evangelio y la vida cristiana sean algo muy superior a una bella doctrina que uno aprende, a una hermosa causa por la que uno lucha, a una hermosa realización estética que uno admira. Jesús despierta en quien lo sigue una relación mucho más profunda y total: se le entrega no sólo la cabeza y la sensibilidad, se le entrega el corazón, el fondo del alma. Creer es poder decir con San Pablo: Ya no vivo yo, es Cristo quien vive mí (Gal 2,20).
El pasaje, además, tiene un contenido eclesial. La barca con Jesús y los apóstoles simboliza a la Iglesia. Desde ella Jesús predica, de ella baja para sanar a los enfermos, en ella atraviesa el lago de Galilea en compañía de sus discípulos y, cuando Él no está, la barca zozobra zarandeada por los vientos y las olas. La barca no puede estar sin Jesús; cuando eso ocurre la envuelve la oscuridad de la noche y queda expuesta a la tempestad. Y puede ocurrir también que Jesús esté en ella con los suyos pero como ausente, dormido en el cabezal, y ellos tengan miedo porque su fe es escasa.
Así es la Iglesia y eso podemos vivir en ella, porque está formada de hombres y mujeres como nosotros, con sus debilidades, miedos y desconfianzas. Hay aquí una invitación a reconocer a Cristo en la Iglesia tal como es: comunidad de pecadores, solidaridad de debilidades. En la Iglesia aparece lo que somos y lo que Él hace por nosotros: nos congrega, sana y alimenta, nos hace comunidad abierta a los que sufren, y a ellos nos envía para repetir sus gestos, signos de su reino.


Los pescadores estaban lavando las redes. La llamada se recibe en la vida ordinaria. No nos imaginemos cosas extraordinarias. El Señor nos habla en nuestra propia Galilea, en nuestra vida cotidiana, por profana o prosaica que nos parezca: mientras se está pescando como Simón y sus compañeros, o se está contando plata como Mateo en su mesa de cobrador de impuestos. Incluso se puede estar haciendo cosas contra Cristo y contra los cristianos, como hacía Saulo. Hagamos lo que hagamos, llega a nosotros su palabra que nos cambia, desvelando nuestra verdad más profunda.
Dice Jesús a Pedro: Rema mar adentro y echa las redes para pescar. Han pasado una mala noche de fatiga inútil. La orden de Jesús a pescadores profesionales podría parecer ofensiva: ellos saben cuándo y dónde se echa la red; y saben que es de noche cuando se pesca. Maestro toda la noche nos la hemos pasado bregando sin pescar nada… pero sobre tu palabra echaré la red. La noche simboliza la ausencia de Jesús. Sin el Señor, la actividad es infecunda. “Porque sin mí, no pueden hacer nada” (Jn 15,5).
La noche es también la comunidad cerrada. Y es el trabajo sin unión a Jesús, que resulta siempre ineficaz. En realidad ellos no saben dónde echar la red, cuál es el lugar adecuado. Habrán de aprender a no confiar en sus propias fuerzas, en su capacidad o en los medios que emplean, pues pronto revelan su impotencia para la tarea encomendada.
Cuando, como Pedro, reconocen que es el Señor quien hace crecer y fructificar, entonces producen frutos. “Confío en tu palabra, tu palabra me da vida”. La comunidad ha de escuchar la palabra, confrontar sus fatigas y miedos, obedecer y obtener frutos. Sólo el empeño en el trabajo, junto con el reconocimiento humilde y realista de la propia incapacidad, conducen a la abundancia.
Capturaron gran cantidad de peces…La abundante pesca expuesta de forma enigmática por el empleo del término “multitud”, alude a la entera comunidad de fieles, reunidos por medio de la predicación y de los esfuerzos apostólicos en la una y única Iglesia. A pesar de ser tantos los ganados para la causa de Cristo en la Iglesia, la red no se rompe, porque cuenta con las promesas de Jesús.

13-ordinario5 (C) cerezo

Al ver esto Simón Pedro se postró a los pies de Jesús diciendo: Apártate de mí, Señor, que soy un pecador. Ante la magnitud del favor recibido, Pedro reconoce su propia condición de pecador. La magnanimidad del Señor le lleva a apreciar su propia pequeñez. Expresa gratitud en forma de deseo de conversión y perdón.


No temas, desde ahora serás pescador de hombres. La comunidad, representada por Pedro, recibe la llamada a la misión. En la pesca está prefigurada la misión que se inicia en Galilea y ha de llegar hasta el confín del mundo.
Ellos, dejándolo todo, lo siguieron.
En la primera lectura, hemos escuchado la voz del Señor que decía: “¿A quién mandaré? ¿Quién irá por mí?” (Is 6,8).

¿Es mi respuesta la misma del profeta: “Aquí estoy, mándame?”.

 P. Carlos Cardó, SJ
Párroco - Nuestra Señora de Fatima - Miraflores Lima


sábado, 23 de enero de 2016

24.01 Homilía del III Domingo del T.O. - 2016



HOMILÍA – DOMINGO III DEL T. O.
«El espíritu del Señor me ha enviado»
 (Lc 1,1-4; 4,14-21) – P. Carlos Cardó, SJ –
Domingo 24 Ene 2016

