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PAPA Robert : LEON XIV y ESCUDO Pontificio 2025
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miércoles, 30 de noviembre de 2016
Las Fallas Valencianas declaradas Patrimonio Inmaterial de la Humanidad!!
viernes, 10 de junio de 2011
Iglesia de la Compañia de Jesus en el Cuzco

IGLESIA COMPAÑÍA DE JESUS en el CUZCO
"El templo (de la Compañía) es cuzqueño a pesar de su intenso españolismo (...). El imafronte, armado como con piezas de platero, la original composición de las torres con sus bases desnudas, como todas las del Cuzco, y su cúpula central revestida de ladrillos esmaltados y de sorpresa a ese monumento".
(Héctor Velarde, Arquitectura peruana, 1946).
Aunque los jesuitas fueron la última de las grandes congregaciones religiosas en llegar a la ciudad del Cusco, para la construcción de su iglesia y convento obtuvieron un lugar privilegiado en la Plaza Mayor gracias a la intervención del propio virrey Toledo.
La construcción de la iglesia original fue iniciada en 1571 (ó 1576) sobre los terrenos del antiguo Amarucancha, palacio del Inca Huayna Cápac, que era uno de los palacios más modernos y más grandes que rodeaban la plaza mayor del gran Qosqo. Los terrenos de este palacio fueron otorgados a Hernando Pizarro. Años más tarde la propiedad fue comprada a los herederos del conquistador por Diego de Silva y su esposa Teresa Orgoñez, quienes lo donaron a los Jesuitas tiempo después de su llegada a esta ciudad en 1571.
En el año 1650, la iglesia principal fue devastada por el terremoto. Esto les permitió emprender, el año siguiente, una reconstrucción más ambiciosa, en el que una verticalidad acentuada -que parece empinarse por encima del templo mayor- estableció un desafiante contrapunto con respecto a la Catedral.
Pese a las protestas del cabildo, las obras continuaron de acuerdo a lo planeado y su reinauguración, en 1668, tardó 17 años. Aunque no se conoce al autor de la traza de la iglesia actual (se dice que fue un jesuita flamenco, Juan Bautista Egidiano), las obras de la fachada fueron dirigidas por Diego Martínez de Oviedo.
Este templo ejerció una gran influencia en el desarrollo de la arquitectura barroca surandina, y es considerado como una de las mejores muestras del barroco colonial en América. La traza original, la fachada tallada de piedra, y un hermoso altar revestido en pan de oro, construido sobre una capilla subterránea, son el mejor ejemplo.
La iglesia
Fue construida en andesita y tiene la más bonita fachada entre las iglesias de la ciudad. En la entrada principal se observa a la Virgen de la Inmaculada Concepción, tallada en berenguela (mármol). Muy cerca de ella hay dos capillas externas que apoyan a la iglesia principal; hacia el norte está la capilla de la Virgen de Loreto (desde 1894 es conocida como la capilla de la Virgen de Lourdes), que hoy todavía sirve para el culto y donde casi siempre se adora al Señor de Burgos (que se trajo de la iglesia de San Agustín). Hacia el sur está la capilla de San Ignacio de Loyola que se otorgó a la Sociedad de Artesanos del Qosqo.
Al ingresar al templo principal destacan el Altar Mayor de tres cuerpos y columnas salomónicas, el púlpito de madera y numerosos retablos barrocos, platerescos y churrigerescos. La iglesia es de una sola nave ancha dispuesta en cruz latina, que privilegia claramente el área del crucero cubierto por una gran cúpula. Pese al arcaísmo de sus bóvedas de crucería, la concepción general del edificio es plenamente barroca y el trabajo de cantería que lucen sus muros es el más fino de toda la ciudad.
En un extremo, el Altar Alto -tallado en madera de cedro en un estilo híbrido, por Diego Martínez de Oviedo-, fue completamente dorado con hojuelas de oro por Cristóbal Clemente, en 1670. Este altar tiene 21 metros (69 pies) de alto y 12 metros (39 pies) de ancho, en su parte central se encuentra la efigie de la Virgen de la Inmaculada Concepción y, sobre ella, se muestra un lienzo que representa la Transfiguración del Señor; por encima de él hay una estatua de un personaje no identificado.
