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lunes, 11 de enero de 2016

10.01 Homilía del Bautismo de Jesus - Papa Francisco 2016




“La fe es la mejor herencia que se puede dejar a los hijos”. El Papa en la misa por el Bautismo del Señor

(RV).- “Queridos niños con alegría la Iglesia os da la bienvenida”. El Papa Francisco celebró la Santa Misa el segundo domingo del 2016, fiesta del Bautismo del Señor, en la capilla Sixtina, donde también administró el sacramento del Bautismo a 26 niños, quienes estaban acompañados de sus padres y padrinos.

En un ambiente de ternura y mucha emoción, con algún llanto de los bebés de fondo, el Papa Francisco preguntó a los padres qué nombre dan a los niños, y qué quieren para sus hijos, a lo que los familiares contestaron “la fe”. El Papa les recordó que pidiendo el bautizo de sus hijos se comprometen a educarles en la fe, en la observación de los mandamientos, con el fin de amar a Dios y al prójimo como Cristo nos enseñó.

El Santo Padre explicó que la fe es la mejor herencia que los padres pueden dejar, “la fe va transmitida de generación en generación como una cadena”, y añadió que estos niños en un futuro ocuparán el lugar de padres con sus hijos y quedará “la fe que da el bautismo y que lleva el Espíritu Santo en el alma de la vida de estos hijos vuestros”.

Esta tradición de que los niños sean bautizados por el Pontífice, la instauró San Juan Pablo II y la siguió Benedicto XVI, quien como dijo en la homilía del domingo 11 de enero de 2009, “con este sacramento el recién bautizado se convierte en hijo adoptivo de Dios, objeto de su amor infinito que lo tutela y defiende de las fuerzas oscuras del maligno, es preciso enseñarle a reconocer a Dios como su Padre y a relacionarse con él con actitud de hijo”.


Palabras del Papa Francisco en la homilía:
Cuarenta días después del nacimiento, Jesús fue llevado al templo. María y José lo llevaron para presentárselo a Dios. Hoy, en la fiesta del Bautismo del Señor, ustedes padres llevan a sus hijos para recibir el Bautismo, para recibir eso que han pedido al inicio cuando yo les he hecho la primera pregunta: la fe. “Yo quiero para mi hijo la fe”. Y así la fe se transmite de una generación a otra, como una cadena a largo tiempo.

Estos niños, estas niñas, pasados los años, ocuparán su lugar con otros hijos –sus nietos- y pedirán los mismo: la fe; la fe que nos da el Bautismo; la fe que lleva el Espíritu Santo hoy en el corazón, en el alma, en la vida de estos hijos, suyos. Ustedes han pedido la fe. La Iglesia cuando les dará la vela encendida, les pedirá custodiar la fe en estos niños. Y al final no olviden que la herencia más grande que ustedes pueden dar a sus hijos es la fe, busquen que no se pierda, háganla crecer y dejarla como herencia.

Les deseo este día, a ustedes, que es un día alegre para ustedes: les deseo que sean capaces de hacer crecer a estos niños en la fe, y que la herencia más grande que ellos recibirán de ustedes sea justamente la fe. 

Y les digo solo, cuando un niño llora porque tiene hambre, a las mamás las digo: “Si tu niño tiene hambre, dale de comer aquí con toda libertad”.

Hermanos y hermanas elevemos al Padre, origen de fuente de la vida, nuestra súplica por estos niños, llamados a la adopción filial en Cristo Jesús, por sus padres, los padrinos y las madrinas y por todos los bautizados.


(MZ-RV)

Y a ti cuando te bautizaron ?


domingo, 10 de enero de 2016

10.01 Homilía del Bautismo de Jesús - 2016



HOMILIA – «El bautismo de Jesús»
(Lc 3, 15-16.21-22) – P. Carlos Cardó, SJ – 10 Ene 2016

El bautismo de Jesús en el Jordán es un hecho especialmente significativo, razón por la cual los tres Sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas)  lo traen, y el cuarto evangelio, aunque no lo cuenta, pone en labios del Bautista una frase que hace suponer que se conocía la tradición del bautismo de Jesús: “Juan dio testimonio diciendo: Yo he visto que el Espíritu descendía del cielo como una paloma y permanecía sobre él” (Jn 1,33).

