¿PERDONAR? ¡QUÉ LOCURA!
Escrito por: Padre Javier San Martín sj
SEPTIMO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, ciclo A
Mateo 5, 38-48.
20 DE FEBRERO 2011
Estimados amigos, Bienvenidos a nuestra cita dominical para celebrar juntos el día del Señor. Hoy la Iglesia celebra el 7º. Domingo del Tiempo Ordinario del ciclo A, y el Evangelio presenta uno de las enseñanzas más exigentes y duras de aceptar, y sin embargo encierra lo más central del mensaje que Jesús vino a predicar, que podríamos resumir así:
Dios es amor, y me ama.
Porque Dios me ama, envía a Jesucristo su Hijo para salvarme del pecado que me cerraba las puertas de la eterna felicidad y me abría solo las de la perdición y ausencia eterna de Dios.
Jesucristo me ama de tal modo que no dudó en dar su vida por amor a mí, pero, al mismo tiempo, me manda amar a mi hermano como Él me ha amado.
Si Jesucristo me ha amado hasta dar su vida y perdonar mi pecado y salvarme de la condenación eterna, yo tengo que amar a mi hermano aunque sea mi enemigo y aunque él me haya ofendido hasta la muerte…*.
Esto es muy bonito decirlo, pero bien sabemos todos por experiencia que este mandamiento del amor a los enemigos, es en la práctica de lo más difícil del evangelio de Jesucristo. Y porque Él bien sabía lo mucho que esto nos iba a costar, hizo lo inimaginable; cuando estando clavado en la cruz, en medio de los más atroces sufrimientos y burlas inhumanas, dejó salir de sus labios una desconcertante plegaria:
¡Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen!
Y por eso, en el Evangelio de hoy, Jesucristo nos exhorta:
A amar, como nos ama Dios.
A perdonar como perdona Jesús.
A olvidar de una vez para siempre el ojo por ojo y el diente por diente, de los antiguos..
A distinguirnos de los paganos amando aun a los enemigos, porque con amar a los que nos quieren bien, no hacemos nada especial, eso lo hace cualquiera.
A amar a todos como ama nuestro Padre celestial, que hace salir el sol sobre buenos y malos, y caer la lluvia sobre las tierras de los buenos lo mismo que sobre las de los malos… Nuestra meta, pues, es llegar a ser misericordiosos, buenos y perfectos, como lo es nuestro Padre celestial. *
Esto sólo Jesucristo pudo ser capaz de decirlo, mandarlo y exigirlo, porque Él mismo quiso ponerse a la cabeza de los cumplidores de ley tan dura, y por eso Él tiene la autoridad como hombre y como Dios para exigirnos un amor que nosotros no admitiríamos jamás, y que podríamos pensar que es una locura.
Tal vez no se deberían sacar en la televisión ni en los periódicos ciertos reportajes que revelan la intimidad de las personas. Pero, ya que salieron y pudieron ser testigos millones de televidentes y lectores, no será despropósito recordarlos aquí. Se trataba de los familiares de algunos que fueron asesinados por una banda terrorista. Interrogados, unos declaraban,:
Perdonamos de corazón a los asesinos, y rogamos a Dios por ellos,
Y esto que pasa a nivel personal puede también pasar a nivel eclesial. ¿No nos persiguen? ¿No hay quiénes con toda malicia, y quizás tal vez con intenciones económicas o políticas, tratan de arrancar la fe genuina en muchas almas? Eso…, lo dejamos en las manos de Dios y aplicamos aquí las palabras de San Pablo:
Nosotros, en cambio, estamos llamados solo a perdonar y a abrir nuestros brazos aun a los que puedan herir nuestros principios religiosos enraizados en nuestras familias y culturas, y esto nos basta. Entre las Iglesias cristianas divididas esta ocurriendo algo muy diferente y esperanzador. Olvidando antiguas peleas, hemos empezado a hablarnos, respetarnos, dialogar y tratar de entendernos… Ya no flotan en el aire antiguas ofensas y estamos aprendiendo a superar viejas rencillas. El gran deseo y petición emotiva de Jesús en su Ultima Cena:
¡Que todos sean UNO!…
Pero ahora viene lo más importante: leed
Y bien amigos, así terminamos la primera parte de nuestra reflexión dominical. Pero ahora viene la segunda que es la más importante y te toca a ti. Te invito, pues, a tomar en tus manos el texto del evangelio, Mateo 5, 38 al 48, y a tratar de escuchar lo que el mismo Señor te quiere comunicar. Agradezco al P. Pedro García, misionero Claretiano, por su colaboración en esta reflexión y a ti por tu presencia.
Te dejo pues con el Señor, que nadie te interrumpa, cuenta con mis oraciones, y hasta el próximo domingo.