Su monumental retablo mayor, adornado con columnas salomónicas e íntegramente dorado, tiene pinturas y tallas de gran interés, como una antigua imagen de la Virgen y una tabla que representa La Transfiguración, atribuida al jesuita flamenco Diego de la Puente.
La nave principal también tiene un camino que comunica las dos capillas laterales, hay seis retablos con estilo de los buzos y un púlpito completamente dorado. En ambos lados del Altar Mayor hay otros 4 altares de madera de cedro, tres de ellos muy ricos.
Después de los trabajos de la restauración, en 1986, se descubrió bajo el Altar Mayor un subsuelo muy interesante.
La portada
La portada, tipo "retablo", presenta torres de mediana altura y sus muros de piedra han sido cuidadosamente trabajados. Se integra armoniosamente con el resto del templo y sus torres aparecen divididas en dos tramos, dejando el inferior libre de toda decoración, mientras que el de la parte alta ostenta sendos "balcones" con repisas salientes. En el arranque de los campanarios, una gran cornisa volada une las torres con el frontis, curvándose en forma trilobulada sobre el remate de éste. Finalmente, el cuerpo alto de las torres tiene planta cuadrada, sus "ojos de buey", la cupulilla octogonal y los pináculos, alrededor, definen el perfil típico de los campanarios cusqueños.
La decoración
Similar suntuosidad se ve en las tribunas labradas y el resto de los retablos, algunos de los cuales pertenecieron al desaparecido templo de San Agustín. Dentro de la colección de esculturas y pinturas dignas de admirar, el templo exhibe debajo del coro del Altar Mayor, obras de arte de Marcos Zapata y su ayudante Cipriano Gutiérrez. En ambos lados de la verja principal del Altar Mayor -alrededor de las ventanas de alabastro (Huamanga)- hay dos lienzos que representan la vida de San Ignacio de Loyola, en uno se halla curando a los enfermos y en el otro se presenta victorioso encima de los herejes y las personas cismáticas que causaron la reforma religiosa.
También hallamos dos pinturas de mucho valor histórico. La primera, ubicada en la pared norteña: "El Matrimonio de Martín García Oñas de Loyola con Clara Beatriz Qoya", que grafica la unión de este capitán español, sobrino de San Ignacio de Loyola y aprehensor de los últimos incas de Túpac Amaru, y la ñusta de estirpe Inca, hija de Sayri Túpac y por consiguiente sobrina de Túpac Amaru, (Clara Beatriz era la heredera absoluta del Marquesado de Oropesa, y de este matrimonio nació Lorenza Ñusta de Loyola, quien se casó con Juan Borgia, hijo de San Francisco Borgia); en el lienzo se encuentran también Túpac Amaru y Sayri Túpac, quienes, al igual que la princesa, visten ropa nativa; detrás de ellos aparece el "achiwa", una especie de sombrilla hecha de plumas de pájaros multicolores y utilizado solamente por el Inca. La segunda se encuentra en la pared del sur y representa la boda de Beltrán García de Loyola con Teresa Idiáquez, hija de Juan Idiáquez con Magdalena de Loyola.
Capilla de San Ignacio de Loyola
La capilla de San Ignacio de Loyola se encuentra hacia el sur y a su lado, hoy, funciona el local central de la Universidad Nacional de San Antonio Abad del Cusco. Ese edificio sirvió originalmente a la Universidad de San Ignacio de Loyola, que era parte de la Universidad de la Transfiguración, creada por el Papa Gregorio XV, en 1621. Después de que los Jesuitas fueran expulsados en 1767, el local sirvió como cuartel del ejército y prisión de José Gabriel Condorcanqui, Túpac Amaru. A fines del siglo XIX albergó a la famosa Sociedad de Artesanos. La capilla es pequeña y austera, de una sola nave construida en piedra, con una portada bastante más sobria que la del templo principal. Actualmente es una sala de exposiciones.
