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sábado, 10 de enero de 2015

10.01 Sor Ana de los Angeles



Beata Ana de los Ángeles Monteagudo - Flor de Santidad Arequipeña
Sor Ana de los Ángeles

Según algunas deducciones y testimonios se presume que nació el 26 de julio de 1604, fecha que no se puede asumir como exacta, ya que su Fe de Bautismo se perdió en un incendio ocurrido en la sacristía de la Iglesia Mayor de Arequipa, antecesora de la primera Catedral de la ciudad, en 1620.
Ana fue la cuarta de ocho hijos que conformaron la familia Sebastián de Monteagudo y Francisca de León: Francisco, Mariana, Catalina, (Ana), Juana, Inés, Andrea y Sebastián. Se conoce que Francisco fue sacerdote, Mariana se casó con Gabriel López de Pastrana, Catalina se casó con Gonzalo Tamayo e Inés se casó con Bernardino de Meneses. De los otros no se sabe nada, presumiendo que murieron por alguna de las pestes que en esa época azotaban la ciudad.



Sor Ana fue entregada a las religiosas catalinas a la edad de 3 años para su educación e instrucción; que por aquel entonces estaban principalmente vinculadas a la formación moral y religiosa.
Se cree que sus padres la retiraron del monasterio a los 10 u 11 años para casarla, lo que no sería nada extraño para esa época, en que los padres comprometían a sus hijas siendo aún menores de 14 años, edad mínima para un matrimonio válido.
Estando en su hogar paterno tuvo la visión de Santa Catalina de Siena, en el que le mostraba el hábito de las monjas dominicas de clausura. Entonces decide regresar al monasterio, conducida por un pequeño niño llamado Domingo.


Monasterio de Santa Catalina

Sus padres al conocer el hecho, trataron de disuadirla, ofreciéndole joyas, pero ella se mantuvo firme. Su padre finalmente aceptó su decisión y la apoyó, pero su madre no pudo aceptarlo diciéndole que no regresara más a su casa.
La dote que debía pagar al ingresar la dio su hermano Francisco, su madre a pesar de poder cubrir el monto, se negó rotundamente a hacerlo.
Recibió los votos de profesión adoptando el nombre religioso de "de los Ángeles". Desde el principio practicó lo que había profesado, aspirando siempre a la perfección.
En una oportunidad, y por un periodo de tres años, fue elegida Madre Priora del Monasterio, cargo muy importante, que quiso rechazar, ya que según ella, no estaba capacitada para el puesto. Algunas religiosas la apoyaron y prometieron ayudarla, pero otras estaban en contra de ella, diciendo que como iba a ser Priora, alguien que no sabía leer ni escribir. Este cargo le trajo muchos problemas con algunas religiosas, quienes trataron de envenenarla hasta en tres oportunidades. Ellas se encontraban disconformes con las medidas de austeridad que había impuesto Sor Ana, durante su priorato y en el que exigió que todas las religiosas vistieran sus hábitos sin ningún adorno de oro.


MILAGROS Y PREDICCIONES
La estrecha relación de Sor Ana de los Ángeles de Monteagudo con las almas del Purgatorio, fue determinante para sus predicciones, las mismas que generalmente fueron de carácter necrológico.
En varias oportunidades predijo enfermedades de algunos de sus allegados; para algunos predijo la cura, en el caso de otros, la inevitable muerte. Estos anuncios muchas veces fueron tomados con rechazo, desconfianza e incredulidad por las personas que de una u otra manera eran afectadas. Otros más fueron los hechos extraordinarios que durante su vida realizó Sor Ana de los Ángeles.
Las personas que la conocieron personalmente llegaron a señalar un total de sesenta y ocho predicciones todas cumplidas, realizadas por la venerable monja.


ULTIMOS AÑOS
Los últimos años de la venerable monja catalina transcurrieron en la oscuridad de la ceguera. Tenía mucha dificultad para caminar, sin embargo jamás se quejó o se sintió desdichada por correr esa suerte. A pesar que no existía ningún remedio eficaz para calmar sus terribles dolores, aceptó con toda humildad lo que el Señor le tenía preparado, siendo modelo de una entrega superior y de una plena y total confianza en Dios.
Antes de ser sepultada Sor Ana, un pintor captó sus facciones en un retrato, que es el único y verdadero testimonio gráfico que de su rostro ha quedado para la posteridad, ya que en vida evitó tan mundana gala.
El pintor había concurrido al Monasterio pese a que en esos días estaba afectado por fuertes dolores e incluso de una hinchazón generalizada de su cuerpo. Apenas concluyó de pintar el retrato de la venerable monja, en un pequeño lienzo y mientras salía por la portería, sanó completamente y de inmediato la enfermedad que lo había afectado en los últimos días, desapareció.

Sor Ana de los Ángeles falleció el 10 de Enero de 1686. Muerta Sor Ana, no fue necesario embalsamar su cuerpo, por el buen olor que despedía.
Fue enterrada en el piso de tierra del Coro del templo del Monasterio.

Diez meses después, el cadáver de Sor Ana fue exhumado y encontraron el cuerpo fresco, sin mal olor y con flexibilidad comprobada de los músculos y articulaciones. Inclusive exhalaba un olor muy singular que no los dejaba moverse de aquel sitio.
Luego de su muerte los milagros continuaron; numerosos casos de personas que padecían alguna enfermedad y al encomendarse a Sor Ana o tocar alguna prenda que le perteneció, desaparecían los males que les aquejaban. Todos estos hechos motivaron a las monjas catalinas a unir testimonios y presentar una petición el 19 de julio de 1686, es decir a seis meses de su muerte, para que la venerable monja pase a ser la primera Santa de Arequipa, proceso que todavía no ha llegado a su fin.

Fuente: Web del Monasterio de Santa Catalina-Arequipa


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