Al inicio del evangelio, el relato del bautismo de Jesús sirve de ángulo de mira para entender la finalidad que tiene el evangelio: dar a conocer quién es Jesús. En el Jordán, se nos dice que Jesús es el Mesías, el Cristo, portador del Espíritu, y el Hijo amado de Dios, en quien Dios su Padre se complace.

En su bautismo, además, se manifiesta simbólicamente la misión a la que Jesús es enviado por su Padre: misión salvadora que no corresponderá a las expectativas que se habían hecho los judíos, de un libertador político que se impondría con la fuerza y el poder, sino a la del  Hijo que, siendo de condición divina, por amor a nosotros asume nuestra condición débil y pecadora. Alineado entre los pecadores, como uno más entre ellos, actualiza en su persona lo que había anunciado el profeta Isaías: “Fue contado entre los malhechores” (Is 53,2). Y esto es lo que los evangelistas observan en el hecho de aceptar Jesús ser bautizado por Juan: “un día cuando se bautizaba mucha gente, también Jesús se bautizó”, es decir, como uno más.

Bautismo significa inmersión. Y así se practicaba. Hundirse en el agua era símbolo del morir. La fe cristiana vio en ello un anuncio de que el Mesías tendría que sumergirse en la muerte para salir de ella vencedor e iniciar una vida nueva para Él y nosotros. Este es el Mesías, Hijo de Dios y hombre entre los hombres, solidario con nosotros hasta experimentar una muerte como la nuestra.

Mientras Jesús oraba después de su bautismo, se abrió el cielo. Quedó abierto el acceso directo a Dios; el muro del pecado que impedía la comunicación de los hombres con Dios, se derrumba; el futuro cerrado de la humanidad se abre en esperanza. Para Israel la comunicación de Dios a los hombres había terminado en la época de los profetas: ya no se esperaba que Dios hablase. Para el mundo del paganismo, por su parte, el horizonte de la historia estaba cerrado por el destino y la fatalidad. Con Jesús los cielos se abren. Dios se acerca de manera  definitiva, habla y actúa en Jesús. El horizonte de la realización del ser humano se extiende hasta la unión con Dios, hasta nuestra participación en la vida misma de Dios.

“Y el Espíritu Santo bajó sobre él en forma visible, como de una paloma”, prosigue el evangelio. El mismo Espíritu que fecundó el seno virginal de María para realizar la encarnación del Hijo de Dios, desciende ahora para consagrar a Jesús y conducirlo a la obra de su ministerio (cf. Lc 3, 22; 4,1; Hech 10, 38; Vaticano II, Ad gentes 4). Por poseer plenamente al Espíritu divino, Jesús se comprenderá a sí mismo como el Hijo querido del Padre, y se sentirá impulsado a realizar el proyecto de salvación: “El Espíritu Santo está sobre mí... me ha enviado a traer la buena nueva...” (Lc 4, 18).

“Y se oyó entonces una voz que venía del cielo: Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco”. Estas palabras del Salmo 2,7 las cantaba el pueblo de Israel en la celebración de la fiesta de la entronización de su rey. Pero mientras al rey de Israel se le llamaba Hijo de Dios por adopción y en cuanto representante del pueblo escogido, aplicado a Jesús este título expresa su íntima y singular vinculación con Dios: Jesús es el hijo engendrado por Dios antes del tiempo, es la presencia de su palabra y de su obrar salvador, hasta el punto que no se entiende la persona de Jesús sino como Hijo de Dios.

Asimismo, puede verse en la voz del cielo una relación con la frase del profeta Isaías 42,1: “Este es mi siervo a quien sostengo, mi elegido en quien me complazco”. Jesús asume esa conciencia de su propio ser y acepta su misión de Siervo escogido de Dios para redimir a su pueblo. Esta misión la vivirá precisamente como el paso por un bautismo: “¿Pueden beber el cáliz que voy a beber y ser bautizados en el bautismo que voy a pasar?” (Mc 10,38; cf. Lc. 12, 49s).  Se puede decir, entonces, que en el bautismo en el Jordán queda estructurado todo el camino de Jesús y del cristiano, camino contrario al que el mundo ofrece, camino del Hijo-Siervo de Dios que conduce a la exaltación.

