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PAPA Robert : LEON XIV y ESCUDO Pontificio 2025

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domingo, 21 de abril de 2013

L´Obsservatore Romano 19042013


 

 
En su primera misa en San Pablo Extramuros el Papa Francisco llama al auténtico testimonio cristiano


Coherencia entre palabra y vida
Para ser creíble la Iglesia debe mostrar coherencia "entre la palabra y el modo de vivir", abandonando los "ídolos" de la ambición, del afán de hacer carrera, del éxito. Con estos términos se expresó el Papa Francisco el domingo 14 de abril, durante su primera misa presidida en la basílica de San Pablo Extramuros. Una semana después de la toma de posesión de la cátedra de San Juan de Letrán, el Obispo de Roma celebró la Eucaristía sobre la tumba del apóstol de los gentiles. Y refiriéndose a los tres verbos -anunciar, testimoniar, adorar- de la experiencia de fe de san Pablo, recordó que no es suficiente "llevar la Palabra de Dios a nuestros ambientes de vida". Es necesario sobre todo "el valor de pensar, decidir y vivir como cristiano", conscientes de que existe una especie de "clase media de la santidad" de la que "todos podemos formar parte". Cosa que requiere "una intimidad de diálogo y de vida" con Jesús y el abandono de cualquier género de ídolo en que nos refugiemos.

(©L'Osservatore Romano - 19 de abril de 2013)

 

Una sugerencia de las Congregaciones generales que precedieron al cónclave


Un grupo de cardenales aconsejará al Papa

 
El Santo Padre Francisco, retomando una sugerencia que surgió en el curso de las Congregaciones generales que precedieron al cónclave, ha constituido un grupo de cardenales para que le aconseje en el gobierno de la Iglesia universal y para estudiar un proyecto de revisión de la constitución apostólica Pastor bonus sobre la Curia romana.

Tal grupo está constituido por los cardenales:
Giuseppe Bertello, presidente de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano;
Francisco Javier Errázuriz Ossa, arzobispo emérito de Santiago de Chile (Chile);
Oswald Gracias, arzobispo de Bombay (India);
Reinhard Marx, arzobispo de Munich y Frisinga (Alemania);
Laurent Monsengwo Pasinya, arzobispo de Kinshasa (República Democrática del Congo);
Sean Patrick O'Malley, capuchino, arzobispo de Boston (Estados Unidos);
George Pell, arzobispo de Sydney (Australia);
Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga, salesiano, arzobispo de Tegucigalpa (Honduras), con función de coordinador; y por el
Monseñor Marcello Semeraro, obispo de Albano, con función de secretario.
La primera reunión colectiva del grupo se ha fijado para los días 1 a 3 de octubre de 2013; Su Santidad, sin embargo, está ya en contacto con los citados cardenales.
 
(©L'Osservatore Romano - 19 de abril de 2013)

 

http://www.vatican.va/news_services/or/or_spa/016s01.pdf



ALEGRIA
TIEMPO DE PASCUA
2013

domingo, 14 de abril de 2013

L´osservatore Romano 12042013



El Papa Francisco cerca de las víctimas de abusos

El Santo Padre recibió en audiencia, el 5 de abril, al arzobispo Gerhard Ludwig Müller, prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe. Con ocasión del encuentro, en el que se abordaron diversos temas de competencia del dicasterio, el Santo Padre recomendó especialmente que la Congregación, prosiguiendo la línea querida por Benedicto XVI, actúe con decisión en todo lo referido a los casos de abusos sexuales, promoviendo ante todo las medidas de protección de los menores, ayuda a quienes en el pasado sufrieron tales violencias, las medidas debidas respecto a los culpables, el compromiso de las Conferencias episcopales en la formulación y actuación de las directrices necesarias en este ámbito tan importante para el testimonio y la credibilidad de la Iglesia. El Santo Padre aseguró que, en su atención y oración por los que sufren, las víctimas de los abusos están presentes de manera especial.


