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lunes, 9 de diciembre de 2013

08.12 Homenaje del Papa Francisco a la Inmaculada Concepcion - Roma 2013




Tú eres la Toda Hermosa, ¡Oh María!


(RV).- (Audio) RealAudioMP3
Acogido por el calor del pueblo de Roma, el Papa Francisco, en la Solemnidad de la Inmaculada Concepción, esta tarde, siguiendo la peregrinación de sus predecesores, se trasladó a la plaza de España para el tradicional homenaje a la Inmaculada. Una camino en coche acompañado por los saludos y la euforia de miles de romanos. El Santo Padre, durante el trayecto, como en las Audiencias generales, besó a algunos niños. También saludó a los enfermos que lo esperaban en la plaza España. El acto de devoción a la Inmaculada empezó con una ofrenda floral por parte del Papa a la que siguió la oración del Pontífice a María y las letanías de la Virgen.




Ésta ha sido la oración del Santo Padre a la "Tota pulchra":
Virgen Santa e Inmaculada,
a Ti, que eres el honor de nuestro pueblo
y la guardiana atenta que cuida de nuestra ciudad,
nos dirigimos con confianza y amor.



¡Tú eres la Toda Hermosa, oh María !
El pecado no está en Ti.



Suscita en todos nosotros un renovado deseo de santidad:
en nuestra palabra brille el esplendor de la verdad,
en nuestras obras resuene el canto de la caridad,
en nuestro cuerpo y en nuestro corazón habiten la pureza y la castidad,
en nuestra vida se haga presente toda la belleza del Evangelio.



Tú eres la Toda Hermosa, oh María !
La Palabra de Dios se hizo carne en Ti.



Ayúdanos a mantenernos en la escucha atenta de la voz del Señor:
el grito de los pobres nunca nos deje indiferentes,
el sufrimiento de los enfermos y los necesitados no nos encuentre distraídos,
la soledad de los ancianos y la fragilidad de los niños nos conmuevan,
toda vida humana sea siempre amada y venerada por todos nosotros.



Tú eres la Toda Hermosa, ¡Oh María!
En ti está el gozo pleno de la vida bienaventurada con Dios



Haz que no perdamos el sentido de nuestro camino terrenal:
la suave luz de la fe ilumine nuestros días,
la fuerza consoladora de la esperanza dirija nuestros pasos,
el calor contagioso del amor anime nuestro corazón,
los ojos de todos nosotros permanezcan fijos, allí, en Dios, donde está la verdadera alegría.


¡Tú eres la Toda Hermosa, oh María!

Escucha nuestra oración, atiende nuestra súplica:
se Tú en nosotros la belleza del amor misericordioso de Dios en Jesús,
que esta belleza divina nos salve a nosotros, a nuestra ciudad, al mundo entero.
Amén.


El Papa, en la Plaza de España, para rezar a la Inmaculada

Publicado el 09/12/2013 - Rome Reports
Durante la breve ceremonia el Papa dirigió una sencilla oración a la Virgen. Pidió que ayude a los enfermos, los pobres y los ancianos.

 Entre aplausos, flores y gritos de Viva el Papa fue recibido el Santo Padre en la plaza de España de Roma la tarde del domingo con motivo de la festividad de la Inmaculada Concepción. Allí Radio Vaticano entrevistó a fieles quienes explican la importancia que tiene en su día a día la Virgen María. (MZ-RV)  (Audio) RealAudioMP3





"La Virgen me ayuda a ser mejor madre", dicen peregrinas en Roma
(RV).- (Audio) RealAudioMP3
“Llena de gracia”, el Papa Francisco pidió repetir tres veces esta frase a los peregrinos llegados hoy domingo a la plaza de San Pedro a la hora del Ángelus, refiriéndose a la Madre de Cristo. Sobre ella, sobre la Virgen María, hablan para el micrófono de Radio Vaticano los peregrinos de hoy. (MZ-RV)



Y el Papa Francisco en el Angelus por el Dia de la Inmaculada Concepcion dice:

Roma-08.12.2013
“Este segundo domingo de Adviento cae en el día de la fiesta de la Inmaculada Concepción de María, y entonces nuestra mirada es atraída por la belleza de la Madre de Jesús, nuestra madre -afirmó el Papa que quiere una “Iglesia pobre para los pobres”. Con gran alegría la Iglesia la contempla llena de gracia, así como Dios la vio desde el primer instante en su plan de amor”. María, asegura Francisco, “nos apoya en nuestro camino hacia la Navidad, porque nos enseña cómo vivir este tiempo de Adviento en espera del Señor”.


De hecho, “el Evangelio de San Lucas nos presenta a esta muchacha de Nazaret, pequeña localidad de Galilea, en la periferia del Imperio romano y también en la periferia de Israel, sin embargo sobre ella se posó la mirada del Señor, que la eligió para ser la madre de su Hijo. En vista de esta maternidad, María fue preservada del pecado original, es decir de esa fractura en la comunión con Dios, con los demás y con la creación que hiere profundamente a cada ser humano. Pero esta fractura fue sanada en la Madre de Aquel que vino a liberarnos de la esclavitud del pecado. La Inmaculada está inscrita en el plan de Dios; es fruto del amor de Dios que salva al mundo. Y la Virgen nunca se alejó de ese amor: toda su vida, todo su ser es un “sí” a Dios. Pero no fue fácil para ella”.

Cuando el Ángel la llamó “llena de gracia, ella se quedó muy turbada, porque en su humildad se siente una nulidad ante Dios. El Ángel la consuela: “No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús" (v. 30). Este anuncio la confunde aún más, también porque todavía no se había casado con José; pero el Ángel agrega: "El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios"(v. 35). María escucha, obedece interiormente y responde: "Yo soy la sierva del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho" (v. 38).

El misterio de esta muchacha de Nazaret, que está en el corazón de Dios, no nos es extraño. No es Él que está arriba y nosotros aquí. No, no, estamos conectados ¡De hecho Dios posa su mirada de amor sobre cada hombre y cada mujer! Con nombre y apellido. Su mirada de amor está sobre cada uno de nosotros. El Apóstol Pablo afirma que Dios "nos ha elegido en él, antes de la creación del mundo, para que fuéramos santos e irreprochables" (Ef 1,4). También nosotros, desde siempre, hemos sido elegidos por Dios para vivir una vida santa, libre del pecado. Es un proyecto de amor que Dios renueva cada vez que nosotros nos acercamos a Él, especialmente en los Sacramentos.

“En esta fiesta, entonces, contemplando a nuestra Madre Inmaculada, bella, reconozcamos también nuestro destino verdadero, nuestra vocación más profunda: ser amados, ser transformados por el amor. Ser transformados por la belleza de Dios. Mirémosla, a nuestra Madre, y dejémonos mirar por ella, porque es nuestra Madre y nos ama tanto; dejémonos mirar por ella para aprender a ser más humildes, y también más valientes en el seguir la Palabra de Dios; para acoger el tierno abrazo de su Hijo Jesús, un abrazo que nos da vida, esperanza y paz”.