E l evangelio de hoy tiene dos partes. La primera es el prólogo de la obra de Lucas (1,1-4). La segunda, cuatro capítulos después, narra el inicio de la actividad pública de Jesús en Nazaret (4,14-21).
En el prólogo, San Lucas dice que su evangelio está dedicado a un cierto Teófilo, que no sabemos bien si es un personaje real o ideal. Algunos comentaristas lo consideran una persona histórica, un ayudante de Lucas en su tarea evangelizadora. Lo más acertado es decir que se trata de una figura simbólica que representa al discípulo de todos los tiempos. “Teófilo” significa “amado de Dios” o “amante de Dios”. El discípulo de Jesús, que recibe el evangelio, sabe que Dios lo ama y desea llegar a amar realmente a Dios.
Se puede decir que Lucas dedica su evangelio al cristiano que quiere llegar a ser un adulto en su fe, consciente de la responsabilidad que le atañe en el mundo. A ese cristiano lo quiere conducir a vivir una experiencia similar a la de los discípulos de Emáus, es decir, a escuchar al Señor, a reconocerlo “al partir el pan” y hallarlo presente en la comunidad, cuyos miembros dan testimonio de que “verdaderamente el Señor ha resucitado” (24,34)
Lucas declara que su intención al escribir su evangelio es componer un relato de los hechos que se han verificado en torno a Jesús de Nazaret. Hablará de Jesús en forma narrativa, empleando las tradiciones transmitidas por los que fueron primero testigos oculares y luego predicadores de la Palabra. Por consiguiente, lo que está en el evangelio no son fantasías del autor, sino testimonios recogidos tal como fueron transmitidos por los que convivieron con Jesús y luego los dieron a conocer a las primeras comunidades cristianas.
El evangelista comprueba todo exactamente desde el principio y lo presenta de manera ordenada, para que los lectores puedan conocer y entender mejor a Jesús. Es la finalidad: que conozcan la solidez de las enseñanzas recibidas.
En la segunda parte del texto de hoy se relata el acontecimiento que da inicio a la vida pública de Jesús. Nos dice que Jesús, como era su costumbre, asistió un sábado a la sinagoga de su pueblo y que se levantó para hacer la lectura. Le dieron un texto del profeta Isaías y lo explicó aplicándolo a su propia persona. Hizo ver a sus oyentes que él era el enviado definitivo de Dios, portador de su Espíritu, que lo había ungido para anunciar la buena noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad y conseguir la libertad a los oprimidos.
Muchos al oírlo se admiraron de “las palabras de gracia” que salían de su boca; vieron que en ellas se realizaban las promesas de Dios, proclamadas por los antiguos profetas. Al igual que aquellos primeros testigos, también la comunidad cristiana primitiva experimentaba en su quehacer diario la gracia de Dios, sentían que el mismo Jesús resucitado seguía acompañando a los suyos.
Para ellos y para nosotros –a quienes se dirige el Evangelio– las palabras de Jesús son una constante llamada a la vida plena y realmente feliz; a aquella vida que, como la de Jesús, se realiza en el amor y el servicio, en especial a los pobres y a los que sufren.
Hay algo importante en el texto de Lucas que debemos resaltar porque tiene especial actualidad en este tiempo en que celebramos el Año Santo de la Misericordia, inaugurado por el Papa Francisco. Es la referencia precisamente al año jubilar.
Jesús afirma que ha venido a proclamar el año de gracia del Señor, conforme a lo anunciado por Isaías. Toda su actividad queda definida a la luz de esta promesa, cuyo cumplimiento definitivo se daría con la venida del Mesías. El año de gracia era el año jubilar que los judíos debían celebrar cada 50 años según lo prescrito en el libro del Levítico, cap. 25.
En ese año santo, se condonaban las deudas, se prestaba dinero sin interés a quien lo necesitaba, se devolvían las tierras o propiedades tomadas por hipotecas vencidas y se pagaba el rescate de los judíos vendidos como esclavos. De este modo se devolvía a la tierra la finalidad para la que fue creada por Dios y, en la creación liberada, todos podían sentirse realmente hijos del mismo padre y hermanos entre sí.
Jesús afirma que para esto ha venido, que esa meta se ha alcanzado en él. Más tarde, los cristianos de la primitiva Iglesia, según Hechos de los Apóstoles, se vieron como el nuevo Israel que daba cumplimiento al Año Jubilar proclamado por Jesús, pues vivían unidos y lo tenían todo en común, repartían los bienes, compartían el pan (Hech 2, 42-48) y hacían todo lo posible para que no hubiera pobres entre ellos (Hech 4,32-37).
Asimismo nosotros, y con mayor intensidad en este Año Santo de la Misericordia, debemos sentirnos llamados a trabajar por la causa de Jesús, que hoy como ayer tiene el mismo contenido y los mismos destinatarios: hacer que todos se sientan hijos e hijas de Dios y vivan como hermanos y hermanas, en una creación, liberada de toda injusticia y protegida como nuestra casa común.
Que en este año santo, como anhela el Papa Francisco, se pueda “unir toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar” (Encíclica Laudato sì, n.13). Contamos para ello con el Espíritu que consagró a Jesús y que sigue disponible también para nosotros hoy.

– P. Carlos Cardó, SJ –

Parroquia Nuestra Señora de Fátima – Miraflores - Lima



viernes, 24 de enero de 2014

Homilia del III Domingo del T. O. A 2014


Salgamos a pescar que muchos se ahogan

Comentario al Tercer Domingo del Tiempo Ordinario - Ciclo “A”

Domingo 26 de Enero de 2014


Escrito por el Padre Javier San Martin sj

LOS LLAMÓ Y LO SIGUIERON

Mateo 4,12-23

Estimados amigos, bienvenidos a nuestra cita dominical. Hoy nos reunimos para celebrar juntos el tercer Domingo del tiempo Ordinario del ciclo A. En este domingo encontramos a Jesús buscando los colaboradores para la obra que Él había venido a realizar, manos para sembrar la mies de la palabra de salvación. Buscaba colaboradores dispuestos a empezar la aventura de su vida, dejarlo todo para ganarlo todo.

LOS LLAMÓ Y LO SIGUIERON

 Algunos escucharon el entusiasmo de la llamada, la fascinación de aquel hombre que se fijó en ellos. Y sin ser del todo conscientes de lo que significaba decir SI, dieron el paso adelante. Era claro que en aquel momento no vislumbraban ni de lejos que ese paso tendría radicales consecuencias en sus vidas. Era necesario empezar a caminar con el maestro sin volver la vista atrás. Algunos, al escuchar la invitación del maestro, muy bien podían haber imaginado que mejoraría su situación económica y social. Pero difícilmente habrían podido imaginar que el decir si a aquel hombre sencillo, significaba dar todo, hasta la propia sangre.


Y así inició la aventura de los primeros amigos de Jesús. Momento hermoso pero lleno de riesgos, como es el inicio de toda auténtica amistad. Cada uno de los llamados llevaba et bagaje de su propio carácter, de sus propias inclinaciones, gustos, preferencias y debilidades. Ninguno es un “super-genio” ni un hombre extraordinario. Su preparación intelectual es mínima o nula, y ni siquiera su disposición al riesgo, es notoria en ese primer momento. Su primera tarea: formar un grupo de amigos que se aman de verdad. Ese era el signo de haber dado el paso adelante para seguir a Jesús.




