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Domingo de Ramos con Maria 2018

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Domingo de palmas con Maria 2018

lunes, 5 de agosto de 2013

Homila del Domingo 18° del T. O. - C

Enrólate y enróllate
 
 
Escrito by: jsanmartin in
Comentario a la Liturgia de los Domingos

POCAS, POCAS COSAS, PARA VIVIR

Lucas 12, 13-21

ESTIMADOS AMIGOS:
Bienvenidos a nuestro encuentro dominical para celebrar juntos el Día del Señor. Hoy la Iglesia celebra el domingo decimoctavo del tiempo ordinario, y ofrece para nuestra reflexión y comentario un pasaje del evangelista San Lucas.

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POCAS, POCAS COSAS, PARA VIVIR


    “« Con mucho cuidado, eviten toda clase de codicia, porque aunque uno lo tenga todo, no son sus posesiones las que le dan vida.»[16] Uno Pensaba: haré lo siguiente: echaré abajo mis graneros y construiré otros más grandes; allí amontonaré todo mi trigo, todas mis reservas. [19] Entonces hablaré conmigo mismo: Alma mía, ya tienes aquí muchas cosas guardadas para muchos años; descansa, come, bebe, pásalo bien.» [20] Pero Dios le dijo: “¡Necio! Esta misma noche entregarás tu alma, y ¿Quién se quedará con todo lo que has acumulado?”[21] Así será el que amasa riquezas para si mismo y no es rico ante Dios
    Este evangelio describe un deseo muy profundo que tantas veces se manifiesta en muchos de nosotros. Es decir: tener cosas, muchas cosas, acumular lo más posible pensando que así se podrá vivir tranquilo. La ambición es uno de los pecados que más constantemente asaltan nuestra vida interior y que enturbian nuestro camino hacia la salvación. Por eso, en este encuentro, estimados oyentes, siendo conscientes de esta debilidad, pidamos humildemente el perdón del Señor.
 
 
La ambición es un pecado porque nos lleva a querer poseer las cosas, para mi beneficio personal y egoísta es un pecado porque nos apropiamos de algo que no nos pertenece ya que  todas las cosas pertenecen a Dios. Y El nos las ha dado para que con ellas podamos darle gloria y servir a los hombres. Es pues necesario que aprendamos a utilizar las cosas, no con un espíritu de propietario sino con un corazón agradecido, que nos lleva en cada momento a dar Gloria a Dios por las cosas que El nos da. Que ocasión esta tan oportuna para que del fondo de nuestro corazón le demos a Dios la gloria que El se merece por todo, por los bosques, los niños y los hombres, por todo lo que nos ha dado.
 
 
Solo cuando uno es consciente que las cosas son prestadas podrá pasar por la vida por un camino que le llevará seguro a la salvación. Ojala que nunca tengamos que arrepentirnos de haber pasado por la vida con una actitud del para mí, solo para mí, sino, al contrario  de haber hecho de las cosas que pasaron por mis manos una ocasión para agradecer a Dios y beneficiar a tantas otras manos que se extendieron hacia mi teniendo menos que yo. Solo así podremos al final de nuestros días cantar aleluya por todo lo que tuve y no ambicioné, sino que lo brinde a los demás…, aquel día podré cantar mi aleluya por todo, por el árbol, la flor y el fruto… por el amor, la vida y la amistad.
 
 
¿Cómo poder ser generosos? La única manera es creyendo en Dios. El ateo no tiene ningún fundamento para poder compartir. El que cree, sabe que todas las cosas fueron creadas por Dios y que fue Él quien dio la mayor muestra de generosidad, dando todo lo que tenía, aun su propia vida por nuestra eterna felicidad. Él es quien dará la vida que nunca termina a los que supieron utilizar bien las cosas que les fueron dadas. Por eso hoy tengo que reforzar mi fe en Dios, y cantar desde lo más hondo de mi ser creo en ti, Padre, que eres el creador de todo, del cielo, de la tierra, de mi vida, de las cosas…
 
 
Y bien amigos, así terminamos nuestra reflexión dominical. Tratemos de hacer realidad en nuestra vida el mensaje que Jesús nos ha dado en el evangelio. Evitemos toda clase de codicia, para que nunca tengamos que oír esas terribles palabras: “¡Necio! Esta misma noche entregarás tu alma. ¿Quién se quedará con todo lo que has acumulado?”
Recibe un abrazo y bendición y nos escuchamos el próximo domingo para nuevamente celebrar juntos el Día del Señor.
 
 
Escrito by: Padre Javier San Martin sj