La Stampa.it





 
Prière à la Vierge



KOTV - Publicado el 08/12/2013

Comme le veut la tradition, le 8 décembre, le pape François se rend Place d'Espagne, dans le centre de Rome , à l'occasion de la fête de l'Immaculée conception.
Direct de Rome du 08/12/2013.

sábado, 8 de diciembre de 2012

08.12 Inmaculada Concepción


El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.
 
Angel: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.»
Maria: (Ella se turbó)
Angel: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.»
Maria: «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?»
Angel: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.»
Maria: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra."
Angel: (El la dejó )

Fuente: Evangelio san Lucas (1.26-38)




Bendita entre todas las mujeres,
ruega por nosotros



No es raro que los fieles católicos nos veamos atacados por la devoción que tenemos a María. A veces hay hermanos separados que dan pie a pensar que pertenecen a su secta o religión más por la agresividad de su rechazo a la Virgen María que por su vivencia del amor a Cristo. Nos urge por eso saber dar "razón de nuestra esperanza". Las fiestas de María, como hoy, nos ofrecen la oportunidad de prepararnos.

El Catecismo de la Iglesia Católica es un resumen completo de la fe de la Iglesia. Conviene que toda familia cristiana lo tenga y lo consulte cuando surja la duda sobre algo de la fe católica. De la Virgen María habla en muchos lugares; lo que muestra ya que María es parte de la fe de la Iglesia. El misterio de Cristo –dice el Catecismo– remite necesariamente a María. Lo que significa que quien excluye a María de su vida religiosa, no vive en plenitud la fe católica. (v. CIC 963).

De algunos convertidos sabemos que la ausencia de María era antes para ellos causa de insatisfacción; incluso veían una contradicción entre lo que la Escritura dice de María y lo que sus mismos teólogos y pastores afirmaban y de hecho se vivía en su propia confesión.
La piedad mariana es una de las tantas joyas de la Iglesia católica, que nosotros formamos. La fiesta de hoy nos pide que una vez más gustemos de la riqueza sobrenatural de nuestra Madre Inmaculada. María tiene la función de Madre, de modelo o figura ideal y de colaboradora de Cristo en el orden de la gracia. Reconocida y venerada como verdadera Madre de Dios y del Redentor –enseña el Catecismo– es verdaderamente la madre de los miembros de Cristo, porque colaboró con su amor a que nacieran en la Iglesia los creyentes, miembros de aquella cabeza. Así lo afirma ya San Agustín y lo repite el Papa Pablo VI: "María, Madre de Cristo, Madre de la Iglesia" (Pablo VI, 21 nov. 1964; v. C.I.C. 963).

Por eso –continúa el Catecismo –"el papel de María con relación a la Iglesia es inseparable de su unión con Cristo y deriva directamente de ella (de esa unión). Esta unión de la Madre con el hijo en la obra de la salvación se manifiesta desde el momento de la concepción virginal de Cristo hasta su muerte. Se manifiesta particularmente en la hora de su pasión" (964).
Dicha afirmación se confirma en las lecturas de la misa de hoy. En el evangelio hace María su primera aparición; el contenido es el mensaje de Dios para que aceptara la misión de ser madre de Jesús y su respuesta. En la lectura del Génesis, la primera de hoy, está el mensaje profético de Dios de que derrotará al Demonio: "establezco hostilidades entre ti y la mujer (se refiere a María), entre tu estirpe y la suya (Jesús)". En la segunda lectura, de San Pablo, se nos revela el plan de Dios destinando a todos y cada uno de los hombres a unirlos con su Hijo Jesucristo, lo cual se verifica de modo eminente en María su Madre.

En particular la prerrogativa de la Inmaculada Concepción de María ha suscitado y suscita siempre, sobre todo en tantos jóvenes, el anhelo, el ansia de imitarla liberándose de todo pecado, en particular contra la pureza. María, aplastando la cabeza de la serpiente, es un imán, una llamada interior de todo hijo e hija de la Iglesia y una esperanza de liberación del pecado.
Con razón, pues, podemos afirmar con el mismo Catecismo de la Iglesia: "La piedad de la Iglesia hacia la Santísima Virgen es un elemento intrínseco del culto cristiano" (971). Lo que significa que sin la devoción a la Virgen María nuestra vida cristiana estaría enferma.
La devoción a la Virgen María, pues, es una riqueza de la gracia de Dios que debemos cuidar, una luz necesaria que nos ilumina el misterio de Cristo y de la Iglesia. El Catecismo cierra sus reflexiones diciendo: "no se puede concluir mejor que volviendo la mirada a María para contemplar en ella lo que es la Iglesia en su Misterio, en su peregrinación de la fe, y lo que será al final de su marcha, donde le espera para la gloria de la Santísima e indivisible Trinidad, en comunión con todos los santos, aquella a quien la Iglesia venera como la Madre de su Señor y como su propia Madre" (972).
La devoción mariana debe ser así parte normal de nuestra vida religiosa. Es bueno que hoy hagamos examen del valor que damos a María en la práctica de nuestra fe: Si la recordamos, saludamos e invocamos su bendición todos los días; si le pedimos ayuda para superar nuestras tentaciones; si nos es ejemplo al leer la palabra de Dios, para que "se haga en nosotros según la misma palabra"; si sus festividades tienen en nosotros resonancia y nos provocan para realizar en su honor algo especial; si su caridad y sus virtudes nos estimulan. En un hogar cristiano que no falten nunca los recuerdos para vivir la presencia de María: cuadros y adornos artísticos y sobre todo la oración mariana, como el Santo Rosario, síntesis de todo el Evangelio (C.I.C. 971). Los padres y madres que enseñen a sus hijos, antes ya de ir a la escuela, que tienen otra Madre en el Cielo y otro Padre Dios, que también les quieren mucho, y enséñenles a rezar al Padre, al Hijo y a la Madre.
Desde el corazón de la Iglesia saludemos a María con frecuencia y con amor de hijos: Alégrate, Dios te salve, llena de gracia, el Señor está contigo; bendita tú entre las mujeres. Porque has encontrado gracia ante Dios para ti y para nosotros; porque has concebido por obra del Espíritu Santo un hijo que es Hijo de Dios; porque has colaborado para que nosotros seamos también hijos de Dios por el bautismo e hijos tuyos porque así lo quiso Jesús; porque para Dios nada hay imposible.

P. José Ramón Martínez Galdeano, S.J.


http://formacionpastoralparalaicos.blogspot.com/

jueves, 8 de diciembre de 2011

08.12 El Papa explica la fiesta de la Inmaculada Concepción y su visita a la estatua en Plaza España en Roma

El Papa explica la fiesta de la Inmaculada Concepción






7 de diciembre, 2011. (Romereports.com) Ante las miles de personas que llenaban el Aula Pablo VI del Vaticano, Benedicto XVI recordó el significado de la fiesta de la Inmaculada Concepción, que se celebra el 8 de diciembre.

Benedicto XVI
“La solemnidad de la Inmaculada Concepción, que se celebra mañana, nos recuerda la aceptación por parte de María de un plan único de salvación de Dios”.