Pero, ¿qué ventajas tenia entrar al grupo de Jesús, seguir al maestro de Nazaret? Materiales, ninguna. Pero si espirituales. El sentimiento de que uno empezaba a formar parte de una empresa no meramente humana sino sobrenatural, dirigida al hombre para sanarlo, para mejorar sus condiciones integrales de vida. Era, en este sentido, una empresa nueva. Pero lo que más atraía era la persona del maestro, su manera de ser, su manera de enfocar los problemas, la manera de tratar a los amigos. Todo esto daba gran confianza, seguridad y era un impulso para seguirlo. Uno, aunque se sentía poca cosa en la vida, sentía el entusiasmo de estar haciendo algo grande, junto a un hombre de un carisma extraordinario.

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Era curioso constatar que en ese pequeño grupo no había personalidades del mundo de las finanzas, ni de la política, ni del mundo social. Solo habían representantes de los obreros, los trabajadores manuales. Hombres de playa y lago. A estos se les llamaba para confiarles la misión más grande que se ha dado sobre la tierra. La misión de que los hombres logren su felicidad eterna. Humanamente hablando esto era una verdadera locura. Pero bien sabia Jesús lo que hacía. El quiso confiar su grande y querida tarea a gente que ningún empresario habría buscado. Pero vemos qué acertado estuvo. La obra que estos realizaron ha atravesado los siglos y ha llegado hasta nuestros días. Porque la obra fue realizada con fuerzas sobrenaturales que han hecho posible lo que el hombre por si solo, por más capaz que sea, nunca habría podido realizar.

Si. Esta fue la primera experiencia del grupo cristiano. Y sobre esta experiencia deben formarse los grupos que vengan a través de los tiempos. En primer lugar, se debe reconocer y aceptar que uno es escogido y llamado, no por lo que piensa que vale, o porque es importante, o inteligente, sino porque uno es mirado y escogido por Jesús para ser su compañero solo por amor. Un amor que no se explica racionalmente, pero que es la única respuesta a la pregunta de por qué llama el Señor. Así mismo, se debe estar convencido que uno debe trabajar, al máximo de sus fuerzas, pero sabiendo que por más que haga, et fruto de la tarea no se atribuye a su esfuerzo sino a la acción del Espíritu Santo.

Esto debe ser la gran alegría y consolación del amigo de Jesús, saber que el Espíritu Santo va llevando la obra que Jesús confió a la Iglesia. Y en tercer lugar, uno debe estar convencido que la mejor tarea que podremos realizar es la de formar comunidad de amor que es el único signo visible de que Jesús sigue en medio de nosotros y nos acompaña en el caminar. Cada uno en la comunidad tiene su carácter y su manera de ser pero, debemos ser conscientes que lo que unifica al grupo, y atenúa las diferencias es el convencimiento de haber sido llamados todos por el mismo Jesús, y llamados a vivir en comunidad.

Pero lo más importante es

Y bien amigos, así terminamos la primera parte de nuestra cita dominical. Pero ahora viene la parte más importante. Toma en tus manos et texto del evangelio, y trata de sentir tú mismo lo que el mismo Señor Jesús te quiere decir. Recuerda, es el Evangelio de San Mateo 4,12-23.

Te dejo pues con el Señor, cuenta con mis oraciones, y nos estamos escuchando nuevamente et próximo domingo.

http://faculty.shc.edu/jsanmartin/

jueves, 24 de octubre de 2013

Homilia del Domingo XXX del T.O. - C

Enaltece a los humildes y humilla a los soberbios

2 Comentarios Dominicales

27 10 2013
Comentario al Domingo 30º del Tiempo Ordinario – Ciclo C
Posted by: P. Javier San Martin sj in Comentarios a la Liturgia de los Domingos


Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Lucas (18,9-14):

En aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta parábola: «Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: "¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo." El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: "¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador." Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»

Palabra del Señor



¡¡¡ QUÉ PECADORES SON LOS OTROS !!!

Lucas 18, 9- 14

Estimados amigos:

Hoy celebramos el domingo trigésimo del tiempo ordinario, y la Iglesia presenta para nuestra reflexión y comentario la conocida parábola del fariseo y el publicano.


No dice nada este Evangelio de la reacción que tendría el público al escuchar esta parábola. Pero podemos imaginar que la gente sencilla que la escuchaba se moría de risa y asentía, mientras los fariseos se recomían por dentro. El maestro Jesús, con un humor muy simpático, pintó el defecto más grande que tenían los fariseos, que era el de creerse santos, mientras que solían despreciar a los otros como pecadores malditos. Jesús, pues, contó esta parábola:

Un fariseo y un publicano coincidieron en el templo y ambos se pusieron a orar. El publicano adelante, para que todos lo vean, empezó a decir con los ojos bien altos hacia el cielo:

- ¡Gracias, OH Dios, porque yo no soy como los demás hombres, ladrones, injustos, adúlteros…, y me¬nos como ese publicano que está allí detrás! Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo. Este ya no sabía qué más inventar para alabarse a sí mismo y poner contento a Dios.

La gente que escuchaba, comentaba en voz baja: - Si, sí, ¡Así rezan los fariseos!….

Por su parte, el publicano, se quedó atrás sin atreverse a ponerse de pie, sino in¬clinado hasta el suelo. En el Israel de entonces, los pecadores públicos eran, entre las mujeres las prostitutas, y entre los hombres los publicanos, o cobradores de tributos. Estos eran considerados ladrones y sacrílegos, pues robaban lo que podían de los impuestos que cobraban y además estaban al servicio de Roma, pueblo pagano y opresor del pueblo de Dios

Pero en esta ocasión, Jesús, con sonrisa compasiva, cariñosa, y comprensiva, prosiguió:

Este publicano, que ni alzaba la vista de pura vergüenza, se limitaba a repetir una y otra vez, golpeándose el pecho: ¡Señor, ten misericordia de mí, que soy un pobre pecador!…

Y Jesús concluyó con una seriedad muy grave:

- Les aseguro, que este publicano salió del templo perdonado, a diferencia del fariseo.



¿Qué nos enseña esta parábola, tan simpática, y tan seria?… Podemos ver que contiene dos lecciones profundas y fundamentales para la vida cristiana.