Paraninfo Universitario
Al lado de su iglesia, los jesuitas levantaron su propia Universidad: San Ignacio de Loyola, hoy convertida en local de la Universidad Nacional San Antonio de Abad. Paradójicamente, ambas instituciones protagonizaron una enorme rivalidad a fines del siglo XVII. La fachada de piedra data de esa época y armoniza con la del templo, pero su tratamiento es bastante más libre.
Su composición, a modo de retablo, se adorna con un profuso almohadillado y con ventanas ciegas, puramente decorativas. Su amplio vestíbulo, coronado por una cúpula, es único en el Cusco. El claustro interior, que contiene una austera arquería de piedra, sirvió de modelo a otros de la ciudad. Uno de los atractivos del edificio es el Museo de Ciencias Naturales que alberga.
El Seminario de San Antonio de Abad se fundó en 1598 en un edificio de la calle de las Nazarenas (hoy el Hotel Monasterio); un siglo después, en 1692, mediante un documento dado por el Papa Inocencio XII, se creó sobre su base la Universidad de San Antonio de Abad.
Capilla de Loreto
En el lado izquierdo de su iglesia, los jesuitas construyeron esta capilla de indios entre 1651 y 1654. Al igual que la anterior, se halla en un plano más retirado y su sobria decoración no compite con el edificio principal. Lamentablemente, su interior no conserva nada de la decoración original.
Dibujo de Joaquin Gonzales
http://www.cusco-peru.org/
miércoles, 6 de octubre de 2010
Hospital San Andres de Lima
Beneficencia niega haber cedido local pero documentos confirman pagos. Predio fue el primer hospital del Perú y albergaría momias de incas

Por Elizabeth Salazar Vega
En el local ubicado en Huallaga 846, un enorme plástico azul cumple las funciones de techo; las paredes, de barro gastado, han sido toscamente tarrajeadas y pintadas de blanco; su piso, de tierra, ha sido cubierto por kilos de cemento. “Todo estaba muy viejo, yo lo he querido arreglar”, dice Luis Alberto Rodríguez, el hombre que alquiló este predio, queriendo ignorar que el terreno donde está parado es parte de lo que fue el Hospital Real de San Andrés, el primer nosocomio del Perú y Sudamérica y donde, se dice, estarían enterradas las momias de Pachacútec, Túpac Yupanqui y Huayna Cápac.
El historiador Teodoro Hampe y el arqueólogo Antonio Coello son algunos de los investigadores que lideraron las excavaciones del 2001 y 2005 para rescatar los restos incaicos que fueron depositados aquí por orden del virrey Marqués de Cañete, hacia 1560, a fin de que los pobladores andinos no los siguieran adorando.
Las crónicas del Inca Garcilaso de la Vega, las del jesuita español José de Acosta (1590) y las del padre agustino Antonio de la Calancha (1638) confirman que las momias fueron traídas a Lima. Sin embargo, los trabajos arqueológicos que inició José de la Riva Agüero en 1937 y que fueron retomados por Hampe y Coello, en los años señalados, aún no logran desentrañar el misterio.
Hampe señala que el apoyo que les dio, en ese entonces, la Universidad de Chicago fue importante para develar la existencia de cinco lugares subterráneos con evidencias de entierros. Los trabajos se suspendieron por falta de financiamiento y solo algunas zonas fueron exploradas. Una de las faltantes se encuentra bajo el cemento que sembró Rodríguez.
Él dice que su intención es habilitar un depósito, pero ayer ya había dentro una decena de ambulantes vendiendo desde golosinas hasta zapatillas.
EL MISTERIO DEL ALQUILER
Desde diciembre del 2009 la Sociedad de Beneficencia de Lima Metropolitana (SBLM) administra los 5 mil m2 que quedan de los 10 mil que tenía el otrora hospital San Andrés cuando se fundó en 1552. El predio se divide en dos: el lote de Rodríguez y otro de mayor extensión donde funcionó el colegio Óscar Miró Quesada hasta hace poco.