El Papa subrayó la virtud de la humildad y explicó qué significa ser limpio de corazón y por qué es importante.

Benedicto XVI
“La pureza de corazón nos permite reconocer el rostro de Dios en Jesucristo; tener un corazón tan sencillo como el de los niños, sin la presunción de quien se encierra, pensando que no necesitamos a nadie, ni siquiera a Dios.”

En esta ocasión, entre la habitual presencia internacional que se reúne cada miércoles en la audiencia general, destacó un grupo de cuatro músicos alemanes vestidos con traje regional que dedicaron al Papa una canción muy aplaudida.




Papa visita la estatua de la Inmaculada en la plaza de España de Roma 2011



El mosaico de la Virgen en la Plaza de San Pedro cumple 30 años





7 de diciembre, 2011. (Romereports.com) La última piedra de la plaza de San Pedro está en uno de sus laterales. Es este mosaico de la Virgen, con las palabras “Mater Ecclesiae”, inaugurado por Juan Pablo II el 8 de diciembre de 1981.


La idea fue de un joven que durante una audiencia preguntó al Papa por qué en la plaza había imágenes de todos los santos excepto de la Virgen María.

El mosaico se inspira en la imagen más antigua de María que hay en el interior de la Basílica de San Pedro.


http://www.romereports.com/

sábado, 3 de diciembre de 2011

0712 Vigilia de la Inmaculada Concepcion en Lima



GRAN VIGILIA DE LA INMACULADA


07 DICIEMBRE 2011

8.00 PM a 10.00 PM


IGLESIA DE LA ENCARNACION
AV BRASIL 1778 - PUEBLO LIBRE



INGRESO LIBRE



ESTE 7 DE DICIEMBRE SE REALIZARÁ GRAN VIGILIA EN HONOR A LA INMACULADA CONCEPCIÓN
* En la Iglesia La Encarnación, ubicada en el distrito de Pueblo Libre

Este miércoles 7 de diciembre se llevará a cabo en Lima una Gran Vigilia en honor a la Inmaculada Concepción, convocado por el Movimiento Milicia de Santa María. El acto de fe se realizará de 8:00 a 10:00 de la noche, en la Iglesia de la Encarnación, ubicado en la Avenida Brasil 1778, en el distrito de Pueblo Libre.

La celebración será presidida por Monseñor Adriano Tomasi, OFM., Obispo Auxiliar de Lima. Durante el evento, los participantes acompañarán el Rezo del Santo Rosario (comentado en sus cinco misterios), así como las lecturas y canciones marianas, y también podrán participar en el Sacramento de la confesión y la Santa Misa. A través de esta actividad se ofrece un homenaje a la Inmaculada, en la víspera del gran día de su fiesta. También, tiene como objetivo llevar a los fieles, en especial a los jóvenes, a la presencia de Cristo a través de la Virgen María.

Están invitados cordialmente todos los fieles. La entrada es libre. Para más información, pueden llamar al teléfono: 261-8601 o visitar el Sitio en Internet: http://www.miliciadesantamaria.pe/ La Milicia de Santa María, es un Movimiento Apostólico Juvenil creado en España el 11 de febrero de 1961. Tuvo su primer acercamiento al Perú el año 1967 y luego en 1986. Es un movimiento esencialmente mariano, en donde la Virgen María encarna en sí misma y resume con plenitud el ideal evangélico, vivido en medio del mundo, que inspira el ser y el obrar de la Milicia de Santa María.

De los Movimientos e Instituciones-
http://www.iglesia.org.pe/desarrolloinformacion.htm
Informativo Nº 681 elaborado por la Oficina de Prensa de la Conferencia Episcopal Peruana
Jr. Estados Unidos 838 – Jesús María / Teléfono: 463-1010 anexo 250

Envíenos sus comentarios y sugerencias.
E-mail: prensa@iglesiacatolica.org.pe


LA MILICIA DE SANTA MARIA

La Milicia de Santa María, es un movimiento apostólico juvenil nacido en España el 11 de febrero de 1961. Tuvo su primer acercamiento al Perú por el año 1967, posteriormente, en una segunda visita, llega nuevamente por Tacna el 16 de octubre de 1986 echando definivas raíces en América (al día siguiente de su partida en España en la fiesta de Santa Teresa de Jesús).
La presente página web es de la rama masculina de la Milicia de Santa María en Perú.
La Virgen María encarna en sí misma y resume con plenitud el ideal evangélico, vivido en medio del mundo, que inspira el ser y el obrar de la Milicia de Santa María. Es por ello un movimiento escencialmente mariano. Y tenemos una frase muy propia: "La Milicia es María, María a todas las almas, y nosotros santos por María".

GRAN VIGILIA DE LA INMACULADA, Las vigilias de la Inmaculada arrancaron en 1947, cuando el P.Tomás Morales sj, hoy en proceso de canonización, comenzó las celebraciones preparatorias en honor de la Madre de Dios.

http://www.miliciadesantamaria.pe/

martes, 7 de diciembre de 2010

08.12 Inmaculada Concepcion



Inmaculada Concepción de María

La Inmaculada Concepción de María es el dogma de fe que declara que por una gracia singular de Dios, María fue preservada de todo pecado, desde su concepción.
Como demostraremos, esta doctrina es de origen apostólico, aunque el dogma fue proclamado por el Papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854, en su bula Ineffabilis Deus.

"...declaramos, proclamamos y definimos que la doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano, está revelada por Dios y debe ser por tanto firme y constantemente creída por todos los fieles..."(Pío IX, Bula Ineffabilis Deus, 8 de diciembre de 1854)

La Concepción: Es el momento en el cual Dios crea el alma y la infunde en la materia orgánica procedente de los padres. La concepción es el momento en que comienza la vida humana.
Cuando hablamos del dogma de la Inmaculada Concepción no nos referimos a la concepción de Jesús quién, claro está, también fue concebido sin pecado. El dogma declara que María quedó preservada de toda carencia de gracia santificante desde que fue concebida en el vientre de su madre Santa Ana. Es decir María es la "llena de gracia" desde su concepción.
La Encíclica "Fulgens corona", publicada por el Papa Pío XII en 1953 para conmemorar el centenario de la definición del dogma de la Inmaculada Concepción, argumenta así: «Si en un momento determinado la Santísima Virgen María hubiera quedado privada de la gracia divina, por haber sido contaminada en su concepción por la mancha hereditaria del pecado, entre ella y la serpiente no habría ya -al menos durante ese periodo de tiempo, por más breve que fuera- la enemistad eterna de la que se habla desde la tradición primitiva hasta la solemne definición de la Inmaculada Concepción, sino más bien cierta servidumbre»

