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Domingo de Ramos con Maria 2018

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Domingo de palmas con Maria 2018

lunes, 19 de noviembre de 2012

Homilia del Domingo XXXIII del T.O. - B

 Conectados a tu palabra
 

Por el Padre Javier San Martin sj


Homilia del
Domingo 33° del Tiempo Ordinario - B

¿Un Jesús pobre, lleno de majestad?

San Marcos 13, 24 al 32,

Domingo 18 de Noviembre 2012

Bienvenidos una vez más a nuestro encuentro dominical para celebrar juntos el Día del Señor. Hoy es el TRIGÉSIMO TERCER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, penúltimo domingo del año litúrgico, y la Iglesia presenta para nuestra reflexión y comentario un pasaje del evangelista San Marcos:
“Entonces verán al Hijo del Hombre venir sobre las nubes con gran poder y majestad; Aprendan lo que les enseña la higuera: cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, saben que la primavera esta cerca; pues cuando vean suceder esto, sepan que Él esta cerca, a la puerta. El día y la hora nadie lo sabe, ni los ángeles del cielo, ni el Hijo, solo el Padre”

Este solemne pasaje habla de aquel momento futuro en el que el Señor Jesús vendrá nuevamente, pero ya no como un niño indefenso en el pesebre de un establo como la primera vez, sino ahora con gran poder y majestad. Ya no vendrá como un desconocido, ignorado y rechazado, sino, al contrario, en medio de la admiración y temblor de la humanidad.
Y ¿por qué así? ¿No fue precisamente lo más atractivo de la primera venida de Jesús, su humildad, su sentido de pueblo, su poca notoriedad? ¿Por qué ahora quiere volver con esta nueva faceta de poder y majestad que no la habíamos visto antes? Nos preocupa saber con qué finalidad lo hace? Ciertamente que Jesús, el Hijo de Dios, tiene la plenitud de la gloria, del poder, de la majestad. No hay ser humano, por más poderoso que sea, que pueda en esto compararse con Jesús. Pero, ¿por qué en su primera visita a los hombres ocultaba estas prerrogativas, y ahora en su segunda visita, las quiere manifestar?
Para poder comprender esta diversa manifestación de Jesucristo hay que recordar, estimados oyentes, que la creación entera esta en un proceso continuo de evolución. Dios ha puesto en la creación una dinámica interna con la que día a día, época a época, va caminando sin detenerse hacia ese fin ya previsto por Dios. Y la segunda venida de Cristo en gloria y majestad marcará la culminación de este proceso de evolución y desarrollo.
Pero hasta que esto ocurra, en el camino se van teniendo diversas vicisitudes con respecto a la manifestación de Dios a los hombres. En algunos momentos, la imagen de Dios parece que se desdibuja o no existe. En el transcurso de la historia hemos visto aparecer cuántos líderes y personajes que han brillado con luz tan excepcional que hasta pareciera que lograban ocultar toda otra luz aun la divina. El mismo hecho de la primera venida del Señor envuelta en un ambiente de humildad puede dar pie para pensar que su presencia será siempre oculta, desapercibida y aun despreciada.
Pero esto no es así. En plan eterno de Dios esta prevista una manifestación total de Cristo, con todo su gran poder, gloria y majestad, en el día y hora que nadie sabe sino el Padre. Recordemos en la vida de Jesús cuando María le pidió que hiciera un milagro en las bodas de Caná pero Él le contestó: “Mujer, mi hora aún no ha llegado”. Pero llegará. El plan de salvación de la humanidad, pues, va pasando por diversas etapas. Estamos caminando en un proceso evolutivo, lleno de oscuridades e incógnitas. Durante todo este proceso Dios esta ciertamente presente pero reconocible solo a los que tienen un espíritu de bienaventuranzas que les permite reconocer el misterio de Dios caminando paso a paso en la vida diaria.
Pero ciertamente, no es fácil en esta etapa descubrir su presencia a través de los signos que lo manifiestan: un humilde pan sin levadura en la eucaristía, un pobre, un enfermo, uno que llora y sufre, un perseguido por la justicia. La naturaleza misma y su belleza manifiestan la presencia pero de manera velada y para los que logran descubrirla. Pero Dios ha querido escoger explícitamente este camino desapercibido. Dios esta ahora en medio de nosotros como si no estuviera, y por eso cuantos hay que al no ver su poder, su gloria, su majestad, simplemente dicen: Dios no esta, no existe.
Pero el desarrollo y evolución de la humanidad no se detiene. El plan de Dios continúa día a día y nos vamos acercando a esa meta final, en la que veremos la manifestación de Dios con todo su poder, gloria, y majestad, rasgos que Él quiere ocultar hasta que la creación alcance las metas de su dinamismo interno, y se pueda ver en ella las características propias del reino de Dios: paz, justicia, amor y verdad. Solo entonces, cuando todo el proyecto divino se haya cumplido, veremos a Jesús como es, con toda su fuerza, gloria y majestad que ha tenido desde la eternidad.
Señor Jesús, comprendemos ahora lo que tú pretendes en el evangelio de hoy: quieres que miremos a esa meta a la que nos dirigimos para que no perdamos el sentido del camino. Que los espejismos no vayan a hacernos cambiar de rumbo en busca de otras metas. El que te presentaras en tu primera venida en forma humilde, sin poder ni majestad, nos hace el susurro de tu presencia en nuestra vida cotidiana. Pero la visión del futuro, cuando te manifestarás con gran poder y majestad, lejos de producirnos temor, nos debe acompañar siempre para que así lleguemos algún día a la plena realización de nuestras vidas.
 
AHORA VIENE LO MÁS IMPORTANTE

Y bien, amigos, así terminamos esta breve reflexión dominical.
Pero ahora viene el momento más importante: tu encuentro personal con el Señor Jesús.
Toma, pues, el texto del evangelio en tus manos, San Marcos, capítulo 13, versículos del 24 al 32, y trata de sentir lo que el Señor te quiere comunicar.
El Padre Javier San Martín, agradece muy sinceramente tu presencia,
Y me despedido hasta el próximo domingo