David de Lambarri, director de Patrimonio Histórico del Instituto Nacional de Cultura (INC), dice que la beneficencia tiene potestad de alquilar el predio, pero velando que no se hagan destructivas modificaciones como las descritas, dado que se trata de un monumento protegido. El problema es que la SBLM niega que se haya ofrecido el terreno.
“Este señor Rodríguez ocupaba el predio de modo informal. Intentó sorprender a un funcionario de la beneficencia [de nombre Ronaldo Andía], pero no se firmó contrato alguno, solo fue un acuerdo verbal para que se quedara solo hasta que desocupe el lugar”, dice Christian Salomón, jefe de Comunicaciones de la SBLM, quien, en un primer momento, ensayó la versión de que Rodríguez había invadido el predio. Coello, en tanto, recibió de esta entidad la información de que el portero del otrora colegio fue quien lo alquiló ilegalmente.
En el breve diálogo que tuvimos con Rodríguez, él asegura que firmó documentos con la SBLM. Salomón dijo desconocer esto. Sin embargo, existen documentos que señalan lo contrario.
Las boletas 014129 y 014128 dan cuenta de que el 22 de enero del 2010 Rodríguez pagó a la beneficencia S/.18.270 como adelanto por los seis primeros meses de alquiler y los recibos de caja 0152 y 053 señalan que otros S/.5.116 por los meses de garantía que se exigía. Un total de S/.23.386 ingresó a la caja de la SBLM, y solo 10 días después de que este señor ingresó su solicitud de arrendar esta parte del predio.
Asimismo, documentos fechados con el 3 de febrero del 2010 dan cuenta del acta de entrega del inmueble a Rodríguez con presencia de Luis Farfán Zapata, en representación de la SBLM, y con el aval de Alfredo García Vidono, director general de Administración Inmobiliaria de la beneficencia, y María Kahn Segura, directora de la misma oficina.

MUSEO DE LA MEDICINA
En la carta notarial 16387, de la notaria Rocío Calmet Fritz, se indica el pedido que hace Rodríguez a Kahn, pues, según se lee en el texto, nunca le hicieron llegar copia de los contratos que firmó por la transacción. “El 12 de febrero me llamaron a la beneficencia diciéndome que querían anularlos”, indica él en la carta. Trascendió que él abandonará el predio si le devuelven su dinero y lo invertido en las “refacciones”.
La beneficencia ha iniciado una acción penal en contra de Rodríguez, pero el INC ha hecho lo mismo “contra quienes resulten responsables de este atropello al patrimonio”, dice Lambarri. Lo único que ha podido hacer esta entidad es impedir que Rodríguez siga alterando el terreno.
Los investigadores, miembros de las facultades de medicina y la misma beneficencia coinciden en la necesidad de rehabilitar y convertir San Andrés en el museo de la medicina, ya que fue la cuna de esta profesión.
Motivos no faltan: el local que ocupaba el colegio conserva el cementerio, el patio y el loquerío (antecedente del manicomio) que formaban parte del hospital, así como una capilla de mediados de 1800. Una historia arquitectónica que merece un capítulo aparte.
PUNTO DE VISTA
Parte de la historia de la medicina
El Hospital Real de San Andrés fue el primer nosocomio de los españoles y el primer local de lo que sería la Facultad de Medicina de San Marcos, y empezó a funcionar en 1811 como tal, con Hipólito Unanue como uno de sus fundadores. Venían de todo el país a estudiar aquí y regresaban a sus provincias a ejercer la carrera. Por sus aulas pasaron Cayetano Heredia, Daniel Alcides Carrión y muchos otros grandes.
Quedan muy pocos espacios, y bastante deteriorados, de lo que fue la planta tradicional del hospital y nada casi de lo que fueron los claustros de medicina, pues lo que fue el anfiteatro de anatomía lo ocupó y transformó la comisaría de San Andrés. Pero es la más antigua edificación virreinal que existe y tiene un valor histórico notable. Se han presentado proyectos para constituirlo como un museo. Que sea eso o un centro cultural, pero que se conserve.