Fundamento Bíblico
La Biblia no menciona explícitamente el dogma de la Inmaculada Concepción, como tampoco menciona explícitamente muchas otras doctrinas que la Iglesia recibió de los Apóstoles. La palabra "Trinidad", por ejemplo, no aparece en la Biblia. Pero la Inmaculada Concepción se deduce de la Biblia cuando ésta se interpreta correctamente a la luz de la Tradición Apostólica.
El primer pasaje que contiene la promesa de la redención (Genesis 3:15) menciona a la Madre del Redentor. Es el llamado Proto-evangelium, donde Dios declara la enemistad entre la serpiente y la Mujer. Cristo, la semilla de la mujer (María) aplastará la cabeza de la serpiente. Ella será exaltada a la gracia santificante que el hombre había perdido por el pecado. Solo el hecho de que María se mantuvo en estado de gracia puede explicar que continúe la enemistad entre ella y la serpiente. El Proto-evangelium, por lo tanto, contiene una promesa directa de que vendrá un redentor. Junto a El se manifestará su obra maestra: La preservación perfecta de todo pecado de su Madre Virginal.
En Lucas 1:28 el ángel Gabriel enviado por Dios le dice a la Santísima Virgen María «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.». Las palabras en español "Llena de gracia" no hace justicia al texto griego original que es "kecharitomene" y significa una singular abundancia de gracia, un estado sobrenatural del alma en unión con Dios. Aunque este pasaje no "prueba" la Inmaculada Concepción de María ciertamente lo sugiere.
El Apocalipsis narra sobre la «mujer vestida de sol» (Ap 12,1). Ella representa la santidad de la Iglesia, que se realiza plenamente en la Santísima Virgen, en virtud de una gracia singular. Ella es toda esplendor porque no hay en ella mancha alguna de pecado. Lleva el reflejo del esplendor divino, y aparece como signo grandioso de la relación esponsal de Dios con su pueblo.
En el siglo IX se introdujo en Occidente la fiesta de la Concepción de María, primero en Nápoles y luego en Inglaterra.Hacia el año 1128, un monje de Canterbury llamado Eadmero escribe el primer tratado sobre la Inmaculada Concepción donde rechaza la objeción de San Agustín contra el privilegio de la Inmaculada Concepción, fundada en la doctrina de la transmisión del pecado original en la generación humana.
La castaña, escribe Eadmero, «es concebida, alimentada y formada bajo las espinas, pero que a pesar de eso queda al resguardo de sus pinchazos». Incluso bajo las espinas de una generación que de por sí debería transmitir el pecado original, María permaneció libre de toda mancha, por voluntad explícita de Dios que «lo pudo, evidentemente, y lo quiso. Así pues, si lo quiso, lo hizo».Los grandes teólogos del siglo XIII presentaban las mismas dificultades de San Agustín: la redención obrada por Cristo no sería universal si la condición de pecado no fuese común a todos los seres humanos. Si María no hubiera contraído la culpa original, no hubiera podido ser rescatada. En efecto, la redención consiste en librar a quien se encuentra en estado de pecado. El franciscano Juan Duns Escoto, al principio del siglo XIV, inspirado en algunos teólogos del siglo XII y por el mismo San Francisco (siglo XIII, devoto de la Inmaculada), brindó la clave para superar las objeciones contra la doctrina de la Inmaculada Concepción de María. El sostuvo que Cristo, el mediador perfecto, realizó precisamente en María el acto de mediación más excelso: Cristo la redimió preservándola del pecado original. Se trata una redención aún más admirable: No por liberación del pecado, sino por preservación del pecado. Escoto preparó el camino para la definición dogmática. Dicen que su inspiración le vino al pasar por frente de una estatua de la Virgen y decirle: "Dignare me laudare te: Virgo Sacrata" (Oh Virgen sacrosanta dadme las palabras propias para hablar bien de Ti).1. ¿A Dios le convenía que su Madre naciera sin mancha del pecado original? - Sí, a Dios le convenía que su Madre naciera sin ninguna mancha. Esto es lo más honroso, para Él.2. ¿Dios podía hacer que su Madre naciera sin mancha de pecado original? -Sí, Dios lo puede todo, y por tanto podía hacer que su Madre naciera sin mancha: Inmaculada.3. ¿Lo que a Dios le conviene hacer lo hace? ¿O no lo hace? Todos respondieron: Lo que a Dios le conviene hacer, lo que Dios ve que es mejor hacerlo, lo hace.Entonces Scotto exclamó: Luego1. Para Dios era mejor que su Madre fuera Inmaculada: o sea sin mancha del pecado original.2. Dios podía hacer que su Madre naciera Inmaculada: sin mancha3. Por lo tanto: Dios hizo que María naciera sin mancha del pecado original. Porque Dios cuando sabe que algo es mejor hacerlo, lo hace.
Méritos: María es libre de pecado por los méritos de Cristo Salvador. Es por El que ella es preservada del pecado. Ella, por ser una de nuestra raza humana, aunque no tenía pecado, necesitaba salvación, que solo viene de Cristo. Pero Ella singularmente recibe por adelantado los méritos salvíficos de Cristo. La causa de este don: El poder y omnipotencia de Dios.
Razón: La maternidad divina. Dios quiso prepararse un lugar puro donde su hijo se encarnara.
Frutos:
1-María fue inmune de los movimientos de la concupiscencia. Concupiscencia: los deseos irregulares del apetito sensitivo que se dirigen al mal.
2-María estuvo inmune de todo pecado personal durante el tiempo de su vida. Esta es la grandeza de María, que siendo libre, nunca ofendió a Dios, nunca optó por nada que la manchara o que le hiciera perder la gracia que había recibido.
El dogma de la Inmaculada Concepción de María no ofusca, sino que más bien pone mejor de relieve los efectos de la gracia redentora de Cristo en la naturaleza humana. Todas las virtudes y las gracias de María Santísima las recibe de Su Hijo. La Madre de Cristo debía ser perfectamente santa desde su concepción. Ella desde el principio recibió la gracia y la fuerza para evitar el influjo del pecado y responder con todo su ser a la voluntad de Dios. A María, primera redimida por Cristo, que tuvo el privilegio de no quedar sometida ni siquiera por un instante al poder del mal y del pecado, miran los cristianos como al modelo perfecto y a la imagen de la santidad que están llamados a alcanzar, con la ayuda de la gracia del Señor, en su vida.
En torno a las ideas de Escoto se suscitó una gran controversia. Después de que el Papa Sixto IV aprobara, en 1477, la misa de la Concepción, esa doctrina fue cada vez más aceptada en las escuelas teológicas. El Papa Sixto IV, en 1483, casi 4 siglos antes del dogma, había extendido la fiesta de la Concepción Inmaculada de María a toda la Iglesia de Occidente.

Llamado:
La Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María tiene un llamado para nosotros:
1-Nos llama a la purificación. Ser puros para que Jesús resida en nosotros.
2-Nos llama a la consagración al Corazón Inmaculado de María, lugar seguro para alcanzar conocimiento perfecto de Cristo y camino seguro para ser llenos del Espíritu Santo.
"Con la Inmaculada Concepción de María comenzó la gran obra de la Redención, que tuvo lugar con la sangre preciosa de Cristo. En Él toda persona está llamada a realizarse en plenitud hasta la perfección de la santidad" Juan Pablo II, 5-XII-2003.