La primera es que la salvación es completamente gratuita. No son nuestras buenas obras las que pueden asegurar nuestra salvación sino que es la gracia de Dios. No podemos pensar que porque hemos hecho esto y esto, Dios está obligado a darnos la recompensa eterna. Sería un gran error pensar esto. Nuestra actitud siempre debe ser la de la humildad y el reconocimiento de que simplemente somos pecadores.

Glo¬riarse de las obras propias sería un signo de orgullo y soberbia que quitaría a Dios la gloria que Él se merece, ya que la gloria es siempre de Dios.

Gloria - Misa Andina
 

La segunda lección de esta parábola se refiere al juicio temerario. ¿Quiénes somos nosotros para juzgar a nuestro hermano? El pecador que hoy es, mañana puede convertirse en un gran santo. El que se acerca a Dios diciéndole: -¡Señor, ten compasión de mí, que soy un pobre pecador!, ciertamente que ya ha empezado el camino de la santidad… Porque Dios se vuelca a los humildes que se reconocen pecadores, mientras rechaza y desprecia a los soberbios de corazón. Por eso, hoy debe brotar espontáneamente de todos nosotros, el deseo de identificarnos con el publicano para junto con él poder repetir: “Señor ten piedad de nosotros…”

“Kirie” - Misa Campesina


Y ahora viene lo más importante

Y bien amigos, así terminamos nuestra reflexión dominical. Pero ahora viene el momento más importante: tu encuentro personal con el Señor Jesús.

Te invito, pues, a tomar el texto del evangelio en tus manos: San Lucas, Capítulo 18, versículos del 9 al 14, y trata de escuchar lo que el mismo Señor Jesús, a través de él, te quiere comunicar:

Te agradezco muy sinceramente el haber estado con nosotros,

Y nos encontramos el próximo domingo.

http://faculty.shc.edu/

OTRO



27 10 2013
Comentario al Domingo 30º del Tiempo Ordinario – Ciclo C
Posted by: P. Guillermo Ortiz sj

Mientras que uno echa la culpa a los otros, el otro se acusa a sí mismo

REFLEXION DOMINICAL
jesuita Guillermo Ortiz 

(RV).- (Con audio) RealAudioMP3 

Los otros son malos, yo soy bueno”, dice el fariseo. 

“¡Perdóname! Yo cometí el error”, dice el publicano.

El modo de rezar del fariseo y del publicano en el evangelio de Lucas, capítulo 18 versículos del 9 al 14, puede ser algo casual o pueden caracterizar a la persona; su modo de sentir, pensar y actuar en la vida.

Esta vez, en el marco de la celebración de la Jornada de la Familia, en el Año de la Fe:
¿Qué actitud te parece que ayuda más en una familia, en una comunidad?

Entre “sos vos el culpable” y el “perdóname”, hay un abismo. Son modos distintos, contrarios. Uno esconde su responsabilidad detrás de prácticas vacías que terminan siendo una máscara o un escudo para defender el egoísmo, la vanidad. Así se enfrenta al otro, se divide, separa, crea un muro. Mientras que el otro protagonista del evangelio, cuando reconoce su culpa y se hace cargo de su responsabilidad tiende un puente, abre el corazón a la reparación, a la sanación, a la recuperación de la relación. Y tantas veces sucede, como en el caso del injerto, que por la unión a través de una herida profunda crecen frutos mejores.

Como en el evangelio se trata de dos modos distintos de rezar, el fariseo termina haciendo el ridículo. ¡No se puede engañar a Dios que nos conoce en lo profundo! Mientras que el publicano expone su herida más profunda, para que allí se injerte y de fruto la caricia del perdón y el amor de Dios.

Generalmente el modo de relacionarnos con Dios es el mismo que tenemos también con los demás. Vos ¿echas la culpa a los otros, o sos capaz de reconocer tu error?

La soberbia es el extremo del pecado, la humildad es la plataforma de la comunión con el Señor y con los demás. La soberbia nos separa. El perdón nos une en un mismo abrazo.

Como una vasija de barro, el que les echa la culpa a los otros se queda con las culpas propias adentro, disfrazas, tapadas, disimuladas, camufladas. Mientras que, el que reconoce su falta, la aborrece y rechaza, se vacía de lo que no sirve, de lo que hace daño, para llenarse de Dios y de todo lo bueno que el amor de Dios trae consigo.

Posted by: P. Guillermo Ortiz sj



ACOMPAÑA ESTE LUNES 28 AL SEÑOR DE LOS MILAGROS EN SU RECORRIDO PROCESIONAL EN LA CIUDAD DE LIMA


sábado, 5 de octubre de 2013

Homilía del XXVII Domingo del T.O. - C


Comentario del Domingo 27º del Tiempo Ordinario - Ciclo “C”
COMENTARIOS A LA LITURGIA DE LOS DOMINGOS
06.10.2013
Escrito por el Padre Javier San Martin sj
HAY QUE TENER FE Y HUMILDAD PARA SEGUIR A DIOS
Lucas 17, 05-10

Estimados oyentes:
Bienvenidos a nuestro encuentro dominical para celebrar juntos el Día del Señor. Hoy celebramos el domingo vigésimo séptimo del tiempo ordinario. El evangelio es breve, pero contiene dos lecciones de gran importancia para los que tratan de seguir las huellas del Señor: fe ciega y humildad profunda!...
Jesús en repetidas ocasiones había insistido con sus discípulos sobre la necesidad de vivir en fe. Por eso, cierto día, uno de ellos le dijo:
- ¡Señor, auméntanos la fe!


Y Jesús aprovecha esta petición para subrayar la importancia de esta actitud para el trabajo que ellos deberían emprender, y les dice:
- Miren, si vuestra fe fuera al menos como esta pequeña semilla de mostaza, Uds. podrían decirle a ese árbol: ¡Arráncate de raíz, y plántate en el mar!…Y, les aseguro, que el árbol les obedecería.

