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sábado, 6 de febrero de 2016

Homilía del V Domingo del T.O. - 2016

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HOMILÍA  DOMINGO V DEL T. O.

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«Pesca milagrosa, llamada a los primeros apóstoles» 
(Lc 5, 1-11) 

P. Carlos Cardó, SJ – 7 Feb 2016

Lucas pone el llamamiento de los discípulos al comienzo de la actividad pública de Jesús para señalar que lo primero de todo en la vida cristiana es sentirse llamados. La fe cristiana, en efecto, no consiste únicamente en asimilar intelectualmente una doctrina o adoptar una actitud moral. Jesús llama a seguirlo, es decir, a identificarse con Él; y también a confiar, arriesgarse a comprometerse con Él hasta el final.
Esta adhesión vital a la persona de Jesús es lo que hace que el evangelio y la vida cristiana sean algo muy superior a una bella doctrina que uno aprende, a una hermosa causa por la que uno lucha, a una hermosa realización estética que uno admira. Jesús despierta en quien lo sigue una relación mucho más profunda y total: se le entrega no sólo la cabeza y la sensibilidad, se le entrega el corazón, el fondo del alma. Creer es poder decir con San Pablo: Ya no vivo yo, es Cristo quien vive mí (Gal 2,20).
El pasaje, además, tiene un contenido eclesial. La barca con Jesús y los apóstoles simboliza a la Iglesia. Desde ella Jesús predica, de ella baja para sanar a los enfermos, en ella atraviesa el lago de Galilea en compañía de sus discípulos y, cuando Él no está, la barca zozobra zarandeada por los vientos y las olas. La barca no puede estar sin Jesús; cuando eso ocurre la envuelve la oscuridad de la noche y queda expuesta a la tempestad. Y puede ocurrir también que Jesús esté en ella con los suyos pero como ausente, dormido en el cabezal, y ellos tengan miedo porque su fe es escasa.
Así es la Iglesia y eso podemos vivir en ella, porque está formada de hombres y mujeres como nosotros, con sus debilidades, miedos y desconfianzas. Hay aquí una invitación a reconocer a Cristo en la Iglesia tal como es: comunidad de pecadores, solidaridad de debilidades. En la Iglesia aparece lo que somos y lo que Él hace por nosotros: nos congrega, sana y alimenta, nos hace comunidad abierta a los que sufren, y a ellos nos envía para repetir sus gestos, signos de su reino.


Los pescadores estaban lavando las redes. La llamada se recibe en la vida ordinaria. No nos imaginemos cosas extraordinarias. El Señor nos habla en nuestra propia Galilea, en nuestra vida cotidiana, por profana o prosaica que nos parezca: mientras se está pescando como Simón y sus compañeros, o se está contando plata como Mateo en su mesa de cobrador de impuestos. Incluso se puede estar haciendo cosas contra Cristo y contra los cristianos, como hacía Saulo. Hagamos lo que hagamos, llega a nosotros su palabra que nos cambia, desvelando nuestra verdad más profunda.
Dice Jesús a Pedro: Rema mar adentro y echa las redes para pescar. Han pasado una mala noche de fatiga inútil. La orden de Jesús a pescadores profesionales podría parecer ofensiva: ellos saben cuándo y dónde se echa la red; y saben que es de noche cuando se pesca. Maestro toda la noche nos la hemos pasado bregando sin pescar nada… pero sobre tu palabra echaré la red. La noche simboliza la ausencia de Jesús. Sin el Señor, la actividad es infecunda. “Porque sin mí, no pueden hacer nada” (Jn 15,5).
La noche es también la comunidad cerrada. Y es el trabajo sin unión a Jesús, que resulta siempre ineficaz. En realidad ellos no saben dónde echar la red, cuál es el lugar adecuado. Habrán de aprender a no confiar en sus propias fuerzas, en su capacidad o en los medios que emplean, pues pronto revelan su impotencia para la tarea encomendada.
Cuando, como Pedro, reconocen que es el Señor quien hace crecer y fructificar, entonces producen frutos. “Confío en tu palabra, tu palabra me da vida”. La comunidad ha de escuchar la palabra, confrontar sus fatigas y miedos, obedecer y obtener frutos. Sólo el empeño en el trabajo, junto con el reconocimiento humilde y realista de la propia incapacidad, conducen a la abundancia.
Capturaron gran cantidad de peces…La abundante pesca expuesta de forma enigmática por el empleo del término “multitud”, alude a la entera comunidad de fieles, reunidos por medio de la predicación y de los esfuerzos apostólicos en la una y única Iglesia. A pesar de ser tantos los ganados para la causa de Cristo en la Iglesia, la red no se rompe, porque cuenta con las promesas de Jesús.

13-ordinario5 (C) cerezo

Al ver esto Simón Pedro se postró a los pies de Jesús diciendo: Apártate de mí, Señor, que soy un pecador. Ante la magnitud del favor recibido, Pedro reconoce su propia condición de pecador. La magnanimidad del Señor le lleva a apreciar su propia pequeñez. Expresa gratitud en forma de deseo de conversión y perdón.


No temas, desde ahora serás pescador de hombres. La comunidad, representada por Pedro, recibe la llamada a la misión. En la pesca está prefigurada la misión que se inicia en Galilea y ha de llegar hasta el confín del mundo.
Ellos, dejándolo todo, lo siguieron.
En la primera lectura, hemos escuchado la voz del Señor que decía: “¿A quién mandaré? ¿Quién irá por mí?” (Is 6,8).

¿Es mi respuesta la misma del profeta: “Aquí estoy, mándame?”.

 P. Carlos Cardó, SJ
Párroco - Nuestra Señora de Fatima - Miraflores Lima