Digamos, en fin, que el relato del bautismo de Jesús tiene también un cometido eclesial: remite al significado del bautismo en la Iglesia, con el que nos unimos a Cristo.

También nosotros fuimos bautizados [1]. Dios tomó posesión de nosotros y no sólo de nuestra parte afectiva y sentimental, o de nuestra razón, ideas y especulaciones, o de las emociones religiosas, sino que entró en lo más íntimo de nuestro ser y puso en él su propio ser divino. Esta es nuestra verdad: que ya desde los primeros días de nuestra vida, Dios se comprometió con nosotros, y de manera pública, solemne, infundiéndonos su vida, por el Espíritu del amor que derramó en nuestros corazones.

En el bautismo, también de nosotros dijo Dios: Tú eres mi hijo y te convierto en templo de mi Espíritu. A partir de entonces Dios habita en la profundidad de nuestro ser, allí donde quizá no logramos llegar con los recursos de la psicología profunda, allí, en la hondura de nuestra intimidad, en donde habita el Espíritu que nos hace decir con infinita confianza: Abba, Padre querido.

Confirmemos nuestro bautismo, demos testimonio de él con lo que hacemos y vivimos. ¡Vivamos como bautizados! Hagamos ver que por nuestro bautismo pertenecemos a Dios, estamos ungidos y configurados con Cristo –alter Christus–, para continuar su obra: hacer el bien, liberar, practicar la justicia.

[1] Estas ideas se inspiran en la meditación de Karl Rahner: Marcados con el Sello del Espíritu, en L’Homme au Miroir de l’Année Chrétienne, Paris 1966, págs, 181-182.

P. Carlos Cardó, SJ Párroco.
Parroquia Nuestra Señora de Fátima, Miraflores-Lima

2016 - Año de la Misericordia

sábado, 10 de enero de 2015

Fiesta del Bautismo del Señor - “B” - 2015


 Fiesta del Bautismo del Señor - “B”


 ¿Por qué Jesús va al Bautismo?
¿Es que Él también nació con pecado original?




San Marcos 1, 7- 11

Por Padre Javier San Martin SJ

Bienvenidos a nuestra cita dominical

Que la Paz del Señor sea contigo

Hoy la Iglesia se viste de blanco para celebrar la fiesta del Bautismo del Señor en el ciclo - B. En este domingo conmemoramos el Bautismo del Señor en el Jordán. Marcos es muy esquemático, y nos dice cómo Jesús, al salir del Jordán, vio rasgarse el cielo sobre su cabeza y se escuchó la voz del Padre, que le hablaba:

- “Tú eres mi Hijo queridísimo, en quien me complazco”,

Mientras  el Espíritu Santo se aparecía en forma de paloma.





 COMENTARIO A LA FIESTA DEL BAUTISMO DEL SEÑOR “B”


Al Bautismo van los que necesitan ser purificados del pecado, de esa mancha original con la que todo ser humano nace. Pero,  al ver a Jesús acercarse al Río Jordán para recibir él también el Bautismo surge inmediatamente en nosotros una gran pregunta: ¿Jesús también tiene pecado? ¿Él también ha nacido con la mancha original con la que todos nacemos?

La Iglesia enseña que Jesucristo el hijo de Dios es el único hombre que nació y vivió sin pecado. No cabe duda que a veces nos cuesta aceptar esta verdad, pero nuestra fe reconoce en aquel hombre de Nazaret al verdadero hijo de Dios. Sin embargo, Él se hizo hombre precisamente para ayudarnos a salir de la dinámica del pecado que nos conducía a una eterna infelicidad. Es por esto que el primer paso que Él da al iniciar su vida pública es mezclarse con los pecadores y ponerse al nivel de ellos.

