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viernes, 16 de agosto de 2013

Homilia al XX Domingo del T.O. - C

Asunción de la Virgen María a los cielos – Ciclo C


Escrito por padre Javier San Martin sj - Comentario a la Liturgia de los domingos

SUBIÓ A LOS CIELOS Y SE QUEDÓ EN LA TIERRA

Domingo, 18 de agosto 2013


Lectura del santo evangelio según san Lucas (12,49-53):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división. En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.»

Palabra del Señor



ESTIMADOS AMIGOS:

Bienvenidos a nuestro encuentro dominical para celebrar juntos el Día del Señor. Hoy la Iglesia celebra La fiesta de La Asunción de la Santísima Virgen Maria. Esta antigua fiesta nos ayuda a entrar dentro del misterio de la madre de Dios, Maria, al haber sido escogida desde los más arcanos tiempos para concebir en su seno al hijo de Dios, no podía ser sino el ser más puro y al mismo tiempo el más cercano a los hombres.

La antigua tradición de la Iglesia celebra el día de hoy, con gran gozo, aquel tierno e histórico momento cuando la Virgen María fue llevada por los Ángeles en cuerpo y alma a los cielos.

Sin embargo, María no se desprendió en ningún momento de los problemas que vivían y que vivirán las comunidades cristianas. Este compromiso que ella ha hecho con los hombres y mujeres de todas las generaciones no lo puede romper en ningún momento, y esto lo ha ido demostrando en las numerosas apariciones que ella ha ido teniendo en diversos tiempos y lugares.

Es por eso, reconfortante y conmovedor, ver que la Virgen Maria que hoy se pierde en los cielos, en donde fue coronada como Madre y Señora del Universo, la vemos descender en Fátima, Lourdes, Guadalupe y en tantos otros lugares. Por eso, hoy la Iglesia al proclamar que la Virgen María esta en cuerpo y alma en los cielos y que ha sido coronada como reina del Universo proclama, al mismo tiempo, que María es la compañera infaltable en el camino de los hombres.

Ahora, María, ya en el Cielo, comprende en su totalidad la misión que Dios le había confiado. Ahora sabe bien lo que es ser la Madre de aquellos hijos que Jesús le confiara desde la cruz. Madre de la Iglesia, que a de vigilar con ojo atento a los pastores igual que a los fieles, a fin de que la Iglesia realice la obra del Reino de Dios hasta llevarla a término final.

Pero, mirada la Asunción desde un punto de vista más concreto, el Concilio nos la ha centrado en una dimensión eclesial verdaderamente grande y consoladora. ¿Por qué Dios ha resucitado a María, que no ha querido esperar al fin del mundo, en la resurrección universal? Dios ha querido glorificar a su Madre de una manera plena, sin retardar para Ella lo que hará con los demás redimidos. Ha mirado a su Madre sin más.

Pero el Concilio nos ha señalado el otro fin de Dios al hacer Inmaculada a María, y al resucitarla y subirla al Cielo en su Asunción: ha sido para presentar a la Iglesia la imagen de lo que será la misma Iglesia en su consumación final. Mirando a María, sabemos lo que vamos a ser cada uno de nosotros.

Dios nos devolverá, después de eliminar todo pecado, aquella inocencia primera que tuvieron el hombre y la mujer en el paraíso. La misma inocencia también con que salimos de las aguas bautismales. Seremos santos e inmaculados, de modo que el amor a Dios será ardiente, totalmente puro, y nuestras almas brillarán con una hermosura sin igual. En María Inmaculada contemplamos ya nuestro propio retrato tal como seremos en el Cielo.

Y en María, Asunta al Cielo en cuerpo y alma, vemos también el término final que nos espera. La última que vencerá no será la muerte, sino la vida. ¿Vemos lo que es María en el Cielo? Pues esto mismo, y no otra cosa, es lo que seremos nosotros.

¿Podemos pensar que María, Madre de todos los hombres, esta contenta de las condiciones de vida en que se desenvuelven muchos hijos suyos?…

¿Puede estar conforme con la pobreza extrema de muchos?, ciertamente NO

¿Puede mirar indiferente las condiciones de muchas cárceles?

¿Puede gustarle cómo se mata a tantos niños antes de que puedan nacer?

¿Puede contemplar sin conmoverse la situación penosa de jóvenes que cayeron en la droga?

¿Puede tolerar la explotación de hijas suyas, compradas como esclavas destinadas al vicio?

Ciertamente que NO. Cuando nosotros hacemos algo para remediar esos males no nos damos cuenta quizá de que somos instrumentos del amor materno de la Virgen, que se preocupa desde el Cielo y cuenta con nosotros para que realicemos una obra de amor salida de su Corazón…



Y AHORA VIENE LO MÁS IMPORTANTE

Y BIEN AMIGOS, así terminamos nuestro breve comentario a la liturgia de este domingo,

Pero ahora viene el momento más importante: tu encuentro personal con el Señor Jesús.

Te invito, pues, a tomar el texto del evangelio en tus manos: San Lucas, Capítulo 1, versículos del 39 al 56, y trata de escuchar lo que el Señor Jesús, a través de él, te quiere comunicar:

Te agradezco muy sinceramente el haber estado con nosotros,

Y nos encontramos el próximo domingo.

http://faculty.shc.edu/jsanmartin/