Con esto, Jesús, volvía a repetir a sus discípulos lo que en alguna ocasión anterior les dijo:
- ¡Uds. Son hombres de poca fe!  Pero en esta ocasión vemos que la motivación de los discípulos había cambiado. Ahora ellos empezaban a ver la necesidad de tener fe y de aumentarla. Un paso muy significativo en su vida espiritual

Pero Jesús no se detiene en este aspecto de la fe, que aunque es esencial en su doctrina, tiene que estar acompañado de otro igualmente importante, el de la humildad. Y por eso, Jesús, utilizando su estilo tan propio, pasa a plantearles la siguiente cuestión:
- Vamos a suponer que uno de ustedes tiene un criado, y un día le dice: vete a trabajar en el campo y a apacentar el rebaño. Cuando este criado ha acabado su jornada de trabajo, y vuelve cansado, ¿quién es el que le dice: - Ahora ven, siéntate junto conmigo a la mesa y come?  ¿Verdad que Uds. no lo harían así?  Por el contrario, lo que le dirían es: -¿Ya estás aquí de vuelta? Muy bien. Ahora prepárame la mesa para comer. Cuando yo haya acabado, tú podrás sentarte y comer también.

Los apóstoles escuchaban y asentían porque, en verdad, todos los patronos hacían lo mismo. Y Jesús continuó preguntándoles:
- ¿Le debe algo de agradecimiento el patrono al criado porque éste ha cumplido su deber? Le paga su jornal, y basta. Darle las gracias, ni se le ocurre.


Los discípulos asienten nuevamente, Y Jesús, concluye:
- En verdad les digo, que esto se aplica también a ustedes. Porque cuando hayan hecho todo lo que se les haya mandado, tienen que decir: somos criados inútiles. Sólo hemos hecho lo que teníamos que hacer.
Era esta, pues, una enseñanza directa en contra del y vanidad. Porque ¿Quiénes somos nosotros para exigir derechos y presumir delante de Dios?…

En esta experiencia que viven los discípulos con Jesús, aparecen, pues, dos lecciones de gran importancia: la primera referida a la relación con Dios, y la segunda, no menos importante, en relación con nosotros mismos.
Ambos aspectos, la fe y la humildad, resultan esenciales para el trabajo pastoral que Jesús había venido a realizar en base al pequeño grupo de discípulos. Él quería hacer un  grupo “omnipotente”, que tuviera las mismas cualidades carismáticas que Él había mostrado durante su breve permanencia, su dominio sobre las fuerzas de la naturaleza, su carisma para hacer milagros, resucitar muertos, confirmar la doctrina con medios maravillosos. Y para poder llegar a ser “otro Jesús” que continuase su obra con sus mismo métodos se necesitan indispensablemente estas dos actitudes fundamentales: ser hombres de fe y humildes.  Con estas dos cualidades, los discípulos podrían ser “omnipotentes”. Sin ellas, no podrán hacer nada. Por eso Jesús les dice, “Si Uds. Llegan a tener fe, podrán trasladar este árbol y plantarlo en el mar”.
Y este fue el secreto de los grandes santos: realizaron obras imponentes e inexplicables, sin medios humanos, porque, por medio de la fe, tenían en su mano toda la omnipotencia de Dios, y humildemente, daban a Él toda la gloria de sus éxitos.

Por eso, se nos debe hacer cada vez más familiar la súplica espontánea de los discípulos:
 - ¡Señor, auméntanos la fe!

Y aprender a repetir también la palabra de María:
- Aquí está la sierva del Señor. ¡Que sepa cumplir tu voluntad!…

O la de Pablo ante la puerta de Damasco:
- Señor, ¿qué quieres que haga?…

La fe y la humildad van siempre unidas en el alma del seguidor de Jesucristo. El humilde cree y obedece, y realiza maravillas de fortaleza, de amor, de servicio, de apostolado, de fidelidad…
Por eso, hoy brota de nuestro corazón una canción que es también un deseo: “cómo no creer en ti, Señor, cuando te veo tan presente a mi alrededor, y en mis circunstancias,…cómo no creer en ti.


Y ahora viene lo más importante:

Y bien amigos, así terminamos nuestra reflexión dominical. Pero ahora viene el momento más importante: tu encuentro personal con el Señor Jesús.
Te invito, pues, a tomar el texto del evangelio en tus manos: San Lucas, Capítulo 17, versículos 5 al 10, y trata de escuchar lo que el mismo Señor Jesús, a través de él, te quiere comunicar:
Te agradezco muy sinceramente el haber estado con nosotros,
Y nos encontramos el próximo domingo por este medio.


http://faculty.shc.edu/jsanmartin/


Oremos por Siria

viernes, 20 de septiembre de 2013

Homilia del Domingo XXV del T.O. - C




Que no nos atrape el dinero

22 09 2013
Comentario al Domingo 25º del Tiempo Ordinario - C

Posted por Padre Javier San Martin sj

¿QUÉ HACES CON TU DINERO PARA SALVARTE?

Lectura del santo evangelio según san Lucas (16,1-13):


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Un hombre rico tenía un administrador, y le llegó la denuncia de que derrochaba sus bienes. Entonces lo llamó y le dijo: "¿Qué es eso que me cuentan de ti? Entrégame el balance de tu gestión, porque quedas despedido." El administrador se puso a echar sus cálculos: "¿Qué voy a hacer ahora que mi amo me quita el empleo? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa." Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo y dijo al primero: "¿Cuánto debes a mi amo?" Éste respondió: "Cien barriles de aceite." Él le dijo: "Aquí está tu recibo; aprisa, siéntate y escribe cincuenta." Luego dijo a otro: "Y tú, ¿cuánto debes?" Él contestó: "Cien fanegas de trigo." Le dijo: "Aquí está tu recibo, escribe ochenta." Y el amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz. Y yo os digo: Ganaos amigos con el dinero injusto, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas. El que es de fiar en lo menudo también en lo importante es de fiar; el que no es honrado en lo menudo tampoco en lo importante es honrado. Si no fuisteis de fiar en el injusto dinero, ¿quién os confiará lo que vale de veras? Si no fuisteis de fiar en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará? Ningún siervo puede servir a dos amos, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.»

Palabra del Señor


ESTIMADOS AMIGOS: Bienvenidos a nuestro encuentro dominical para celebrar juntos el Día del Señor. Hoy, junto con toda la Iglesia, celebramos el domingo vigésimo quinto del tiempo ordinario.


Jesús utiliza una célebre parábola que parece estar dictada para nuestros días, de lucha entre ricos y pobres, de grandes pobrezas y grandes riquezas…

Esta parábola es interesante ya que nos permite una amplia reflexión. No podemos ciertamente aprobar la infidelidad del administrador, pero si admirar su astucia en el manejo del dinero. Por eso Jesús, saca esta conclusión:

- “los hijos de este mundo son más astutos que los hijos de la luz”.