Pero, ¿para qué sirve entonces el Bautismo? ¿Por qué la Iglesia considera este Sacramento como el primer paso que debe dar el hombre después de su nacimiento? Es importante escuchar lo que afirma el Catecismo de la Iglesia Católica:

Podemos adquirir una comprensión más profunda de los acontecimientos reconociendo su significado en Cristo. Así, el paso del mar Rojo es un signo de la victoria de Cristo y por ello del Bautismo.

Esto nos indica que cada vez que un hombre se sumerge en el agua del Bautismo está pasando de la esclavitud del pecado a la libertad de hijos de Dios. Y así como ocurrió con el pueblo elegido que gracias al poder de Dios pasaron por el Mar Rojo, así también, por el poder de Cristo, el bautizado entra a formar parte de la familia de Dios.

De todas maneras el Bautismo no es solo un momento sino que es una vida. Cuando Jesús se bautizó en el Jordán, escuchó la voz del Padre que expresaba toda su complacencia por su queridísimo hijo. Este gran orgullo del Padre por su hijo no era solo porque se bautizaba en aquél momento sino por toda la vida que El ahora empezaba y que terminaría en la cruz. De igual manera, a todo bautizado se le abre esta gran perspectiva en su vida que algún día al final de ella, pueda escuchar de Dios Padre las mismas palabras que escuchó Jesús: Este es un hijo muy amado, de ti estoy orgulloso.

Ahora comprendo mejor el sentido profundo del Bautismo de Jesús y de mi Bautismo y por eso te quiero pedir Señor que camines junto conmigo para que cada paso que dé en esta vida de libertad que he adquirido por mi bautismo motive la complacencia de Dios. Siento que esto es una exigencia diaria de elegir solo aquellas cosas que agradan a Dios y desechar las que no le agradan. Y cuántas veces me he encontrado que mi gusto y placer no están de acuerdo con la voluntad de Dios. Pero sé que este es el desafío que tiene todo cristiano.

Esta es la expresión que Dios puede dirigir también sobre cada uno de los bautizados. Viéndonos inundados de su gracia, con el Espíritu Santo dentro de nosotros, y hechos hijos suyos en su Hijo Jesucristo, nuestro Padre Dios está orgulloso de esos hijos e hijas que salieron tan bellos de las aguas bautismales. Durante mucho tiempo ocurrió en la Iglesia lo que nunca debiera haber pasado: el olvido en que se tenía de hecho el Bautismo. Se bautizaban todos, eso sí. Pero no se le daba al Bautismo la importancia suma que tiene.

El día del Bautismo es el día de los días para un cristiano. Porque en él ha vivido el momento cumbre de su vida. Momento sólo comparable al del día de la muerte, cuando el Bautismo llegará a su consumación al cambiarse en Gloria toda la Gracia que se nos infundió con el Sacramento.

El momento más importante:

Y bien amigos, así terminamos esta breve reflexión sobre el Evangelio del Domingo. Pero ahora viene lo más importante: tu encuentro personal con el Señor Jesús. Toma, pues, el evangelio en tus manos, San Marcos Capitulo 1 versículos del 7 al 11 y trata de sentir lo que el señor te quiere comunicar. Y además, averigua en qué fecha te bautizaste. Y también, reza por tus padrinos.

Quédate pues ahora a solas con El y cuenta con nuestras oraciones. Agradecemos muy sinceramente su presencia

¡Y los esperamos el próximo domingo!

Eucharist with Baptism of infants - 2015.01.11
 Radio Vaticana

lunes, 13 de enero de 2014

Homilia del Domingo del Bautismo del Señor - 2014 T.O.- A


 BAUTISMO de JESUS
La fiesta de hoy, con la que concluye el tiempo navideño, nos brinda la oportunidad de ir, como peregrinos en espíritu, a las orillas del Jordán, para participar en un acontecimiento misterioso:  el bautismo de Jesús por parte de Juan Bautista. Hemos escuchado en la narración evangélica:  "mientras Jesús, también bautizado, oraba, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma, y se escuchó una voz del cielo:  "Tú eres mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predileccion " (Lc 3, 21-22).


