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sábado, 24 de octubre de 2015

Autobiografia del Padre Castillo - VII


AUTOBIOGRAFÍA DEL PADRE CASTILLO 

VII



Después del glorioso ministerio y exercicio santo del Baratillo quiero comenzar a apuntar también y hacer relación aquí de la santa capilla de la Virgen Santíssima, Nuestra Señora de los Desamparados, como de manantial, origen y causa, o por mejor decir, plaza de armas de todos los exercicios, empleos y ministerios de tan gran servicio y gloria de Dios de que haré relación después: Está fundada aquesta capilla en la plazoleta que está a las espaldas de las casas reales de palacio de esta ciudad de Lima, antes de entrar a la puente, junto al río del molino, en donde me acuerdo que había antiguamente un muladar, y estaba puesto el rollo de la ciudad, y en donde ahorcaban a los facinerosos y malhechores; y en un tiempo estuvo una pequeña capilla en que enterraban a los ahorcados y gente ajusticiada y desamparada. Aqueste lugar y sitio tan abatido y humilde quiso la providencia divina y la magestad de Dios escoger para casa y habitación de su Santísima Madre como la cueva dichosa y feliz establo en Belén. Aquí, en aqueste lugar se solían también disponer y probar las piezas de artillería para el Callao, y los días de fiesta por la mañana, solían también tener la feria del Baratillo, feliz anuncio y pronóstico de la artillería y fortaleza que había después de haber contra todo el infierno junto, en esta santa capilla, como apuntaré después. 



1630
Tiene esta santa capilla de la Virgen Santíssima de los Desamparados, veinticinco varas de largo y diez de ancho. Labróla el Señor Bartolomé Calafe desde sus cimientos primeros y fundamentos, hasta dejarla en estado de poder techar y adornarla, con facultad y licencia que negoció y alcanzó del Cabildo, sede vacante, y del Excelentísimo señor Conde de Chinchón, Virrey de estos reinos entonces, y de su Real Audiencia y Cabildo, a cinco de abril de mil y seiscientos y treinta años, en que la Magestad soberana de Dios se llevó al dicho señor Bartolomé de Calafe, a darle el premio y corona de los trabajos que padeció para hacer aquesta capilla; la cual perficionó y acabó de sus propios bienes y hacienda la señora doña Bernarda Morales Negrete, viuda del dicho señor Bartolomé de Calafe; la cual estando para morir nombró por patrones de dicha capilla a sus dos hijas, las señoras doña Beatriz de Calafe y doña Ursula de Calafe, la cual habiendo muerto la señora doña Beatriz de Calafe quedó por única heredera y patrona de dicha capilla.


Viendo, pues, la señora doña Ursula de Calafe que Ia dicha capilla necesitaba de algún reparo, y que por si sola no podía acudir a esto, ni a conservar este santuario con el adorno y culto que convenía trató de entregar a otra persona dicha capilla. Luego que esto llegó a noticia de algunos Religiosos de nuestro Padre Santo Domingo, le propusieron y le ofrecieron a la dicha señora doña Ursula de Calafe algunos partidos y ofertas de conveniencia porque diese la capilla y el patronazgo a la dicha Religión de nuestro Padre Santo Domingo, pero no estaba de Dios, porque su Magestad Soberana tenía dispuesta otra cosa ya de muy gran servicio y gloria de Dios en esta capilla, y así no tuvieron·efecto los dichos partidos y ofertas, porque antes de tomar la última resolución en aquesto, la señora doña Ursula de Calafe mando que le dijesen tres misas, a la Santíssima Trinidad en órden al buen suceso y acierto de este negocio. El día en que mandó decir las tres misas, y en que·se había de hacer la escritura de la donación de dicha capilla y su patronazgo, bajando de su casa hacía San Francisco y enparejando con la capilla de la Virgen Santíssima del Milagro, quiso Dios hacer otro en esta materia por medio de su Santíssima Madre también, la cual quería para sí la capilla para amparar a todos en ella; porque le pareció a la dicha señora doña Ursula, que sentía que con impulso especial la impedían a que torciese el camino y bajase a la Compañía, y que hablase al Padre Juan de Ludeña, que había sido su confesor, cuando estuvo en el Colegio de la Caridad, y que le pidiese y rogase mucho que procurase y diligenciase que admitiese la Compañía la capilla de Nuestra Señora de los Desamparados y su patronazgo. Con la fuerza de este impulso acometió la dicha señora a torcer y bajar a la Compañia; pero volvióse otra vez de la mitad del camino, mas apenas hubo llegado a la esquina de la Virgen Santíssima del Milagro cuando sintió el mesmo impulso otra vez, con más fuerza, de que fuese a la Compañía y por medio del Padre Juan de Ludeña pidiese que dicha Compañía admitiese la dicha Capilla y el patronazgo. 


