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sábado, 10 de octubre de 2015

Padre Francisco del Castillo y su visión del pecado - IV



AUTOBIOGRAFÍA DEL PADRE CASTILLO - 
IV


Con ocasión de los grandes y contínuos dolores de cabeza que padecía, originados y ocasionados de lo que solía velar de noche, me mandó la santa obediencia que no velase de noche, más reparé en que si alguna noche velaba aunque muy poco tiempo, sin haber pedido primero licencia, sentía al demonio sobre mí luego en comenzando a dormir, atormentándome el alma la cual, con el dolor de la culpa y propósito de la enmienda, y muchas veces con actos de resignación y conformidad de la voluntad de Dios, se librada de este tormento.

Mostrome Dios una noche, en visión imaginaria e intelectual, el miserable estado de un pecador cuando está en pecado mortal; ví con los ojos interiores del alma una sierpe, muy espantosa, y que un demonio o monstruo infernal se le entraba en el cuerpo por el costado y se incorporaba con ella, y vía se movía y vivía en ella y por ella, de suerte que no hacia nada la sierpe ni se movía a ningún lugar, sino adonde o como el monstruo o demonio quería, el cual, la iba encaminando y llevando al infierno. Dióme Dios a entender con esto que aquella sierpe espantosa era el pecador cuando está en pecado mortal, que acaba de cometer, el cual incorporado y unido con su alma, la pone una serpiente espantosa, y viendo y viviendo en ella y por ella, se la va llevando al infierno; también reparé y advertí cuando tuve esta visión, que aquel espantoso demonio o monstruo, había estado en la serpiente otra vez, y que por haberle mostrado ella deseo y gusto que entrase, se le entró otra vez al instante el monstruo, dándome Dios con .esto a entender que aunque un pecador eche de su alma el pecado, se queda muchas veces su alma como una espantosa sierpe en desgracia y aborrecida de Dios, porque no lo echa ni se confiesa como conviene, y que por solo un mal pensamiento, o deseo que el pecador consienta de nuevo, se vuelve a incorporar en su alma otro pecado mortal y otro monstruo, dejándola como una serpiente espantosa.

También en esta ocasión me mostró Dios, y significó con esta visión imaginaria e intelectual de esta sierpe y de este demonio y monstruo infernal, el miserable estado a que suelen-muchos venir cuando vuelven miserablemente a Dios las espaldas, dejando la religión por obedecer y hacer la voluntad del demonio, porque al día siguiente por la mañana, después de la noche antes en que yo había tenido aquesta visión, se salió un hermano de la Compañía, a quien yo le había pedido y rogado mucho, sabiendo su tentación, de que no dejase la religión.


En otra ocasión me mostró y enseñó Dios también, en visión imaginaria e intelectual, el remordimiento grande de la conciencia y presuras de corazón, el dolor y el tormento grande que siente el pecador en la muerte. Ví con los ojos del alma a mi hombre muy noble, muy poderoso y muy lujurioso que estaba tendido en su cama muriendo y agonizando, a su mano derecha tenía un espantoso demonio y monstruo, en figura de un alacrán en pie, de vara y media de alto, asistía a la mano izquierda, una mujer del mismo tamaño muy aderezada y ataviada. Junto al pié derecho de la cama tenía las insignias y armas de los oficios y mandos que había tenido en la vida; junto al pie izquierdo tenía grandes talegos de plata muchas barras y texos de oro. Hacía la mano izquierda tenía abierta una sepoltura; vi con los ojos interiores del alma entonces y conocí que aquel hombre tan noble, tan poderoso y tan lujurioso que allí se estaba muriendo con las aflicciones, congojas y ansias que entonces le atormentaban, volvía el rostro buscando objetos de algún consuelo y alivio hácia la mano derecha, y viendo a aquel alacrán o espantoso monstruo y demonio, se le representaban y venían a la memoria todos los pecados y males que había cometido en toda su vida, y no pudiendo sufrir tal vista, volvía el rostro hacia el lado izquierdo para divertir el gran dolor y congoja y remordimientos de la conciencia, y viendo aquella mujer ataviada y aderezada, se le presentaban también, todos los deleites y sensualidades pasados, apartando entonces los ojos con el tormento, remordimiento y pena que recibía, y poniendo los ojos hacia los pies de la cama y viendo hacia el pie derecho, vía y se le ofrecían las insignias y armas de los oficios y mandos que había tenido en la vida, y lo mal que había satisfecho y correspondido a sus cargos y obligaciones, apartando los ojos de allí por no poder sufrir tanta pena, y poniéndolos hácia el pie izquierdo, se Ie representaba, viendo la plata, las barras y barretones, lo mal que lo había ganado y lo mal que lo había gastado, pudiendo hacer·buenas obras y ganado con ello el cielo. Finalmente, no pudiendo su corazón sufrir tantas congojas y penas y remordimientos de la conciencia, volvía los ojos a la mano izquierda, y viendo abierta la sepoltura, se le representaba el paradero y el fin que había de tener presto, sin que deleites, riquezas y honores, ni cuantas cosas hay en el mundo, no le pudiesen valer, sino de más tormento e infierno y remordimiento de la conciencia. Esto mesmo me dió a entender Dios que pasaba a los pecadores que no se convertían de veras cuando están agonizando y muriendo.

      Enseñóme Nuestro Señor, también en esta ocasión, el tormento, agonía y congoja que siente un alma cuando ha dado licencia al demonio, Dios, para que se· la pueda llevar al infierno. Hallóse derepente mi alma en una gran soledad y en singular desamparo tan grande, que no hallaba cosa ninguna que la pudiese amparar, ni tampoco se le ofrecía, ni aun se acordaba de Dios, ni sus santos, de suerte que llena el alma de confusión y congoja, no hallaba ni vía nada, sino una carencia de amparo en todo y negación de poder. Estando en esta soledad y congoja vió el alma venir hácia ella un espantoso demonio alto y disforme como un gigante, en quien mi alma reconoció tan grande poder y dominio, que todo el poder del mundo le parecía se había cifrado en él, con una atractiva tan grande y superior facultad, que así como mi alma lo vió le parecía y sentía en sí, sin hablar el demonio palabra, se le sujetaba y rendía el alma para que hiciese de ella lo que quisiese; acusada, concluída y vencida de su conciencia y con la virtud atractiva nacida del gran poder y dominio tan ·singular, que en aquel demonio tan espantoso reconocía y consideraba, a quien después de haber acercado le preguntó y dijo mi alma: ¿A quién buscas, búscasme a mí? A lo cual respondió el demonio después de haberla visto despacio: No te busco a tí, otro busco; con lo cual desapareció esta visión, enseñando Dios a mi aIma lo que siente el alma de un pecador cuando está para ser entregada al demonio; y también me mostró Su Magestad en otra ocasión, cómo se apartaba el alma del cuerpo de-un pecador a manera de serpezuela, acusando, fulminando y executando ella, por si, la sentencia de eterna condenación.



Oremos por su pronta Beatificación
todos los 11 de cada mes en la
Iglesia de San Pedro en Lima