En la fiesta del Bautismo del Señor, el Papa bautiza a 32 niños. "Son la cadena de la fe"

RV).- (Con Audio) En la mañana de hoy, fiesta del bautismo del Señor, el Papa Francisco presidió en la Capilla Sixtina del Vaticano la Santa Misa con la celebración del rito del bautismo a 32 niños recién nacidos, o de pocos meses, normalmente hijos de empleados vaticanos. Un abrazo ideal a todos los niños del mundo, que iluminó la solemnidad de la Capilla Sixtina, repleta de padres, padrinos y otros invitados, quienes saludaron y presentaron sus bebés al Santo Padre. El Papa recordó a los progenitores que “tienen que trasmitir la fe a estos niños”, esta es “la mejor herencia”. “Estos niños son el anillo de una cadena. Ustedes traen a estos chicos para el bautizo, después de unos años, ellos traerán un hijo, o un sobrino a bautizar y ésta es la cadena de la fe”, explicó.

La fiesta de hoy, con la que concluye el tiempo navideño, nos brinda la oportunidad de ir a las orillas del Jordán, para participar en el bautismo de Jesús por parte de Juan Bautista. “Todo el pueblo se hacía bautizar, y también fue bautizado Jesús. Y mientras estaba orando, se abrió el cielo y el Espíritu Santo descendió sobre él en forma corporal, como una paloma. Se oyó entonces una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección». (Lc 3, 21-22).

(MZ-RV)



HOMILIA. Son la cadena de la Fe
Audio : RealAudioMP3

Palabras del Papa durante la homilía:

Jesús no tenía necesidad de ser bautizado, pero los primeros teólogos dicen que con su cuerpo, con su divinidad, con su bautismo bendijo todas las aguas para que las aguas tuvieran este poder de dar el bautismo. Después, antes de subir al cielo, Jesús nos ha dicho de ir por todo el mundo a bautizar. Desde aquel día hasta el día de hoy esto ha sido una cadena ininterrumpida: se bautizan a los hijos, y a los hijos, después a los hijos y a los hijos…Y hoy también esta cadena continúa. Estos niños son el anillo de una cadena. Ustedes traen a estos chicos para el bautizo, después de unos años, ellos traerán un hijo, o un sobrino… a bautizar y esta es la cadena de la fe. ¿Qué quiere decir esto? Yo quisiera solamente decirles esto: ustedes son trasmisores de la fe, tienen el deber de trasmitir esta fe a estos niños. Es la mejor herencia que les dejarán a ellos:¡la fe! Sólo esto. Hoy lleven a casa este pensamiento. Nosotros debemos ser trasmisores de la fe, piensen esto, piensen siempre como trasmitir la fe a los niños. Hoy canta el coro, pero el coro más bonito es este de los niños, que hacen ruido… Algunos llorarán, porque no están cómodos o porque tiene hambre: si tienen hambre mamás denles de comer. ¡Tranquilas eh! Porque aquí son ellos ‘lo principal’.Y ahora con esa conciencia de ser sus trasmisores de la fe, continuamos la celebración del bautismo.

(Traducción del jesuita Guillermo Ortiz)




ANGELUS . Se abrieron para EL los cielos
12 enero 2014
(RV).- Una mañana nublada y fría en Roma, que no ha sido obstáculo para que miles de peregrinos llegaran a la Plaza de San Pedro de Roma para escuchar al Papa Francisco durante la hora de la oración mariana del Ángelus Domini este domingo 12 de enero, festividad del Bautismo del Señor.

El Santo Padre ha agradecido a los presentes “por cada vida nueva, cada niño que nace es un don de alegría y esperanza, y cada niño que es bautizado es un prodigio de la fe y una fiesta para la familia de Dios”, dijo el Papa introduciendo el rezo a la Madre de Dios. (MZ-RV)



Palabras del Papa antes de la oración mariana del Ángelus:


Queridos hermanos y hermanas,¡buenos días! :

Hoy es la fiesta del Bautismo del Señor, y esta mañana he bautizado a treinta y dos recién nacidos. Agradezco con ustedes al Señor por estas criaturas y por cada nueva vida. ¡A mí me gusta bautizar niños, me gusta tanto! Cada niño que nace es un don de alegría y esperanza, y cada niño que es bautizado es un prodigio de la fe y una fiesta para la familia de Dios.