Respuesta a los argumentos contra la Inmaculada Concepción de María.
1- Argumento: La Inmaculada Concepción contradice la enseñanza de San Pablo: "todos han pecado y están lejos de la presencia salvadora de Dios" (Romanos 3:23).
Respuesta católica: Si fuéramos a tomar las palabras de San Pablo "todos han pecado" en un sentido literal absoluto, Jesús también quedaría incluido entre los pecadores. Sabemos que esta no es la intención de S. Pablo ya que después menciona que Jesús "no conoció pecado" (2Cor 5,21; Cf. Hebreos 4:15; 1 Pedro 2:22).
El dogma de la Inmaculada Concepción de María no contradice la enseñanza Paulina en Rm 3:23 sobre la realidad pecadora de la humanidad en general, la cual estaba encerrada en el pecado y lejos de Dios hasta la venida del Salvador. San Pablo enseña que Cristo nos libera del pecado y nos une a Dios (Cf. Efesios 2:5). Esta es la enseñanza del Catecismo de la Iglesia católica, el pecado original «afecta a la naturaleza humana», que se encuentra así «en un estado caído». Por eso, el pecado se transmite «por propagación a toda la humanidad, es decir, por la transmisión de una naturaleza humana privada de la santidad y de la justicia originales». Pero Jesús tiene la potestad para preservar a su Madre del pecado aplicando a ella los méritos de su redención.
San Pablo declara que, como consecuencia de la culpa de Adán, «todos pecaron» y que «el delito de uno solo atrajo sobre todos los hombres la condenación» (Rom 5,12.18). El paralelismo entre Adán y Cristo se completa con el de Eva y María: La mujer tuvo un papel importante en la caída y lo tiene también en la redención.
San Ireneo, Padre de la Iglesia del siglo II, presenta a María como la nueva Eva que, con su fe y su obediencia, contrapesa la incredulidad y la desobediencia de Eva. Ese papel en la economía de la salvación exige la ausencia de pecado. Era conveniente que, al igual que Cristo, nuevo Adán, también María, nueva Eva, no conociera el pecado y fuera así más apta para cooperar en la redención.El pecado que mancha a toda la humanidad no puede entrar en el Redentor y su colaboradora. Con una diferencia sustancial: Cristo es totalmente santo en virtud de la gracia que en su humanidad brota de la persona divina; y María es totalmente santa en virtud de la gracia recibida por los méritos del Salvador. Entonces, lo que Pablo declara en forma general para toda la humanidad no incluye a Jesús y a María.


2- Argumento: Según algunos, María reconoce que ella era pecadora y que necesitó ser rescatada por la gracia de Dios (Lucas 1: 28, 47).
Respuesta católica: Que María se declarara pecadora es falso. Que ella se declarara salvada por Dios es cierto. En Lc 1:48 ella reconoce que fue salvada. ¿De qué? Del dominio del pecado, por gracia de Dios. Pero para eso no tuvo que llegar a pecar. Dios la salvó preservándola del pecado.
El dogma de la Inmaculada Concepción de María no niega que ella fue salvada por Jesús. En María las gracias de Cristo se aplicaron ya desde el momento de su concepción. El hecho de que Jesús no hubiese aún nacido no presenta obstáculo pues las gracias de Jesús no tienen barreras de tiempo y se aplicaron anticipadamente en su Madre. Para Dios nada es imposible.
¿Cómo sabemos que La Virgen María fue concebida sin pecado? La fe católica reconoce que la revelación Bíblica necesita ser interpretada a la luz de la Tradición recibida de los Apóstoles y según el desarrollo dogmático que, por el Espíritu Santo, ha ocurrido en la Iglesia. De esta manera lo que esta ya en la Biblia en forma de semilla se llega a entender cada vez mejor.


Llena de Gracia, el nombre mas bello de María. Benedicto XVI, 2006
Queridos hermanos y hermanas: Celebramos hoy una de las fiestas de la bienaventurada Virgen más bellas y populares: la Inmaculada Concepción. María no sólo no cometió pecado alguno, sino que quedó preservada incluso de esa común herencia del género humano que es la culpa original, a causa de la misión a la que Dios la había destinado desde siempre: ser la Madre del Redentor. Todo esto queda contenido en la verdad de fe de la Inmaculada Concepción. El fundamento bíblico de este dogma se encuentra en las palabras que el Ángel dirigió a la muchacha de Nazaret: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo» (Lucas 1, 28). «Llena de gracia», en el original griego «kecharitoméne», es el nombre más bello de María, nombre que le dio el mismo Dios para indicar que desde siempre y para siempre es la amada, la elegida, la escogida para acoger el don más precioso, Jesús, «el amor encarnado de Dios» (encíclica «Deus caritas est», 12). Podemos preguntarnos: ¿por qué entre todas las mujeres, Dios ha escogido precisamente a María de Nazaret? La respuesta se esconde en el misterio insondable de la divina voluntad. Sin embargo, hay un motivo que el Evangelio destaca: su humildad. Lo subraya Dante Alighieri en el último canto del «Paraíso»: «Virgen Madre, hija de tu hijo, humilde y alta más que otra criatura, término fijo del consejo eterno» (Paraíso XXXIII, 1-3). La Virgen misma en el «Magnificat», su cántico de alabanza, dice esto: «Engrandece mi alma al Señor… porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava» (Lucas 1, 46.48). Sí, Dios se sintió prendado por la humildad de María, que encontró gracia a sus ojos (Cf. Lucas 1, 30). Se convirtió, de este modo, en la Madre de Dios, imagen y modelo de la Iglesia, elegida entre los pueblos para recibir la bendición del Señor y difundirla entre toda la familia humana. Esta «bendición» es el mismo Jesucristo. Él es la fuente de la «gracia», de la que María quedó llena desde el primer instante de su existencia. Acogió con fe a Jesús y con amor lo entregó al mundo. Ésta es también nuestra vocación y nuestra misión, la vocación y la misión de la Iglesia: acoger a Cristo en nuestra vida y entregarlo al mundo «para que el mundo se salve por él» (Juan 3, 17). Queridos hermanos y hermanas: la fiesta de la Inmaculada ilumina como un faro el período de Adviento, que es un tiempo de vigilante y confiada espera del Salvador. Mientras salimos al encuentro de Dios, que viene, miremos a María que «brilla como signo de esperanza segura y de consuelo para el pueblo de Dios en camino» («Lumen gentium», 68). Con esta conciencia os invito a uniros a mí cuando, en la tarde, renueve en la plaza de España el tradicional homenaje a esta dulce Madre por la gracia y de la gracia. A ella nos dirigimos ahora con la oración que recuerda el anuncio del ángel.
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Extractos de:
Aciprensa, Catholic.net y de Corazones.org

http://formacionpastoralparalaicos.blogspot.com/



08.12 Inmaculada Concepcion


Hoy, 08 de Diciembre, celebramos con gran gozo la fiesta de la INMACULADA CONCEPCIÓN. Aún resuenan en nuestros oídos las solemnes palabras del Papa Pío IX en la Bula "Ineffabilis Deus" del 08 de Diciembre de 1854: "...declaramos, proclamamos y definimos que la doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original, en el primer instante de su concepción, por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano, está revelada por Dios y debe ser por tanto firme y constantemente creída por todos los fieles..." Brindemos, pues, nuestro filial y afectuoso aplauso a la Inmaculada Concepción.