Y nos exhorta a que sepamos ser astutos con las cosas de la tierra para que con ellas, podamos acceder a las cosas eternas”.

Como la parábola trata de manera especial del uso del dinero, Jesús hace una especial referencia a los que lo tienen. No hablo del dinero ganado honradamente, les diría. Yo trabajaba en mi taller de Nazareth y tenía que cobrar las modestas facturas a mis conciudadanos. Ahora hablo del dinero injusto, el que ha sido ganado mal: robando, con negocios sucios, o explotando a los trabajadores.

Pero, para que ese dinero injusto pueda servir para la salvación hay que ponerlo en manos de quienes lo necesitan. Hay que construir con él un reino de justicia. Hay que tener presente que cuando venga la hora de la muerte, nadie se llevará el dinero hecho con los negocios; pero, si lo ponemos en manos de los pobres, ellos serán nuestros abogados intercesores delante de Dios.

De esta forma, esta parábola de Jesús se convierte en una luz para solucionar muchos de los graves problemas de nuestro tiempo.

Ya que el dinero injusto lo encontramos hoy en día en muchas manos. El dinero injusto es el que se utiliza para vivir en grande, con todos los caprichos y comodidades, mientras hay pobres, explotados, enfermos sin medios para curarse, gente que no puede ni una sola vez al día satisfacer su estómago…

Dinero injusto es el que solo se utiliza para pasarla bien en la tierra, sin ninguna proyección hacia el Cielo, es decir, sin solidaridad, servicio, descanso sano, búsqueda y realización de la voluntad de Dios.

Pero ese dinero puede convertirse en una llave que nos abra las puertas de la Ciudad Eterna, de la casa de Dios, si sabemos utilizarlo con astucia, para granjearnos amigos que nos reciban en el reino de Dios, y estos son, sin duda, los pobres y necesitados, los que ahora van por la senda difícil de la vida, porque de ellos será el Reino de los Cielos.

Y AHORA VIENE EL MOMENTO MÁS IMPORTANTE

Y bien amigos, así terminamos nuestra reflexión dominical. Agradezco al P. Pedro García, misionero claretiano por su colaboración en la realización de esta reflexión y a ti por tu presencia. Pero recuerda que ahora viene el momento más importante: tu encuentro personal con el Señor Jesús. Te invito, pues, a tomar el texto del Evangelio en tus manos: San Lucas, capítulo 16º, versículos del 1 al 13, y trata de escuchar lo que el Señor Jesús te quiere comunicar.

Y nos despedimos hasta el próximo domingo 29.

Padre Javier San Martin sj
http://faculty.shc.edu/jsanmartin/







sábado, 31 de agosto de 2013

Homilia del Domingo XXII del T.O. - C


Todo el que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido

Lectura del santo evangelio según san Lucas 14,1. 7-14



Entró Jesús un sábado en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando.

Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les propuso este ejemplo:

- Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y vendrá el que os convidó a ti y al otro, y te dirá:

«Cédele el puesto a éste». Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto.

Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que cuando venga el que te convidó, te diga: «Amigo, sube más arriba». Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales.

Porque todo el que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido.

Y dijo al que lo había invitado:

- Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos ni a tus hermanos ni a tus parientes ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote y quedarás pagado.

Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; dichoso tú, porque no pueden pagarte; te pagarán cuando resuciten los justos.

Palabra de Dios


01 09 2013

Comentario al Domingo 22º del tiempo Ordinario – Ciclo c
Posted by: Javier San Martín in COMENTARIOS A LA LITURGIA DE LOS DOMINGOS

¿TE GUSTAN LOS PUESTOS IMPORTANTES?

Lucas 14,1.7-14



ESTIMADOS AMIGOS:

Bienvenidos a nuestro encuentro dominical para celebrar juntos el Día del Señor. Hoy, junto con toda la Iglesia, celebramos el domingo vigésimo segundo del tiempo ordinario.

Una vez más el Evangelio viene acertadamente a tocar uno de los puntos de la vida diaria en el aspecto social.




Todos reconocemos que existe en el corazón del hombre un deseo de ocupar los puestos importantes, para que en ellos podamos, no solo ser notados por los demás, sino también para disfrutar de todas las ventajas que ofrecen estos puestos.

La ocasión que tuvo Jesucristo para referirse a este punto fue una invitación que tuvo un día sábado de uno de los principales fariseos del pueblo. Jesús no era el único invitado y por eso pudo notar que todos los invitados cuando llegaban a la casa, trataban inmediatamente de colocarse en los puestos principales. Jesús observaba esta actitud que se repetía en uno y en otro, y en un momento dado, les dijo:

“Cuando te inviten a una boda no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú y vendrá el que les convidó a ti y al otro y te dirá: Sédele el puesto a este. Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto. Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que cuando venga el que te convido, te diga: Amigo, sube más arriba ‘entonces quedarás muy bien ante todos los comensales. Porque todo el que se enáltese será humillado; y el que se humilla, será enaltecido.”

Todos los invitados escucharían estas palabras de Jesús reconociendo en ellas una actitud personal. Igualmente nosotros cuando las escuchamos nos damos cuenta que describe nuestra tendencia personal que se manifiesta en muchas ocasiones y de diversas maneras. Comenzando por nuestra misma casa. Deseamos que los demás nos otorguen un puesto de importancia. Si soy el esposo quiero que todos los de la casa obedezcan mis instrucciones y me tengan un gran respeto. Si soy la esposa, no quiero que nadie, ni mi propio esposo, vayan a interferir en mis deseos, en mis proyectos, en mi manera de pensar y de vivir.

Igualmente en el trabajo y en la sociedad, aspiramos a ocupar aquellos puestos que tengan el reconocimiento de los demás, que sean bien pagados y que tengan el relumbre para que la gente nos admire y aprecie.

En donde aparece aún con mayor claridad esta actitud es en el campo político, en donde se busca ocupar los puestos más importantes, y cuanto más altos mejor, y muchas veces, solamente, por el deseo de satisfacer esa inclinación personal a sentarse en los sillones de mando, de incienso y alabanzas.

No cabe duda que hay una gran diferencia entre los puestos principales y los últimos puestos. En aquellos advertimos un olor de arrogancia, autosuficiencia, egoísmo personal, mientras que en los últimos puestos notamos una fragancia de servicio, humildad, buen humor y sentido de la vida.