Esto le sucedió a la dicha doña Ursula de Calafe segunda y tercera vez, hasta que a la tercera no pudo más, y así hubo de obedecer al impulso interior de Dios, fué luego a la Compañía, y habiendo entrado en la iglesia, estuvo muy largo tiempo sin hallar persona que le llamase al Padre Ludeña; estando cansada ya de aguardar y casi para irse, se llegó a la dicha señora un niño y sabiendo aguardaba al dicho Padre, le dijo: Señora no tenga pena que yo se lo traeré; luego al punto, apenas entró el niño adentro, cuando luego salió el dicho Padre Juan de Ludeña a la iglesia, sin parecer más el niño; propuso la dicha señora al Padre el motivo y fin de haber ido a hablarle y pidióle con grande encarecimiento que interviniese, y solicitase que condescendiese la Compañía con la propuesta, admitiendo la capilla de Nuestra Señora de los Desamparados y el patronazgo, y que estuviese a cargo y cuidado dicha capilla del Padre que cuidaba del ministerio de los morenos y Baratillo. Agradeció  el Padre Juan de Ludeña a la señora la oferta, y consolóla diciendo que comunicaría y trataría conmigo aqueste negocio, y lo propondría después a los Superiores.

Fué el Padre Ludeña a buscarme, y apenas me propuso y tocó este punto, cuando luego al instante le dije, cómo aquella era disposición manifiesta y providencia. grande de Dios, con que quería su Divina Magestad se cumpliesen los grandes y ansiosos deseos que yo hacía mucho tiempo traía de tener alguna capilla junto a la puente, en donde pudiesen comulgar las morenas que baxan a comprar carne al rastro y las que van por recaudo a la plaza para cocinar en sus casas. Propuso esto el dicho Padre Juan de Ludeña a los superiores, y habiéndolo consultado salió de la consulta, aunque hubo alguna contradicción, que admitiese la Compañía la capilla de Nuestra Señora de los Desamparados y que estuviese dicha capilla a mi cargo y cuidado. Fui luego a dar cuenta desto al Iltmo. y Rvmo. Don Pedro de Villagomez, Arzobispo desta ciudad, para que primero echase su paternal bendición, como lo he procurado y procuro primero hacer en todas mis acciones y ministerios para que tengan feliz suceso. Luego que me dio el Señor Arzobispo su, bendición, tomó posesión de dicha capilla la Compañía santíssima de Jesús, con el estilo y forma que se acostumbra, a 3 de octubre de 1658 años; luego que tomó posesión de dicha capilla la Compañía y comenzó a correr por mi quenta, traté de derribar la pared del altar mayor que se estaba toda cayendo y hacerla toda de nuevo y juntamente la sacristía, y quitar el muladar que a la mesma capilla estaba arrimado, para lo cual me ayudaron algunas personas devotas y amigos.

Estaba en este tiempo muy achacoso y muy apretado de un accidente penoso y continuo de asma, sin darme descanso un instante, obligándome muchas .veces a salir ahogándome fuera de Lima a buscar en otro temple algún desahogo y alivio; viendo, pues, que proseguía aqueste accidente y que no me daba lugar de acudir, como debía a los ministerios, traté de pedir licencia al Padre Provincial Leonardo de Peñafiel, que estaba entonces en Chuquisaca, en la visita de la Provincia, para irme de -propósito ·fuera de Lima, a Juli o a Chuquiabo, en donde yo tuviese que trabajar sin la pensión penosa del asma. Respondióme el Padre Provincial Leonardo de Peñafiel a la carta, como superior y como confesor, y padre espiritual que siempre lo fué de mi alma con grande consuelo mío, no por escrito ni de palabra sino por si mismo, espiritualmente, en visión intelectuaI, sintiendo en mi corazón los efectos de su presencia dos veces dentro de la celda, y otra vez en el corredor junto a ella, que cae al patio de la portería reglar de San Pablo, no habló ni dijo nada en esta ocasión, como diciendo con el silencio: Ya soy muerto, ya acabé de ser Provincial, y así, hijo mío, no puedo hablar ni determinar cosa alguna acerca de la propuesta: Pero como es estilo de Dios valerse para sus obras de lo más inútil y vil del mundo, como dice el glorioso Apóstol en la primera epístola a. los Corintios, en el primero capítulo: Sed quae stulta sunt rnundi elegit Deus, ut confundat sapientes etc., determinó su Divina Majestad Soberana y se quiso servir de mi en esta santa capilla de su Santíssima Madre, porque sabiendo la Señora Ursula de Calafe que yo no estaba para hacer nada por el achaque tan penoso del asma que padecía, y que trataba de irme de Lima, le pidió la dicha señora con grandes veras y afecto a Nuestra Señora, que para que yo pudiese acudir y servir a su santa Madre y cuidar del reparo de su capilla, que me quitase a mí el asma, que su merced la tendría y padecería. Oyóla Nuestra Señor luego al punto, otorgando y concediéndole su propuesta, me quitó Dios el asma y se la dió a su merced, no habiendo nunca tenídola, de suerte que desde el año de 1658 hasta el presente de 1667 en que estoy apuntando esto, no me ha vuelto ni dado el asma un día, ni un instante tan solamente siquiera, padeciéndola la señora doña Ursula de Calafe, continuamente y con tanto rigor y fuerza que ha estado algunas veces para morirse; y es esto de tal manera que si acaso mejora un poco, procura luego enviar a saber si me ha vuelto el asma otra vez. Tan grande como aquesta es la caridad de aquesta señora, y tanto el amor y la devoción a la Santíssima Virgen Nuestra Señora, pues porque yo pudiera acudir a mi oficio y cuidase de su capilla, quíso tomar para sí y llevar tan pesada y penosa cruz, como es el asma continua.

Santíssima Virgen Nuestra Señora