La página del Evangelio de hoy subraya que cuando Jesús recibió el bautismo de Juan en el río Jordán, “se abrieron para Él los cielos” (Mt 3,16). Esto realiza las profecías. De hecho, hay un invocación que la liturgia nos hace repetir en el tiempo de Adviento: “ ¡Si tú abrieras el cielo y descendieras!” (Is 63,19). Si los cielos quedan cerrados, nuestro horizonte en esta vida terrena es oscuro, sin esperanza. En cambio, celebrando la Navidad, la fe, una vez más, nos ha dado la certeza de que los cielos se han abierto con la venida de Jesús. Y en el día del Bautismo de Cristo todavía contemplamos los cielos abiertos. La manifestación del Hijo de Dios en la tierra marca el comienzo del gran tiempo de la misericordia, después que el pecado había cerrado los cielos, elevando como una barrera entre el ser humano y su Creador. ¡Con el nacimiento de Jesús los cielos se abren! Dios nos da en Cristo la garantía de un amor indestructible. Desde cuando el Verbo es hizo carne es pues posible ver los cielos abiertos. Ha sido posible para los pastores de Belén, para los Magos de Oriente, para el Bautista, para los Apóstoles de Jesús, para San Esteban, el primer mártir, que exclamó: “¡Contemplo los cielos abiertos!” (At 7,56). Y es posible también para cada uno de nosotros, si nos dejamos invadir por el amor de Dios, que nos es donado por primera vez en el Bautismo, por medio del Espíritu Santo. ¡Dejémonos invadir por el amor de Dios! ¡Este el gran tiempo de la misericordia! ¡No lo olvidemos! ¡Este el gran tiempo de la misericordia!

Cuando Jesús recibió el Bautismo de penitencia de Juan el Bautista, solidarizando con el pueblo penitente – Él sin pecado y sin necesidad de conversión - Dios Padre hizo sentir su voz en el cielo: “¡Éste es mi Hijo amado en quien me complazco! (v 17). Jesús recibe la aprobación del Padre celeste, que ha lo enviado justamente para que acepte compartir nuestra condición, nuestra pobreza. Compartir es el verdadero modo de amar. Jesús no se separa de nosotros, nos considera hermanos y comparte con nosotros. Y así nos hace hijos, junto con Él, de Dios Padre. Ésta es la revelación y la fuente del verdadero amor. Y este es el gran tiempo de la misericordia.

¿No les parece que en nuestro tiempo haya necesidad de un suplemento de comunión fraterna y de amor? ¿No les parece que todos tenemos necesidad de un suplemento de caridad? No aquella que se conforma de la ayuda improvisada que no involucra, no pone en juego, sino de aquella caridad que comparte, que se hace cargo del malestar y del sufrimiento del hermano. ¡Cuál sabor adquiere la vida, cuando se deja inundar por el amor de Dios!

Pidamos a la Virgen Santa que nos sostenga con su intercesión en nuestro compromiso de seguir a Cristo en la vía de la fe y de la caridad, la vía trazada por nuestro Bautismo.

Después del Ángelus el Santo Padre dirigió un saludo a todos los presentes y dedicó unas palabras a los padres que bautizan a sus hijos y dijo que este sacramento ayude a los progenitores a “redescubrir la belleza de la fe y a volver en modo nuevo a los Sacramentos y a la comunidad”.





Queridos hermanos y hermanas,

Dirijo a todos ustedes mi saludo cordial, en particular a las familias y a los fieles venidos de diversas parroquias de Italia y de otros países, como también a las asociaciones y a los varios grupos.

Hoy querría dirigir un pensamiento especial a los padres que han llevado a sus hijos al Bautismo y a los que están preparando el Bautismo de uno de sus hijos. Me uno a la alegría de estas familias, agradezco con ellos al Señor, y rezo para que el Bautismo de los niños, ayude a los mismos padres a redescubrir la belleza de la fe y a volver en modo nuevo a los Sacramentos y a la comunidad.

(Traducción: Cecilia Mutual)