La misa de cada día con el Santo Padre


Mujeres y hombres de esperanza

Es una gracia especial que el Papa Francisco invita a pedir: la gracia de las lágrimas. Porque "son precisamente las lágrimas las que nos preparan para ver a Jesús". Son palabras suyas del 2 de abril durante la misa celebrada en la capilla de la Domus Sanctae Marthae -donde reside, en el Vaticano-. Cada día, a las 7 de la mañana, ya es costumbre que en esta Eucaristía participe un grupo de empleados del Vaticano y un pequeño número de invitados, y concelebren algunos sacerdotes, obispos o cardenales. Al término de la celebración, el Pontífice se detiene a saludar y conocer a cada uno.
Comentando el episodio del Evangelio del martes de la Octava de Pascua, cuando san Juan refiere la frase de María de Magdala: "¡He visto al Señor!" después de haberle lavado los pies con sus lágrimas y secado con sus cabellos (Jn 20, 11-18), el Papa Francisco recordó que Jesús perdonó los pecados de esta mujer, porque ella "amó mucho". De este modo, volvió a proponer el testimonio de quien era "despreciada por aquellos que se consideraban justos"; sin embargo "no dice "he fracasado"". "Sencillamente llora". "Hay un momento en nuestra vida -explicó el Papa- en el que sólo las lágrimas nos preparan para ver a Jesús. ¿Cuál es el mensaje de esta mujer? "He visto al Señor".
Sobre otra cuestión quiso poner en guardia el Papa Francisco el 3 de abril: los lamentos hacen daño al corazón. No sólo aquellos contra los demás, "sino también aquellos contra nosotros mismos, cuando todo se nos presenta amargo". Centrándose en el el episodio de los discípulos de Emaús (Lc 24, 13-35), habló del desfallecimiento de estos por la muerte del Maestro. En su corazón pensaban: "Nosotros habíamos tenido tanta esperanza, pero todo fracasó"; "pienso muchas veces -reflexionó el Santo Padre- que igualmente nosotros, cuando suceden cosas difíciles, también cuando nos visita la Cruz, corremos este peligro de encerrarnos en los lamentos". Sin embargo, en ese momento el Señor "está cerca de nosotros, pero no le reconocemos. Camina con nosotros, pero no le reconocemos. Incluso nos habla, pero no le oímos". E invitó: "Estemos seguros de que el Señor nunca nos abandona: siempre está con nosotros, también en el momento difícil. Y no busquemos refugio en los lamentos: nos hacen daño al corazón".
Al día siguiente, 4 de abril, exhortó a pedir un don de Dios: la paz. El Papa partió del "estupor" de los discípulos de Emaús ante los milagros de Jesús (Lc 24, 35-48). Se trata de un estupor fruto de la alegría del encuentro con Jesucristo. La paz es como "el último peldaño de esta consolación espiritual, que comienza con el estupor de alegría", sintetizó.
Y es que sólo en el nombre de Jesús está nuestra salvación, insistió el Pontífice en su reflexión del 5 de abril. En la lectura de los Hechos de los Apóstoles (4, 1-12), se recordó a Pedro y Juan que, arrestados por predicar al pueblo la Resurrección del Cristo, fueron llevados ante el Sanedrín. Al preguntarles por qué curaron al hombre tullido junto a la puerta del Templo, Pedro responde: "Ha sido el Nombre de Jesucristo Nazareno". En el nombre de Jesús -repitió el Papa-: "Él es el Salvador; cuando uno dice Jesús es precisamente Él, es decir, el que hace milagros. Y este nombre nos acompaña en el corazón". "No es recurriendo a magos o al tarot como se encuentra la salvación: la salvación está "en el nombre de Jesús. Y debemos dar testimonio de esto. Él es el único Salvador".
Precisamente de la valentía del testimonio de la fe -que no se negocia ni se vende al mejor postor- habló el Papa Francisco en su homilía del sábado 6, constatando que "para encontrar mártires no es necesario ir a las catacumbas o al Coliseo: los mártires están vivos ahora, en muchos países. Los cristianos son perseguidos por la fe. En algunos países no pueden llevar la cruz: son castigados si lo hacen. Hoy, en el siglo XXI, nuestra Iglesia es una Iglesia de mártires". Ante la orden de los sumos sacerdotes y fariseos de no hablar de Jesús (Hch 4, 13-21) -retomó el Santo Padre-, Pedro y Juan "permanecieron firmes en esta fe" diciendo: "Nosotros no podemos callar lo que hemos visto y oído". De hecho, "cuando comenzamos a rebajar la fe, a negociar la fe, un poco vendiéndola al mejor postor, comenzamos el camino de la apostasía, de la no fidelidad al Señor", alertó. "El ejemplo de Pedro y de Juan nos ayuda y da la fuerza". Y ésta es la oración cotidiana que propuso: "Señor, muchas gracias por la fe. Protege mi fe, hazla crecer. Que mi fe sea fuerte, valerosa. Ayúdame en los momentos en que, como Pedro y Juan, debo hacerla pública. Dame valor".