OSWALDO SALAVERRY. PROFESOR DE HISTORIA DE LA MEDICINA-UNMSM
http://elcomercio.pe/noticia/446422/historico-hospital-san-andres-fue-danado-alquilado-comercio_1
Primer Hospital de Sudamerica: San Andres (1,552) en Lima

(Imagen: Fotografia de la Plaza Italia hacia 1907, hacia el fondo, el antiguo Hospital de San Andrés)
Es triste escribir sobre temas como estos, más aun teniendo en consideración que el Perú es un país que necesita impulsar prioritariamente el turismo. Lima, la otrora capital del Virreynato más importante de América, guarda reliquias que son desconocidas para la gran parte de su población. El hacerlas públicas, brindarles adecuado mantenimiento, permitir que sean visitadas y que contribuyan a engrandecer más la imagen de nuestra urbe, nuestra querida Lima, es tarea de las autoridades, secundados por profesionales que sepan de la importancia de estos monumentos. Lamentablemente en el Perú no tenemos una clase gobernante a la altura de las circunstancias, en consecuencia constantemente tenemos que estar narrando hechos que nos avergüenzan y nos hacen quedar en ridículo ante la comunidad internacional. La destrucción de la que vienen siendo objeto las estructuras del primer hospital en América del Sur es la última de estas perlas.
El Antiguo Hospital de San Andrés queda ubicado en el Jr. Huallaga N° 846, distrito del Cercado, provincia y departamento de Lima, siendo así que el hospital –en su conformación original- se ubicaba colindante con el Hospital e Iglesia de Santa Ana (actual Plaza Italia – Barrios Altos). Fue un hospital para españoles, pues en la época colonial cada casta tenia su propio centro hospitalario, es así que los indígenas se atendían en el ya nombrado Hospital de Santa Ana y la población afroamericana lo hacía en el Hospital de San Bartolomé (actual Maternidad de Lima) también muy cercano a los otros dos. El historiador Juan Bromley en su libro “Las Viejas Calles de Lima” refiere que en el año 1545 el Cabildo (la Municipalidad) compró al vecino Juan de Morales, espadero de oficio, cuatro solares por la suma de 1.050 castellanos de oro para establecer el Hospital de la Concepción de Nuestra Señora. La posesión del lugar comprado la tomó el Regidor D. Nicolás de Ribera el Viejo. El Virrey D. Andrés Hurtado de Mendoza, II Marqués de Cañete, edificó el hospital e hizo labrar su iglesia y varias enfermerías. Luego de dotarle de renta nombró por patrón de él al Rey de España y a los virreyes del Perú en su nombre. El hospital se llamó entonces Real de San Andrés en homenaje a dicho Virrey. El Virrey D. Luis de Velasco dio nuevos impulsos al hospital al nombrar para administrarlo una hermandad de 24 personas honradas y caritativas. Así funcionó este establecimiento dedicado a la cura de españoles durante toda la época virreinal. Es importante resaltar que a pesar de los constantes episodios de reconstrucción tanto al interior como exterior de sus paredes, una parte importante del Hospital ha permanecido casi inalterable desde su fundación.