Meditación

QUERIDA INMACULADA CONCEPCIÓN: Estas palabras fueron la confirmación de un anhelo presente mucho tiempo en la Iglesia y que ha sido y es causa de gran gozo para la comunidad cristiana. Aunque la Biblia no lo menciona explícitamente, se puede deducir que esta presente en ella cuando se la interpreta correctamente a la luz de la Tradición Apostólica. La Biblia, en efecto, habla de una hermosa doncella, vestida y adornada de claro sol, a cuyos pies, estriba la luna. En el capítulo 1 versículo 28 de San Lucas, que se lee en la Misa de hoy, el ángel Gabriel enviado por Dios dice a la Santísima Virgen María «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».Las palabras en español "Llena de gracia" no hacen justicia al texto griego original "kecharitomene" que significa una singular abundancia de gracia, un estado sobrenatural del alma en unión con Dios. Estos y otros pasajes, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, no "prueban" la Inmaculada Concepción de María pero sí la sugieren. Muchos santos y santas, han creído también y defendido esta verdad. San Francisco de Asís, en el siglo XIII, tuvo gran devoción a la Virgen Inmaculada. El Papa Sixto IV, en 1483, casi 4 siglos antes del dogma, había extendido la fiesta de la Inmaculada Concepción de María a toda la Iglesia de Occidente. San Leonardo de Puerto Mauricio, motivó al Papa Benedicto XIV para que proclame este Dogma. Igualmente, las apariciones de la Virgen María en Lourdes y en otros lugares confirman esta misma verdad: una de nuestra raza, la madre del Salvador, fue concebida sin pecado. Bien sabes María, lo mucho que nos cuesta a nosotros vivir sin pecado. Ayúdanos a ser puros para que Jesús habite en nosotros y podamos así, amarlo y seguirlo.


Santoral para todo el Año
P. Javier San Martin S.J. - Sra Cecilia Mutual
latam@vatiradio.va


Cuadro: Inmaculada Concepción - Óleo sobre lienzo - Escuela Cusqueña (Perú) - Colección particular Villa de Mazo

domingo, 28 de noviembre de 2010

Dogma de la Inmaculada Concepcion


El dogma de la Inmaculada Concepción


«En atención a los méritos de Jesucristo Salvador del género humano, María fue preservada inmune de toda mancha de pecado original». Dijo el papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854.
por René Laurentin

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El 8 de diciembre de 1854, Pío IX (entonces en su octavo año de pontificado que durará poco menos de 32 años) definió el dogma de la Inmaculada Concepción, después de la más larga y grave controversia que haya desgarrado a la Iglesia. Más de seis siglos antes, san Bernardo, aunque cautivado de María, reprendió duramente al venerable Cabildo de los canónigos de Lyón, diócesis primacial, por la adopción de la fiesta de la Concepción, procedente de Oriente, ya que era ajena a la fe y a la Tradición. Los grandes doctores de la Edad Media se mostraron desconfiados o contrarios ante este misterio: todos, hasta Duns Escoto (muerto en 1308, a la edad de 42 años), que se atrevió a reaccionar, a finales del siglo XIII, pero sin llegar a decir: el pecado original no la tocó. Además, si lo hubiera afirmado, la Sorbona lo habría condenado.
No afirmó la concepción inmaculada de Maria y se limitó a establecer que: 1) Dios podía hacerlo; 2) era oportuno.
Pero no se atrevió a añadir: lo hizo.

La solución genial de Escoto
¿Por qué entonces se considera a Duns Escoto el doctor de la Inmaculada Concepción? Por válidos motivos. Este genial teólogo, después de haber escrito una obra inmensa, tuvo la prudencia de evitar la condena y al mismo tiempo la inteligencia de renovar la problemática.
Su papel fue decisivo porque demolió la objeción mayor que parecía prohibir esta doctrina: según el Evangelio y la Tradición más que milenaria, Cristo es el Redentor de todos. Si María está exenta de pecado original, la nueva Eva no fue redimida y Cristo deja de ser el Redentor universal. Esta excepción sería un atentado contra el dogma fundamental de la Redención.
Escoto parte de la objeción misma: sí, Cristo es el Redentor perfecto. Ahora bien, la perfección de su Redención requiere que sea capaz no sólo de lavar el pecado sino de prevenirlo. La perfección misma de su Redención requiere esta capacidad suprema (una madre que consuela y lava a su hijo que se ha caído en el regato es una buena madre; pero la madre que controla a su hijo para que no caiga en el regato es un madre mejor), Cristo debía preservar a María del pecado para que nada contaminara la Encarnación. Dios, según una ley general inscrita en la Escritura y en la Tradición, pone la perfección al principio de todas sus obras: creación o recreación.




La Inmaculada Concepción, Giambattista Tiépolo (1696-1770), Museo del Prado, Madrid



También es mérito de Escoto haber encontrado la palabra clave que los predicadores de este 150 aniversario deben esculpir en sus mentes. Un día el cardenal Maurice Feltin (1883-1975), arzobispo de París, predicando en la gruta de Lourdes, no recordaba esta palabra clave, y otra palabra salió de sus labios: María había sido purificada. Si hubiera sido purificada, significaba que había contraído el pecado original. Se daba cuenta de que, un siglo después de la definición de Pío IX, esto no era exacto, pero su memoria de septuagenario no daba con la palabra “preservada”. No recordaba el vocablo perdido y corregía como podía la expresión infeliz multiplicando los adjetivos: una purificación maravillosa, la más bella, la más radical. Con pesar corregía y volvía a corregir sin lograr su objetivo.
Y, sin embargo, desde hacía tres siglos los papas usaban la solución de Escoto: Alejandro VII (1661) y luego Pío IX (1854) habían adoptado el acertado término de Escoto: preservación.
En la definición dogmática no se encuentra la expresión abstracta “Inmaculada Concepción”. Era preciso decir más y mejor. Leamos las palabras esenciales que formulan el dogma del origen inmaculado de María: «Fue preservada inmune de toda mancha de pecado original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo Salvador del género humano».
El papa Pío IX definió ante todo la verdad que había sido la objeción determinante que había bloqueado el dogma durante diecinueve siglos: María es redimida por Jesucristo. Pero al mismo tiempo definió que su redención no es purificación, sino que es: preservación en previsión de los méritos del Salvador de todos. Estos dos prefijos indican la excepción preveniente de Jesús por su madre e integran en la definición la verdad fundamental, profesada desde siempre por la fe. Así había sido abolido, desde la época de Alejandro VII, el decreto del Santo Oficio que ponía en el Índice a todos los autores que le daban el título de “Inmaculada Concepción” y que a veces iban a parar a la cárcel, como fue el caso de Ippolito Maracci (1604-1675) a mediados del siglo XVII.