Toda la historia de la fe está hecha de humildad y nos "habla a todos nosotros de humildad", recordó el Pontífice el 8 de abril. De hecho, la humildad es "la regla de oro": para el cristiano "progresar" quiere decir "abajarse". Y así es también el hecho histórico del nacimiento de Jesús. Cada acontecimiento "parece que Dios hubiera querido que se realizara escondidamente, que no fuera hecho público", que estuviera como "cubierto por la sombra del Espíritu Santo". He aquí por qué -añadió- "todo se hace por el camino de la humildad. Dios, humilde, se abaja: viene a nosotros y se abaja. Y seguirá abajándose hasta la cruz". En el momento de la anunciación -meditó el Papa Francisco- también "María se abaja: no comprende bien, pero es libre: entiende sólo lo esencial. Y dice "sí". Es humilde" y "entrega su alma a la voluntad de Dios". En el itinerario de sus homilías, el 9 de abril el Pontífice trató el camino de la mansedumbre evangélica para dar al Espíritu la posibilidad de regenerarnos a una "vida nueva", hecha de unidad y de amor. "En la primera lectura -dijo el Papa Francisco comentando el pasaje de los Hechos de los Apóstoles (4, 31-37) de la liturgia del día- tenemos como un anticipo, un anticipo de aquello que será la "vida nueva"". La multitud de los que se habían convertido en creyentes tenía un solo corazón y una sola alma", "esa unidad, esa unanimidad, esa armonía de los sentimientos en el amor, el amor mutuo". "Pidamos la gracia" -propuso- de "no juzgar a nadie", tratando de "ser caritativos unos con otros", "respetuosos", dejando con mansedumbre "el lugar al otro". Al comentar la oración colecta de la misa del día 10, el Pontífice puso de relieve lo que se dice al Señor: "Tú en la Pascua has hecho dos cosas: has restablecido al hombre en su dignidad perdida". Y, en consecuencia, le "has dado esperanza". Esta -explicó- "es la salvación. El Señor nos da la dignidad que hemos perdido. Aquella dignidad de hijos restablece la dignidad, y también nos da la esperanza. Una dignidad que sigue adelante, hasta el encuentro definitivo con Él". "Somos dignos, somos mujeres y hombres de esperanza", reafirmó. Hay ocasiones en que nos hacemos la ilusión de "salvarnos con la vanidad, con el orgullo", creyéndonos "poderosos", enmascarando "nuestra pobreza, nuestros pecados con la vanidad, el orgullo": todas estas cosas se acaban, mientras que la salvación verdadera tiene relación con la dignidad y la esperanza recibidas gracias al amor de Dios -añadió, refiriéndose al Evangelio de Juan (3, 16-21)- que envió a su Hijo para salvarnos.
Y es fundamental ser conscientes de que Dios no puede ser objeto de negociaciones, advirtió el Papa Francisco el 11 de abril; la fe no prevé la posibilidad de ser "tibios", buscando, con "una doble vida", llegar a una componenda con el mundo. Pedro dice ante el Sanedrín: "Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres" (Hch 5, 27-33). ¿Qué significa "obedecer a Dios? -se preguntó el Pontífice-. ¿Significa que nosotros debemos ser como esclavos, todos atados? No, porque precisamente quien obedece a Dios es libre, no es esclavo. Y no es una contradicción". En efecto, "obedecer viene del latín, y significa escuchar, escuchar al otro. Obedecer a Dios es escuchar a Dios, tener el corazón abierto para ir por el camino que Dios nos indica. La obediencia a Dios es escuchar a Dios. Y esto nos hace libres". "En este momento, lo he dicho, tenemos tantas hermanas y tantos hermanos que por obedecer, oír, escuchar lo que Jesús les pide son perseguidos -señaló el Santo Padre-. Recordemos siempre que estos hermanos y hermanas han puesto la carne en el asador y nos dicen con su vida: "Yo quiero obedecer, ir por el camino que Jesús me dice"". "¿Dónde tenemos la ayuda para ir por el camino de la escucha de Jesús? -se preguntó-. En el Espíritu Santo" "que Dios ha dado a quienes le obedecen".