Con el transcurso del tiempo en el año 1808 se inició en este local, la construcción de la Escuela de Medicina de San Fernando; llegada la etapa republicana se paso a llamar Colegio de la Independencia en donde se prosiguieron dictando clases de medicina; a continuación en 1850 fue utilizada como paraninfo y centro de enseñanza de obstetricia, posteriormente y debido al proceso de urbanización de Lima, una parte de San Andrés fue cercenada para dar paso a nuevas calles, así como a la construcción del Ministerio de Gobierno hacia 1875, el mismo que se destruyó en 1907 para edificar sobre el terreno la Prefectura e Intendencia de Policía (Actual Comisaría de San Andrés). Por la misma época se acordó reestructurar la plaza, colocar en ella la estatua del sabio Antonio Raymondi y llamarla Plaza Italia, nombre que continua vigente. El año 1908 el alcalde Guillermo Billinghurst adquirió un depósito y mortuorio del Hospital de Santa Ana para regularizar la plaza. Al finalizar el siglo XIX San Andrés se convirtió era un centro hospitalario de muy baja y mala categoría, con el siglo XX San Andrés sirvió como albergue para niñas pobres y fue administrado por dos congregaciones católicas femeninas: primero las hermanas de la Caridad de San Vicente de Paúl, y posteriormente las Hijas de María Inmaculada. Ya a fines del Siglo XX otra parte del Hospital de San Andrés también fue demolida y cedida para la construcción del actual colegio “Héroes del Cenepa”. Hasta Agosto del 2007 los restos del Antiguo Hospital de San Andrés sirvieron como colegio primario “Oscar Miro Quesada de la Guerra”. Luego del sismo de ese año, Defensa Civil declaro inhabitable el predio.
El Instituto Nacional de Cultura a través de la Resolución Directoral Ejecutiva Número 296, del 27 de abril del 2000, procedió a delimitar la Zona Intangible del antiguo Hospital San Andrés, Asimismo dicho inmueble fue declarado Monumento, mediante la Resolución Suprema Número 2900-72-ED del día 28 de diciembre de 1972.
Las Momias Incas
Variadas y numerosas fuentes históricas nos indican que algunas de las momias de la realeza incaica que fueron descubiertas en el Cuzco hacia 1559 por el Licenciado Polo de Ondegardo, posteriormente fueron llevadas hacia Lima para ser enterradas al interior del Real Hospital de San Andrés de Lima, en algún momento entre los años 1580 y 1628.
En diciembre de 1559, el licenciado Polo de Ondegardo fue nombrado corregidor del Cuzco y siguiendo instrucciones del Virrey Andrés Hurtado de Mendoza (Marqués de Cañete), inmediatamente dio inició a la búsqueda sistemática de los restos momificados de los Reyes Incas, los cuales estaban escondidos y eran adorados por los indígenas en la región del Cuzco. Luego de continuas pesquisas y con sorprendente éxito, Polo de Ondegardo encontró por fin las momias de algunos monarcas Incas, los cuales, según la tradición oral cuzqueña habían reinado en el Cuzco antes del arribo de los españoles. Junto con cada una de las momias recupero asimismo diversos restos materiales, que eran los objetos mas preciados de cada uno de los gobernantes Cuzqueños; por último se sabe que fueron halladas también los restos momificados de varias coyas.
Posteriormente El Licenciado Polo de Ondegardo destruyó la mayor parte de las momias que encontró; sin embargo decidió salvar ó mejor dicho conservar solo cinco momias, las cuales llamaron su atención debido al perfecto estado de conservación, estas estaban conformadas por tres varones y dos mujeres. Sabemos por fuentes históricas que una de las momias era la de Pachacuti Inca Yupanqui y las dos mujeres muy probablemente eran Mama Runtu (la mujer de Inca Viracocha) y Mama Ocllo (esposa de Túpac Inca). La identidad de los otros dos varones es un tema de discusión que hasta la fecha no ha podido ser aclarado. (Hampe 1982; Rostworowski 1953)
Garcilaso de la Vega visitó la casa de Ondegardo en 1560, justo antes de partir de viaje del Cuzco hacia España; al mostrarle Polo de Ondegardo las cinco momias a Garcilazo, este se quedo perplejo del excelente estado de conservación que mantenían sus ancestros. Luego de mucho tiempo, Garcilazo hizo una detallada descripción de las mismas, en su famosa obra Los Comentarios Reales de los Incas (1609: Libro 5, capítulo 29):
“Y así lo mostraba su cuerpo cuando yo lo vi en el Cuzco al principio del de 1560 que habiendo de venirme a España, fui a la posada del licenciado Polo Ondegardo, natural de Salamanca, que era corregidor de aquella ciudad, a besarle las manos y despedirme de él para mi viaje. El cual, entre otros favores que me hizo, me dijo, “Pues que vais a España, entrad en ese aposento. Ver, si algunos de los vuestros que he sacado a luz, para que lleveis que contar por allí”. En el aposento hallé, cinco cuerpos de los reyes Incas: tres de varón y dos de mujer. Uno de ellos decían los indios que era este Inca Huiracocha. Mostraba bien su larga edad: tenía la cabeza blanca como la nieve. El segundo decían que era el gran Túpac Inca Yupanqui, que fue bisnieto de Huiracocha Inca. El tercero era Huaina Cápac, hijo de Túpac Inca Yupanqui y tataranieto del Inca Huiracocha. Los dos últimos no mostraban haber vivido tanto — que aunque tenían canas eran menos que las del Huiracocha. Una de las mujeres era la reina Mama Runtu, mujer de este Inca Huiracocha, otra era la Coya Mama Ocllo, madre de Huaina Cápac. Y es verosímil que los indios los tuviesen juntos después de muertos, marido y mujer, como vivieron en vida”.