El patriarca de Venecia Albino Luciani en Lourdes



El problema ecuménico
Los “hermanos separados” no han aceptado este dogma. Varios sínodos ortodoxos lo han condenado. Es extraño porque nos llega de ellos. En el siglo VII u VIII habían introducido la fiesta de la Concepción de María y celebraban dicha Concepción con gran abundancia de adjetivos disponibles en griego: Concepción santa, pura, inmaculada…
Tuvieron que pasar cuatro o cinco siglos antes de que la evidencia, vislumbrada por san Agustín, lograse rebatir la objeción mayor que la había privado de una fórmula clara al principio del siglo V. Escribía san Agustín que cuando se trata de la Virgen no quería hablar en absoluto del pecado: «Nosotros no entregamos María al diablo por razón del nacimiento, porque la condición del nacimiento se destruye por la gracia del renacimiento» (Contra Iulianum opus imperfectum IV, 122; Patrología latina 45, 417). Agustín, por tanto, afirmaba la redención de María, la libraba del pecado y del diablo, pero sin explicar cómo (por preservación y previsión). Su importante declaración resultaba ambigua: “maculistas” e “inmaculistas” se aprovecharon durante siglos.
Por una de esas vueltas raras que da la historia, desde el siglo XI al XIX los ortodoxos se han contrapuesto a esta verdad que ellos mismos nos habían transmitido, en la medida en que nuestro Occidente, primero contrario, se disponía simétricamente en el otro sentido. Aún hoy la discusión es a menudo más difícil con los ortodoxos que con los protestantes. Los ortodoxos plantean muchas objeciones: se aleja a María de nosotros, se disminuye su mérito, etc. Los protestantes son contrarios a este dogma en nombre de sus principios, pero el diálogo a veces es más fácil, si se parte de su mismo principio diciendo: es la ilustración más notable de la “sola gracia” (lema de Lutero).


Un bombero coloca la corona de flores sobre la estatua de la Inmaculada Concepción de la plaza de España, en Roma, con ocasión de la festividad del 8 de diciembre

La Revelación bíblica
La objeción común de los ortodoxos y de los protestantes es que este dogma (como el de la Asunción) no está revelado en la Biblia. Nuestra respuesta está en la primera palabra de la Anunciación : «Alégrate, llena de gracia» (en griego: kécharitômené) (Lc 1,28).
Es una palabra muy fuerte, es el nombre de gracia de María. Dice de la plenitud de amor de Dios por ella. Pero todo esto resulta muy implícito de ahí que los santos doctores del siglo XIII fueran contrarios, al igual que algunos dominicos del Santo Oficio hasta 1854.
Me han hecho falta años para darme cuenta de que esta verdad estaba luminosamente inscrita en la Revelación, si se lee la Biblia según su progresión, a menudo más significativa que sus afirmaciones explícitas.
La revelación de esta verdad se halla mencionada por primera vez en el capítulo 2 del profeta Oseas (por tanto desde el siglo VIII a. de C.). Es una acusación terrible de Yahvéh contra su pueblo –su «esposa infiel» (2,4), «dada a la prostitución» (1,2; 2,7; 3,3; cf. caps. 2, 4, 6)– por su culto a los falsos dioses (a los cuales Salomón había construido templos para sus esposas idólatras). Pero después de sus imprecaciones por su amor herido, Yahvéh, Marido fiel, promete comenzar todo de nuevo: «Por eso yo la voy a seducir: la llevaré al desierto [el lugar de la Alianza] y hablaré a su corazón» (2,16). «Yo te desposaré conmigo para siempre; te desposaré conmigo en justicia y equidad […], te desposaré conmigo en fidelidad» (2, 21.22).
Dios, Marido lleno de pasión por su pueblo –la hija de Sión, esa niña perdida que él había recogido mientras yacía en su sangre, adoptada y luego esposada en la edad de su esplendor (Ez cap. 16)–, olvida sus pecados, según la maravillosa capacidad de olvido propia de la misericordia infinita de Dios celebrada en la Biblia.
El Cantar de los cantares revela su sentido si se lee según la tradición bíblica, es decir, identificando al Esposo con Yahvhé y a la mujer con un pueblo, una ciudad: «Tu cuello, la torre de David…» (Ct 4,4; cf 7,5). Y la amada, hija de Sión, dice: «Yo soy una muralla [los bastiones de Jerusalén] y mis pechos, como torres» (8, 10 etc.) y para terminar Dios le dice a su amada: «¡Toda hermosa eres, amada mía, no hay tacha en ti!» (Ct 4,7; cf. 1,15.16; 4,1; 5,9; cap. 6).
En el Cantar de los Cantares ya no hay rastro de la prostitución denunciada por Oseas; son sólo sueños (pesadillas de la esposa bellísima), por eso repite: «No despertéis, no desveléis al Amor, hasta que a ella le plazca» (Ct 2,7; 3,5; 8,4).
Esta afirmación no es sólo implícita, es manifiesta; pero sigue siendo virtual si no se sabe colocar el conjunto de los textos bíblicos en su progresión desde Eva a María, última heredera y cumplimiento del pueblo elegido: esposa de Yahvhé.
¿Dónde, cuándo y cómo la prostituta pudo convertirse en la amada sin mancha? En María, madre del Señor, llena del amor de Dios, un amor preveniente, gratuito y lleno de significado de la palabra griega intraducible kecharitôméné: palabra fuerte formada por la raíz cháris: gracia, que el ángel explica en seguida: «Has hallado gracia delante de Dios» (Lc 1,30).
Así María ha sido llevada al culmen de gracia y de amor que le ha permitido dar a luz al Salvador en la raza y en la historia humana, a la cumbre del pueblo de Dios. No solamente lo concibió y dio a luz como hombre, sino que, gracias a su adhesión perfecta a Dios hecho hijo suyo por medio de ella sola, fue también el primer miembro del Cuerpo místico que ella misma creaba. Miembro fundador de la Iglesia, era toda la Iglesia por la gracia del Espíritu Santo (cf. Lc 1,35), que la visita a su prima Isabel iba a extender a su hijo Juan Bautista, y luego a Zacarías: los tres llenos de Espíritu Santo, según Lucas 1, 42.46.



La Inmaculada Concepción, estampa francesa de los años cincuenta


«Más joven que el pecado»
María, pues, no sólo es el único miembro fundador de la Iglesia, sino el único miembro exente de todo pecado, porque los demás miembros son pecadores: «El justo peca siete veces al día», según el adagio. La santa Iglesia está hecha de pecadores, y en cada uno de ellos el amor hace retroceder el pecado con la gracia de Dios. La frontera del pecado atraviesa nuestros corazones. Sólo María no se ha empantanado en este lodazal: ella está libre «de toda mancha de pecado», dice claramente Pío IX. Libre de ese desequilibrio de los deseos que la Tradición cristiana llama concupiscencia.
Ella es el inicio de la “nueva creación” prometida por los profetas: «Más joven que el pecado, más joven que la raza de la cual ha nacido», decía poéticamente Bernanos. María es «la nueva Eva», dicen los Padres de la Iglesia.
Desde hace años propongo a la atención esta radiografía de la Biblia, pero por mucho que sea pertinente y luminosa, no encuentra ningún eco; la exégesis y la teología a veces son muy miopes. Se empeñan en decirnos qué es lo que la Biblia ha tomado de la tradición cultural pagana (y es verdad que lo ha hecho), pero sin ver cómo la inspiración del Espíritu Santo progresivamente ha purificado, completado, trascendido la mejor de estas nobles tradiciones culturales, de las cuales se ha servido para producir la miel de la Revelación bíblica.