(©L'Osservatore Romano - 12 de abril de 2013)

 



 

LA PACIENCIA ES EL ESTILO DE DIOS
PASCUA 2013



 

domingo, 25 de noviembre de 2012

¿De dónde era Jesus? y ¿De dónde eres... tú?

El nuevo libro de Joseph Ratzinger - Benedicto XVI dedicado a los relatos evangélicos de la infancia



¿De dónde eres tú?
Completado el tríptico con el que el Papa presenta la figura de Jesús
El nuevo libro de Joseph Ratzinger - Benedicto XVI, La infancia de Jesús, se presentó públicamente el 20 de noviembre en el Vaticano. Editado por Rizzoli y por Libreria Editrice Vaticana, se ha lanzado contemporáneamente en nueve idiomas y cincuenta países, con una tirada global de la primera edición que supera el millón de copias. La obra en lengua española se ha encomendado a Editorial Planeta. En los próximos meses, el libro -último de la trilogía sobre Jesús de Nazaret- se traducirá a otros veinte idiomas para su publicación en setenta y dos países. En estas últimas páginas de su tríptico, el Papa hace resonar la pregunta que Pilato dirigirá a Jesús: "¿De dónde eres tú?". Un interrogante que, como apuntó el cardenal Ravasi en la presentación del libro, halla respuesta en los 180 versículos que los evangelistas Mateo y Lucas dedican al relato de la infancia de Jesús y que "ahora el Papa rastrea en un itinerario puntual, pero transparente y casi narrativo".

(©L'Osservatore Romano - 25 de noviembre de 2012)

http://www.osservatoreromano.va/
 
 

La protesta de los magos

 
 
La protesta de los magos
 
por GIOVANNI MARIA VIAN
El siglo pasado, a inicios de los sesenta, en algunos ambientes exegéticos, también católicos, empezó a reforzarse una oleada de escepticismo, si no hasta de suficiencia, respecto a los relatos evangélicos canónicos de la infancia (los primeros dos capítulos de Mateo y Lucas). Sufría las consecuencias en particular el episodio de los magos, de quienes se llegaba a proclamar sin vacilación que jamás habían existido. Por reacción se difundió un chiste, referido con argucia por Raymond E. Brown en su vastísimo estudio The Birth of the Messiah. En Estados Unidos uno de estos "denigradores de los magos" había recibido una tarjeta navideña pintada a mano que representaba, precisamente, a estos personajes evangélicos quienes, enfadadísimos, llamaban a la puerta del estudioso que les había liquidado sumariamente convocándole por su nombre y pidiéndole que les recibiera.
La anécdota es emblemática de la situación de los evangelios de la infancia. Textos fascinantes, conocidísimos en su conjunto, pero en realidad muy difíciles, constituyen un reto y un encanto para quien los lee y los estudia. Así como encantador y retador es el libro -tercero y último de un tríptico único en la historia del papado- que Benedicto XVI ha dedicado expresamente a estas páginas evangélicas, tan parcas como densas de significado; cada una de ellas "narración en miniatura, pero sustancial, del Evangelio", según la definición de Brown. Desde el prefacio de la primera parte de la obra dedicada a Jesús de Nazaret y publicada en 2007, el Papa había anunciado la disertación sobre los relatos de la infancia, que entonces esperaba incluir en el segundo volumen y que en cambio, cuando éste salió en 2010, se pospuso para un "pequeño fascículo".
De extensión menor, la tercera parte que ahora se entrega a los lectores es ciertamente más esencial, pero no menos laboriosa que las precedentes. La reflexión del autor, en algunos rasgos recién aludida, se hace incluso más radical y exigente. Y se ve claro el sentido de la doble firma (Joseph Ratzinger y Benedicto XVI): para subrayar que no se trata de un "acto magisterial", sino de la "expresión de mi búsqueda personal", como advertía el Pontífice en la premisa inicial. Una búsqueda, sin embargo, no limitada a la última década -el cardenal Ratzinger empezó a trabajar en la obra el verano de 2003-, sino fruto de toda una vida. Que el Papa tenazmente ha querido concluir, a pesar de la enorme carga que cada día debe llevar como sucesor del primero de los apóstoles.
Definida por el autor como una "antesala" de sus anteriores volúmenes, la tercera parte constituye en realidad su sello, en el esfuerzo de comprensión del texto. ¿Qué querían decir los autores? Y ¿es verdad su relato? ¿Me afecta? Ante escrituras que se consideran inspiradas por Dios -afirma con convicción Benedicto XVI-, "la cuestión sobre la relación del pasado con el presente forma parte indefectiblemente de la misma interpretación. Con ello la seriedad de la investigación histórica no disminuye, sino que aumenta". Y la cuestión fundamental que abre la tercera parte es la que dirige Pilatos a Jesús (Juan 19, 9) y en torno a la cual gira toda la obra del Papa: "¿De dónde eres tú?". Interrogante que impulsa el camino de los magos, en quienes el Pontífice ve "la espera interior del espíritu humano, el movimiento de las religiones y de la razón humana al encuentro de Cristo". La escena de los magos que llaman a la puerta del exégeta incrédulo remite, entonces, a lo descrito en el Apocalipsis (3, 20) : "Mira que estoy de pie a la puerta y llamo. Si alguien escucha mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo".