Poco después que Garcilaso viera las Momias Incas en casa de Ondegardo, tres o cuatro fueron remitidas a la Ciudad de Lima, con planes de ser exhibidas, siendo el lugar escogido por las autoridades españolas el Hospital Real de San Andrés de Lima. (Es asimismo posible que las cenizas de Viracocha Inca también hayan sido enviadas a Lima).
Aunque numerosas personas deben haberlas visto allí, solamente conocemos lo descrito por José de Acosta, quien escribió hacia el año de 1590, [casi veinte años después de que las momias fueran confiscadas], una detallada descripción de las mismas y de su estado de conservación. Al hablar de Pachacuti Inca Yupanqui, Acosta, menciona lo siguiente, (Acosta 1986: 423 [1590: Libro 6, capítulo 21]):
“Estaba el cuerpo tan entero y bien aderezado con cierto betún, que aparecía vivo. Los ojos tenia hechos de una telilla de oro tan bien puestos, que no le hacían de falta los naturales; y tenía en la cabeza una pedrada que le dieron en cierta guerra. Estaba cano y no le faltaba cabello, como si muriera aquel mismo día, habiendo más de sesenta u ochenta años que había muerto. Este cuerpo, con otros de Ingas, envió el dicho Polo a la ciudad de Lima, por mandado del Virrey Marqués de Cañete, que para desarraigar la idolatría del Cuzco, fue muy necesario; y en el hospital de San Andrés, han visto muchos españoles este cuerpo, con los demás aunque ya están maltratados y gastados”.
Sin embargo cabe hacerse la pregunta porque se decidió colocar a las Momias Incas en el Hospital de San Andrés, una respuesta lógica seria simplemente, porque el Virrey Andrés Hurtado de Mendoza, fue un gran benefactor del mismo (Hampe 1982: 412). Además debemos considerar que el hospital era un centro de salud exclusivo para los ciudadanos españoles, consiguiéndose con esto que las momias estuvieran fuera de vista de la población nativa, lo cual hubiera significado mantener y/o conservar un cierto peregrinaje u adoración por parte de la población indígena hacia sus antepasados; caso contrario al restringir su observación solo para la población española, la cual los miraría solamente como unos objetos raros o curiosos.
Posteriormente hacia 1638, Antonio de la Calancha (1981: 219) confirma que las momias fueron enviadas por Polo de Ondegardo hacia el Hospital de San Andrés:
“los cuerpos que envió el Licenciado Polo a Lima en tiempo del primer Marqués de Cañete, y están en un corral del Hospital de San Andrés”.
Después de Calancha, los datos históricos permanecen en un largo silencio, pero a ciencia cierta se desconoce el lugar exacto, donde fueron enterradas las momias, asimismo tampoco hay ningún testimonio ocular de las mismas y se cree que fueron enterradas en algún lugar dentro del hospital. De fuentes editas del siglo XVIII no se conoce ningún dato en el que se haga mención a las momias de San Andrés, consideramos que una de las razones del porque se mantuvo silencio, fue tal vez debido al movimiento liderado por Tupac Amaru, el cual luego de su derrota y ejecución, trajo como consecuencia la prohibición por parte de la Corona Española, entre otras cosas de la lectura de los Comentarios Reales, la cual fue considerada como una literatura subversiva; asimismo se prohibió cualquier remembranza de culto, adoración, vestimenta del pasado Inca.