Ver a María con los ojos de Dios
Ahora puedo confesar algo que me causa gran sorpresa: hay una fuerte contraposición entre los científicos profanos y los que exploran la revelación divina con el mismo espíritu científico.
Los primeros tratan continuamente de penetrar más a fondo los increíbles y fascinantes misterios del cosmos, que hacen explotar los conceptos humanos (relatividad; principio de indeterminación; el mundo infinitesimal, que crea su espacio sin estar en ningún espacio que lo contenga, etc.). Nosotros nos asombramos con ellos, sin comprender de manera adecuada ese conjunto vertiginoso del cosmos en que estamos sumergidos. Los segundos, imbuidos del principio científico según el cual todo ha de ser explicado desde abajo y solamente desde abajo, tratan de reducir la Revelación bíblica a sus condicionamientos culturales paganos, sin ver cómo la Escritura inspirada los transciende progresivamente, no tanto con conceptos racionales sino más bien con símbolos poéticos, mediante los cuales se cumple la revelación, entretejida con símbolos más que con abstracciones.
¿Se puede de verdad ser teólogo sin la fuerza de penetración intuitiva y poética de la que aún era testigo la gran generación de los poetas Péguy, Claudel y Bernanos?
Hace ya más de medio siglo que estudio a Dios y a la Virgen María, sin separarles ni disociarles nunca; y voy de maravilla en maravilla; porque la coherencia, la verdad, la luz suprarracional de este misterio supremo, parte integrante de la Encarnación y de la Redención, se concentran así en la breve frase que es la conclusión, el fin y el cumplimiento total de toda la Revelación: «Dios es amor».
Es sólo amor, ha creado sólo por amor y sobreabundancia.
En cuanto a María, ella es la primera en el amor, porque es la más amada por Dios y al mismo tiempo aquella que más lo ha amado, a imagen del Hijo, que recibe todo del Padre y le devuelve todo en una eterna y arrolladora gratitud.
Así esta pequeñísima criatura, esta muchacha de la ciudad y de la provincia más periférica, más despreciada, Nazaret, en Galilea (cf Jn 1, 46), este pequeño animal racional tan inferior a los ángeles por inteligencia y potencia natural, está por encima de los ángeles: reina de los ángeles, la primera en absoluto de las criaturas. Reina de los ángeles, esta muchachita. Porque sólo el amor vale. Ella podía decir aún mejor que Teresa de Lisieux, en el umbral de su gran consagración: «Seré el Amor»; y podía decir aún mejor que Yvonne-Aimée de Malestroit (mística francesa, 1901-1951) llegada al culmen de su unión mística con Dios: «Mi Amor es la esencia misma del infinito» (tan identificada se sentía con el Amor mismo que es Dios en tres Personas).


La hornacina de la plaza Campo di Ferro, en Roma, dedicada a la Inmaculada Concepción


En este cumplimiento María sigue siendo la más humilde de las criaturas «y la más grande, porque es también la más pequeña», explicaba Péguy en sus páginas. Decía ella en su maravillosa acción de gracias: «Dios […] ha puesto los ojos en la humildad de su esclava […] Ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso […] Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes», a todos los humildes, de los que María es la evidencia más transparente. Así es la más bella entre las criaturas: todos los que la han visto se quedaron maravillados. «Tan bella que una quisiera morirse para volver a verla», decía Bernadette. Otra vidente le preguntó: «¿Qué hacéis para ser tan hermosa?». Ella respondió con dos palabras: «Porque amo».
Como todas las madres quisiera que nosotros fuéramos hermosos como ella, más bellos, si fuera posible, por el mismo Amor: el amor divino, tan distinto de lo que los hombres denominan con esta palabra. Porque “te amo” a menudo significa: “Quiero tenerte, poseerte, dominarte”, como demuestran los violadores asesinos, que llenan las páginas de la prensa francesa. Pero “te amo” según Dios y según la verdad humana quiere decir: “Quiero tu bien y tu felicidad, haré todo para servirte. Daré mi vida por ti”: es lo que casi todos los padres saben hacer por sus hijos.
Así es el amor de Dios, que ha puesto su imagen más natural en la familia. Es sólo don. Las tres Personas divinas son don total, las unas a las otras, sin sombra de egoísmo, de narcisismo, de individualismo.
Las Personas divinas. Estas personas supremas, nuestro modelo, no son individuos, dice santo Tomás de Aquino, son altruismo. Su vida es su mutuo don que constituye su plenitud infinita. Nosotros estamos llamados a entrar en esta plenitud que es el verdadero nombre de la felicidad. María nos arrastra dentro.
La imagen más hermosa del Amor de Dios en la tierra es el amor de las madres por sus hijos, a los que dan la vida como el Padre la da al Hijo que está eternamente en el seno del Padre (cf Jn 1,18).
Al igual que su amor no es más que don, así es el amor de María por Jesús, así es el amor de los padres que hacen todo por sus hijos.
María ha engendrado corporalmente sólo a Jesús. Todos los demás hombres tienen otra madre. Somos, por tanto, sus hijos adoptivos. Esto no quiere decir que nos quiera menos. Los padres adoptivos que conozco no quieren a sus hijos adoptivos menos que a los que han tenido juntos. Al contrario, los quieren más, porque los niños desafortunados que han arrancado a la miseria y a la infelicidad a menudo llevan heridas en el cuerpo y en la mente. Hay que darles más amor para curar esas heridas. Es lo que hace María con nosotros.
A imagen del Padre celestial, que siente más alegría por un pecador que se convierte que por noventa y nueve justos que no tienen necesidad de conversión (cf Lc 15,7), ella no nos quiere menos que a su Hijo Jesús, y le costamos más amor y más penas. Debe amarnos más para arrancarnos del pecado, porque nos obcecamos.
Su origen inmaculado no la aleja de nosotros, como objetan algunos. Todo lo contrario. Porque no se comprende el pecado mediante el pecado, sino mediante el amor. Todo egoísmo disminuye en nosotros el amor y enfrenta a los pecadores los unos contra los otros. Para que María sea verdadera madre de Dios y madre de los hombres, Dios ha dilatado su corazón a medida del suyo sin medida. No podremos comprender adecuadamente el esplendor de este amor extenuado por los dolores de su compasión si no en Dios mismo, cuando estemos allí, identificados, en la revelación final.
Sólo podremos comprender el amor vertiginoso de María, a la prueba en la compasión, con la mirada y el Amor de Dios, más allá de este mundo.

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