(©L'Osservatore Romano - 25 de noviembre de 2012)
 


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sábado, 24 de noviembre de 2012

Benedicto XVI visitó la Comunidad de San Egidio: "Es bello ser anciano"

Benedicto XVI entre los ancianos residentes de la casa familia de la comunidad de San Egidio en Roma exalta el valor de la vejez

Como un libro abierto acerca de la vida

 
Y en el Ángelus el Pontífice subraya la importancia de la solidaridad y de la caridad
"¡Es bello ser anciano!". Es el mensaje que Benedicto XVI dejó el lunes 12 de noviembre por la mañana en la casa familia de la comunidad de San Egidio, en Roma —donde acudió "como anciano de visita a sus coetáneos", dijo—, pero idealmente dirigido a todos los ancianos del mundo con ocasión del Año europeo del envejecimiento activo y la solidaridad entre las generaciones.
Durante el encuentro, lleno de calidez y familiaridad, el Papa lanzó una alerta a la sociedad "dominada por la lógica de la eficiencia y del beneficio" que mortifica y margina a las personas ancianas, a las que se considera no productivas y por ello "inútiles" . Recordando, de hecho, el antiguo dicho según el cual una sociedad ("desearía decir una civilización", precisó) se juzga también por cómo trata a los ancianos, Benedicto XVI solicitó mayor compromiso de familias e instituciones para que "los ancianos puedan permanecer en sus propias casas" y ser considerados por lo que son, esto es, "portadores de una gran riqueza" gracias a la sabiduría de vida madurada. Así que "quien hace espacio a los ancianos, hace espacio a la vida", añadió.
Benedicto XVI subrayó el valor de la longevidad, que es una "bendición de Dios", y compartió con sus contemporáneos la vastedad de oportunidades que se abren en este momento particular de la vida, que hay que percibir sabiendo que, aún entre dificultades, sufrimientos y "algún achaque", cadas uno "es deseado, amado por Dios; cada uno es importante y necesario".
Y lo es sobre todo para las nuevas generaciones, las cuales pueden hallar preciosas indicaciones para el camino de la vida. A los jóvenes el Papa recomendó sustancialmente el valor de la solidaridad generacional. Ser "sostenidos y acompañados, sentir el afecto de los demás" es importante en toda fase de la vida porque "nadie puede vivir solo y sin ayuda".
Del valor de la solidaridad el Papa había hablado el ultimo domingo, 11 de noviembre, durante el Ángelus de los domingos con los fieles reunidos en la plaza de San Pedro. "Nadie es tan pobre que no pueda dar algo", expresó comentando el episodio evangélico de la viuda que presenta su oferta en el Templo de Jerusalén. La espontaneidad del gesto de aquella pobre mujer iluminada por la gracia testimonia "la unidad inescindible entre fe y caridad, así como entre el amor a Dios y el amor al prójimo".
El Papa recordó además a la beata María Luisa Prosperi —vivió en la primera mitad del siglo XIX—, monja y abadesa del monasterio benedictino de Trevi, beatificada el sábado pasado en Spoleto.
Y dirigió igualmente un pensamiento a los agricultores de toda Italia el día de acción de gracias por los frutos de la tierra, así como un saludo a los polacos por la celebración del día de la independencia.
Ciudad del Vaticano,13 de noviembre de 2012
http://www.osservatoreromano.va