Excavaciones Arqueologicas en San Andrés
En 1876, los eruditos Teodorico Olaechea y José Toribio Polo abrieron una gran cripta en el Hospital de San Andrés en búsqueda de las momias, pero no encontraron ninguna huella de ellas. En 1937, aproximadamente unos cincuenta años más tarde, el historiador José de la Riva-Agüero efectuó excavaciones arqueológicas, pero en forma limitada dentro del hospital; pero tampoco halló nada. Desde ese entonces se ha asumido que la ubicación de las momias jamás será conocida o que tal vez se perdieron para siempre.
A partir del año 2000 y con apoyo de nuevas tecnologías (Radar penetrante de suelo) los arqueólogos Antonio Coello y Brian Bauer buscaron nuevamente en el Antiguo Hospital en pos de encontrar dichas momias. Lo que encontraron fue una antigua bóveda, de la época del primigenio Colegio de Medicina con muchos restos óseos. De las momias hasta el momento nada, pero faltan realizar aun más investigaciones.
Actual situación de los restos del Hospital
Hoy en día ya no es posible ingresar a San Andrés. La Beneficencia decidió alquilar el predio a unas personas con total desconocimiento del valor cultural del bien que estan manejando. Es así que la intención de ellos es hacer ahora unas galerías para albergar comercios (esta zona esta cercana al Mercado Central de Lima). De esa forma han logrado derribar algunos muros antiguos del Hospital y también han tapado con cemento el patio donde se encontró la bóveda. Cuando los representantes de la Beneficencia quisieron ingresar para verificar las modificaciones sobre su predio fueron tratados de manera agresiva y ni que decir de los investigadores que han querido constatar en si los daños, hay matones que no permiten el ingreso. ¿Por qué tanto misterio, tan poca transparencia con este acto que atenta contra un patrimonio cultural de la Nación? Obviamente la Beneficencia es cómplice también por alquilar el espacio con fines evidentemente comerciales, pero aquí hay muchas otras entidades involucradas. Para comenzar la Municipalidad de Lima que permite que se construya sobre un terreno declarado Monumento e intangible. Asimismo el INC que al parecer todavía no toma cartas en el asunto, debiéndolo hacer. Tal vez ellos dirán que no tienen el suficiente personal para hacer las supervisiones, pero si es así, ¿de que forma pretenden también custodiar el valioso patrimonio documental peruano que mediante el nefasto D.S. 0003-2010-ED ha pasado a sus manos?. Es una pena constatar que el Perú en materia cultural en vez de avanzar retrocedamos (en contraposición con el famoso slogan de este gobierno). Cuantos otros países ya quisieran tener reliquias como las nuestras y sin embargo acá se prefiere convertirlas en comercios o bienes con fines rentistas. No se dan cuenta que convirtiéndolo en Museo –como fue la intención de un grupo de médicos notables hace muy poco tiempo- podrían obtener no solo los dividendos económicos que tanto buscan sino también revalorarían un Monumento olvidado y que es muy importante en la historia de nuestra ciudad y nuestra patria.
(Nota del redactor: Agradecimientos a Antonio Coello por las notas históricas y arqueológicas que sirvieron para la elaboración de este post y también por permitirme visitar las instalaciones del Hospital hace más de un año, de cuya visita provienen buena parte de las imágenes que ilustran el video.)
http://summahistoriae.blogspot.com/2010/03/destruccion-del-primer-hospital-de.html
Imagenes de los restos del primer Hospital fundado en America: San Andrés.
Dejado al abandono y ahora a punto de ser convertido en galeria comercial.
Por:Rchuhue 01 de marzo de 2010


