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miércoles, 16 de abril de 2014

Domingo de Ramos 2014 desde Jerusalen



Domingo de Ramos em Jerusalem - 2014

Son las siete de la mañana cuando el patriarca de Jerusalén, Su Beatitud Mons. Fuad Twal, hace su ingreso en la basílica del Santo Sepulcro. Aunque ya hay algo de gente, la basílica está todavía en calma si se compara con las horas siguientes. De hecho, este año en que la fecha de Pascua coincide para todas las Iglesias, son cinco las Iglesias que estarán en la basílica y que, una tras otra, harán su ingreso y celebrarán la misma fiesta de la entrada mesiánica de Jesús en la ciudad de Jerusalén; cada una en el espacio que le pertenece, cada una según su propia tradición litúrgica y cada una en su propia lengua.
Los coptos y los siríacos han precedido a los latinos, pero su exiguo número permite a los latinos bendecir las palmas y distribuirlas delante de la tumba vacía en una relativa calma. Después sigue la procesión: tres giros en torno a la tumba, mientras los fieles son precedidos por los sacerdotes, seminaristas y por los franciscanos. «Es el momento más impresionante y más bonito», afirma Pierre Lou, que participa en esta ceremonia por primera vez. La procesión es bastante pintoresca pues a los estribillos, acompañados por el gran órgano, sigue el ruido de las palmas agitadas al aire por la asamblea gozosa; y, a cada giro, cuando la procesión pasa ante la capilla de los coptos, las mujeres egipcias se unen a la fiesta, haciendo resonar su «yu-yu», a modo de aleluya.

Tras la procesión, la ceremonia de los latinos continúa con la celebración de la eucaristía en el altar de la Aparición a María Magdalena. Durante la celebración se canta la Pasión. Los tres frailes franciscanos que la cantan intentan hacerse oír, pero el volumen ha aumentado considerablemente en el edificio. Se puede escuchar a los griegos ortodoxos desde el catholicon, a los coptos desde la rotonda y a los armenios, que celebran en su capilla de la Cruz: el carillón que suena desde su galería les hace presentes.
«Es una cacofonía increíble –dice Silvio, un italiano que está de paso- al mismo tiempo. Me parece magnífico. En este caos aparente está la esencia de nuestra unidad en la fe». «Todo sumado, estamos aquí por la misma cosa», dice Javier, que ha venido desde España.
Y todavía no ha acabado, toda la Semana Santa será así. Mientras tanto, la mayor parte de los fieles presentes esta mañana se volverá a encontrar por la tarde para la procesión.

PROCESION
Son las 14.30 y una muchedumbre se reúne en torno a la pequeña iglesia de Betfagé, la aldea desde la que Jesús descendió por el monte de los Olivos para hacer su entrada en Jerusalén. Desde el siglo IV, cada año los cristianos de Tierra Santa se reúnen para celebrar una larga marcha siguiendo los pasos del Mesías, agitando los ramos y las ramas de olivo. Entre los «hosanna» que entonan los distintos grupos presentes nos encontramos con Vijay, joven indio de veinticinco años; dice que ha venido a «aclamar a Jesús, su modelo de vida y de esperanza». Los franciscanos de Tierra Santa participan también en su fiesta, los seminaristas están en cabeza con la guitarra en la mano, caminando mientras cantan. Marie Paule, peregrina de Aviñón, muestra su sorpresa: «Si me hubiera imaginado que el Domingo de Ramos se celebra así en Jerusalén, ¡no habría esperado cuarenta años para venir!».
Un poco más lejos, bajo el estandarte de la parroquia de Nablus, nos encontramos con la mirada extasiada de Mariam. Es la primera vez que esta palestina participa en la procesión de los Ramos, habiendo oído hablar de ella tantas veces. «Es necesario un permiso especial para venir a Jerusalén y este año formo parte de los que han tenido la suerte de obtenerlo. La fiesta sería más hermosa si todos nosotros estuviésemos presentes». Cuando la joven cristiana dice «nosotros», se refiere a sus hermanos de Gaza y Cisjordania, a los que se les ha negado la entrada en Jerusalén. Como muestra de apoyo, otros cristianos llevan su estandarte, en el que se puede leer: «Palestina reclama justicia y quiere la paz». Un mensaje fuerte que volverá a destacar Su Beatitud, el patriarca Mons. Fuad Twal, que, en compañía del custodio de Tierra Santa y de Mons. Joseph Jules Zerey, cierra el desfile.
Una vez atravesada la puerta de los Leones, el cortejo llega a la valla de la iglesia de Santa Ana. La asamblea se reúne y los cánticos de alabanza resuenan mejor que antes. Su Beatitud se dirige entonces a los veinte mil cristianos presentes (según Louba Samri, portavoz de la policía): «No es porque no haya tanques ni soldados por las calles de Jerusalén por lo podemos congratularnos con la paz. Los cristianos de Jerusalén y de otros lugares no han tenido nunca paz. Hemos caminado toda la tarde junto a Jesús y nuestra marcha es un llamamiento. Proclamamos nuestro rechazo frontal a esta situación de ansiedad permanente y de inestabilidad. Al comienzo de la Semana Santa, recemos para que podamos ser fieles a Cristo y no cedamos a la desesperación».

Tras la bendición final, los tambores y trompetas de los exploradores de Jerusalén vuelven a sonar, signo de la vitalidad y de la convicción de los cristianos de Tierra Santa.
Texto: /es.custodia.org/
Video subido por Canção Nova Terra Santa el 13/4/2014