Muchos se pelean por ingresar a los puestos principales y utilizan los más diversos medios. En nuestra sociedad esta el tarjetazo, la amistad interesada, los regalos con cola y tantos otros medios. Y cuando dice el Señor “no te sientes en los puestos principales”, estas son palabras que ni se quieren escuchar porque parecen fuera de sentido. En cambio, los últimos puestos, aquellos en los cuáles uno esta sometido a los otros, al servicio de los demás, no son cotizados por la gente, mas al contrario, son menospreciados. Y qué gran sorpresa nos da Jesús al alabar estos puestos.

Bien sabemos que Él quiere dar una recompensa eterna a los hombres y, en esta parábola, entendemos que Él ira a buscar a las personas que quiere dársela entre aquellas que ocupan los puestos más humildes y despreciados de nuestra sociedad. Solo a estos dirá: “amigo, sube mas arriba”. ¿Y que hará con aquellos que se han colocado en los puestos tan importantes de la sociedad? A ellos Jesús les dirá algo muy distinto. No les dirá “amigo” sino un mandato muy seco y frío “Tú sédele el puesto a este hombre”. Y entonces los arrogantes, avergonzados, irán a ocupar los últimos puestos.

Como vemos la enseñanza de este Evangelio es muy clara. Debe estar grabada en nuestra mente la figura de Jesús acercándose a los que eran los últimos de la sociedad para decirles: “Sube más arriba”. Estos son los puestos que están bañados por la mirada de Dios.

Y AHORA VIENE LO MÁS IMPORTANTE.

Y BIEN AMIGOS, así terminamos nuestro breve comentario a la liturgia de este domingo,

Pero ahora viene el momento más importante: tu encuentro personal con el Señor Jesús.

Te invito, pues, a tomar el texto del evangelio en tus manos: San Lucas, Capítulo 14, versículos 1 y del 7 al 14, y trata de escuchar lo que el Señor Jesús, a través de él, te quiere comunicar:

Te agradezco muy sinceramente haber estado con nosotros,

Y nos encontramos el próximo domingo por este medio.

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sábado, 24 de agosto de 2013

Homilía del Domingo XXI º del T.O. - C




 Pan de la Unidad

Comentario del Domingo XXI del T.O. - C
P. Javier San Martin SJ

¿QUIENES SON LOS QUE SE SALVAN?
Lectura del santo evangelio según san Lucas (13,22-30):

En aquel tiempo, Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y aldeas enseñando. Uno le preguntó: «Señor, ¿serán pocos los que se salven?»
Jesús les dijo: «Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta, diciendo: "Señor, ábrenos"; y él os replicará: "No sé quiénes sois." Entonces comenzaréis a decir. "Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas." Pero él os replicará: "No sé quiénes sois. Alejaos de mí, malvados." Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros os veáis echados fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. Mirad: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos.»

Palabra del Señor

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 Comentario del Domingo XXI del T.O. - C

ESTIMADOS AMIGOS:
Bienvenidos a nuestro encuentro dominical para celebrar juntos el Día del Señor. Hoy, junto con toda la Iglesia, celebramos el domingo vigésimo primero del tiempo ordinario.
Una vez más el Evangelio nos viene a despertar de nuestra pereza y comodidad…

Nos hemos olvidado de algo fundamental en la vida cristiana: no nos gusta el riesgo, la aventura, la vida heroica, y nos em­peñamos en caminar siempre por lo fácil y de entrar por puertas amplias por las que cabe todo.
Pero hoy viene el Señor, y nos previene:
- ¡Atención, con esa vida que es peligrosa! Hay que ser un poco más valientes!…
La ocasión para este consejo fue la pregunta de uno, mientras Jesús camina hacia Jerusalén, en donde le esperaba la cruz:
- Maestro, le dijo, ¿son muchos o son pocos los que se salvan?
¡Cuánto nos hubiera gustado haber tenido una respuesta clara de Jesús! Pero Él no quiso responder y se limitó a decir:
- ¡Esfuércense por alcanzar la salvación!
Si Él hubiera dicho: Son pocos, muy pocos los que entran en la vida eterna…, nosotros nos hubiéramos sentido pesimistas, acobardados, y nuestra vida hubiese sido una tortura.
Pero si, por el contrario, Jesús hubiera dicho: Se salva la mayoría, que para eso he venido yo al mundo…, nosotros entonces hubiéramos to­mado la vida en broma, o poco menos.
Porque, no es raro oír expresiones como ésta: ¿Mis pecados? Sí, son muchos y graves. Pero, ¡Jesús pagó por mí, y la salvación la tengo se­gura!
Quienes así piensan y hablan, dejan todo al Señor y no aportan ellos esfuerzo alguno.
Queramos o no, pues, nuestra actitud hubiera sido, o de desesperación, pensando que no hay nada que hacer y que todo está perdido, o de frescura y de temeridad, pensando: ¿Para qué molestarse? Jesucristo lo ha hecho todo. Me basta mi fe en Él.
Al pensar y al actuar así, hubiésemos tenido o una vida atormen­tada, o una salvación en grave peligro.
Pero ahora viene Jesús, y, con mucha prudencia y bondad, responde a la pregunta, indicándonos solamente cuál debe ser nuestra actitud:
- Esfuércense en entrar por la puerta estrecha, porque les aseguro que muchos querrán entrar allí, pero no lo conseguirán. Al llegar el dueño de la casa, cerrará la puerta y los que se hayan quedado fuera comenzarán a golpearla diciendo: ¡Señor, ábrenos!… Pero él responderá desde dentro: No les co­nozco, ni sé de dónde vienen. ¡Lejos de aquí!. Entonces vendrá el llanto y el rechinar de dientes.
Y a los que ponen toda su seguridad en la fe que tienen en Jesucristo, sin aportar su propio es­fuerzo, les advierte el mismo Señor:
- Algunos vendrán diciéndome: ¡Señor, Señor, acuérdate que hemos comido y bebido contigo en la misma mesa y te hemos escu­chado cuando nos hablabas en nuestras plazas!… Pero Él les responderá: Les repito, que no sé quiénes son Uds. ni de dónde vienen.
¿Se muestra Jesús con una actitud demasiado dura y rigurosa al hablarnos así? ¿No tendremos más bien que agra­decerle el habernos prevenido con tiempo para evitar la catástrofe?…
En la última Guerra Mundial, en un frente muy arriesgado, estaban los jefes del Estado Mayor comiendo, bebiendo y pasando la noche muy divertidos… Un oficial no quiso interrumpirles la fiesta, y no dijo nada ante lo que sus ojos veían. El ataque vino de sorpresa, y murieron la mayoría de aquellos despreveni­dos, se deshizo el frente, y el enemigo conquistó posiciones muy estratégicas.
En este problema de la salvación, que nos plantea el Evangelio de este Domingo, tenemos clara la doctrina de la Iglesia, sacada toda de la Palabra de Dios.
Nuestra salvación depende de dos causas: de Dios y de nosotros.
Dios nos llama y nos da la salvación, pero nosotros debemos aceptarla co­laborando con la acción divina.
La salvación es como la bicicleta, que tiene dos ruedas, tan importante es la de delante como la de atrás. No hay miedo de que falle esa rueda que es Dios; pero puede fallar la otra rueda que somos nosotros…
Hubo tiempo en el que este tema de la salvación preocupaba mucho a los creyentes. Quizá con exceso, como si Dios tuviera determinada la perdición de muchos. Eso es falso. Dios quiere nuestra salvación, ¡y la conseguiremos con su gracia y ayuda! Pero ahora corremos el peligro contrario: no nos preocupa este problema, el cual, sin embargo, es el problema número UNO que tenemos que resolver…

Y AHORA VIENE LO MÁS IMPORTANTE

Y BIEN AMIGOS, así terminamos nuestro breve comentario a la liturgia de este domingo…
Pero ahora viene el momento más importante: tu encuentro personal con el Señor Jesús.
Te invito, pues, a tomar el texto del evangelio en tus manos: San Lucas, Capítulo 13, versículos del 22 al 30, y trata de escuchar lo que el Señor Jesús, a través de él, te quiere comunicar:
Te agradezco muy sinceramente haber estado con nosotros,
Y nos encontramos el próximo domingo.

Padre Javier San Martin  SJ

http://faculty.shc.edu

domingo, 21 de julio de 2013

Homilia del Domingo XVI - Tiempo Ordinario - C

 
La mejor parte, que en ti resuene el Evangelio
 
Domingo XVI del tiempo ordinario - Ciclo C - (21 de julio 2013)
Escrito por el Padre Hermann Rodríguez Osorio SJ *
"Marta, Marta, estás preocupada y te inquietas por demasiadas cosas (...)"
(Lucas 10, 38-42)
 
 
Si no recuerdo mal, hace algunos meses circuló por la Internet una historia de un maestro que llegó al salón de clase con una vasija de cristal muy grande y la llenó de piedras delante de sus alumnos. Al terminar de llenarla, preguntó a los estudiantes: ¿Creen que esta vasija está llena? Si. Respondieron todos al tiempo. Entonces el maestro sacó del maletín una bolsa con un poco de piedrecitas y las fue dejando caer dentro de la vasija por entre los espacios que dejaban las piedras más grandes. Volvió a preguntar el maestro: ¿Ahora sí creen que esta vasija está llena? Hubo un momento de duda y respuestas encontradas. El maestro sacó entonces una bolsa con arena y la fue depositando lentamente en la vasija.
Poco a poco la arena fue llenando los espacios que dejaban las piedras grandes y las pequeñas. Por fin, el maestro preguntó. ¿Esta vez si está llena la vasija? Alguien se atrevió a decir que no. De modo que el maestro sacó una botella con agua y fue regando todo el contenido hasta llenar prácticamente la vasija.
No recuerdo si ya con esto quedaba llena del todo la vasija, porque se me ocurre que podría agregarse algo de anilina para pintar el agua, o agregar un poco de sal que siempre está dispuesta a disolverse en el agua.
 

Al final de la historia el maestro pregunta a los estudiantes, ¿cuáles son las piedras más grandes de sus vidas? Si no las colocamos al comienzo, después no habrá espacio para ellas. Es fundamental definir prioridades y saber qué es lo que no puede dejarse por fuera de nuestros horarios, calendarios, agendas y programaciones. Si nos ocupamos de lo urgente, es muy probable que dejemos lo más importante por fuera de nuestra vida. Algo de esto es lo que le pasa a Marta, en el evangelio de hoy.
 
 
"Jesús siguió su camino y llegó a una aldea donde una mujer llamada Marta lo hospedó. Marta tenía una hermana llamada María, la cual se sentó a los pies de Jesús para escuchar lo que él decía. Pero Marta, que estaba atareada con sus muchos quehaceres, se acercó a Jesús y le dijo: –Señor, ¿no te preocupa nada que mi hermana me deje sola con todo el trabajo? Dile que me ayude. Pero Jesús le contestó: – Marta, Marta, estás preocupada y te inquietas por demasiadas cosas, pero solo una es necesaria. María ha escogido la mejor parte, y nadie se la va a quitar".
 

No es que Jesús quiera patrocinar la pereza de María. Tampoco quiere despreciar el esfuerzo de Marta en el cumplimiento de los deberes domésticos. Pero Jesús sí quiere señalar unas prioridades y distingue entre lo importante y lo urgente. Lo que estaba haciendo María era ‘escuchar lo que él decía’. Muchas veces nuestro activismo no nos da tiempo para sentarnos a escuchar al maestro en un rato de oración, o para escuchar a los demás. Cuánto tiempo dedicamos a escuchar a los que viven con nosotros. Muchas veces tenemos cosas que decir, pero no las decimos porque no vemos disposición en los demás para sentarse,.tranquilamente, a ‘perder’ un poco de tiempo escuchando a los demás o a Dios.
Zenón de Elea, varios siglos antes de Cristo, decía: "Nos han sido dadas dos orejas y una sola boca, para que escuchemos más y hablemos menos". Recordar esta experiencia de Jesús con Marta y María debería interrogarnos sobre nuestras prioridades y tendríamos que revisar si hemos colocado en su lugar las piedras más importantes, antes que las urgentes...
 
 
* Sacerdote jesuita, Decano académico de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana – Bogotá
Encuentros con la palabra: herosj@hotmail.com     - 




JMJ Rio 2013
Llegando a Rio